
Sepia con Albóndigas en Salsa de Almendra
Un mar i muntanya de manual catalán: la sepia (Sepia officinalis) del mar y las albóndigas de la montaña, hermanadas en una salsa de almendra que espesa sin una gota de harina. Aquí la sepia va guisada, no marcada: cocción larga y suave que hidroliza su colágeno en gelatina y la deja melosa, cediendo además su jugo yodado al caldo. Las albóndigas se sellan primero para vestirse de Maillard, esa costra dorada que aporta profundidad, y se terminan de hacer dentro de la salsa. Y la magia la firma la picada: almendras tostadas majadas con ajo y pan frito que, al deshacerse en el guiso, liberan sus lípidos y proteínas y ligan la salsa hasta volverla aterciopelada. Es cocina de domingo, de fuego lento y cazuela de barro, donde el tiempo hace casi todo el trabajo y el resultado sabe a casa de abuela catalana.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 30 minPreparar los ingredientes
Pica la cebolla, el ajo y el perejil, ralla los tomates desechando la piel, corta los 600 g de sepia limpia en tacos de bocado y sécalos bien con papel. Ten listos el pan, las almendras, la carne picada y el caldo. Es un guiso largo pero sin prisas, y tener todo dispuesto evita tener que parar a mitad del sofrito.
Consejo: Seca bien los tacos de sepia: si van escurridos a la cazuela, bajan la temperatura y tardan más en arrancar.
Formar las albóndigas
Mezcla los 500 g de carne picada con el ajo, el perejil, el huevo, el pan remojado en leche bien escurrido, sal y pimienta. Amasa solo hasta integrar, sin trabajarla de más, porque la carne muy amasada queda compacta y dura. Bolea albóndigas del tamaño de una nuez y déjalas reposar unos minutos en frío para que asienten.
Consejo: El pan remojado aporta jugosidad: retiene agua y evita que las albóndigas queden secas y prietas.
Sellar las albóndigas
Enharina ligeramente las albóndigas, sacudiendo el exceso, y séllalas en aceite caliente dándoles la vuelta hasta que estén doradas por todas sus caras. No hace falta que se hagan por dentro, porque terminarán en la salsa. La harina que las recubre, además, ayudará después a espesar el guiso. Resérvalas.
Consejo: Sella a fuego vivo y sin llenar la sartén: si se amontonan, sueltan agua y se cuecen en vez de dorarse.
Pochar el sofrito
En la misma cazuela, aprovechando los jugos de las albóndigas, pocha la cebolla despacio entre 15 y 20 minutos hasta dorarla. Añade el ajo un minuto y después el tomate rallado, y cocina hasta que pierda toda su agua y el sofrito quede oscuro, concentrado, con el aceite separándose por los bordes.
Consejo: El sofrito no se apura: cuanto más se cocina el tomate, más dulce y menos ácido queda el guiso.
Cocer la sepia
Incorpora los tacos de sepia y rehógalos un par de minutos. Moja con los 100 ml de vino blanco y deja evaporar el alcohol. Cubre con el caldo de pescado y guisa a fuego suave entre 30 y 40 minutos. La sepia pasa primero por una fase dura y luego se ablanda: está cuando un tenedor la atraviesa sin esfuerzo.
Consejo: Dale su tiempo a la sepia: a medio guisar queda correosa; bien cocida, su colágeno se vuelve gelatina y se ablanda.
Elaborar la picada
Mientras se guisa, prepara la picada. Tuesta los 30 g de almendra hasta que estén rubias y aromáticas, fríe la rebanada de pan hasta dorarla y maja todo en el mortero con el diente de ajo y unas hebras de perejil, hasta obtener una pasta densa. La picada es el sello de la cocina catalana: espesa, perfuma y da cuerpo a la vez.
Consejo: Tuesta las almendras solo hasta rubias: si se oscurecen, amargan y estropean toda la salsa.
Terminar el guiso
Devuelve las albóndigas a la cazuela junto a la sepia. Diluye la picada con un poco de caldo para que no forme grumos y añádela al guiso. Cocina todo junto entre 8 y 10 minutos: las albóndigas terminarán de hacerse por dentro y la salsa espesará hasta volverse aterciopelada. Rectifica de sal.
Consejo: Añade la picada al final: si hierve mucho rato pierde aroma; solo necesita unos minutos para ligar la salsa.
Reposo y servicio
Deja reposar el guiso unos minutos fuera del fuego para que se asiente y la salsa termine de trabarse. Sírvelo en cazuela de barro con perejil recién picado por encima. Como casi todos los guisos de mar y montaña, está todavía mejor de un día para otro, cuando los sabores de la sepia y la carne han tenido tiempo de fundirse.
Consejo: El reposo asienta la emulsión de la almendra: la salsa queda más ligada y brillante tras cinco minutos de calma.
Tinto joven de garnacha
D.O. Montsant
Fruta madura y taninos suaves que acompañan las albóndigas sin tapar la delicadeza de la sepia.
Blanco con crianza sobre lías
D.O. Penedès
Su volumen y sus notas tostadas dialogan con la almendra de la picada y aguantan el guiso.
Rosado de garnacha
D.O. Empordà
Fresco y frutal, hace de puente entre el mar de la sepia y la montaña de la carne.
Galería
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