Risotto de remolacha con queso de cabra y nuez en plato hondo, arroz cremoso de color fucsia intenso con puntos de queso blanco, nueces tostadas y brotes verdes
Italiana contemporáneaMedio1 h 45 min (1 h 15 min de asado de la remolacha + 20 min de risotto + 10 min de acabados)Arroces

Risotto de Remolacha con Queso de Cabra y Nuez

Este risotto es una idea del norte de Italia pasada por la cocina de autor de los años noventa, cuando la remolacha dejó de ser un ingrediente de guarnición y se convirtió en protagonista por una razón puramente visual: ningún otro vegetal tiñe un plato de ese fucsia imposible. Pero el color es solo la puerta de entrada. La remolacha asada entera con su piel concentra sus azúcares hasta niveles cercanos a los de la zanahoria y desarrolla geosmina, el compuesto que da ese característico aroma a tierra húmeda; el queso de cabra fresco aporta ácido caprílico y acidez láctica que cortan ese dulzor terroso, y la nuez tostada suma taninos y grasa que cierran el círculo. Dulce, ácido, terroso y amargo en cada cucharada, y de un color que no admite indiferencia.

Tiempo Total
1 h 45 min (1 h 15 min de asado de la remolacha + 20 min de risotto + 10 min de acabados)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 45 min (1 h 15 min de asado de la remolacha + 20 min de risotto + 10 min de acabados)
01

Paso 01

Precalienta el horno a 190 °C. Lava 700 g de remolachas sin pelarlas ni cortarles el rabo, frótalas con 20 ml de aceite y 10 g de sal gruesa y envuélvelas individualmente en papel de aluminio. Ásalas 1 h 15 min, hasta que un cuchillo entre sin resistencia. Mientras, pica 80 g de chalota en brunoise, tuesta 60 g de nueces 8 minutos a 180 °C y ralla 60 g de parmigiano.

Consejo: Asar la remolacha entera, con piel y envuelta, es lo que separa este plato de un risotto rosa insípido. La piel actúa de barrera y el papel crea un microambiente de vapor a presión que impide que los azúcares y las betalaínas —los pigmentos hidrosolubles responsables del fucsia— se escapen. Hervida y pelada, la remolacha pierde en el agua buena parte de su color y casi todo su dulzor: el agua de cocción sale roja porque el color se ha ido ahí.

02

Paso 02

Deja templar las remolachas 10 minutos y pélalas frotando con papel de cocina: la piel se desprende sola. Corta 200 g en dados de 1 cm y resérvalos. Tritura los 500 g restantes con 150 ml de caldo caliente y los 15 ml de vinagre de vino tinto hasta obtener un puré completamente liso, de un fucsia intenso y textura de crema espesa.

Consejo: El vinagre no es solo para dar acidez: las betalaínas son pigmentos sensibles al pH y se mantienen de un rojo-fucsia estable entre pH 4 y 5, mientras que en medio neutro o alcalino viran hacia un marrón violáceo apagado. Quince mililitros de vinagre en el puré bajan el pH lo suficiente para fijar el color durante toda la cocción. Es el mismo motivo por el que el borscht ruso lleva siempre un chorro de vinagre o de zumo de limón.

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Paso 03

En una cazuela ancha de fondo grueso, funde 20 g de la mantequilla a fuego medio y pocha los 80 g de chalota con una pizca de sal durante 6 minutos, removiendo, sin que tomen nada de color. Añade los 320 g de carnaroli y tuéstalo removiendo durante 3 minutos, hasta que los granos estén calientes al tacto, translúcidos por el borde y con el centro blanco opaco bien visible.

Consejo: La tostatura es el paso que decide la textura del risotto. El calor seco gelatiniza parcialmente el almidón de la capa externa del grano y forma una barrera que ralentiza la entrada de líquido, de modo que el interior se cocina despacio y conserva el corazón al dente mientras el exterior libera amilopectina, la responsable de la crema. La señal es táctil: el grano debe quemar ligeramente entre los dedos. Sin tostatura, el carnaroli se deshace a los doce minutos.

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Paso 04

Vierte los 120 ml de vino blanco y remueve a fuego vivo hasta que se evapore por completo y ya no huela a alcohol, unos 2 minutos. Empieza a añadir el caldo de verduras a 90 °C, un cazo de 150 ml cada vez que la superficie se quede sin líquido visible, removiendo con frecuencia pero no de manera continua, y mantén un borboteo constante en toda la superficie.

Consejo: El caldo debe estar a 90 °C durante toda la cocción, no simplemente caliente: cada cazo frío hace caer la cazuela por debajo de 100 °C y en ese intervalo el grano se hidrata sin gelatinizar, lo que produce un risotto pastoso por fuera y crudo por dentro. Remover con frecuencia y no sin parar es el equilibrio exacto: la fricción desprende la amilopectina superficial, pero el movimiento continuo rompe la pared celular y libera amilosa, que gelifica en engrudo.

