Panceta laqueada al anís estrellado en plato de cerámica gris piedra: bloque de panceta con capas de carne y grasa bajo una laca oscura brillante, con anís estrellado.
AsiáticaMedio12 h (braseado lento + prensado + laqueado)Carnes y Guisos

Panceta Laqueada con Anís Estrellado

Panceta de cerdo con piel braseada 12 horas en anís estrellado, soja y miel, prensada en frío toda la noche y laqueada con la reducción de su propio caldo: capas alternas de carne y grasa fundente bajo una laca oscura y brillante que se corta con cuchara. Es la lectura directa del hongshao, el braseado rojo que se cocina en Shanghái desde hace siglos, donde la carne grasa se somete a horas de cocción suave en un líquido dulce y salado. El anís manda en el aroma: su anetol es liposoluble y viaja hasta el corazón de la grasa durante el braseado.

Tiempo Total
12 h (braseado lento + prensado + laqueado)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 12 h (braseado lento + prensado + laqueado)
01

Paso 01

Pesa y ordena todo: 1 kg de panceta con piel, 4 anises estrellados, 100 ml de soja, 100 ml de vino de arroz, 60 g de miel, 25 g de azúcar moreno, 1 rama de canela, 4 dientes de ajo aplastados, 30 g de jengibre en rodajas, 5 g de sal y 2 g de pimienta. Recorta la panceta en un bloque regular de unos 20 x 12 cm y de grosor uniforme. Mezcla en una olla la soja, el vino, 40 g de la miel, el azúcar y todas las especias con 500 ml de agua.

Consejo: El anetol, la molécula que da al anís estrellado su aroma dulce y regaliz, es fuertemente liposoluble: casi no se disuelve en agua pero sí en la grasa fundida de la panceta, y por eso perfuma esta pieza como no perfumaría un lomo magro. Lo mismo ocurre con el cinamaldehído de la canela. Recortar el bloque en grosor uniforme no es manía estética: dos centímetros de diferencia entre un extremo y otro se traducen en casi una hora de desfase de cocción, y acabas con una punta deshecha y la otra dura. Un anís estrellado de más tampoco mejora nada; por encima de cinco piezas el anetol satura y aparece un regusto medicinal.

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Paso 02

Sumerge la panceta con la piel hacia arriba en el caldo especiado, añade agua hasta cubrirla tres cuartas partes y lleva a ebullición suave. Baja al mínimo, tapa y cocina 3 horas manteniendo el líquido entre 85 y 90 °C, con burbujas aisladas que suben cada dos o tres segundos y nunca un hervor abierto. Está lista cuando una brocheta entra hasta el fondo sin resistencia y la grasa se ve traslúcida y gelatinosa.

Consejo: Entre 85 y 90 °C el colágeno de la panceta se hidroliza en gelatina a buen ritmo y los adipocitos revientan liberando su grasa, que se emulsiona parcialmente en el caldo. A 100 °C de hervor abierto el proceso no va más rápido: lo que ocurre es que la agitación mecánica de las burbujas desgarra las capas ya reblandecidas y la pieza se deshilacha antes de estar hecha, el error más común en este plato. El síntoma se ve enseguida, con hebras sueltas flotando y el caldo turbio. Los 100 ml de soja aportan además sal suficiente para solubilizar las proteínas miofibrilares de la superficie y ayudar a que la pieza retenga agua.

03

Paso 03

Saca la panceta con dos espumaderas para no romperla y colócala entre dos bandejas forradas con papel de horno. Pon encima un peso de 1,5 kg repartido, un par de bricks de leche sirven, y llévala a la nevera un mínimo de 9 horas, mejor toda la noche. Debe salir fría, firme al presionar y con las capas de carne y grasa perfectamente pegadas y planas, como un ladrillo que se sostiene solo.

Consejo: El prensado funciona por la gelatina: a 90 °C está disuelta y líquida, pero al bajar de unos 35 °C sus cadenas vuelven a entrelazarse formando una red que cementa las capas de carne y grasa entre sí. Prensar mientras eso ocurre es lo que da el bloque compacto que luego se corta limpio. El peso importa y hay un error frecuente: cargar 5 o 6 kilos exprime la gelatina y la grasa fuera de la pieza y el síntoma es un charco en la bandeja y una panceta seca y apelmazada. Con 1,5 kg basta para asentar sin comprimir. Y debe enfriarse prensada, no prensarse una vez fría, porque en frío la red ya está formada y la pieza no cede.

04

Paso 04

Cuela el caldo del braseado por un colador fino y desgrasa la capa que se habrá solidificado arriba tras el frío. Pásalo a un cazo ancho con los 20 g de miel restantes y redúcelo a fuego medio 15 o 20 minutos, hasta unos 200 ml. Está en su punto cuando napa el dorso de una cuchara y al pasar el dedo queda un surco que no se cierra, con el jarabe entre 105 y 107 °C.

