
Canelones Gratinados de Tres Carnes
Los canelones gratinados son el plato de fiesta de la cocina catalana: placas de pasta rellenas de tres carnes guisadas y picadas, cubiertas de bechamel y doradas al horno hasta que la costra cruje. Llegaron a Barcelona a finales del siglo XIX de la mano de los cocineros italianos que trabajaban en las casas burguesas de la ciudad, y arraigaron tan rápido que las fábricas de pasta barcelonesas empezaron a vender las placas secas a principios del siglo XX. Su fecha es el 26 de diciembre, Sant Esteve, porque nacieron como el destino inteligente de las carnes asadas que sobraban de la comida de Navidad. Lo que los eleva es el hígado de pollo del relleno y una bechamel hecha con paciencia.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 2 h 30 minPaso 01
Saca las carnes de la nevera 30 minutos antes y sécalas bien con papel. Córtalas en dados de 3 cm: 300 g de aguja de cerdo, 300 g de ternera y 250 g de muslo de pollo. Limpia los 100 g de hígados retirando conductos y resérvalos aparte. Pica 250 g de cebolla y 100 g de zanahoria en brunoise de 3 mm. Ralla 150 g de tomate. Remoja 40 g de miga de pan en 80 ml de leche. Pesa el resto y ten la fuente lista.
Consejo: Secar la carne no es manía: la superficie húmeda tiene que evaporar toda su agua antes de superar los 100 °C, y hasta que eso no ocurre no arranca la reacción de Maillard. Una carne mojada se cuece al vapor en la propia cazuela y sale gris, sin el fondo tostado del que depende todo el sabor del relleno. Los dados de 3 cm son el compromiso: suficientemente grandes para dorar por fuera sin secarse por dentro, suficientemente pequeños para guisar en una hora. El hígado va aparte porque su tiempo de cocción es diez veces menor.
Paso 02
Calienta 40 ml de aceite en una cazuela de fondo grueso a fuego fuerte. Dora las carnes en tres tandas, 4 minutos por tanda, dándoles la vuelta solo cuando se despeguen solas del fondo: deben quedar con costra marrón oscura por dos caras. Sala con 6 g repartidos. Retira y reserva. En la misma grasa, saltea los hígados 90 segundos por cada lado, hasta que estén dorados fuera y aún rosados dentro. Resérvalos aparte.
Consejo: Dorar en tandas es la diferencia entre un relleno y un picadillo triste. Cuando la cazuela se llena, la temperatura del fondo se desploma por debajo de 100 °C y la carne suelta jugo en lugar de tostarse. La costra solo se forma por encima de 140 °C, y esa costra —melanoidinas, pirazinas, compuestos azufrados— es la mitad del sabor final. La carne se despega sola del metal justo cuando la costra está hecha: si tiras antes, la arrancas. Los hígados se quedan rosados a propósito, porque su textura granulosa sobrecocida sí se nota luego en el picado.
Paso 03
Baja a fuego medio, añade los 20 ml de aceite restantes y sofríe la cebolla y la zanahoria con 2 g de sal durante 15 minutos, removiendo cada tres, hasta que estén melosas y doradas en los bordes. Añade el tomate rallado y cocina 8 minutos más, hasta que el aceite suba limpio. Sube el fuego, vierte los 60 ml de brandy y flambea o deja evaporar 1 minuto. Añade los 100 ml de vino blanco y raspa el fondo con cuchara de madera.
Consejo: El raspado del fondo es el paso que más gente se salta y el que más sabor devuelve al plato. Esas manchas oscuras pegadas al metal son melanoidinas concentradas, prácticamente insolubles en grasa pero muy solubles en alcohol y agua: el brandy y el vino las disuelven y las reintegran al guiso, que es exactamente lo que significa desglasar. El minuto de evaporación elimina el etanol, que en boca resulta punzante y anestesia el paladar, pero conserva los ésteres frutales y las lactonas de barrica del brandy, que sí queremos.
Paso 04
Devuelve las carnes doradas a la cazuela con sus jugos, cubre con agua justo a la altura de la carne y añade 1 g de nuez moscada. Tapa y cocina a fuego muy suave 60 minutos, con la superficie apenas temblando, hasta que la ternera se deshaga al presionarla con dos dedos. Destapa los últimos 15 minutos y deja que el líquido reduzca hasta que quede una salsa corta y brillante en el fondo, no un caldo.
Consejo: Aquí trabaja el colágeno. Por encima de 70 °C empieza a hidrolizarse en gelatina, pero es un proceso lento que necesita una hora larga; por eso una ternera guisada 20 minutos está más dura que cruda y a los 60 se deshace. La clave es que el líquido tiemble y no hierva: un hervor pleno agita las fibras, las contrae y expulsa el agua que la gelatina intenta retener, con lo que la carne sale a la vez deshecha y seca. Y el guiso se reduce antes de picar porque un relleno líquido reblandece la pasta desde dentro.
