
Arroz Caldoso de Bogavante y Cigala
El arroz caldoso de bogavante es el plato de celebración de la costa mediterránea española, y su forma actual se fijó en los chiringuitos y merenderos de la Costa Brava y del Levante en los años sesenta, cuando el bogavante dejó de ser barato y empezó a servirse partido para que cundiera. Aquí se combina con cigala, que aporta un dulzor más delicado y una cabeza cargada de jugo hepatopancreático que es, literalmente, el motor del caldo. Todo el plato gira alrededor de un gesto: las cabezas se aplastan en el sofrito y se prensan al colar, porque en ellas está el 80 % del sabor del crustáceo y el 100 % de su color. El cuerpo se añade al final, apenas tres minutos, para que la carne llegue tersa en lugar de deshilachada.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 45 min total (25 min despiece · 45 min caldo de cabezas · 30 min arroz)Paso 01
Pesa y ordena todo antes de encender: 1 bogavante vivo de 700 g, 8 cigalas frescas, 300 g de cabezas y cáscaras de gamba, 120 g de cebolla en trozos, 80 g de zanahoria, 80 g de puerro, 150 g de tomate en cuartos, 300 g de arroz bomba, 120 g de cebolla picada muy fina, 12 g de ajo, 150 g de tomate rallado, 1 ñora, 4 g de pimentón y 0,2 g de azafrán. Ten preparada una cazuela ancha de 32 cm.
Consejo: El bogavante debe llegar vivo y con las pinzas atadas, y hasta el momento del despiece se guarda en la nevera envuelto en un paño húmedo, nunca sumergido en agua dulce, que lo mata por choque osmótico en minutos. Antes de partirlo, mételo 20 minutos en el congelador: el frío lo aletarga, la carne no se contrae por estrés y el despiece resulta limpio, además de ser el método más humano.
Paso 02
Separa la cabeza del bogavante del cuerpo y ábrela por la mitad a lo largo, reservando en un cuenco todo el jugo y la sustancia verdosa del interior. Corta la cola en cuatro medallones a través de los anillos y parte las pinzas con el dorso del cuchillo. Separa las cabezas de las 8 cigalas de sus colas y reserva ambas por separado. Guarda todos los cuerpos tapados en la nevera.
Consejo: Esa masa verdosa de la cabeza es el hepatopáncreas, el órgano digestivo del crustáceo, y contiene entre 400 y 600 mg de glutamato libre por cada 100 g, además de fosfolípidos que actuarán como emulsionantes naturales del caldo y de la astaxantina responsable del color naranja. Tirarla es tirar el plato. Recógela con una cucharilla hasta la última partícula y no la mezcles con nada hasta el sofrito.
Paso 03
Calienta 40 ml de aceite en una olla ancha a fuego fuerte y saltea las cabezas de cigala y los 300 g de cabezas y cáscaras de gamba 5 minutos, aplastándolas con el mazo o con el fondo de un cazo para que suelten los jugos. Añade la cebolla, la zanahoria, el puerro y el tomate y sofríe 8 minutos. Cubre con 2 litros de agua fría, lleva a hervor suave y cuece 30 minutos desespumando.
Consejo: Aplastar las cabezas dentro de la olla es el gesto que separa un caldo pálido de uno rojo intenso: rompe el exoesqueleto y libera el hepatopáncreas y la astaxantina, que es liposoluble y pasa al aceite caliente en segundos, tiñéndolo de naranja al instante. Si notas que el aceite no se colorea, es que las cabezas estaban congeladas y ya han perdido esa fracción. Treinta minutos es el máximo: más allá, la quitina cede amargor.
Paso 04
Cuela el caldo por chino de malla fina presionando con fuerza el fondo con el dorso de un cazo durante 2 minutos, hasta extraer la última gota. Vuelve a colar el líquido por malla muy fina. Añade los 0,2 g de azafrán desmenuzado, mide 1400 ml y mantén hirviendo a fuego mínimo. Prueba y ajusta la sal sin llegar a salarlo del todo.
Consejo: Aquí sí se presiona, al revés que en un fumet de pescado: la fracción final que sale al prensar las cabezas es la más rica en fosfolípidos, glutamato y astaxantina, y supone en torno al 20 % del volumen y buena parte del sabor. El segundo colado en malla muy fina retira las micropartículas de quitina del caparazón, que darían al caldo una textura ligeramente arenosa perceptible en boca.
