
Pollo al Curry Massaman con Cacahuete y Patata
El massaman es el curry menos tailandés de todos los currys tailandeses, y ahí está su interés: nació en la corte de Ayutthaya en el siglo XVII, del encuentro entre la cocina siamesa y los comerciantes persas y malayos, y su nombre deriva probablemente de mussulman, musulmán. De esa herencia vienen las especias secas y tostadas —cardamomo, canela, clavo, comino, cilantro— que ningún otro curry tailandés utiliza, y también la patata y el cacahuete, ingredientes que llegaron después por vía portuguesa. Es un curry dulce, suave de picante y profundamente aromático, y su técnica central es una operación que en tailandés se llama romper la crema de coco: freír la nata del coco hasta que su emulsión se separa y suelta el aceite, y en ese aceite freír la pasta de especias. Sin ese paso, un massaman es solo pollo con leche de coco.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 45 min (35 min de pasta y mise en place + 15 min de rotura del coco y fritura + 45 min de guiso + 10 min de ajuste y emplatado)Paso 01
Tuesta en una sartén seca a fuego medio los 12 g de semillas de cilantro, 6 g de comino, las 6 vainas de cardamomo, los 5 clavos y la rama de canela durante 3-4 minutos, moviendo sin parar, hasta que desprendan aroma y las semillas de cilantro empiecen a crepitar. Retíralas de inmediato a un plato frío. Muélelas en molinillo hasta polvo fino. Remoja las 6 guindillas secas sin semillas en agua caliente 20 minutos y escúrrelas.
Consejo: El tostado en seco es lo que separa el massaman de cualquier otro curry tailandés, y su fundamento es la reacción de Maillard aplicada a semillas: el calor libera los aceites esenciales atrapados en las células y, al mismo tiempo, los aminoácidos y azúcares presentes en la semilla generan pirazinas de aroma tostado. Pasarlos a un plato frío inmediatamente es imprescindible, porque la sartén caliente sigue tostando por inercia y las especias amargan en menos de un minuto una vez cruzado el punto.
Paso 02
En un mortero grande de piedra, machaca los 5 g de sal gruesa con las guindillas remojadas y escurridas hasta obtener una pasta fibrosa, unos 5 minutos. Añade en este orden, machacando bien cada ingrediente antes de incorporar el siguiente: la citronela, la galanga, la raíz de cilantro, el ajo y las chalotas. Cuando todo sea una pasta homogénea y sin fibras reconocibles, incorpora las especias molidas y los 12 g de kapi y machaca 3 minutos más.
Consejo: El orden va de lo más fibroso y duro a lo más blando y húmedo, y no es arbitrario: la citronela y la galanga necesitan que el mortero esté relativamente seco para que la fricción rompa sus fibras, y si empiezas por las chalotas, que son casi todo agua, la pasta resbala y no se muele nada. El mortero no es un capricho tradicionalista frente al robot: la piedra machaca y aplasta las células liberando los aceites esenciales, mientras que las cuchillas cortan y calientan, oxidando esos mismos aceites.
Paso 03
Abre la lata de leche de coco sin agitarla y retira con cuchara los 250 ml de nata espesa de la superficie. Ponla en un wok o cazuela ancha a fuego medio y cuécela 8-10 minutos removiendo de vez en cuando: primero burbujeará, después espesará y finalmente se separará, apareciendo un aceite transparente y ligeramente dorado sobre unos sólidos blancos y granulosos. Esa separación es la señal.
Consejo: Esto es lo que en tailandés se llama pretar nam man, romper el aceite, y es una desestabilización controlada de una emulsión. La nata de coco es una emulsión de aceite en agua sostenida por proteínas; al hervir, el agua se evapora, las proteínas se desnaturalizan y la emulsión se invierte, liberando el aceite de coco puro. Ese aceite es el medio de fritura de la pasta, y su punto de humo alto permite alcanzar los 140-160 °C necesarios. Con leche de coco con emulgentes añadidos esto no ocurre nunca: compra de primera presión.
Paso 04
Añade toda la pasta de curry al aceite de coco separado y fríela a fuego medio durante 5-6 minutos, removiendo y aplastándola contra el fondo con la espátula. La pasta pasará de un rojo pardo mate a un tono más oscuro y brillante, y el aroma cambiará de crudo y punzante a redondo y tostado. Añade los 800 g de contramuslos en trozos y remueve 4 minutos, hasta que cada pieza esté napada de pasta y haya perdido el aspecto crudo.
Consejo: Freír la pasta en grasa y no diluirla directamente en la leche de coco es la diferencia entre un curry con sabor y uno aguado, y la razón es química: la mayoría de los compuestos aromáticos de la galanga, la citronela, las especias tostadas y el kapi son liposolubles, de modo que solo se extraen en un medio graso. En agua se quedarían dentro de las fibras vegetales. Además, los 140-160 °C de la fritura desencadenan Maillard entre los azúcares de la chalota y los aminoácidos del kapi.
