Setas variadas doradas salteadas con ajo y perejil, con una yema de huevo cruda en el centro y sal en escamas, en cazuelita de cerámica gris piedra
EspañolaFácil25 min (20 min activa + 5 min de salteado)Verduras y Vegetales

Setas Salteadas con Ajo, Perejil y Yema

El salteado de setas con ajo y perejil es la prueba del algodón de cualquier cocinero de producto: setas variadas doradas de verdad — no hervidas en su propia agua —, el refrito entrando al final y una yema cruda en el centro que, al romperse, convierte los jugos del salteado en salsa. Todo el plato se decide en dos reglas que suenan menores y no lo son: sartén rugiente con las setas en una sola capa, porque son agua en un 90 % y amontonadas se cuecen en lugar de dorarse, y sal solo al final, porque añadida antes provoca exactamente ese charco. Plato de sidrería y de asador, de sartén a mesa, donde el monte se come con cuchara de pan.

Tiempo Total
25 min (20 min activa + 5 min de salteado)
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 25 min (20 min activa + 5 min de salteado)
01

Paso 01

Limpia las 600 g de setas variadas en seco con una brocha, un cepillo suave o un paño ligeramente húmedo, recortando las bases terrosas con la puntilla. No las pases nunca por el grifo. Trocea a mano las grandes en piezas parejas de unos 3 cm y deja enteras las pequeñas. Lamina los 3 dientes de ajo, pica el perejil y separa las 4 yemas en cuencos individuales.

Consejo: Las setas no se lavan bajo el grifo porque su carne es extraordinariamente porosa y absorbe agua como una esponja: un ejemplar mojado puede ganar hasta un 20 % de su peso, y toda esa humedad saldrá en la sartén hirviéndolas en lugar de dorarlas. Trocear a mano en lugar de con cuchillo deja superficies irregulares y desgarradas, que ofrecen mucha más área de contacto para el dorado que un corte limpio.

02

Paso 02

Calienta la sartén más grande que tengas, vacía y a fuego máximo, durante 3 minutos. Añade la mitad de los 50 ml de aceite y, cuando humee ligeramente, incorpora la primera tanda de setas en una sola capa, sin que se amontonen ni se solapen. Si no caben todas holgadas, haz tres tandas en lugar de dos: la sartén tiene que estar rugiente antes de que entre nada.

Consejo: El precalentado largo y la capa única atacan el mismo problema. Las setas son agua en un 90 %, y esa agua se libera al calentarse: si la sartén no tiene suficiente energía acumulada o hay demasiadas piezas juntas, el líquido no se evapora al ritmo que sale, se acumula en el fondo y las setas se cuecen a 100 °C en lugar de dorarse a los más de 140 °C que exige la reacción de Maillard.

03

Paso 03

No las toques durante 2 minutos: deja que la cara inferior se dore de verdad y aparezca una costra visible. Voltea y dale 1-2 minutos más por la otra cara. Retira la tanda a un plato y repite el proceso con el resto del aceite y las setas restantes, dejando que la sartén recupere temperatura entre tanda y tanda.

Consejo: Los dos minutos sin mover son innegociables: cada vez que remueves interrumpes el contacto entre la seta y el metal, la superficie se enfría y el desarrollo de la costra vuelve a empezar de cero. El resultado de remover constantemente son unas setas grises, blandas y nadando en su propio jugo. Y la sartén necesita recuperar calor entre tandas porque cada carga fría le roba entre 30 y 50 grados de golpe.

04

Paso 04

Devuelve todas las setas a la sartén a fuego fuerte y, si usas los 30 ml de vino blanco seco, añádelos ahora. Deja 30 segundos hasta que el alcohol se evapore, rascando el fondo con la espátula para despegar y recuperar todos los jugos tostados adheridos. El líquido debe desaparecer casi por completo antes de seguir: ese fondo rascado es donde está el sabor.

Consejo: El desglasado disuelve los compuestos de Maillard que se han adherido al metal durante el salteado, que son los más concentrados de todo el plato y de otro modo se quedarían pegados a la sartén. El alcohol funciona mejor que el agua porque muchos de esos compuestos son solubles en etanol y no en agua. Y hay que dejarlo evaporar del todo: el etanol residual aporta un sabor punzante que no forma parte del plato.

