
Pollo en Salsa de Almendras con Azafrán
El pollo en salsa de almendras es el guiso de diario de toda Andalucía oriental y la versión más despojada de la gran familia de las salsas majadas andalusíes: almendra, pan frito, ajo y azafrán machacados en el mortero y devueltos a la cazuela para espesar sin una gota de harina. A diferencia de la pepitoria castellana, aquí no hay huevo ni especias dulces: la salsa es más ligera, de un dorado pálido, y todo su cuerpo procede del almidón del pan frito y de la grasa de la almendra. Es un plato de aprovechamiento en su origen, pensado para dar sustancia a un ave modesta con lo que había en la despensa, y esa economía es justamente lo que lo ha mantenido vivo durante cinco siglos en las mesas de Granada, Jaén y Almería.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 20 min (20 min de mise en place + 15 min de fritos y sellado + 35 min de guiso + 10 min de majado y reposo)Paso 01
Trocea el pollo de 1,5 kg en 8 piezas, sécalo bien con papel de cocina y sazónalo con los 13 g de sal y 3 vueltas de pimienta. Déjalo atemperar 30 minutos fuera de la nevera. Pica 200 g de cebolla fina, corta 60 g de pan candeal en rebanadas de 1 cm y pela 20 g de ajo dejando los dientes enteros. Tuesta las 0,3 g de azafrán 30 segundos en sartén seca a fuego bajo.
Consejo: El pan tiene que ser del día anterior y de miga prieta, tipo candeal. Un pan fresco contiene demasiada agua libre: al freírlo, esa agua se evapora violentamente y el pan absorbe aceite en su lugar, quedando empapado y pesado en vez de crujiente, y después no se muele bien en el mortero. El pan de un día ha perdido humedad por retrogradación del almidón y se fríe seco, formando la estructura porosa y quebradiza que se deshace en el majado y espesa la salsa.
Paso 02
Calienta los 90 ml de aceite en la cazuela a fuego medio. Fríe los 20 g de ajo entero 90 segundos hasta que estén dorados y retíralos. Añade los 100 g de almendra y fríelos 3 minutos removiendo sin parar, hasta que tomen un dorado uniforme, y retíralos a un plato frío. Fríe por último las rebanadas de pan 1 minuto por cara hasta que estén doradas y crujientes, y retíralas. Reserva 20 g de almendra para el final.
Consejo: Los tres fritos se hacen en este orden y no en otro porque cada uno perfuma el aceite para el siguiente y porque sus tiempos son incompatibles: el ajo se quema a los dos minutos, la almendra necesita tres y el pan absorbe aceite si entra en un aceite ya cargado de residuos oscuros. Retirar cada elemento a un plato frío detiene la cocción residual, que es la responsable del amargor: la almendra pasa de dorada a quemada en menos de un minuto por encima de 120 °C.
Paso 03
Sube el fuego a medio-alto y sella las piezas de pollo en el aceite perfumado, con la piel hacia abajo y sin amontonarlas, durante 6 minutos hasta que se despeguen solas del fondo, y 3 minutos más por el otro lado. Trabaja en dos tandas si es necesario. Retira las piezas a un plato y consérvalas con los jugos que suelten.
Consejo: Que la pieza se libere sola del fondo es la señal exacta del punto de sellado: las proteínas crudas se adhieren químicamente al metal y solo se despegan cuando la reacción de Maillard entre aminoácidos y azúcares reductores ha completado la costra. Si fuerzas con las pinzas, arrancas la piel y dejas el dorado pegado a la cazuela. Con la cazuela saturada de piezas la temperatura cae por debajo de 140 °C, la Maillard se detiene y el pollo se cuece al vapor.
Paso 04
Baja el fuego a medio-bajo y pocha los 200 g de cebolla picada con una pizca de sal durante 15 minutos, removiendo cada 3 minutos y raspando el fondo con cuchara de madera para disolver los restos dorados del sellado. La cebolla debe quedar translúcida, muy blanda y sin estructura, apenas con un tono dorado claro en los bordes.
Consejo: El agua que libera la cebolla al romperse sus paredes celulares es el disolvente que recupera las melanoidinas pegadas al fondo, un desglasado sin líquido añadido que traslada a la salsa todo el sabor generado en el sellado. Si dejas que la cebolla se dore de verdad, entras en caramelización de sus azúcares y aportas un dulzor tostado que no pertenece a este plato: la salsa de almendras debe ser suave y de color pálido, no oscura ni dulce.
Paso 05
Vierte los 150 ml de vino fino y sube el fuego 3 minutos, raspando el fondo, hasta que el olor a alcohol desaparezca. Devuelve las piezas de pollo con sus jugos, añade los 600 ml de caldo caliente, el laurel y los 6 granos de pimienta. Lleva a hervor, baja de inmediato a fuego suave y cocina tapado 30 minutos, con el líquido apenas temblando en la superficie.
