Civet de liebre a la royale en plato de cerámica gris piedra: liebre melosa en una salsa oscura, densa y aterciopelada de vino, sangre y foie, con perejil.
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Civet de Liebre a la Royale con su Sangre y Foie

La liebre a la royale es la cumbre del recetario de caza francés, disputada desde el siglo XIX entre dos escuelas: la versión del senador Couteaux, deshuesada y rellena, y esta otra, la del Périgord, un civet de campesino con una cabeza entera de ajo y la salsa ligada con la propia sangre del animal. Lo que la hace irrepetible es ese ligado final, en el que las proteínas de la sangre y la grasa del foie construyen fuera del fuego una salsa densa, oscura y aterciopelada que ninguna harina puede imitar. Es un plato de otoño, de horas largas y de pulso firme en los cinco minutos decisivos.

Tiempo Total
5 h
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 5 h
01

Paso 01

Despieza la liebre en ocho trozos y recoge los 150 ml de sangre de la cavidad en un bol. Mézclala de inmediato con 5 ml de vinagre de vino, remueve y resérvala tapada en la nevera. Salpimienta los trozos con 12 g de sal y 3 g de pimienta. Pica 200 g de chalota fina y pela los 60 g de ajo de una cabeza entera. Ten listos 750 ml de vino tinto, 100 g de foie, 80 g de panceta, 50 ml de coñac, 3 clavos, 2 laurel y 4 ramas de tomillo.

Consejo: El vinagre no es aquí un aliño. La sangre coagula en pocos minutos al salir del animal porque el fibrinógeno plasmático se convierte en fibrina y forma una red que atrapa las células, un proceso que depende del calcio disponible. Acidificarla con 5 ml de vinagre interfiere en esa cascada y la mantiene fluida y homogénea, que es la única manera de que pueda ligar la salsa después. Si te descuidas y coagula, verás coágulos gelatinosos oscuros flotando en un suero rosado, y a partir de ahí ya no liga nada: el plato pierde justamente aquello que le da nombre y untuosidad.

02

Paso 02

Corta los 80 g de panceta en lardones de 1 cm y fúndelos en la cocotte a fuego medio durante 5 minutos, hasta que suelten su grasa y queden dorados. Retíralos y sube el fuego. Añade 40 ml de aceite y dora los trozos de liebre en tres tandas, 3 minutos por cara y sin que se toquen. Retíralos cuando cada cara tenga costra marrón oscuro y el fondo quede cubierto de restos tostados, nunca negros.

Consejo: La liebre es una carne extremadamente magra y muy rica en mioglobina, lo que significa que apenas tiene grasa propia para conducir el calor: por eso se empieza fundiendo la panceta, cuya grasa lubrica el fondo y evita que la carne se agarre y se rompa al girarla. Vigila el color del fondo mientras doras. Esos restos tostados son la base de la salsa, pero si pasan de marrón oscuro a negro los compuestos pirolizados aportan un amargor que vas a concentrar tres veces al reducir. Si aparece humo azulado y olor acre, retira la cocotte del fuego y baja la intensidad antes de continuar.

03

Paso 03

Baja a fuego medio y pocha en la misma grasa los 200 g de chalota y los 60 g de ajo durante 12 minutos, removiendo, hasta que la chalota esté transparente y el ajo blando y dulce, sin nada de color oscuro. Retira la cocotte del fuego, vierte los 50 ml de coñac y flambea acercando una llama. Deja que se apague sola. Añade 3 clavos, 2 hojas de laurel y 4 ramas de tomillo y remueve un minuto más.

Consejo: Flambear no es teatro: la llama quema el etanol de la superficie en unos segundos y elimina la aspereza alcohólica sin someter el coñac a un hervor prolongado que evaporaría también sus aromas de crianza, lactonas y vainillina incluidas. Si en lugar de flambear lo dejas reducir a fuego lento, esos compuestos se van en el vapor y del coñac solo queda un fondo dulzón. La cabeza entera de ajo, sello de la royale del Périgord, no resulta picante en el plato final porque al pocharse sin dorar la aliinasa se desactiva y los tiosulfinatos responsables del picor se convierten en compuestos suaves.

04

Paso 04

Devuelve la liebre y los lardones a la cocotte y cubre con los 750 ml de vino tinto. Lleva a ebullición y hierve destapado 5 minutos, retirando con espumadera la espuma que suba a la superficie. Tapa y guisa a fuego mínimo entre 3 y 4 horas, con el líquido temblando en torno a los 85 °C y sin borbotear en ningún momento. Está listo cuando la carne se separe sola del hueso al empujarla con una cuchara.

Consejo: Tres o cuatro horas parecen una exageración para un animal tan pequeño, pero la liebre es una corredora y su colágeno está muy entrecruzado: solo se hidroliza en gelatina de forma eficaz entre 80 y 90 °C, y necesita ese tiempo largo porque el proceso depende de la duración y no de la potencia del fuego. Por encima de 95 °C ocurre justo lo contrario de lo que buscas, ya que las fibras se contraen y expulsan agua más rápido de lo que se forma la gelatina, y una carne tan magra se queda en hebras secas nadando en vino. La espuma inicial son proteínas coaguladas con taninos: retirada, la salsa gana limpieza.

