
Habitas Baby con Yema Curada y Jamón
Las habitas baby son primavera concentrada: habas mínimas, desgranadas, escaldadas y despellejadas una a una hasta dejar solo el cotiledón verde brillante, salteadas con jamón ibérico y coronadas con yema curada en sal y azúcar que se ralla como un queso. De 1,2 kg de vaina salen apenas 200 g de grano limpio, y ahí está todo el trabajo del plato. La yema, curada por ósmosis hasta quedar firme por fuera y densa como miel por dentro, se funde sobre la habita caliente y hace de salsa seca. Un plato de bar de alta cocina andaluza que en casa solo pide tiempo y mimo.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 4 h 30 min (40 min activa + 4 h de curado de las yemas)Paso 01
Cura las yemas cuatro horas antes o la víspera: mezcla los 150 g de sal fina con los 75 g de azúcar y extiende la mitad de la mezcla en un táper. Haz dos hoyos con el dorso de una cuchara y deposita en ellos las 2 yemas separadas con cuidado, sin romperlas. Cúbrelas con el resto de la mezcla y refrigera 4 horas, o hasta 24 si quieres una textura de queso rallable.
Consejo: La cura funciona por ósmosis pura: la sal y el azúcar crean un entorno de altísima concentración que extrae el agua de la yema a través de su membrana, y al perderla las proteínas y los lípidos se concentran hasta adquirir una textura densa y firme. El azúcar no está solo por sabor — modera la agresividad de la sal y evita que la yema quede excesivamente salada, además de aportar una elasticidad que la sal sola no daría.
Paso 02
Desgrana las habas: abre las vainas por la costura presionando con el pulgar y saca los granos uno a uno. De 1,2 kg de vaina saldrán unos 300 g de haba desgranada. Descarta los granos grandes o de piel amarillenta, que están pasados de punto y quedarán harinosos. Hazlo justo antes de cocinar y trabaja sobre un bol amplio: es una tarea lenta y conviene sentarse.
Consejo: El rendimiento de apenas un 25 % explica el precio y el esfuerzo de este plato. El tamaño importa mucho: una haba pequeña y de piel verde brillante tiene los azúcares intactos y la piel fina, mientras que una grande y amarillenta ha convertido buena parte de esos azúcares en almidón y ha engrosado la piel, con lo que resulta harinosa y amarga por muchos cuidados posteriores que le des.
Paso 03
Escalda los granos 60 segundos en abundante agua hirviendo con sal, contando desde que el agua recupera el hervor, y pásalos de inmediato con una espumadera a un bol con agua y mucho hielo. Déjalos ahí 2 minutos hasta que estén completamente fríos y escúrrelos. El agua con hielo debe estar preparada antes de encender el fuego.
Consejo: El escaldado breve seguido de choque térmico cumple dos funciones simultáneas. Desnaturaliza las enzimas responsables de degradar la clorofila, con lo que el verde queda fijado y brillante, y a la vez separa la piel exterior de la habita al contraerse ambas a distinto ritmo. El hielo es imprescindible: sin él la cocción residual continúa varios minutos y el grano se pasa, además de que el verde vira a oliva.
Paso 04
Pela cada habita: pellizca la piel por el extremo opuesto al germen, presiona suavemente con el pulgar y el índice y el grano verde brillante saldrá disparado. Descarta todas las pieles. De los 300 g desgranados te quedarán unos 200 g de grano limpio. Es la parte más lenta de la receta y no tiene atajo posible.
Consejo: La piel exterior de la haba es prácticamente celulosa pura y no se ablanda con la cocción: aporta una textura correosa y un amargor que arruinan por completo el plato, por muy tierna que sea el haba. Retirarla deja a la vista el cotiledón, de un verde clorofila intenso y textura mantecosa. Es el paso que separa unas habitas de restaurante de unas habitas de casa, y solo cuesta paciencia.
Paso 05
Calienta los 30 ml de aceite en una sartén amplia a fuego medio y sofríe los 2 ajos tiernos cortados en rodajitas finas durante 1 minuto, removiendo, hasta que perfumen y estén tiernos pero sin tomar nada de color. Si empiezan a dorarse por los bordes, retira la sartén del fuego unos segundos: un ajo tierno dorado amarga y tapa el sabor de la habita.
