Pollo asado al horno con la piel dorada y crujiente sobre un lecho de patatas confitadas en su propia grasa
EspañolaFácil1 h 30 min (20 min activa)Aves de Corral

Pollo Asado al Horno Jugoso con Patatas

El pollo asado es el plato de domingo por excelencia y también el que más veces sale seco de un horno doméstico. La diferencia entre un pollo correcto y uno memorable no está en la marinada ni en el relleno, sino en tres decisiones técnicas: secar la piel y salarla con antelación para que quede crujiente, asar el ave apoyada sobre las patatas para que su grasa las confite mientras protege la pechuga, y respetar un reposo de quince minutos que redistribuye los jugos en lugar de dejarlos escapar sobre la tabla. Con un pollo de corral de kilo y medio, unas patatas, una cebolla y un limón tienes una comida completa para cuatro personas en poco más de una hora, y la bandeja que queda debajo, con la grasa y los jugos caramelizados, vale tanto como el propio pollo.

Tiempo Total
1 h 30 min (20 min activa)
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 30 min (20 min activa)
01

Salar con antelación

Saca el pollo de 1,5 kg del envase y sécalo por dentro y por fuera con papel de cocina, insistiendo en la piel hasta que no quede humedad. Sálalo con los 15 g de sal repartidos por toda la superficie y también dentro de la cavidad, y déjalo reposar destapado en la nevera un mínimo de 40 minutos y hasta 24 horas. La sal extrae el agua de la piel y después se reabsorbe sazonando la carne desde dentro.

Consejo: Si puedes, deja el pollo salado y destapado en la nevera toda la noche: la piel se deshidrata aún más y queda como una oblea.

02

Preparar el lecho

Pela los 800 g de patata y córtala en rodajas de un centímetro, y la cebolla en aros gruesos. Extiéndelas en la bandeja formando una capa uniforme, riega con los 50 ml de aceite, sala con sal gruesa y remueve con las manos para que todas queden untadas. Este lecho no es guarnición: es la rejilla comestible sobre la que se va a elevar el pollo y lo que va a recoger toda su grasa.

Consejo: Corta las patatas en rodajas gruesas y no en dados: aguantan la hora y media de horno sin deshacerse.

03

Rellenar y untar

Pincha el limón varias veces con un tenedor y métela en la cavidad junto con media cabeza de ajo y dos ramitas de tomillo. Unta toda la piel con los 30 g de mantequilla blanda, masajeando para que se reparta bien, y muele pimienta por encima. La mantequilla dora antes que el aceite porque sus sólidos lácteos se tuestan, y es lo que dará el color final.

Consejo: El limón pinchado suelta vapor aromático desde dentro y ayuda a que la pechuga no se reseque.

04

Atar y colocar

Ata las patas con hilo de cocina y recoge las alas bajo el cuerpo para que no se tuesten de más. Coloca el pollo sobre el lecho de patatas con la pechuga hacia arriba, bien centrado, y reparte alrededor el resto del ajo y el tomillo. Vierte los 100 ml de vino blanco en el fondo de la bandeja, nunca sobre el pollo, para que genere vapor sin mojar la piel.

Consejo: Atar las patas junta el ave y evita que las puntas se quemen antes de que el interior esté hecho.

05

Golpe de calor inicial

Precalienta el horno a 220 °C con calor arriba y abajo e introduce la bandeja en la altura media. Asa 20 minutos a esa temperatura para arrancar la reacción de Maillard en la piel, que es donde se genera todo el sabor tostado. Verás que la piel empieza a tensarse y a tomar color dorado en las zonas más expuestas.

Consejo: No abras el horno durante estos primeros 20 minutos: cada apertura baja la temperatura unos 25 grados.

06

Asado largo y suave

Baja el horno a 180 °C y continúa asando entre 50 y 60 minutos más. Cada 20 minutos abre y riega el pollo con la grasa y los jugos del fondo usando una cuchara, lo que mantiene la pechuga hidratada y va lacando la piel en capas. Las patatas se irán confitando en la grasa que cae y absorbiendo el sabor del ave.

Consejo: Si la piel se dora demasiado rápido, cúbrela con papel de aluminio sin apretar y sigue asando.

07

Comprobar el punto

Clava el termómetro en la parte más gruesa del muslo sin tocar el hueso: debe marcar 74 °C. Si aún no llega, dale 10 minutos más y vuelve a comprobar. La pechuga estará entonces en torno a 70 °C, que es justo su punto. No te guíes por el reloj: un pollo de corral y uno industrial del mismo peso no tardan lo mismo.

Consejo: La sonda es el único método fiable: el color de los jugos engaña y el tiempo depende del horno.

08

Reposar y trinchar

Saca la bandeja, cubre el pollo con papel de aluminio sin apretar y déjalo reposar 15 minutos antes de tocarlo. Este reposo es lo que separa una pechuga jugosa de una harinosa: la carne caliente tiene los jugos empujados hacia fuera y necesita ese tiempo para reabsorberlos. Trincha y sirve sobre las patatas con el jugo de la bandeja.

Consejo: Si sobra jugo en la bandeja, desglásalo con un chorro de agua caliente y sírvelo en salsera.

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