Guiso de chocos en dados con habas verdes en una salsa dorada y melosa servido en un plato hondo de cerámica gris piedra, espolvoreado con perejil y hierbabuena, con luz natural suave desde la izquierda sobre tabla de roble.
EspañolaMedio35 min (activa)Moluscos y Cefalópodos

Chocos con Habas a la Gaditana

Los chocos con habas son un guiso de la bahía de Cádiz que huele a huerta y a mar en la misma cucharada. El choco es la sepia (Sepia officinalis), un cefalópodo de carne más gruesa y sabrosa que el calamar, que aquí se guisa largo hasta quedar tierno y meloso, tiñendo la salsa con su jugo y un fondo de vino de la tierra. Las habas frescas, dulces y mantecosas, entran al final para aportar contraste vegetal y esa textura harinosa que absorbe el caldo. Es cocina de aprovechamiento y temporada: cuando el habar da y la lonja trae choco, el guiso se hace solo. La técnica no engaña a nadie: un buen sofrito, un choco bien limpio en dados generosos y el tiempo suficiente para que el colágeno de la sepia se rinda a gelatina. El resultado es un plato de cuchara honesto, de color dorado y verde, con el dulzor del marisco y de la haba enlazados por el sofrito. Gaditano de raíz, del recetario que se cocina en puchero y se cuenta de memoria.

Tiempo Total
35 min (activa)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 35 min (activa)
01

Preparar ingredientes

Limpia los 800 g de choco si hace falta, retirando el hueso, la bolsa de tinta y la piel, y córtalo en dados de bocado de unos 3 cm. Pela las 500 g de habas de su vaina y, si están gordas, también de su piel interior, que amarga y queda correosa. Pica fino la cebolla, el pimiento verde y el ajo, ralla el tomate y ten a mano el vino, el caldo, el laurel, el pimentón y las hierbas.

Consejo: Cortar el choco en dados regulares asegura que todos alcancen la misma melosidad a la vez; los trozos dispares dejan unos duros y otros deshechos. Y pelar la segunda piel de las habas gordas no es capricho: esa envoltura es rica en celulosa y taninos que amargan y quedan correosos por más que guises, mientras el grano interior es dulce y mantecoso.

02

Pochar el sofrito

Calienta los 60 ml de aceite en una cazuela a fuego medio y sofríe la cebolla, el pimiento y el ajo con 3 g de sal entre 15 y 18 minutos, hasta que estén blandos y ligeramente dorados. Añade el tomate rallado y cocina 8 minutos más, hasta que pierda su agua y el sofrito quede concentrado. Este sofrito lento es el que da fondo a todo el guiso.

Consejo: El sofrito lento es el andamiaje de sabor del guiso. Al deshidratarse, la cebolla y el tomate liberan fructosa y glucosa que caramelizan y alimentan la reacción de Maillard con los aminoácidos, dando color caoba y sabor redondo. Prisa aquí significa una salsa aguada y de gusto crudo que ningún tiempo de guiso posterior corrige.

03

Incorporar pimentón y choco

Aparta la cazuela del fuego, añade los 5 g de pimentón dulce y remueve rápido durante unos 10 segundos para que se integre en el aceite del sofrito. Devuelve inmediatamente la cazuela al fuego y echa enseguida los dados de choco: el agua que sueltan enfría el fondo y protege el pimentón, que sobre el fuego directo se quema en segundos y amarga todo el guiso.

Consejo: El pimentón se añade fuera del fuego porque sus azúcares y su capsaicina se queman en segundos por encima de los 130 °C, virando de dulce a amargo y tiñendo la salsa de un tono marrón sucio. Ese gesto rápido de apartar, remover y desglasar con el vino es la diferencia entre un pimentón que perfuma y uno que arruina el guiso.

