
Fabada Asturiana de Faba de la Granja
La fabada asturiana es el guiso de legumbre más emblemático del norte de España: faba de la Granja, una alubia blanca de grano plano, piel finísima y hasta tres centímetros de largo amparada por Indicación Geográfica Protegida, cocida a fuego mínimo con el compango ahumado del país (chorizo, morcilla, lacón y panceta curados al humo de leña). Su forma moderna se documenta a finales del siglo XIX en las fondas y casas de comidas de Gijón y Villaviciosa, cuando la faba, llegada de América y aclimatada en las vegas del Nalón y del Sella, se unió a los productos de la matanza doméstica. Lo que la hace única no es la lista de ingredientes sino la técnica: nunca hierve a borbotones, se asusta con agua fría cada media hora y liga sin una sola pizca de harina, solo con el almidón que la propia faba suelta al deshacerse por dentro.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 3 h 30 min de cocción (+ 12 h de remojo)Paso 01
Pesa 500 g de fabes de la Granja y descarta las partidas o con la piel rota. Cúbrelas con 2 litros de agua fría a 15-18 °C, cuatro dedos por encima, y déjalas 12 horas a temperatura ambiente. Pon en remojo aparte, en otro recipiente, 250 g de lacón y 150 g de panceta curada, cambiando el agua tres veces para desalarlos. Ten listos 200 g de chorizo, 200 g de morcilla, 120 g de cebolla, 10 g de ajo, 5 g de pimentón y 0,2 g de azafrán. Las fabes están a punto cuando han doblado su volumen y la piel se ve tersa, sin arrugas.
Consejo: El remojo es una hidratación por ósmosis: el agua entra por el hilo del grano hasta igualar la concentración interna y necesita entre 10 y 12 horas a 15-18 °C. Con agua templada la piel se hidrata mucho más rápido que el cotiledón, se tensa y revienta, soltando almidón que enturbia el caldo antes de empezar. El error típico es usar agua muy calcárea: el calcio y el magnesio se unen a las pectinas de la pared celular formando pectatos insolubles que impiden que la faba ablande nunca, por muchas horas que cueza. Si tu agua supera los 250 mg/l de dureza, usa agua mineral de mineralización débil.
Paso 02
Escurre las fabes y colócalas en una olla ancha de fondo grueso, repartidas en una sola capa. Añade el chorizo, la morcilla, el lacón y la panceta escurridos, la cebolla entera pelada, los dientes de ajo y 30 ml de aceite de oliva. Cubre con 2,5 litros de agua fría, dos dedos por encima del conjunto, y lleva al fuego medio destapado. Cuando rompa a hervir, retira con espumadera toda la espuma gris que aflore durante los primeros cinco minutos y baja inmediatamente el fuego al mínimo.
Consejo: Arrancar en frío es lo que separa una fabada de un puré. Si las fabes entran en agua hirviendo, la piel alcanza los 90 °C mientras el interior sigue a 20 °C: se contrae, se raja y el cotiledón se desmorona. Subiendo la temperatura despacio, piel y cotiledón gelatinizan a la vez, porque los gránulos de almidón absorben agua progresivamente entre 65 y 80 °C, y el grano llega entero al final. La espuma gris que aflora son saponinas y proteínas solubles coaguladas; si no la retiras se reintegra al caldo y deja un fondo amargo y un aspecto turbio que ya no se corrige.
Paso 03
Mantén la olla a 85-90 °C durante todo el guiso: la superficie solo debe temblar con alguna burbuja aislada, nunca hervir a borbotones. Cada 30 minutos añade un vaso de agua fría, unos 150 ml, para asustar las fabes; repítelo tres veces a lo largo de la cocción. No remuevas jamás con cuchara: agarra la olla por las asas y agítala con un movimiento circular. Retira con un cazo pequeño el exceso de grasa naranja que se acumule arriba, dejando siempre una película fina brillante.
Consejo: Asustar no es folclore: el golpe de agua fría baja la temperatura del caldo entre 8 y 10 °C y contrae ligeramente la piel, que así se hidrata al mismo ritmo que el interior en lugar de adelantarse y romperse. Remover con cuchara es el error clásico y su síntoma es inmediato, un manto de pieles sueltas flotando: la fricción del metal las arranca y ya no hay marcha atrás. El vaivén de la olla mueve las fabes en bloque, sin roce. Y la grasa retirada no se descarta entera: la película fina que dejas emulsiona después con el almidón y da brillo al caldo.
Paso 04
Cuece dos horas y media en total a fuego mínimo con la olla semitapada. A los 90 minutos retira con cuidado la morcilla y el chorizo y resérvalos en un plato: ya han cedido su grasa y su pimentón al caldo. Comprueba el punto de la faba a partir de las dos horas aplastando un grano contra el paladar; debe deshacerse sin resistencia y sin dejar el centro harinoso. Si necesita más tiempo, añade agua caliente, nunca fría a estas alturas.
Consejo: La morcilla asturiana lleva cebolla y una proporción alta de grasa emulsionada con sangre; pasadas las dos horas la tripa cede, el relleno se dispersa y el caldo pasa de ambarino y meloso a pardo y granuloso. El chorizo ya ha soltado en 90 minutos casi todos los carotenoides del pimentón, que son liposolubles y migran a la grasa del guiso: dejarlo más tiempo no aporta color y sí reseca la carne al desnaturalizarse en exceso sus fibras. Retirarlos a tiempo es una decisión de textura, no de sabor, y distingue una fabada limpia de una embarrada.