Paso 05
Vierte los 550 ml de leche de coco restantes, añade las 2 hojas de laurel y lleva a un hervor muy suave. Incorpora los 45 g de azúcar de palma rallado, 45 ml de salsa de pescado y 60 ml de pulpa de tamarindo diluida. Remueve para disolver y cuece destapado 20 minutos a fuego suave, con la superficie apenas temblando, hasta que el pollo esté tierno y la salsa haya empezado a espesar.
Consejo: Aquí se instala el eje de sabor del massaman, que descansa sobre tres vértices y no sobre uno. El azúcar de palma aporta dulzor con notas de caramelo y melaza que el azúcar blanco no tiene. La salsa de pescado aporta sal y, sobre todo, glutamato e inosinato generados durante la fermentación de la anchoa. Y el tamarindo aporta ácido tartárico, que en un curry con 800 ml de leche de coco es lo único capaz de evitar que el conjunto resulte empalagoso. Los tres se ajustan al final, nunca antes.
Paso 06
Añade los 450 g de patata en dados de 3 cm y los 200 g de cebolla en gajos gruesos, procurando que queden sumergidos en la salsa. Cuece 25 minutos más a fuego suave y sin tapar, removiendo con delicadeza solo dos o tres veces, hasta que la patata esté completamente tierna al pincharla con una brocheta pero mantenga la forma y las aristas del corte.
Consejo: La patata entra a mitad de cocción y no al principio por una cuestión de almidón: cocida demasiado tiempo, sus gránulos se hinchan, revientan y liberan amilosa a la salsa, que se vuelve pastosa y turbia. Veinticinco minutos bastan para que el centro llegue a los 90 °C que gelatinizan el almidón y ablandan la pectina de la pared celular. Remover poco es igual de importante: la agitación mecánica desgasta las aristas y esos fragmentos sueltos son los que espesan la salsa de forma indeseada.
Paso 07
Añade 60 g de los cacahuetes tostados y cuece 5 minutos más. Retira del fuego y prueba: el massaman debe estar dulce por delante, salado por detrás y con un fondo ácido que lo levante, en ese orden. Corrige con azúcar de palma si está demasiado ácido, con salsa de pescado si le falta profundidad y con tamarindo si resulta empalagoso, añadiendo de cinco en cinco gramos y volviendo a probar cada vez.
Consejo: El ajuste final de los cuatro sabores es el gesto que define la cocina tailandesa y no se puede hacer al principio, porque durante los 45 minutos de cocción el agua se evapora y todas las concentraciones cambian: una salsa perfectamente equilibrada a los diez minutos estará salada y empalagosa a los cuarenta y cinco. Corrige siempre en incrementos pequeños y prueba con una cucharada de arroz al lado, no sola, porque el arroz modifica notablemente la percepción de sal y de dulce.
Paso 08
Deja reposar el curry 10 minutos fuera del fuego antes de servir. Reparte el arroz jazmín recién hecho en boles hondos aparte. Sirve el massaman en boles de cerámica gris piedra, repartiendo en cada uno pollo, dos o tres dados de patata y salsa abundante. Termina con los 20 g de cacahuetes restantes machacados en grueso, la chalota frita crujiente y las hojas de cilantro. Sirve de inmediato, con el arroz al lado y nunca debajo.
Consejo: El arroz se sirve aparte y no bajo el curry por un motivo de textura que los cocineros tailandeses tienen muy claro: el arroz jazmín absorbe salsa por capilaridad en cuestión de segundos, se ablanda y pierde el grano suelto que lo caracteriza, y de paso deja el curry sin líquido. Cada comensal moja lo que quiere en cada cucharada. La chalota frita y los cacahuetes van al final y en el plato, porque su única función es el contraste crujiente y ambos se ablandan en menos de dos minutos dentro de la salsa.
Gewürztraminer seco de Alsacia
Alsacia, Francia
El massaman es dulce, especiado y muy aromático, y aplasta a cualquier vino discreto. El gewürztraminer es de los pocos blancos con una intensidad aromática comparable: sus notas de lichi, rosa y jengibre —debidas al cis-rosóxido y a otros terpenos— entroncan directamente con la galanga, el cardamomo y la citronela de la pasta. Elige un seco o casi seco, porque el curry ya aporta el azúcar de palma. Su cuerpo untuoso acompaña la leche de coco. Sirve a 10-11 °C.
Riesling Spätlese con azúcar residual
Rheingau, Alemania
La solución más segura frente al picante y el dulce simultáneos. Los veinte o treinta gramos de azúcar residual del riesling compiten con la capsaicina en los receptores TRPV1 y rebajan la percepción de picante, mientras su acidez tartárica altísima corta la grasa de los 800 ml de leche de coco, que ningún vino seco y blando lograría. Sus notas de lima y melocotón blanco enlazan con el tamarindo del acabado. Sirve muy frío, a 8 °C.
Cerveza lager tipo pilsner de fermentación baja
Plzeň, República Checa
Con un curry, la respuesta honesta muchas veces es la cerveza, y conviene decirlo sin complejos. Una pilsner checa tiene un amargor de lúpulo Saaz moderado que limpia la grasa del coco, una carbonatación que arrastra los residuos untuosos del paladar y un cuerpo ligero que no compite con las especias tostadas. Además, servida fría, es el mejor aliviador del picante que existe junto al arroz. Sirve a 5-6 °C en vaso alto.
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