
Lamprea a la Bordelesa con Salsa de su Sangre y Puerros Confitados
La lamprea (Petromyzon marinus) es un agnato —vertebrado sin mandíbula— cuyo linaje no ha cambiado en 350 millones de años desde el Devónico. Entre enero y marzo remonta los ríos gallegos y el Miño para reproducirse: esa es la única ventana del año para este plato. La técnica bordelesa —documentada en Burdeos desde el siglo XIV, cuando la lamprea de la Gironda era manjar reservado a la nobleza— cocina el animal en una botella entera de Merlot o Saint-Émilion y liga la salsa con su propia sangre mezclada con cognac. La sangre de lamprea coagula entre 65-75°C: por encima es huevo revuelto, por debajo es terciopelo negro. El cognac no es aroma sino química: el etanol inhibe la coagulación prematura en frío, comprando el tiempo necesario para incorporar la sangre en hilo fino sobre la salsa a 60°C exactos. El mucus exterior —glucoproteínas secretadas por las células glandulares de la piel— requiere escaldado y frotado con sal gruesa antes de cocinar: sin ese paso, enturbia la salsa con un sabor amargo que no tiene corrección. Los puerros confitados en mantequilla durante 30 minutos aportan la inulina caramelizada que equilibra con dulzura la intensidad ferruginosa de la salsa de sangre.
Preparación Paso a Paso
6 pasos · 1 h 30 minPaso 01
Sujetar la lamprea viva sobre un bol grande. Con un cuchillo afilado, hacer un corte limpio justo detrás de la cabeza y dejar drenar la sangre —aproximadamente 150ml— removiendo constantemente con una cucharilla. Mezclar la sangre inmediatamente con 20ml de cognac: el etanol inhibe la coagulación prematura manteniendo la hemoglobina en estado fluido. Tapar y reservar en nevera. A continuación, escaldar la lamprea completa 30 segundos exactos en agua a ebullición vigorosa. Retirar y frotar inmediatamente con sal gruesa bajo agua fría, eliminando todo el mucus exterior —ese moco translúcido es una mezcla de glucoproteínas que enturbia la salsa y aporta amargor imposible de corregir una vez incorporado. Hacer una incisión longitudinal, retirar las vísceras y limpiar el interior. Cortar en trozos de 5cm. EN PARALELO, iniciar inmediatamente el confitado de puerros (paso 5) —tardan 30 minutos y deben terminar cuando la lamprea esté lista.
Consejo: La sangre mezclada con cognac es el ingrediente más frágil del plato: tiene una ventana de 2-3 horas en nevera antes de que la coagulación avance irreversiblemente a pesar del alcohol. Si la receta se demora, añadir unas gotas adicionales de cognac. La sangre coagulada no puede recuperarse para la salsa.
Paso 02
En cazuela de fondo grueso —preferiblemente hierro fundido o cobre estañado—, calentar 20g de mantequilla a fuego medio-alto hasta que la espuma desaparezca y la mantequilla tome color avellana (beurre noisette: temperatura ~150°C). Añadir las tiras de jamón serrano y saltear 2-3 minutos hasta que suelten su grasa y los bordes queden crujientes. Retirar el jamón y reservar. En la grasa combinada (mantequilla + grasa del jamón), dorar los trozos de lamprea por todos los lados a fuego alto, 2 minutos por cara, hasta obtener color dorado uniforme. Añadir las chalotas picadas finas y sofreír 3 minutos raspando los fondos caramelizados con cuchara de madera. Espolvorear la harina sobre la lamprea y las chalotas —método singer— y cocinar 1 minuto removiendo: la harina tostada directamente sobre los jugos de la carne crea el roux in situ, el espesante que dará cuerpo a la salsa sin necesidad de ligazones posteriores. Verter los 30ml de cognac restantes e inclinar la cazuela hacia la llama para flambear, o usar mechero de cocina.
Consejo: El flambeado no es teatro: la temperatura de la llama del cognac alcanza 300-400°C en la superficie del líquido, produciendo reacciones de Maillard imposibles a la temperatura normal de cocción. Los ésteres del cognac (acetato de etilo, butirato de etilo) se pirolisan parcialmente, generando compuestos aromáticos de gran complejidad que se integran en la salsa final.
Paso 03
Una vez extinguidas las llamas del flambeado, verter toda la botella de vino tinto de Burdeos de una vez. El vino debe cubrir completamente todos los trozos de lamprea —si no cubre, añadir un poco de caldo de ave o agua. Añadir el laurel, el tomillo y los granos de pimienta negra. Llevar a ebullición lenta, reducir el fuego al mínimo y cocinar tapado durante 20 minutos exactos. El hervor debe ser el más suave posible: apenas perceptible, burbujas lentas en los bordes, nunca borbotones. La lamprea está en su punto cuando la carne cede al presionar con el dedo pero mantiene su forma y no se deshace —la carne de lamprea tiene muy poco colágeno estructural, se pasa de cocción rápidamente.
