Montadito de brandade de bacalao trufada con huevas de trucha sobre pan de masa madre
EspañolaMedio25 minTapas y Entrantes

Montadito de Brandade de Bacalao Trufada con Hueva de Trucha

La brandade nació en Nimes, en la Provenza del siglo XVIII, cuando los comerciantes del Languedoc cambiaban sal de las salinas de Aigues-Mortes por bacalao curado del Atlántico y las cocineras aprendieron a devolverle la untuosidad machacándolo con aceite de oliva y ajo hasta convertirlo en crema. Aquí se prepara respetando la textura original, con láminas gruesas de bacalao confitado a sesenta grados y no un puré liso, y se perfuma con trufa negra rallada en frío para no evaporar su aroma. Servida sobre pan de masa madre tostado y coronada con huevas de trucha, reúne en un solo bocado el Cantábrico, la Provenza y el Périgord.

Tiempo Total
25 min
Dificultad
Medio
Raciones
8 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

6 pasos · 25 min
01

Paso 01

Pesa y coloca delante los 300 g de lomo de bacalao desalado, los 100 ml de aceite de oliva virgen extra suave, los 2 dientes de ajo, los 15 g de trufa negra, los 5 ml de aceite de trufa, los 60 g de huevas de trucha, las 8 rebanadas de pan y 3 g de sal. Pon el aceite y los ajos fileteados en un cazo pequeño y sumerge los lomos. Calienta a fuego mínimo hasta que el termómetro marque 60 °C exactos: el aceite temblará sin una sola burbuja. Mantén 20 minutos y comprueba que el bacalao se abre en láminas al presionar con la espátula.

Consejo: Los 60 °C son la frontera y conviene entender por qué. Las proteínas del músculo del bacalao coagulan de forma escalonada entre 50 y 60 °C, y en esa franja la carne cuaja pero las fibras aún no se han contraído, de modo que retiene su agua y queda sedosa. En cuanto pasas de 65 °C la actina se desnaturaliza, las fibras se estrujan y expulsan líquido: el síntoma visible es que aparecen hilos blancos de albúmina coagulada flotando en el aceite y el lomo se vuelve fibroso. Sin termómetro tienes dos referencias fiables: el aceite que tiembla apenas está en torno a 60 °C, y las primeras burbujas pequeñas ya significan más de 80 °C.

02

Paso 02

Saca el bacalao con espumadera y reserva todo el aceite aromatizado, que es la mitad del plato. Templa un bol llenándolo con agua caliente un minuto y vaciándolo bien. Desmiga dentro el bacalao en láminas gruesas de 2-3 cm, retirando pieles y espinas, nunca deshilachándolo en fibras finas. Añade el aceite aromatizado en hilo muy fino mientras remueves con tenedor, como si montaras una mayonesa ligera. Para cuando quede cremoso pero con las láminas todavía identificables.

Consejo: Esta emulsión no lleva huevo: la sostiene la gelatina que el bacalao ha soltado durante el confitado, procedente de un colágeno que en el pescado se hidroliza ya a 45-50 °C, muy por debajo de los 70 °C que necesita la carne. Esa gelatina se coloca entre el agua del pescado y el aceite y sujeta las gotas. Por eso el bol tiene que estar templado: si se enfría por debajo de 30 °C la gelatina empieza a cuajar, deja de trabajar como emulsionante y la mezcla se corta. El error típico es volcar todo el aceite de golpe, y el síntoma es inmediato, verás un charco amarillo separándose en el fondo con las migas flotando encima.

03

Paso 03

Retira el bol del calor y comprueba que la brandade está caliente pero no quema al tocarla, en torno a 55-60 °C. Ralla los 15 g de trufa negra directamente encima con un rallador de púa fina, sin recogerla antes en un plato. Añade los 5 ml de aceite de trufa. Mezcla con movimientos envolventes lentos, de abajo hacia arriba, sin aplastar ni romper las láminas de bacalao. Prueba y ajusta con los 3 g de sal, poco a poco, porque el bacalao ya aporta la suya.

Consejo: El aroma de la trufa negra depende de moléculas volátiles muy ligeras, azufradas y terpénicas, que se evaporan a temperaturas bajas: por encima de 60 °C se pierden en cuestión de segundos y lo que queda es una seta cara sin olor. Por eso se ralla fuera del fuego y sobre la brandade ya templada, que la calienta lo justo para liberar el aroma en nariz sin volatilizarlo del todo. Rállala directamente encima para que ni un segundo de ese aroma se quede en la tabla. Y comprueba el aceite de trufa: los baratos llevan bis(metiltio)metano sintético, que huele fuerte y plano, y su nota no se integra sino que domina y satura.

