
Camembert de Normandía Horneado con Miel de Romero y Praliné de Nuez
El Camembert de Normandie AOP es un queso de leche cruda de vaca, corteza florecida de Penicillium camemberti y maduración mínima de 21 días, protegido por denominación de origen francesa desde 1983 y europea desde 1992. Su fabricación en el pueblo de Camembert está documentada desde finales del siglo XVIII, y fue la caja de madera de chopo, patentada por Eugène Ridel en 1890, la que permitió que viajara por ferrocarril y se convirtiera en el queso francés más exportado del mundo. Hornearlo dentro de esa misma caja no es una moda: la madera húmeda contiene la corteza mientras el interior pasa de pasta compacta a crema líquida. Aquí el queso se mecha con ajo y romero, se riega con vino blanco y se termina con una miel infusionada en caliente y un praliné de nuez roto a cuchillo, que aporta el crujido y el amargor tostado que le faltan al queso fundido solo.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 40 min totalPaso 01
Saca el Camembert de Normandie AOP de 250 g de la nevera 60 minutos antes y déjalo atemperar a 20 °C dentro de su caja. Pesa 40 g de miel de romero, 60 g de nueces en mitades, 20 g de azúcar y 20 ml de vino blanco seco. Pela 6 g de ajo y córtalo en 8 láminas finas. Separa 4 g de romero en puntas de 2 cm y deshoja otros 2 g. Machaca 2 g de pimienta negra en grano en el mortero. Corta 300 g de pan de masa madre en rebanadas de 1,5 cm.
Consejo: Atemperar el queso una hora es el paso que más se salta y el que más cambia el resultado. La materia grasa del Camembert cristaliza en frío y funde de forma escalonada entre 21 y 34 °C; si el queso entra al horno a 5 °C, la corteza se seca y se dora antes de que el corazón haya llegado siquiera a ablandarse, y acabas con una cáscara rígida sobre una pasta todavía calcárea. A 20 °C todo el bloque parte del mismo punto y funde a la vez.
Paso 02
Calienta los 40 g de miel de romero en un cazo pequeño a fuego muy bajo hasta alcanzar 60 °C, sin que llegue a burbujear. Retira del fuego, añade los 2 g de romero deshojado y los 2 g de pimienta machacada, y deja infusionar 15 minutos tapado. Cuela por un colador fino presionando con el dorso de una cuchara y reserva la miel a temperatura ambiente. Debe quedar fluida, perfumada a resina y con un picor final claro.
Consejo: Sesenta grados es el techo: por encima de 65 °C la miel pierde sus enzimas, la fructosa empieza a pardearse y aparece un regusto acaramelado que tapa el aroma floral del romero. Ese calor suave basta para que los aceites esenciales de la hoja —cineol, alcanfor y borneol— se disuelvan en el medio azucarado, que actúa como disolvente y luego los retiene. La piperina de la pimienta también es liposoluble y necesita calor para liberarse del grano recién machacado.
Paso 03
Tuesta las 60 g de nueces en una sartén seca a fuego medio durante 4 minutos, moviéndolas cada 30 segundos, hasta que huelan a tostado y su piel empiece a agrietarse. Sin retirarlas, espolvorea los 20 g de azúcar por encima y sube a fuego medio-alto. Remueve sin parar 3 minutos: el azúcar se arenará primero y luego fundirá en caramelo ámbar que envolverá la nuez. Vuelca sobre papel de horno, separa con dos tenedores y deja enfriar 10 minutos.
Consejo: Este es un praliné en seco y pasa por dos fases que asustan si no se esperan. Primero la sacarosa se funde y vuelve a cristalizar sobre la nuez fría formando una capa blanca arenosa; a los dos minutos esos cristales superan los 160 °C, funden de nuevo y caramelizan. El error es retirar en la fase arenosa creyendo que se ha estropeado. Y no dejes que pase de ámbar oscuro: a partir de 180 °C el caramelo amarga y arrastra a la nuez con él.
Paso 04
Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Retira el papel del queso y devuélvelo a su caja de madera, con la tapa reservada bajo la base para reforzarla. Marca una cruz superficial en la corteza superior con la punta de un cuchillo, de solo 3 mm de profundidad. Introduce las 8 láminas de ajo y las puntas de romero en pequeñas incisiones repartidas por la superficie. Riega con los 20 ml de vino blanco seco.
Consejo: Corta la corteza de forma superficial y nunca en una tapa entera: esa capa de Penicillium camemberti es una malla de micelio que actúa como piel estructural y contiene la pasta líquida. Si la retiras del todo, el queso se derrama en la caja y llega a la mesa como una crema plana. Las tres milésimas de milímetro de corte que necesitas solo sirven para dejar salir el vapor y para que el ajo y el vino penetren. La caja mojada, además, no arde.
Paso 05
Coloca la caja sobre una bandeja con papel de horno y hornea en la altura media entre 15 y 18 minutos. A partir del minuto 12 vigila la superficie: debe estar inflada, brillante y con la corteza tensa, sin grietas abiertas ni burbujas de grasa separada. Comprueba el punto presionando el centro con el dedo protegido: tiene que ceder como un globo lleno de líquido. Retira en cuanto notes esa cesión total y deja la caja sobre la bandeja.
