Ñoquis de calabaza dorados en mantequilla avellanada con hojas de salvia crujientes y parmesano rallado, en plato hondo de cerámica gris piedra.
ItalianaMedio2 h (1 h 15 activas + 45 min de horno para la calabaza)Pastas y Lasañas

Ñoquis de Calabaza con Mantequilla de Salvia

Los ñoquis de calabaza son cocina del norte de Italia, de Lombardía y el Véneto, donde la calabaza de otoño entra en las pastas rellenas y en estos gnocchi di zucca que se sirven, como manda la tradición mantuana, con mantequilla avellanada y salvia frita. Son más traicioneros que los de patata porque la calabaza es sobre todo agua, y el agua es el enemigo del ñoqui: obliga a poner más harina, y la harina da una masa gomosa que sabe a cruda. Por eso aquí la calabaza se asa con piel hasta que se arruga y concentra, y se mezcla con patata cocida pasada por el pasapurés en caliente. La harina, la mínima que admita la masa; el amasado, el mínimo que la una. La mantequilla se lleva a noisette hasta que huele a avellana y ahí se fríe la salvia. Se prueban dos ñoquis antes de formar el resto.

Tiempo Total
2 h (1 h 15 activas + 45 min de horno para la calabaza)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 2 h (1 h 15 activas + 45 min de horno para la calabaza)
01

Paso 01

Enciende el horno a 200 °C. Pesa la harina, ralla el parmesano, separa la yema y ten a mano la nuez moscada y la sal. Parte la calabaza por la mitad a lo largo, retira las semillas con una cuchara y córtala en gajos anchos sin pelarla. Colócalos con la piel hacia abajo en una bandeja de horno, píntalos con el aceite y ásalos entre 40 y 50 minutos, hasta que la pulpa se arrugue en los bordes y un cuchillo entre sin resistencia.

Consejo: La calabaza no se hierve nunca para ñoquis: en el agua absorbe más humedad y luego la masa pide harina hasta volverse gomosa. El horno hace lo contrario, evapora agua y concentra azúcar.

02

Paso 02

Mientras la calabaza se asa, lava las patatas sin pelar y ponlas en una olla con agua fría que las cubra dos dedos y un puñado de sal gruesa. Arrima la olla al fuego y cuécelas a hervor moderado entre 25 y 30 minutos, según el tamaño, hasta que un cuchillo las atraviese sin esfuerzo. Escúrrelas y déjalas dos minutos en la olla vacía sobre el fuego apagado para que se sequen por fuera.

Consejo: Con piel y desde agua fría la patata absorbe menos agua y cuece de manera uniforme. Las variedades harinosas, con más almidón y menos humedad, dan un ñoqui más ligero que las de carne firme.

03

Paso 03

Con la calabaza y las patatas aún calientes, pela las patatas sujetándolas con un tenedor y retira la pulpa de la calabaza de la piel con una cuchara, desechando cualquier parte aguada. Pasa ambas por el pasapurés con el disco fino directamente sobre la mesa de trabajo limpia y extiende el puré en una capa fina para que suelte vapor durante cinco minutos. Debe quedar un puré seco, que no brille.

Consejo: En caliente el almidón está gelatinizado y blando y se rompe sin trabajarse. Frío, la amilosa retrograda y el pasapurés lo convierte en una pasta elástica que después pide harina y da ñoquis pesados.

04

Paso 04

Espolvorea sobre el puré unos 100 gramos de la harina, el parmesano, la yema, la nuez moscada y la sal, y junta todo con una rasqueta, con movimientos de corte y pliegue, sin amasar. Añade harina por tandas pequeñas solo hasta que la masa deje de pegarse a la mesa; cuenta con unos 100 a 120 gramos por cada 500 gramos de puré. Cuece dos bolitas de prueba en un cazo de agua hirviendo con sal: si se deshacen, añade un poco más de harina; si aguantan tiernas, para.

Consejo: Cada vuelta de amasado hidrata más harina y desarrolla gluten, que es lo que endurece el ñoqui. La rasqueta une la masa con la mitad de trabajo que las manos. La prueba en agua es el único control fiable.