05

Paso 05

Baja a fuego medio, aparta las setas hacia un lado de la sartén con la espátula y sofríe en el hueco libre las láminas de ajo durante 45 segundos, hasta que estén rubias y perfumadas. No dejes que pasen de rubio pálido a marrón. Si el aceite se ha consumido, añade un chorrito más en ese hueco. El ajo se hace aparte para poder controlarlo de un vistazo.

Consejo: El ajo se sofríe en un hueco despejado y no mezclado entre las setas porque de lo contrario resulta imposible ver su color, que es el único indicador fiable de su punto. Su ventana es de apenas quince segundos: los azúcares se caramelizan y aportan el fondo dulce, pero inmediatamente después se carbonizan y liberan compuestos amargos que se disuelven en el aceite y contaminan el conjunto entero.

06

Paso 06

Mezcla las setas con el ajo, añade las 3 cucharadas de perejil picado y salpimienta ahora y no antes, con los 4 g de sal en escamas y pimienta recién molida. Dale una última vuelta de sartén de 30 segundos para integrarlo todo y retira del fuego de inmediato. El perejil crudo al final aporta el contraste fresco que el salteado necesita.

Consejo: Salar al final es obligatorio en cualquier salteado de setas: la sal extrae agua por ósmosis, y añadida al principio provocaría exactamente el charco que has evitado con el precalentado y las tandas. El perejil, por su parte, entra crudo y en el último momento porque sus aceites esenciales — apiol y miristicina sobre todo — se volatilizan en segundos con el calor directo y desaparecerían por completo.

07

Paso 07

Reparte el salteado en 4 platos hondos calientes o en cazuelitas de barro, repartiendo también los jugos del fondo de la sartén, y haz un pequeño nido en el centro de cada uno separando las setas con el dorso de una cuchara. El nido debe ser lo bastante hondo para que la yema no ruede. Los platos tienen que estar bien calientes, porque la yema va cruda.

Consejo: El plato caliente cumple aquí una función técnica y no de servicio: la yema llega cruda y necesita que el calor del salteado y del propio recipiente la templen hasta unos 45 °C, temperatura a la que su lecitina emulsiona bien con la grasa de los jugos y forma la salsa. Sobre un plato frío la yema se queda espesa y densa, y al romperse se reparte en hilos en lugar de ligar el conjunto.

08

Paso 08

Deposita una yema cruda en cada nido con cuidado de no romperla, añade unas escamas de sal justo encima y lleva los platos a la mesa de inmediato. Cada comensal rompe la suya con el tenedor y la envuelve entre las setas hasta que los jugos se conviertan en salsa. Ten pan de hogaza a mano y usa huevos muy frescos, porque la yema va cruda.

Consejo: La yema es el elemento que liga el plato: contiene alrededor de un 10 % de lecitina, un emulsionante potentísimo que al mezclarse con el aceite del salteado y los jugos de las setas forma en segundos una salsa cremosa y estable. Romperla en la mesa y no en la cocina es lo que garantiza que ocurra caliente y a la vista. Y por ir cruda, el huevo debe ser muy fresco y haberse conservado siempre en frío.

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Maridaje

Tinto joven de mencía

Bierzo, España

Las setas aportan glutamato y guanilato libres, y ese umami tiene un efecto medible: endurece los taninos y los hace parecer más secos y amargos de lo que son. Por eso conviene un tinto de tanino fino como la mencía joven del Bierzo, con acidez alta y fondo de sotobosque que rima con el hongo. Servir a 13-14 °C, ligeramente fresco.

Rioja Crianza

Rioja, España

Doce meses de barrica de roble americano dejan en el vino vainillina y whisky-lactona, aromas dulces de coco y vainilla que se suman a los pirroles y furanos que genera la seta al dorarse por reacción de Maillard. Es una prolongación del salteado, no un contraste. Sus taninos ya están pulidos por la crianza, así que el umami no los endurece. Servir a 15-16 °C.

Sidra natural

Asturias, España

El ajo deja alicina y sus derivados azufrados persistiendo en el paladar, y la yema lo recubre de grasa. La sidra natural ataca ambas cosas: ácido málico dominante, sin azúcar residual, y el carbónico fugaz que se libera al escanciar, que arrastra la grasa antes de disiparse. Solo 5-6 % de alcohol, así que no calienta el bocado. Servir a 10-12 °C y escanciar.

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