Consejo: El Camembert funde por desestabilización de la red de caseína: entre 55 y 65 °C los enlaces de calcio que unen las micelas se aflojan y la pasta pasa de sólida a fluida. Pasados los 70 °C esa red se rompe del todo, la grasa se separa y verás un charco amarillo transparente sobre la superficie, señal inequívoca de que has ido lejos. Ese queso ya no vuelve a ligar al enfriarse; queda graso por fuera y granuloso por dentro.
Paso 06
Mientras el queso está en el horno, pincela las rebanadas de pan de masa madre con los 20 ml de aceite de oliva virgen extra por una sola cara. Colócalas en una segunda bandeja y tuéstalas en la parte alta del horno durante 6 minutos, dándoles la vuelta a los 4 minutos. Deben quedar doradas y crujientes por fuera pero con la miga todavía flexible en el centro, para que resistan el peso del queso sin quebrarse.
Consejo: La masa madre es el acompañamiento correcto por acidez, no por moda: su pH de 3,8 a 4,2, fruto de los ácidos láctico y acético de la fermentación, contrarresta la untuosidad del queso fundido y limpia el paladar. Tostar solo hasta que el centro siga tierno responde a la mecánica del bocado: un pan tostado del todo se astilla al hundirlo en el queso y desparrama el relleno. Aceita una sola cara para que la otra absorba el queso.
Paso 07
Deja reposar el queso 3 minutos fuera del horno, sobre la bandeja y sin taparlo. Mientras, pica el praliné frío a cuchillo sobre una tabla en trozos irregulares de 5 a 10 mm, sin llegar a molerlo. Abre la corteza superior siguiendo la cruz marcada y dobla los cuatro triángulos hacia fuera como pétalos, dejando el corazón fundido a la vista. Comprueba que la crema es brillante, homogénea y de un blanco marfil uniforme.
Consejo: Los tres minutos de reposo bajan la pasta de unos 68 °C a 60 °C, que es la temperatura a la que el queso fluye sin escurrirse y sin quemar la lengua. Abrir la corteza recién salido del horno provoca una descompresión brusca del vapor acumulado y la crema se desborda por los lados. El praliné se pica a cuchillo y no en robot porque el calor de las cuchillas reblandece el caramelo y lo convierte en pasta pegajosa en cuestión de segundos.
Paso 08
Pasa la caja de madera a una tabla de servicio o a un plato de pizarra. Hilvana la miel infusionada sobre el corazón fundido dibujando una espiral desde el centro, reparte el praliné de nuez picado por encima y termina con 2 g de sal en escamas y una punta de romero fresco. Rodea la caja con el pan tostado apoyado en abanico. Sirve de inmediato, entre 55 y 60 °C, con cucharilla larga para cada comensal.
Consejo: Sirve entre 55 y 60 °C: por debajo de 50 °C la caseína recupera cohesión, la crema se vuelve elástica y deja de hacer hilo al levantar la cucharilla. La sal en escamas se añade al final para que se disuelva en boca y no en el queso, donde desaparecería sin aportar nada. Y la miel va sobre la superficie caliente en el último momento porque sus aromas volátiles de romero se pierden en menos de dos minutos de contacto con esa temperatura.
Sidra brut AOP Pays d'Auge
Normandía, Francia
Es el maridaje de origen y sigue siendo el más certero. La sidra normanda de manzanas amargas y ácidas tiene entre 4 y 6 gramos de acidez málica por litro y una burbuja fina de segunda fermentación que barre literalmente la grasa del queso fundido del paladar. Su fondo de manzana asada y levadura dialoga con la corteza de Penicillium sin que ninguno de los dos se imponga. Sirve muy fría, a 6-8 °C, en copa ancha para que suelte aroma.
Chinon tinto (Cabernet Franc)
Valle del Loira, Francia
El Cabernet Franc del Loira sobre suelos de tuffeau da un tinto ligero, de 12,5 grados, tanino sedoso y una nota inconfundible de pimiento y grafito que enlaza con el ajo y el romero mechados en el queso. Su acidez alta corta la untuosidad sin necesidad de cuerpo, que aquí sería contraproducente: un tinto potente aplastaría el Camembert. La fruta roja fresca hace además de puente con la miel. Sirve fresco, entre 14 y 15 °C.
Riesling Spätlese del Mosela
Mosela, Alemania
La opción para quien quiera acompañar la miel en lugar de contrastarla. Un Spätlese con 40-60 gramos de azúcar residual y una acidez tartárica altísima consigue el equilibrio raro de resultar dulce y afilado a la vez: el azúcar recoge la miel de romero y el praliné, y la acidez limpia la grasa láctea. Sus notas de melocotón, tila y petróleo aportan un registro aromático que el queso no tiene. Sirve a 9 °C.
Galería
8 imágenesRecetas Relacionadas

Hollandaise de Naranja Maltaise

Becada Asada sobre Canapé de sus Interiores

Soufflé de Comté con Corazón Fundente