Paso 05
Saca la cebolla y los ajos cocidos y llévalos al mortero. Tuesta 0,2 g de hebras de azafrán durante 20 segundos en una sartén seca a fuego suave, hasta que desprendan aroma pero sin oscurecerse, y májalas junto con la cebolla y el ajo hasta obtener una pasta lisa. Incorpora 5 g de pimentón de La Vera fuera del fuego y dos cucharadas del caldo caliente para diluir el majado. Viértelo en la olla y agítala en círculos hasta que el caldo tome un tono ambarino uniforme.
Consejo: El azafrán guarda su color en la crocina, un carotenoide hidrosoluble, y su aroma en el safranal, que se libera al tostar suavemente las hebras por debajo de 70 °C. Pasado ese punto el safranal se volatiliza y solo queda el amargor de la picrocrocina: la señal del error es un azafrán que huele a quemado y tiñe poco. El pimentón se añade fuera del fuego por la razón contraria, sus carotenoides se degradan en segundos por encima de 130 °C generando amargor irreversible. Majar la cebolla cocida aporta además pectinas que espesan el caldo sin recurrir a harina alguna.
Paso 06
Apaga el fuego y deja reposar la fabada destapada 20 minutos, o mejor de un día para otro en frío. Antes de servir, retira la capa de grasa solidificada dejando unos 3 mm y calienta a 80 °C sin que llegue a hervir. Si el caldo ha quedado suelto, aplasta un cucharón de fabes contra la pared de la olla y agita: el almidón liberado ligará el conjunto en un par de minutos. Rectifica de sal tomando 8 g como referencia y probando siempre al final.
Consejo: Al enfriar, la amilosa liberada por las fabes se reorganiza en una red tridimensional, un fenómeno llamado retrogradación, que atrapa el agua del caldo: por eso la fabada de un día para otro está visiblemente más ligada sin haber añadido nada. Ese mismo reposo permite que la grasa suba y solidifique, de modo que decides cuánta dejas en lugar de sufrirla. La sal va siempre al final porque el sodio compite con el agua por hidratar las pectinas de la piel; salar al principio endurece el grano y alarga la cocción media hora larga.
Paso 07
Corta el compango justo en el momento de servir: el chorizo y la morcilla en rodajas de 1,5 cm cortadas en diagonal, el lacón en lascas de medio centímetro atravesando la fibra y la panceta en tacos de 2 cm. Sumerge las piezas ya cortadas en el caldo caliente durante tres minutos, hasta que recuperen los 75 °C en el centro sin secarse. No adelantes este corte por comodidad, ni siquiera diez minutos antes de sentar a la mesa.
Consejo: El compango se corta al final por una razón física concreta: la grasa del cerdo asturiano funde entre 32 y 40 °C, y una rodaja cortada con antelación la pierde por goteo y queda seca y arenosa, con ese aspecto mate inconfundible. Devolverla al caldo caliente tres minutos la lleva de nuevo por encima del punto de fusión y la grasa vuelve a impregnar la carne desde dentro. Con el lacón importa además la dirección del corte: a favor de la fibra queda hebroso y correoso, así que busca siempre atravesarla en lascas finas y regulares.
Paso 08
Sirve en cazuelas de barro templadas antes en el horno a 80 °C durante diez minutos. Reparte primero las fabes con su caldo, dos cucharones colmados por comensal (unos 250 ml), dejando que los granos asomen sobre la superficie. Coloca encima el compango cortado alternando los colores: rojo del chorizo, negro de la morcilla, rosa del lacón, blanco veteado de la panceta. No añadas hierbas ni guarnición alguna. Acompaña con pan de escanda y sirve de inmediato.
Consejo: El barro cocido tiene conductividad térmica baja y masa alta: templado a 80 °C cede calor de forma lenta y sostenida y mantiene la fabada por encima de los 65 °C durante los veinte minutos que dura el plato. En loza fría el guiso baja a 50 °C en cinco minutos y la grasa empieza a solidificar en superficie, apelmazando el caldo con una película opaca. El error habitual del emplatado es servir demasiado líquido: la proporción correcta ronda tres partes de faba por una de caldo visible, con los granos asomando como islas y no nadando.
Sidra natural de llagar, escanciada
DOP Sidra de Asturias
Su acidez málica sin filtrar y el carbónico que se libera al escanciar cortan la grasa fundida del compango y limpian el paladar entre cucharada y cucharada. Es el acompañamiento histórico del plato en las casas de comidas de Gijón.
Mencía joven de viñedo viejo
DO Bierzo
Tanino fino, acidez alta y una nota mineral de pizarra con fruta roja que acompaña el ahumado del chorizo sin taparlo. Sírvelo a 14 °C: su ligereza contrarresta la untuosidad del caldo sin sumar peso.
Tempranillo crianza
DO Ribera del Duero
Para quien quiera un tinto con estructura, su tanino firme y el tostado del roble se enganchan a las melanoidinas del lacón curado. Elige una crianza sobria, no una madera dominante, o eclipsará la faba.
Galería
8 imágenesRecetas Relacionadas

Roscón de Reyes con Prefermento y Retardo en Frío

Pulpo a la Gallega (Pulpo á Feira) con Cachelos

Ensalada Campera