Consejo: El punto de napado se corresponde con una concentración de azúcares que hierve entre 105 y 107 °C: por debajo la salsa resbala y no se agarra a la panceta, y por encima de 115 °C entras en zona de caramelo, la laca cristaliza al enfriar y se vuelve quebradiza y amarga. Un termómetro te ahorra el disgusto. Desgrasar antes de reducir es igual de importante, porque la grasa no se evapora y se concentra junto con los azúcares: si la dejas, obtienes una laca separada y aceitosa que resbala del bloque en lugar de brillar sobre él. La ventaja de hacerlo tras el reposo en frío es que la grasa se retira en una placa entera con las manos.

05

Paso 05

Corta el bloque frío en 8 piezas de unos 120 g y sécalas bien con papel. Calienta una sartén a fuego medio, sin nada de aceite, y coloca las piezas por la cara de la grasa 3 o 4 minutos, hasta que estén doradas y crujientes; sella después las otras caras 1 minuto cada una. Baja el fuego, pincela con la laca y da dos o tres capas finas, dejando 30 segundos entre ellas, hasta que brillen como charol.

Consejo: El orden importa y casi todo el mundo lo invierte. Primero se sella la panceta desnuda a fuego medio, en torno a 150 o 160 °C, para que las proteínas y la grasa de la superficie desarrollen la reacción de Maillard y esa costra crujiente; y solo después, con el fuego bajo, entra la laca. Si laqueas antes de sellar, los azúcares de la miel y de la soja reducida, que ya caramelizan a partir de 160 °C, se queman en un minuto y aparece el síntoma inconfundible: humo, manchas negras mates y un amargor que domina el anís. Las capas finas y sucesivas construyen brillo porque cada una pierde su agua y se fija antes de recibir la siguiente.

06

Paso 06

Pasa las piezas laqueadas a la tabla y córtalas, si vas a servirlas en lonchas, con un cuchillo de hoja larga y lisa mojado en agua caliente, en un solo pase de delante hacia atrás y sin serrar. Busca lonchas de 2 cm que muestren las capas alternas de carne y grasa. Trabaja rápido, con la pieza aún por encima de 55 °C, y limpia el filo entre corte y corte para que la laca no se arrastre.

Consejo: Un cuchillo caliente y mojado corta la panceta laqueada por dos motivos concretos. El agua impide que la laca, que es azúcar concentrado y muy adhesivo, se pegue al acero y se despegue de la pieza en tiras; y el calor del filo funde localmente la grasa que toca, que a 55 °C está blanda pero por debajo de 30 °C se vuelve firme y se desgarra en lugar de cortarse. Serrar con vaivén es el error clásico: cada pasada empuja las capas en direcciones opuestas y separa la carne de la grasa, así que la loncha llega al plato desmontada. Un solo pase largo, con el filo bien asentado, y las capas se quedan donde deben.

07

Paso 07

Templa el plato de cerámica gris 2 minutos en el horno a 60 °C y coloca el bloque de panceta en el centro, con la cara más brillante hacia arriba. Napa alrededor con 2 cucharadas de laca caliente, unos 30 ml por ración, dejando que forme un espejo que rodee la pieza sin cubrirla del todo. Añade un anís estrellado entero apoyado en el borde del plato como remate aromático.

Consejo: La laca se sirve caliente porque su viscosidad depende muchísimo de la temperatura: a 60 °C fluye y se extiende en una lámina de espesor uniforme que refleja la luz, mientras que a 20 °C la gelatina del caldo reducido ya ha empezado a gelificar y la salsa cae en un pegote opaco que no se reparte. Templar el plato evita justo eso, y además impide que la grasa de la panceta recristalice al contacto con la cerámica fría. El anís estrellado entero no es adorno vacío: al recibir el calor del plato sigue liberando anetol volátil, y el aroma llega a la nariz del comensal antes que el primer bocado, que es como se percibe la mitad del sabor.

08

Paso 08

Corta las 2 cebolletas en rodajas muy finas al bies, enjuágalas 10 segundos en agua helada y escúrrelas bien sobre papel. Repártelas sobre la panceta en el último momento y lleva el plato a la mesa de inmediato, con la pieza por encima de 60 °C y la laca todavía brillante y móvil. Acompaña con arroz blanco recién hecho o con panecillos al vapor para arrastrar la salsa.

Consejo: La cebolleta cruda aporta compuestos organosulfurados volátiles, sobre todo tiosulfinatos, que el paladar percibe como frescor punzante y que actúan de contrapunto a una pieza con más del 50 % de grasa. El enjuagado en agua helada arrastra la fracción más agresiva de esos compuestos y evita el picor persistente, además de mantener las rodajas tersas por turgencia celular. Servir por encima de 60 °C es innegociable: la grasa del cerdo funde entre 30 y 40 °C, y en cuanto el plato baja de esa horquilla recristaliza y deja en el paladar una película cerosa que apaga de golpe el aroma anisado que has estado construyendo doce horas.

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Maridaje

Gewürztraminer

Alsacia, Francia

Aromático y especiado, con notas de lichi y especias que dialogan con el anís estrellado y equilibran la untuosidad de la panceta.

Riesling semiseco

Mosela, Alemania

Su acidez y punto de dulzor cortan la grasa de la panceta y hacen eco del dulzor de la laca.

Pinot Noir fresco

Borgoña, Francia

Ligero y afrutado, aporta acidez que aligera la panceta grasa sin competir con las especias.

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