Paso 05
Calienta 60 ml de aceite en la cazuela ancha a fuego fuerte y marca los medallones de bogavante y las colas de cigala 90 segundos por cara, solo hasta que la cáscara enrojezca. Retíralos a un plato. Baja a fuego medio, fríe la ñora abierta 40 segundos por cara y retírala; sofríe los 120 g de cebolla picada 12 minutos hasta transparencia, añade los 12 g de ajo 40 segundos y los 150 g de tomate rallado 10 minutos, hasta que el aceite suba limpio.
Consejo: Marcar el crustáceo noventa segundos por cara sella la superficie y arranca la reacción de Maillard en las proteínas del caparazón, pero deja el interior crudo a propósito: la carne terminará de hacerse en los tres últimos minutos dentro del arroz. Si la cueces ahora del todo, cuando vuelva a la cazuela habrá sufrido dos cocciones y la miosina contraída dará esa textura algodonosa y seca tan típica del bogavante mal tratado.
Paso 06
Añade al sofrito la carne raspada de la ñora frita y el jugo con el hepatopáncreas reservado de la cabeza del bogavante, y cocina 2 minutos removiendo. Retira del fuego, incorpora los 4 g de pimentón y remueve 10 segundos. Vuelve al fuego, vierte los 50 ml de brandy, flambea y deja que las llamas se apaguen solas antes de continuar.
Consejo: El flambeado no es espectáculo: al arder, el etanol se consume en superficie a más de 500 °C durante unos segundos y arrastra consigo los compuestos más volátiles y agresivos del destilado, dejando en la cazuela las lactonas de barrica, la vainillina y el furfural, que son los que aportan el fondo dulce y tostado. Si en lugar de flambear lo dejas hervir cinco minutos, esos mismos compuestos se evaporan y solo queda un regusto alcohólico.
Paso 07
Incorpora los 300 g de arroz bomba y nácaralo 2 minutos removiendo hasta que los bordes queden translúcidos. Vierte 1000 ml del caldo hirviendo y los 7 g de sal, remueve una vez y cuece a hervor medio 16 minutos. A los 8 minutos añade 250 ml más y remueve otra vez. En el minuto 13 devuelve a la cazuela los medallones de bogavante y las colas de cigala, hundiéndolos apenas.
Consejo: En un caldoso se remueve, pero solo dos o tres veces en toda la cocción: cada pasada arrastra amilopectina de la superficie del grano al caldo y lo liga, y esa ligazón sedosa es la firma del plato. Removido en exceso acaba en risotto pastoso; sin remover, el caldo queda aguado y se separa en el plato. Y el crustáceo entra en el minuto 13 porque tres minutos bastan para que su carne alcance los 55 °C de punto óptimo.
Paso 08
Añade los últimos 150 ml de caldo, prueba y rectifica de sal, y apaga el fuego cuando el grano esté entero pero ceda al morder. Espolvorea los 10 g de perejil picado y lleva la cazuela a la mesa de inmediato, sirviendo en platos hondos de cerámica con caldo abundante y repartiendo un medallón de bogavante y dos cigalas por comensal.
Consejo: El arroz sigue absorbiendo unos 30 ml de caldo por minuto una vez fuera del fuego, así que la cazuela debe salir claramente más caldosa de lo que quieres comerla; lo que parece perfecto en la cocina llega meloso a la mesa y seco cinco minutos después. No lo tapes nunca al servir, porque el vapor atrapado acelera todavía más la absorción y además recuece el crustáceo con el calor retenido.
Albariño de O Rosal con crianza sobre lías
Rías Baixas, Galicia
El plato tiene grasa emulsionada del hepatopáncreas y dulzor de crustáceo, y necesita un blanco de acidez firme que no lo aplaste. El Albariño de O Rosal, algo más ancho que el de O Salnés por su habitual coupage con Loureiro y Treixadura, aporta volumen y fruta de hueso junto a un final salino que espeja el yodo del bogavante. Servir a 10 °C.
Champagne Blanc de Blancs Extra Brut
Côte des Blancs, Francia
La burbuja fina y la ausencia total de azúcar de dosificación limpian la untuosidad del caldo ligado con almidón y grasa de crustáceo, mientras la autolisis de las lías aporta notas de brioche y almendra que amplifican el dulzor de la carne de cigala. Es el maridaje clásico del bogavante y sigue siendo el más eficaz. Servir a 9 °C en copa ancha.
Priorat blanco de Garnacha Blanca
Priorat, Cataluña
Un blanco de licorella con Garnacha Blanca vieja aporta cuerpo, fondo de fruta madura y una mineralidad pizarrosa cálida que sostiene el brandy flambeado y la ñora del sofrito, elementos que dejarían corto a un blanco atlántico ligero. Su acidez moderada pide temperatura baja para no resultar pesado. Servir a 11 °C.
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