Paso 05
Deja templar el guiso 15 minutos. Escurre las carnes reservando la salsa. Pásalas por picadora junto con los hígados y la miga de pan escurrida, en pulsaciones cortas, hasta obtener un picado de grano grueso, con textura reconocible y nunca una pasta. Devuelve el picado a un cuenco, añade 4 o 5 cucharadas de la salsa reservada y mezcla. Prueba y rectifica de sal: debe saber intenso, casi excesivo.
Consejo: Las pulsaciones cortas evitan que las cuchillas emulsionen la grasa con la proteína y conviertan el relleno en una pasta homogénea de textura de paté. Buscamos grano, porque el contraste con la bechamel lisa es la mitad de la gracia del plato. La miga empapada aporta almidón que gelatiniza y retiene la humedad del guiso dentro del relleno durante el horneado, en lugar de dejarla escapar hacia la pasta. Y el relleno debe saber fuerte en frío: la bechamel y la pasta, ambas suaves, van a rebajar esa intensidad a la mitad.
Paso 06
Funde 80 g de mantequilla en un cazo a fuego medio, añade 80 g de harina y cocina el roux 3 minutos removiendo sin parar, hasta que huela a galleta y tome color rubio pálido. Vierte 1 litro de leche caliente en cuatro veces, batiendo con varillas hasta lisura total antes de cada nueva adición. Cocina 10 minutos a fuego suave sin dejar de remover, añade 8 g de sal y 1 g de nuez moscada: debe napar la cuchara y caer en cinta.
Consejo: Los 3 minutos de roux cumplen dos funciones simultáneas: dispersan cada gránulo de almidón en grasa, de modo que al llegar la leche no puedan agruparse en grumos, y destruyen el sabor a harina cruda. La leche caliente y en varias veces mantiene la mezcla siempre por encima de los 62 °C a los que el almidón gelatiniza, sin choques térmicos que provoquen coágulos. Y los 10 minutos finales son obligatorios: el almidón no alcanza su poder espesante máximo hasta pasados unos minutos por encima de 85 °C.
Paso 07
Cuece las 16 placas en abundante agua con 10 g de sal por litro, 2 minutos menos que lo que indique el fabricante. Sácalas de una en una a un baño de agua fría y extiéndelas sobre un paño limpio, sin superponerlas. Unta la fuente con 20 g de mantequilla y cubre el fondo con una capa fina de bechamel. Reparte el relleno en cilindros sobre cada placa, enróllalas y colócalas con el cierre hacia abajo, pegadas pero sin apretar.
Consejo: Los 2 minutos de menos son deliberados: la placa terminará de hidratarse en el horno absorbiendo agua de la bechamel, y si sale del agua ya en su punto acabará pastosa. El agua fría detiene la cocción de golpe y arrastra el almidón superficial, que es lo que hace que las placas se peguen entre sí y se rompan al desenrollarlas. La capa de bechamel del fondo aísla la pasta del metal caliente y evita que se agarre y se reseque, y el cierre hacia abajo sella el canelón con su propio peso.
Paso 08
Cubre los canelones con el resto de la bechamel caliente, llegando a los bordes, y reparte por encima los 100 g de queso rallado. Hornea a 200 °C con calor arriba y abajo durante 20 minutos, y termina 4 minutos bajo el grill a máxima potencia, vigilando, hasta que la superficie esté dorada con manchas oscuras. Deja reposar 10 minutos fuera del horno y sirve dos canelones por plato con una cucharada del jugo del fondo.
Consejo: La bechamel se vierte caliente para que el horno solo tenga que gratinar y no calentar la fuente desde frío: partiendo de nevera necesitarías 40 minutos, y para entonces el queso estaría quemado y la pasta reseca. El reposo de 10 minutos es igual de importante, porque al salir del horno la bechamel está tan fluida que el canelón se desmorona al servirlo; al bajar de 70 °C, el almidón retrograda parcialmente y la salsa recupera cuerpo suficiente para que la ración salga entera.
Cava Reserva Brut Nature
Penedès
El carbónico y la acidez sin azúcar de dosaje cortan la grasa de la bechamel y del queso gratinado, y las notas de bollería de la crianza sobre lías enlazan con la costra tostada del horno sin tapar la carne.
Mencía joven
Bierzo
Tinto de taninos finos y fruta roja fresca, con acidez alta y poca madera: acompaña las tres carnes sin pesar y su carácter mineral limpia el paladar de la untuosidad de la salsa entre bocados.
Garnacha de viñas viejas
Montsant
Su cuerpo medio y su fondo balsámico de monte bajo sostienen el punto de hígado y de brandy del relleno, mientras el ligero dulzor de fruta madura equilibra la nuez moscada de la bechamel.
Galería
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