Consejo: El ajo tierno se cocina sin color a propósito. El dorado aportaría compuestos de Maillard con notas tostadas que competirían con el perfil vegetal y delicado de la habita, que es justo lo que se quiere destacar. A fuego medio y sin color, lo único que ocurre es que la aliinasa transforma la aliina en compuestos aromáticos suaves y desaparece el picor agresivo del allium crudo.
Paso 06
Añade los 70 g de taquitos de jamón ibérico y saltea 45 segundos a fuego medio, moviendo la sartén, hasta que la grasa se vuelva traslúcida y brillante y empiece a fundirse sobre el aceite. El magro no debe tostarse ni endurecerse. Cuarenta y cinco segundos es todo el fuego que admite un ibérico, y esa grasa fundida es la que va a barnizar después las habitas.
Consejo: La grasa infiltrada del ibérico es rica en ácido oleico y funde entre los 25 y los 30 °C, liberando los compuestos volátiles desarrollados durante los años de curación. Ese es todo el objetivo del paso. Pasado el minuto, el magro pierde su agua, las fibras se contraen y el taquito queda seco y correoso, aportando además un exceso de sal concentrada que taparía por completo a la habita.
Paso 07
Incorpora las habitas peladas y saltea 90 segundos a fuego medio-alto, meneando la sartén en vaivén en lugar de remover con espátula, solo hasta que estén calientes y barnizadas por la grasa del jamón. No busques que se cocinen más: ya lo están desde el escaldado. Prueba de sal, aunque lo más probable es que el jamón haya bastado.
Consejo: Las habitas ya están cocidas desde el escaldado, así que este salteado solo busca temperatura y barniz. Prolongarlo tiene un coste inmediato: el calor sostenido rompe la pared celular del cotiledón, que suelta su almidón y pasa de mantecoso a pastoso, y el verde brillante se apaga. Menear la sartén en lugar de remover evita además aplastar unos granos que a estas alturas son extremadamente frágiles.
Paso 08
Emplata las habitas en el centro de platos calientes y ralla generosamente la yema curada por encima con un rallador fino, en el último segundo y ya con el plato en la mesa si es posible. Cada yema da para dos raciones. Sirve de inmediato, sin más sal ni aceite: la yema y el jamón ya aportan todo lo que el plato necesita.
Consejo: La yema curada se ralla en el último momento porque sus hilos, que son grasa concentrada, empiezan a fundirse en cuanto tocan las habitas calientes: en unos segundos pasan de nieve dorada a un velo untuoso que se integra en el plato y actúa como salsa seca. Rallarla con antelación desperdicia ese efecto y además la expone al aire, que oxida su superficie y la oscurece en cuestión de minutos.
Fino
Jerez, España
El fino se cría bajo velo de flor, que consume el azúcar residual hasta dejarlo en cero y genera acetaldehído: sequedad total y punzada salina. Esa sequedad más sus 15 % de alcohol disuelven la grasa oleica del ibérico, que a temperatura de boca se funde y cubre el paladar. La salinidad, además, realza el dulzor de la habita y la untuosidad de la yema curada. Servir a 7-9 °C.
Manzanilla
Sanlúcar de Barrameda, España
En Sanlúcar la humedad atlántica mantiene el velo de flor más grueso y activo todo el año, y el resultado es una manzanilla más ligera, más salina y de acidez algo más viva que el fino jerezano. Esa ligereza es clave aquí: la habita baby es delicada y un vino con más cuerpo la taparía, mientras la salinidad borda el filo graso del jamón. Servir a 6-8 °C.
Godello
Bierzo, España
Si la crianza biológica resulta demasiado punzante, el godello del Bierzo ofrece la alternativa sin renunciar a estructura: acidez málica firme, textura glicérica de fruta de hueso y un fondo mineral de pizarra, todo sin barrica ni velo. Esa untuosidad discreta acompaña la yema curada, que es prácticamente una emulsión de grasa y proteína. Servir a 10-11 °C para que la textura se exprese.