05

Paso 05

Divide la masa en seis porciones y, sobre la mesa ligeramente enharinada, rueda cada una con las palmas hasta formar un cilindro de dos centímetros de grosor, sin apretar. Córtalo en trozos de dos centímetros con la rasqueta y pasa cada uno por las púas de un tenedor, presionando con el pulgar, para marcarlo. Deja los ñoquis en una bandeja enharinada, separados, sin que se toquen.

Consejo: Las estrías del tenedor no son adorno: multiplican la superficie que recoge la mantequilla y adelgazan el centro para que cueza a la vez que el borde. Si la masa se pega al rodar, enharina la mesa, no la masa.

06

Paso 06

Pon la mantequilla en una sartén amplia de acero sobre la placa con llama media. Fundirá, espumará y crepitará mientras evapora su agua; cuando el ruido cesa y la espuma baja, los sólidos del fondo empiezan a dorar y el olor cambia a avellana. En ese momento añade las hojas de salvia bien secas y fríelas 30 segundos, hasta que dejen de burbujear y queden crujientes. Retira la sartén del fuego.

Consejo: La caseína y la lactosa del suero pardean entre 130 y 150 °C por reacción de Maillard: ahí está el aroma. De avellana a quemada hay medio minuto, y una sartén de fondo claro te deja ver el color de los sólidos.

07

Paso 07

Lleva una olla grande con cuatro litros de agua y 40 gramos de sal gruesa a ebullición y baja el fuego a un hervor suave, sin borbotones. Echa los ñoquis en dos tandas: se hunden, y en uno o dos minutos suben a flote. Cuenta 30 segundos desde que flotan, sácalos con la araña escurriéndolos bien y pásalos directamente a la sartén de la mantequilla. Vuelve la sartén a la placa con llama viva y saltéalos un minuto, sacudiendo, hasta que tomen un dorado ligero.

Consejo: Un hervor fuerte golpea los ñoquis y los rompe antes de que el almidón cuaje. Flotan cuando el aire de la masa se expande y baja su densidad, pero el centro aún necesita esos 30 segundos para terminar de cocer.

08

Paso 08

Reparte los ñoquis en cuatro platos hondos de cerámica gris piedra templados, con la mantequilla dorada y las motas tostadas del fondo de la sartén repartidas por encima. Coloca tres o cuatro hojas de salvia crujiente sobre cada plato, ralla parmesano en el momento con el rallador fino y termina con pimienta negra recién molida. Sirve enseguida, antes de que la mantequilla se enfríe y cuaje.

Consejo: El parmesano va fuera del fuego: si lo echas en la sartén se funde en hebras y se pega. Rallado fino sobre el plato caliente se funde a medias y mantiene su punto salino y granuloso, que es lo que buscas.

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Maridaje

Soave Classico

Soave, Véneto, Italia

El Soave, de uva garganega, tiene cuerpo medio, acidez firme y un fondo de almendra amarga que se entiende con la mantequilla avellanada y la salvia. Su fruta blanca madura acompaña el dulzor natural de la calabaza sin superarlo. Un vino demasiado aromático taparía la salvia; el Soave se queda al lado y limpia la grasa en cada trago. Servido a 10 °C, sin madera o con muy poca.

Rioja blanco de viura fermentado en barrica

Rioja Alta, La Rioja, España

Un blanco de viura con crianza en roble tiene volumen, notas de mantequilla y frutos secos por la fermentación maloláctica y la barrica, y una acidez que la viura conserva incluso madura. Se acopla al noisette por afinidad y a la calabaza por su fruta tostada, y el ligero tanino de la madera da estructura frente al parmesano. Se sirve algo más templado, a 12 °C, para que salga el aroma.

Lambrusco di Sorbara secco

Módena, Emilia-Romaña, Italia

El Lambrusco de Sorbara seco es un tinto espumoso pálido, con acidez alta, burbuja fina y casi nada de azúcar, muy distinto del dulce industrial. La burbuja y la acidez limpian la mantequilla en cada bocado, el frescor de frutos rojos hace contraste con la calabaza y su tanino ligero no choca con el parmesano. Se bebe frío, a 8 °C, y es lo que se toma en el Po con la pasta de mantequilla.

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