Consejo: El vino fino aporta a este guiso lo que ningún vino blanco tranquilo puede dar: los compuestos generados por el velo de flor durante su crianza biológica, sobre todo acetaldehído, que tiene un perfil punzante de almendra cruda y enlaza por identidad con el majado. Evaporar bien el alcohol es imprescindible, porque el etanol residual resalta el amargor de la almendra frita y desequilibra una salsa que se define por su suavidad.
Paso 06
Mientras el pollo guisa, maja en el mortero los 80 g de almendra frita con el ajo frito y una pizca de sal hasta obtener una pasta granulosa. Añade el pan frito troceado, el azafrán tostado y los 8 g de hojas de perejil, y sigue majando hasta lograr una pasta espesa y homogénea. Afloja con 150 ml del caldo caliente de la cazuela hasta obtener una crema fluida y sin grumos.
Consejo: La almendra se maja primero y en seco porque necesita fricción directa contra la piedra para romperse y liberar su aceite; si el pan entra antes, absorbe ese aceite y amortigua el golpe de la mano del mortero, y la almendra queda en trozos. El pan frito aporta almidón ya gelatinizado y retrogradado por el frito, que al rehidratarse en el caldo caliente absorbe agua y espesa la salsa: es el sustituto exacto de la harina, con la ventaja de que ya está cocido y no deja sabor crudo.
Paso 07
Comprueba con la sonda que los muslos marcan 74 °C sin tocar hueso y retira el laurel. Vierte el majado aflojado en la cazuela removiendo con movimientos envolventes y cocina destapado 8 minutos a fuego suave, hasta que la salsa espese y nape el dorso de una cuchara dejando un surco limpio al pasar el dedo. Rectifica de sal.
Consejo: Los ocho minutos finales son necesarios para que los gránulos de almidón del pan frito terminen de absorber agua y se hinchen por completo: es lo que da la viscosidad definitiva. Servida antes de tiempo, la salsa parecerá ligada en la cazuela y se aguará en el plato al bajar la temperatura. Cocina destapado para que evapore el exceso de líquido, pero a fuego suave: un hervor fuerte rompería los gránulos ya hinchados y la salsa se volvería pegajosa y filante.
Paso 08
Retira la cazuela del fuego y deja reposar tapada 8 minutos. Sirve las piezas en platos hondos calientes, nápalas con la salsa dorada y reparte por encima los 20 g de almendra frita reservada en láminas y los 5 g de perejil picado. Acompaña con patatas cocidas o arroz blanco y pan para mojar, que en este plato no es opcional.
Consejo: La almendra reservada se añade entera y en el último segundo porque cumple una función textural que la del majado ya ha perdido: aporta el contraste crujiente contra una salsa completamente lisa, y ese contraste es lo que impide que el plato resulte monótono a partir del tercer bocado. Si la incorporas antes, absorbe humedad de la salsa en menos de dos minutos y se reblandece por completo, perdiendo la única razón por la que está ahí.
Amontillado seco de Montilla-Moriles, pedro ximénez vinificado en seco
Montilla-Moriles, Córdoba, España
Es el mismo vino que entra en la cazuela y el maridaje funciona por continuidad. El amontillado combina una primera fase de crianza biológica bajo velo, que aporta el punzante de almendra cruda, con una segunda fase oxidativa que suma avellana y madera vieja, exactamente la escala aromática del majado de almendra frita y pan. Su sequedad absoluta y su alta graduación limpian la grasa del frito sin que la salsa se perciba pesada. Sirve a 13 °C en copa de vino blanco.
Blanco de la Sierra de Málaga, moscatel de Alejandría seco
Sierras de Málaga, Andalucía, España
El moscatel vinificado en seco conserva sus terpenos florales y de azahar sin nada de azúcar residual, y esa aromática cítrica y blanca levanta un plato de color pálido y sabor concentrado que puede resultar plano si el vino no aporta frescura. Su acidez media y su cuerpo ligero acompañan la carne blanca sin taparla, y el fondo floral dialoga con el azafrán, que comparte con él familia de compuestos volátiles. Sirve a 10 °C.
Tinto joven de la Contraviesa alpujarreña, garnacha y tempranillo de altura
Granada, Andalucía, España
Si se busca tinto, la altitud de la Contraviesa da vinos de acidez alta, alcohol contenido y taninos poco marcados, capaces de acompañar carne blanca en salsa sin arrasarla. Su fruta roja fresca y sus notas de monte bajo enlazan con el laurel y el perejil del guiso, y su ligereza deja intacto el protagonismo de la almendra. Es además el vino de la comarca donde este plato es de diario. Sirve fresco, a 14 °C.
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