04

Paso 04

Corta el pan de masa madre en 8 rebanadas de 1 cm de grosor y en diagonal, para ganar superficie. Calienta una sartén de hierro sin nada de aceite a fuego medio-alto durante 2 minutos. Tuesta las rebanadas 1 minuto por cara, apretándolas contra el metal con la espátula, hasta que muestren un dorado oscuro uniforme con alguna veta más marcada. Sabrás que están cuando al golpearlas con el nudillo suenen huecas y secas.

Consejo: La sartén de hierro seca funciona mejor que el tostador porque transmite calor por contacto directo y no por radiación: la superficie del pan supera enseguida los 140 °C, que es donde arranca la reacción de Maillard entre los azúcares de la corteza y los aminoácidos de la masa madre. De ahí salen las notas de tostado y ese punto de amargor que corta la grasa de la brandade. La masa madre además ha fermentado más tiempo y tiene una miga más ácida y compacta, que aguanta mejor la humedad. El error típico es tostar a fuego bajo pensando que se dora igual: el pan se deshidrata sin dorarse y acaba correoso en lugar de crujiente.

05

Paso 05

Si la brandade se ha enfriado, recupérala al baño maría hasta 60-65 °C removiendo suave. Moja dos cucharas soperas en agua caliente y sacúdelas. Carga una con brandade y pásala a la otra describiendo una C invertida, repitiendo el gesto 3 o 4 veces hasta obtener un óvalo liso con dos puntas limpias. Asienta cada quenelle centrada sobre su tosta, dejando visibles los extremos del pan. Monta las ocho seguidas y sin pausa.

Consejo: Las cucharas mojadas en agua caliente crean una película de agua entre el metal y la grasa que impide que la brandade se agarre, y por eso la quenelle sale con las caras lisas en lugar de rasgada. El montaje va al final por una razón de humedad: la brandade contiene agua y aceite, y en cuanto se apoya en la tosta empieza a migrar hacia la miga por capilaridad. En menos de tres minutos la corteza pasa de crujiente a correosa y el bocado pierde su contraste. Sí conviene que la quenelle esté caliente, porque funde una fina capa del pan por debajo y crea una zona intermedia semitostada que forma parte de la textura buscada.

06

Paso 06

Saca las huevas de trucha de la nevera en el último momento y deposita con una cucharilla una porción generosa de 7-8 g centrada sobre cada quenelle, sin aplastarlas ni extenderlas. Busca el contraste visual: naranja translúcido y brillante sobre el marfil de la brandade y el pardo del pan tostado. Sirve de inmediato y pide que se coma de un solo bocado, sin cubiertos.

Consejo: Las huevas van frías y al final por una cuestión de estructura: cada grano es una membrana proteica muy fina que encierra líquido y lípidos, y por encima de 50 °C esa membrana empieza a cuajar y a reventar, así que sobre una brandade demasiado caliente pasarían de estallar en boca a convertirse en una pasta turbia y anaranjada. Además el contraste térmico es parte del efecto: el calor de la brandade libera los volátiles de la trufa hacia la nariz justo en el instante en que las huevas frías revientan en la lengua y sueltan su salinidad. Los aromas llegan por dos vías distintas a la vez y el bocado se percibe mucho más largo.

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Maridaje

Chablis Premier Cru

Borgoña, Francia

La mineralidad ferrosa del Chablis criado sobre suelo de ostras fósiles espeja la salinidad del bacalao y la untuosidad de la brandade sin aplastarla. Su acidez limpia la grasa del AOVE en cada bocado.

Fino en Rama de Jerez

Jerez de la Frontera, España

El fino en rama sin filtrar tiene levadura viva que potencia la salinidad del bacalao por analogía umami. Su sequedad extrema y sus 15° de alcohol cortan la grasa de la brandade y preparan el paladar para la siguiente tosta.

Txakoli de Getaria — Ameztoi o Hiruzta

Getaria, País Vasco

La acidez extrema y el CO₂ residual del Txakoli limpian la grasa del AOVE y la brandade trufada entre tostas; sus notas de manzana verde y lima contrastan con el bacalao desalado de forma diferente al Chablis mineral y al Fino de Jerez oxidativo. Varietal (Hondarrabi Zuri) y región distintos.

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