05

Paso 05

Retira con cuidado los trozos de liebre y resérvalos tapados y calientes. Cuela el líquido por un colador de malla fina presionando las verduras con el dorso de un cazo para extraer todo el jugo, y pásalo después por una estameña. Devuélvelo a la cocotte limpia y redúcelo a fuego vivo entre 25 y 35 minutos, hasta que baje a un tercio del volumen, unos 250 ml, y nape el dorso de una cuchara dejando surco limpio.

Consejo: Toda la concentración de la salsa tiene que suceder ahora, y esto no es negociable: en cuanto entren la sangre y el foie ya no podrás volver a hervir, así que si la salsa queda aguada en este punto lo estará también en el plato. Al reducir 750 ml hasta unos 250 concentras tres veces los azúcares, los ácidos y los aromas del vino, y también la gelatina liberada por la liebre, que es el cuerpo de base sobre el que la sangre construirá el ligado. Prueba antes de parar: si el vino resulta astringente y seca la lengua, se ha ido de reducción y los taninos dominan sobre todo lo demás.

06

Paso 06

Retira la cocotte del fuego y deja que la salsa baje a 70 °C, comprobado con termómetro. Incorpora los 100 g de foie fresco cortado en dados y bate con varillas hasta que se funda por completo. Añade entonces los 150 ml de sangre reservada en hilo fino, sin dejar de remover, y mantén la salsa entre 65 y 70 °C durante 3 o 4 minutos. Estará lista cuando pase de granate a un marrón casi negro, con brillo mate y textura de crema ligera.

Consejo: Este es el punto donde se pierden las royales. Las proteínas de la sangre, sobre todo hemoglobina y albúmina plasmática, se desnaturalizan y espesan de forma controlada entre 65 y 70 °C, pero por encima de 75 u 80 °C coagulan de golpe y se separan en grumos pardos suspendidos en un líquido acuoso, exactamente igual que un huevo revuelto: es irreversible y no hay colado que lo arregle. El foie, con más de la mitad de su peso en grasa que funde entre 35 y 40 °C, aporta además fosfolípidos que emulsionan esa grasa en la salsa y le dan el terciopelo. Termómetro en mano y fuego apagado.

07

Paso 07

Templa el plato de cerámica gris piedra con agua muy caliente y sécalo bien. Coloca en el centro dos trozos de liebre apilados con altura, sin extenderlos por la superficie, y napa generosamente con 5 o 6 cucharadas de salsa dejando que forme un espejo alrededor de la carne. La salsa debe cubrir sin escurrirse hacia los bordes del plato. Reparte por encima unos lardones de panceta reservados, para dar contraste de textura.

Consejo: Una salsa ligada con sangre y foie es mucho más sensible al frío que una salsa montada con mantequilla: la gelatina del guiso gelifica en torno a los 35 °C, la grasa del foie empieza a solidificar por debajo de esa misma temperatura y las proteínas de la sangre ya espesadas no vuelven a fluir al enfriarse. Sobre un plato a temperatura ambiente pasa de espejo brillante a mancha mate y pastosa en menos de tres minutos, sin posibilidad de recuperarla en la mesa. Que la salsa se quede quieta y no corra hacia el borde es además la señal de que el ligado ha quedado en su punto.

08

Paso 08

Pica muy fino los 10 g de perejil fresco con el cuchillo bien afilado, justo antes de sacar el plato, y espolvoréalo sobre la carne y no sobre el espejo de salsa. Sirve de inmediato, muy caliente, con puré de patata montado con mantequilla o con pan de hogaza para rebañar. Si la salsa ha espesado en exceso, aflójala con una cucharada de caldo caliente siempre fuera del fuego, nunca sobre la llama.

Consejo: El perejil se coloca sobre la carne y no sobre el espejo de salsa por un motivo práctico: en contacto con una superficie caliente y húmeda las hojas se apagan en un minuto, pierden el verde porque la clorofila se degrada a feofitina, de color pardo, y se quedan pegadas formando una película triste. Sobre la carne mantienen el corte limpio y aportan un contrapunto herbáceo que alivia la enorme densidad de la salsa. Y si necesitas aflojarla, hazlo siempre fuera del fuego: un solo golpe de calor por encima de 75 °C corta el ligado que acabas de construir y ya no hay vuelta atrás.

#Francesa#Avanzado#5 h#Caza y Piezas de Monte
Maridaje

Borgoña tinto (Grand Cru)

Borgoña, Francia

El maridaje regio de la liebre a la royale: un Pinot Noir de gran complejidad que se eleva con la salsa profunda de sangre y foie.

Châteauneuf-du-Pape

Valle del Ródano, Francia

Potente, cálido y especiado, hace frente a la intensidad del civet y su carácter salvaje.

Priorat

Priorat, Cataluña

Mineral y con cuerpo, con fruta madura, acompaña la densidad de la salsa royale y la caza.

Galería

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