
Chocos con Habas a la Gaditana
Los chocos con habas son un guiso de la bahía de Cádiz que huele a huerta y a mar en la misma cucharada. El choco es la sepia (Sepia officinalis), un cefalópodo de carne más gruesa y sabrosa que el calamar, que aquí se guisa largo hasta quedar tierno y meloso, tiñendo la salsa con su jugo y un fondo de vino de la tierra. Las habas frescas, dulces y mantecosas, entran al final para aportar contraste vegetal y esa textura harinosa que absorbe el caldo. Es cocina de aprovechamiento y temporada: cuando el habar da y la lonja trae choco, el guiso se hace solo. La técnica no engaña a nadie: un buen sofrito, un choco bien limpio en dados generosos y el tiempo suficiente para que el colágeno de la sepia se rinda a gelatina. El resultado es un plato de cuchara honesto, de color dorado y verde, con el dulzor del marisco y de la haba enlazados por el sofrito. Gaditano de raíz, del recetario que se cocina en puchero y se cuenta de memoria.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 35 min (activa)Paso 01
Limpia 800 g de choco si hace falta y córtalo en dados de bocado de unos 3 cm. Pela 500 g de habas de su vaina (y de su piel si están gordas). Pica fino 300 g de cebolla, 100 g de pimiento verde y 4 dientes de ajo, y ralla 250 g de tomate. Ten a mano el vino, el caldo, el laurel, el pimentón y las hierbas.
Consejo: Cortar el choco en dados regulares asegura que todos alcancen la misma melosidad a la vez; los trozos dispares dejan unos duros y otros deshechos. Y pelar la segunda piel de las habas gordas no es capricho: esa envoltura es rica en celulosa y taninos que amargan y quedan correosos por más que guises, mientras el grano interior es dulce y mantecoso.
Paso 02
En una cazuela con 60 ml de aceite a fuego medio, sofríe la cebolla, el pimiento y el ajo con 3 g de sal durante 15-18 minutos, hasta que estén blandos y dorados. Añade el tomate rallado y cocina 8 minutos más hasta que reduzca.
Consejo: El sofrito lento es el andamiaje de sabor del guiso. Al deshidratarse, la cebolla y el tomate liberan fructosa y glucosa que caramelizan y alimentan la reacción de Maillard con los aminoácidos, dando color caoba y sabor redondo. Prisa aquí significa una salsa aguada y de gusto crudo que ningún tiempo de guiso posterior corrige.
Paso 03
Aparta la cazuela del fuego, añade 5 g de pimentón dulce y remueve rápido 10 segundos para que se integre sin quemarse. Vuelve al fuego e incorpora enseguida el vino.
Consejo: El pimentón se añade fuera del fuego porque sus azúcares y su capsaicina se queman en segundos por encima de los 130 °C, virando de dulce a amargo y tiñendo la salsa de un tono marrón sucio. Ese gesto rápido de apartar, remover y desglasar con el vino es la diferencia entre un pimentón que perfuma y uno que arruina el guiso.
Paso 04
Sube el fuego, añade los dados de choco y saltéalos 3-4 minutos hasta que cambien de color y se impregnen del sofrito. Vierte 150 ml de vino blanco y deja evaporar el alcohol 2-3 minutos.
Consejo: El choco soltará agua y se encogerá, poniéndose momentáneamente duro: está atravesando la fase de contracción de las proteínas. Es exactamente lo esperable y no debe alarmarte, porque el guiso largo que viene lo revertirá. El vino desglasa los azúcares pardeados del fondo y aporta la acidez que equilibrará la untuosidad final.
Paso 05
Añade 400 ml de caldo y la hoja de laurel, lleva a ebullición suave y baja el fuego. Tapa a medias y guisa 45-60 minutos, hasta que el choco esté tierno y el cuchillo entre sin resistencia.
Consejo: Este es el tramo decisivo: durante estos minutos el abundante colágeno de la sepia se hidroliza a gelatina, las fibras contraídas se relajan y el choco pasa de correoso a meloso, cediendo además cuerpo a la salsa. La cocción tiene que ser suave y constante; a borbotones fuertes la carne se reseca por fuera antes de ablandar por dentro.
Paso 06
Cuando el choco esté tierno, incorpora las 500 g de habas peladas y una ramita de hierbabuena. Cocina 10-12 minutos más, hasta que las habas estén hechas pero enteras, y rectifica de sal.
Consejo: Las habas entran al final por su textura frágil: son legumbre fresca con almidón que gelatiniza y azúcares que las endulzan, pero un guiso largo las desharía en puré. Diez o doce minutos bastan para que se hagan y absorban el caldo sin perder forma. La hierbabuena, clásico gaditano, aporta un frescor herbáceo que corta la untuosidad del marisco.
Paso 07
Comprueba el punto de salsa: debe estar melosa, ni caldosa ni seca. Si está líquida, deja reducir destapado unos minutos; si está espesa, añade un chorro de caldo. Apaga y deja reposar 5 minutos tapado.
Consejo: El reposo permite que la gelatina liberada por el choco y el almidón de las habas terminen de ligar la salsa, dándole esa textura melosa característica del guiso de cuchara. Ligar por reducción y reposo, sin harinas, mantiene los sabores limpios: la salsa se sostiene con el propio colágeno del cefalópodo y el almidón de la legumbre.
Paso 08
Sirve el guiso bien caliente en platos hondos, con los dados de choco y las habas repartidos y la salsa napando. Espolvorea 5 g de perejil picado y unas hojas de hierbabuena fresca. Acompaña de pan para mojar.
Consejo: El perejil y la hierbabuena van crudos al final porque sus aceites esenciales, ricos en mentol y apiol, son volátiles y se pierden con el calor sostenido. En el plato se cierra la sinergia umami: el glutamato del choco y del sofrito se potencia con los nucleótidos del cefalópodo, y su glicina y betaína enlazan con el dulzor de la haba.
Fino en rama
D.O. Jerez-Xérès-Sherry
Su sequedad, salinidad y notas de velo de flor son el maridaje clásico y perfecto del choco gaditano.
Manzanilla
D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda
Fresca, punzante y yodada, la de la propia bahía; corta la untuosidad y realza el dulzor del marisco.
Verdejo
D.O. Rueda
Aromático y de acidez viva, un blanco fácil que refresca frente al guiso meloso si prefieres vino tranquilo.
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