
Focaccia de Romero y Aceite de Oliva Virgen Extra
La focaccia genovesa es un pan plano de origen ligur documentado desde el siglo XII, cuando se comía incluso en misa y algún obispo tuvo que prohibirlo. Su identidad son tres cosas: una hidratación altísima que produce una miga alveolada y húmeda, los hoyos hundidos con los dedos hasta el fondo, y una salmuera de aceite y agua vertida encima que empapa esos hoyos y crea la superficie brillante y salada tan característica. La fermentación en frío de 24 horas es lo que convierte cuatro ingredientes en algo con aroma real: en ese tiempo se generan los ácidos y ésteres que ninguna masa rápida puede improvisar.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · ≈26 h (30 min activos + 24 h de fermentación en frío + 2 h a temperatura ambiente + 22 min de horno)Paso 01
Pesa 500 g de harina de fuerza W300 en un bol grande. Calienta 400 ml de agua a 28-30 grados y disuelve dentro los 7 g de levadura fresca desmenuzada y los 5 g de miel, removiendo hasta que no queden grumos. Ten a mano 30 ml de AOVE arbequina, 10 g de sal fina, 50 ml de AOVE de calidad, 5 g de flor de sal y 8 g de romero fresco.
Consejo: Los 5 g de miel no endulzan: aportan fructosa y glucosa, azúcares que la levadura metaboliza de forma inmediata sin tener que esperar a que las enzimas degraden el almidón de la harina, lo que acelera el arranque de la fermentación. Se necesita una harina W300 con cerca del 13% de proteína, porque una harina floja no formaría gluten suficiente para sostener una masa al 80% de hidratación.
Paso 02
Vierte el agua con la levadura sobre la harina y mezcla con la mano abierta 2 minutos, hasta que no queden grumos secos. Añade los 10 g de sal y los 30 ml de aceite y sigue mezclando 2 minutos más, apretando y girando. La masa quedará muy pegajosa y desestructurada: es correcto y no debes añadir harina bajo ningún concepto.
Consejo: Al 80% de hidratación la masa es casi líquida y esa es exactamente la condición que permite que las burbujas de gas se expandan sin restricción, creando la miga muy alveolada de la focaccia. Cada cucharada de harina que añadas para hacerla manejable te resta alveolos y acerca el resultado a un pan corriente. La sal se incorpora después del primer mezclado porque en contacto directo deshidrata la levadura.
Paso 03
Con la masa en el bol y la mano mojada en agua, estira un borde hacia arriba y llévalo al centro, gira el bol un cuarto de vuelta y repite cuatro veces. Tapa y espera 30 minutos. Realiza cuatro tandas de pliegues en total durante las 2 primeras horas. Verás la masa ganar cuerpo y volverse más lisa con cada tanda.
Consejo: Los pliegues sustituyen al amasado en las masas de alta hidratación, donde amasar sería físicamente imposible: cada estirado alinea las cadenas de gluten y cada plegado las superpone, construyendo la red por capas. Los 30 minutos entre tandas son tiempo de relajación en que las proteínas se reorganizan. El cambio es visible: de una papilla informe a una masa cohesionada que se sostiene.
Paso 04
Cubre el bol con film y refrigéralo a 4 grados durante 24 horas. La masa duplicará su volumen y su superficie se llenará de burbujas visibles de distintos tamaños. Sácala de la nevera 1 hora antes de continuar para que se atempere y sea más manejable, sin desgasificarla en ningún momento.
Consejo: A 4 grados la levadura sigue trabajando pero muy despacio, mientras las enzimas amilasas de la harina degradan almidón en azúcares fermentables y las bacterias lácticas generan ácidos orgánicos que aportan profundidad de sabor. Es el mismo principio de la masa madre aplicado a la levadura comercial: el aroma no lo da un ingrediente sino el tiempo, y 24 horas son un mínimo, no un máximo.
Paso 05
Aceita generosamente con 20 ml de aceite una bandeja de 30 por 40 cm, cubriendo el fondo y los laterales. Vuelca la masa sin desgasificarla, dejándola caer por su propio peso. Con las manos aceitadas, estírala suavemente desde el centro hacia las esquinas hasta cubrir toda la bandeja. Si se resiste y se retrae, espera 15 minutos y continúa.
Consejo: Volcarla y no rasparla es lo que preserva las burbujas grandes que se han formado durante las 24 horas, y que son las responsables de los alveolos irregulares de la miga. Si la masa se retrae al estirarla, el gluten está tenso y forzarla solo consigue romperlo: los 15 minutos de espera lo relajan y después cede sola. Las manos aceitadas y no enharinadas evitan sumar harina a la masa.
Paso 06
Tapa la bandeja con film o un paño y deja levar 2 horas a temperatura ambiente, hasta que la masa esté hinchada, temblorosa al mover la bandeja y llena de burbujas bajo la superficie. Debe haber crecido cerca de un 50% y ocupar toda la bandeja hasta los bordes, con un grosor de unos 3 cm.
Consejo: Este segundo levado a temperatura ambiente reactiva la levadura, que ha estado casi dormida en la nevera, y genera el gas final que dará el volumen. El temblor al mover la bandeja es la señal visual del punto: indica una masa llena de gas y con el gluten relajado. Si la horneas antes, la focaccia sube poco y queda compacta; si la pasas, se colapsa al hundir los dedos.
Paso 07
Precalienta el horno a 230 grados. Mezcla en un bol los 50 ml de AOVE con los 30 ml de agua y los 5 g de flor de sal, batiendo con tenedor hasta emulsionar. Hunde los dedos abiertos en la masa por toda la superficie hasta tocar el fondo de la bandeja, formando hoyos cada 3 cm. Vierte la salmuera por encima y reparte los 8 g de romero.
Consejo: Los hoyos deben llegar al fondo porque son depósitos: en ellos se acumula la salmuera, que durante el horneado fríe la masa desde arriba y crea los cráteres dorados y crujientes característicos. Hundidos a medias se cierran con la expansión del horno y el aceite resbala por la superficie. La emulsión de aceite y agua permite además que la sal se reparta disuelta y no en montones.
Paso 08
Hornea a 230 grados en la parte media durante 20 a 22 minutos, hasta un dorado intenso y con los hoyos claramente más oscuros. Comprueba con termómetro que el interior alcance entre 96 y 98 grados. Saca la bandeja, pincela con 10 ml más de AOVE en caliente y pasa la focaccia a una rejilla, dejándola templar 10 minutos antes de cortarla.
Consejo: El aceite en caliente al salir del horno se absorbe parcialmente en la corteza aún porosa y aporta los polifenoles frescos del aceite crudo, que el horneado ha destruido en el aceite de la salmuera. Pasarla a la rejilla es imprescindible: si se queda en la bandeja, el vapor que sigue saliendo condensa contra el metal y reblandece toda la base en apenas cinco minutos.
Vermentino di Gallura DOCG
Cerdeña, Italia
Su acidez cítrica marcada y el punto salino-amargo de mar cortan la grasa del AOVE y realzan los terpenos aromáticos del romero: maridaje de terroir con un pan mediterráneo.
Cava Brut Nature
Penedès, España
El carbónico y la crianza sobre lías raspan la untuosidad del aceite, y las notas de bollería y miga (autólisis) hacen espejo con la corteza dorada.
Pigato
Liguria, Italia
Del mismo territorio que la focaccia genovesa; sus notas de almendra amarga y hierba mediterránea se funden con el romero y la flor de sal.
Galería
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