Consejo: Los taninos condensados del Burdeos (procianidinas B1 y B2) precipitan proteínas durante la cocción: se unen a las proteínas miofibrilares de la lamprea y a las proteínas del fondo de la cazuela, formando los complejos tánicos que darán color negro profundo y cuerpo tánico a la salsa final. Sin un vino con estructura tánica suficiente, la salsa queda plana de color y de textura.
Paso 04
Retirar la lamprea con cuidado y reservar tapada para que no se enfríe. Colar el líquido de cocción a través de un tamiz fino, apretando bien las verduras con el dorso de una cuchara para extraer todos sus jugos. Verter en un cazo limpio y reducir a fuego medio-fuerte hasta un tercio del volumen original —unos 15-20 minutos removiendo ocasionalmente. La salsa reducida debe tener cuerpo fluido pero denso, color rojo-negro brillante. Retirar el cazo del fuego completamente. Esperar a que la temperatura baje a 60°C —comprobar con termómetro de sonda. Añadir la sangre reservada en un hilo muy fino y continuo, removiendo sin parar con varillas. La salsa se tornará negra, brillante y aterciopelada en cuestión de segundos. No volver al fuego bajo ningún concepto.
Consejo: Los 60°C no son un capricho: la hemoglobina de la lamprea desnaturaliza térmicamente entre 65-75°C. Por debajo de 65°C actúa como espesante proteico suave —igual que un sabayon o una crema inglesa. Por encima, coagula en grumos irreversibles en segundos. Una vez que la sangre coagula en la salsa, no hay corrección posible: la salsa está perdida.
Paso 05
Confitado de puerros (iniciado en paso 1): cortar los puerros en cilindros de 8cm usando solo parte blanca y verde claro. En sartén amplia, derretir 40g de mantequilla a fuego muy suave —inferior a 80°C. Añadir los puerros en una sola capa con una pizca de sal fina. Cocinar tapado durante 30 minutos a fuego mínimo, girando cada 10 minutos. Los puerros deben quedar completamente tiernos, con un dorado muy suave y casi translúcidos —nunca con color fuerte. Emplatado: calentar platos hondos. Disponer los puerros confitados en la base del plato caliente formando una cama vegetal. Colocar 2-3 trozos de lamprea sobre los puerros. Añadir la lamprea reservada a la salsa ligada y calentar a fuego mínimo durante 3-4 minutos sin superar 63°C y sin dejar que hierva en ningún momento.
Consejo: La inulina del puerro (5-10% del peso fresco) es un fructo-oligosacárido que carameliza lentamente a baja temperatura durante los 30 minutos de confitado, generando una dulzura sutil que equilibra la intensidad ferruginosa de la salsa de sangre. Es el único elemento del plato que actúa como contrapunto dulce a la potencia del conjunto.
Paso 06
Fuera del fuego, añadir los 20g de mantequilla fría en dados a la salsa ligada y mover suavemente el cazo en círculos hasta que la mantequilla desaparezca integrada —el montado final da brillo especular y redondea la acidez residual del vino. Verter la salsa negra aterciopelada generosamente sobre la lamprea y los puerros. Distribuir las tiras de jamón crujiente reservadas por encima. Terminar con flores comestibles (borraja, cebollino en flor) y brotes de perifollo o berro —el verde fresco rompe visualmente el monocromático negro-marrón del plato. Servir inmediatamente: la salsa de sangre pierde su brillo especular en cuanto se enfría por debajo de 50°C.
Consejo: El montado final con mantequilla fría (beurre monté) no es solo textura: la grasa de la mantequilla encapsula y suaviza los taninos del Burdeos reducido que han quedado concentrados en la salsa. Sin ese montado, la salsa tiene una aspereza tánnica residual perceptible. Con él, la salsa queda redonda, brillante e incomparablemente aterciopelada.
Saint-Émilion Grand Cru
Burdeos, Francia
El Merlot bordelés con el que se cocina la lamprea es su maridaje histórico e insuperable: los taninos suaves del Saint-Émilion Grand Cru dialogan con la salsa de sangre sin aplastarla, y la fruta madura amplifica las notas ferruginosas del plato
Ribeiro Tinto (Brancellao, Sousón, Caíño)
Galicia, España
El maridaje local por excelencia: los tintos del Ribeiro, elaborados con variedades autóctonas gallegas de alta acidez y tanino fino, acompañan la tradición secular de la lamprea del río Miño con la autenticidad del terroir que la vio nacer
Châteauneuf-du-Pape Tinto — Château Rayas Grenache 100%
Ródano Sur, Francia
La Grenache pura de Rayas tiene taninos suaves y notas de cereza negra, especias y cuero que acompañan la salsa de sangre de la lamprea con elegancia diferente al Saint-Émilion (Merlot) y al Ribeiro (variedades gallegas). La potencia del Grenache complementa los registros ferruginosos del plato.
Galería
6 imágenesRecetas Relacionadas

Carrillera de Ternera Braseada al Vino Tinto con Puré Trufado

Terrina de Foie Gras con Chutney de Mango y Brioche Casero

Paloma Torcaz a la Brasa con Salsa de Chocolate y Puré de Chirivía