05

Paso 05

A los 10 minutos de cocción, incorpora todo el puré de remolacha y remueve hasta que el arroz quede teñido de un fucsia uniforme e intenso. Continúa añadiendo caldo caliente según lo pida. Ten en cuenta que el puré aporta líquido y densidad, así que a partir de aquí necesitarás cazos más pequeños y espaciados que en un risotto normal.

Consejo: El puré entra a los diez minutos y no antes por dos razones. Su acidez, necesaria para fijar el color, ralentiza la gelatinización del almidón si actúa desde el principio, con lo que el arroz tardaría bastante más en llegar al punto. Y su alta densidad reduce la circulación del líquido entre granos, favoreciendo que la base se pegue. Diez minutos de cocción previa en caldo neutro dejan el grano ya hidratado y listo para recibirlo sin penalización.

06

Paso 06

A los 15 minutos, añade los 200 g de dados de remolacha reservados y remueve con delicadeza para repartirlos sin romperlos. Cuece 2 minutos más hasta completar 17, y comprueba que el grano esté al dente con un punto mínimo de resistencia en el centro. Rectifica de sal y añade 3 vueltas de pimienta negra. Retira la cazuela del fuego por completo.

Consejo: Los dados aportan lo que el puré no puede dar: mordida y una segunda lectura del sabor. Ya están cocidos por el asado, así que solo necesitan calentarse, y dos minutos son suficientes; más tiempo de removido los rompería y acabarían disueltos en la crema. Aquí la pimienta se usa negra y no blanca porque sus notas leñosas y su picante frontal funcionan bien contra el dulzor terroso de la remolacha, al revés de lo que ocurre con la calabaza.

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Paso 07

Con el fuego apagado y la cazuela fuera de la placa, añade los 40 g de mantequilla fría restantes en dados, los 60 g de parmigiano y 80 g del queso de cabra desmigado, y agita la cazuela por las asas con movimientos secos de vaivén durante 60-90 segundos, alternando con golpes de cuchara, hasta que el risotto brille y forme una crema homogénea y sin grumos.

Consejo: El queso de cabra fresco entra siempre fuera del fuego y con la cazuela retirada de la placa. Su caseína, más lábil que la del queso de vaca por su distinta proporción de alfa-s1, coagula y se separa por encima de los 75-80 °C, y en cuanto lo hace aparecen grumos blancos que ya no se reintegran por mucho que remuevas. Añadido a un risotto que va perdiendo temperatura, se funde y emulsiona sin llegar nunca a ese umbral.

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Paso 08

Comprueba la all onda golpeando el plato: el risotto debe extenderse solo y formar una ola que se detiene despacio. Sirve en platos hondos blanco hueso, distribuye los 40 g de queso de cabra restantes en pegotes irregulares, esparce las 60 g de nueces tostadas partidas a mano, coloca los brotes y termina con un hilo de 10 ml de aceite de nuez. Sirve de inmediato.

Consejo: Las nueces se parten a mano y no con cuchillo porque la superficie irregular de la fractura natural retiene mejor la grasa y expone más aristas al morder. Y el aceite de nuez va crudo al final por una cuestión química: es de los aceites más ricos en ácidos grasos poliinsaturados, muy inestables al calor, y calentado se oxida en minutos generando aldehídos de sabor rancio. En frío, aporta una capa aromática de fruto seco tostado que amplifica la de las propias nueces.

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Maridaje

Sancerre blanc, sauvignon blanc sobre suelo calcáreo

Sancerre, Valle del Loira, Francia

El maridaje clásico del queso de cabra es el sauvignon del Loira, y aquí resuelve además el dulzor de la remolacha. Su acidez cortante y su mineralidad de caliza limpian la grasa del queso y de la mantecatura, mientras sus notas de boj, grosella verde y humo mineral crean un contraste vegetal frente al fondo terroso de la geosmina. La afinidad entre sauvignon y chèvre está tan asentada que en Sancerre se sirven juntos por defecto, con el crottin de Chavignol a pocos kilómetros. Sirve a 9-10 °C.

Pinot Nero dell'Alto Adige DOC, de altitud

Alto Adigio, Italia

Si prefieres tinto, el pinot noir alpino es la única familia que no choca con la remolacha. Su tanino sedoso no agrede la textura cremosa del risotto, y su perfil de fruta roja de frambuesa y cereza ácida, con un fondo de sotobosque y humus, hace de espejo directo de la geosmina de la remolacha, que es el mismo compuesto que da a la tierra mojada su olor característico. La altitud le conserva acidez suficiente para el queso de cabra. Sirve a 14 °C, ligeramente fresco, en copa amplia.

Vouvray sec, chenin blanc de tuffeau

Vouvray, Valle del Loira, Francia

El chenin seco de Vouvray aporta una combinación poco frecuente: acidez muy alta y a la vez una textura cerosa y untuosa con notas de membrillo, manzanilla y cera de abeja. Esa untuosidad acompaña la mantecatura donde un blanco muy afilado se quedaría corto, y su acidez sostiene el queso de cabra. Sus notas de fruta de hueso y miel seca dialogan con el dulzor de la remolacha asada sin sumarle azúcar, y su fondo mineral de tuffeau enlaza con el terroso. Sirve a 10-11 °C.

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