04

Saltear y desglasar

Sube el fuego y saltea el choco entre 3 y 4 minutos, removiendo, hasta que cambie de color y se impregne bien del sofrito. Vierte entonces los 150 ml de vino blanco de la tierra y deja que borbotee entre 2 y 3 minutos para evaporar el alcohol, raspando el fondo con la cuchara de madera para despegar lo que se haya agarrado.

Consejo: El choco soltará agua y se encogerá, poniéndose momentáneamente duro: está atravesando la fase de contracción de las proteínas. Es exactamente lo esperable y no debe alarmarte, porque el guiso largo que viene lo revertirá. El vino desglasa los azúcares pardeados del fondo y aporta la acidez que equilibrará la untuosidad final.

05

Cocer el choco

Añade los 400 ml de caldo y la hoja de laurel, lleva a ebullición suave y baja el fuego. Tapa a medias y guisa entre 45 y 60 minutos. El choco pasa primero por una fase dura y gomosa y después se relaja y se ablanda: está en su punto cuando un cuchillo lo atraviesa sin resistencia. Si se queda sin líquido, añade un chorro de caldo caliente.

Consejo: Este es el tramo decisivo: durante estos minutos el abundante colágeno de la sepia se hidroliza a gelatina, las fibras contraídas se relajan y el choco pasa de correoso a meloso, cediendo además cuerpo a la salsa. La cocción tiene que ser suave y constante; a borbotones fuertes la carne se reseca por fuera antes de ablandar por dentro.

06

Añadir las habas

Con el choco ya tierno, incorpora las habas peladas y una ramita de hierbabuena. Cocina entre 10 y 12 minutos, hasta que las habas estén hechas pero conserven la forma y el color. Van al final y no al principio por eso mismo: con una hora de guiso se deshacen en puré y se vuelven grisáceas. Rectifica de sal.

Consejo: Las habas entran al final por su textura frágil: son legumbre fresca con almidón que gelatiniza y azúcares que las endulzan, pero un guiso largo las desharía en puré. Diez o doce minutos bastan para que se hagan y absorban el caldo sin perder forma. La hierbabuena, clásico gaditano, aporta un frescor herbáceo que corta la untuosidad del marisco.

07

Ajustar la salsa

Comprueba el punto de la salsa, que debe quedar melosa, ni caldosa ni seca, napando los tropezones. Si está demasiado líquida, deja reducir unos minutos con la cazuela destapada; si está espesa, añade un chorro de caldo. Apaga el fuego y deja reposar 5 minutos tapado para que la salsa se asiente.

Consejo: El reposo permite que la gelatina liberada por el choco y el almidón de las habas terminen de ligar la salsa, dándole esa textura melosa característica del guiso de cuchara. Ligar por reducción y reposo, sin harinas, mantiene los sabores limpios: la salsa se sostiene con el propio colágeno del cefalópodo y el almidón de la legumbre.

08

Emplatar y servir

Sirve el guiso bien caliente en platos hondos, repartiendo los dados de choco y las habas y napando con la salsa. Espolvorea el perejil picado y unas hojas de hierbabuena fresca en el último momento, para que aporten su frescor por encima del fondo marinero. Acompaña de pan para mojar, que es como se come en Cádiz.

Consejo: El perejil y la hierbabuena van crudos al final porque sus aceites esenciales, ricos en mentol y apiol, son volátiles y se pierden con el calor sostenido. En el plato se cierra la sinergia umami: el glutamato del choco y del sofrito se potencia con los nucleótidos del cefalópodo, y su glicina y betaína enlazan con el dulzor de la haba.

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Maridaje

Fino en rama

D.O. Jerez-Xérès-Sherry

Su sequedad, salinidad y notas de velo de flor son el maridaje clásico y perfecto del choco gaditano.

Manzanilla

D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda

Fresca, punzante y yodada, la de la propia bahía; corta la untuosidad y realza el dulzor del marisco.

Verdejo

D.O. Rueda

Aromático y de acidez viva, un blanco fácil que refresca frente al guiso meloso si prefieres vino tranquilo.

Galería

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