
Solomillo de Jabalí con Salsa de Arándanos y Croqueta de Foie
El solomillo de jabalí es la pieza más noble y más magra de la caza mayor española, con apenas un 3 % de grasa intramuscular frente al 8-10 % del cerdo doméstico, lo que la vuelve extraordinariamente fácil de resecar. Aquí se cocina al vacío a 57 °C, temperatura que la deja rosada y jugosa de lado a lado y que, sostenida 45 minutos, cubre con holgura los tiempos de seguridad frente a la triquina. Lo acompaña una salsa de arándanos silvestres, el contrapunto ácido y forestal que la cocina de monte del norte peninsular lleva siglos usando con la caza, y una croqueta de foie que aporta la grasa untuosa que al jabalí le falta por naturaleza.
Preparación Paso a Paso
6 pasos · 1 h 30 minPaso 01
Retira la membrana plateada del solomillo de 600 g con un cuchillo deshuesador, deslizando la hoja pegada a ella y tirando con la otra mano. Sazona con 6 g de sal fina, pimienta negra recién molida, las 8 bayas de enebro machacadas en el mortero y 1 rama de romero. Envasa al vacío con un chorro de aceite de oliva; sin envasadora, usa una bolsa de cierre hermético y húndela en agua hasta que el aire salga por la esquina. Marina en nevera 2 horas, mejor 12.
Consejo: Esa membrana plateada es epimisio, colágeno de tipo I con enlaces cruzados muy estables que solo se hidroliza en gelatina por encima de 70 °C y tras horas de cocción; a 57 °C no se ablanda nada, pero sí se contrae con el calor y arquea la pieza tirando de la carne que tiene debajo. El resultado es un solomillo curvado y una banda gomosa que ni siquiera se corta con el cuchillo. En el jabalí es más gruesa y tenaz que en el cerdo doméstico porque el animal usa muchísimo más esa musculatura. El vacío, además, elimina el aire entre bolsa y carne y acelera la difusión de la sal hacia el interior.
Paso 02
Precalienta el baño a 57 °C exactos y verifica la temperatura con un termómetro aparte antes de meter nada. Sumerge la bolsa asegurándote de que queda del todo cubierta y sin burbujas atrapadas; si flota, sujétala al borde del recipiente con una pinza. Cocina 45 minutos exactos, contados desde que el agua recupera los 57 °C. Al sacarla, la carne debe estar flexible pero elástica al presionar con el dedo y haber soltado apenas unas gotas de jugo rosado dentro de la bolsa.
Consejo: A 57 °C la miosina, que empieza a coagular hacia 50 °C, ya ha cuajado y aporta firmeza, mientras la actina, que no se desnaturaliza hasta unos 66 °C, sigue intacta; como es su contracción la que exprime el agua de la fibra, la carne conserva casi todo su jugo. Por eso el margen es tan estrecho en una pieza con solo un 3 % de grasa: a 65 °C ese mismo solomillo pierde en torno al 20 % de su peso en líquido y queda estopa. Los 45 minutos tampoco son un capricho: la inactivación de la triquina depende del binomio tiempo-temperatura, y a 57 °C se alcanza de sobra en 20-35 minutos.
Paso 03
Corta los 150 g de foie fresco en dados de 3 cm. Calienta una sartén de hierro sin nada de grasa hasta que humee y marca los dados 20 segundos exactos por cara: dorados por fuera y crudos por dentro. Pícalos y mézclalos en un cuenco frío con los 200 ml de bechamel bien fría hasta obtener una masa compacta. Forma cilindros de 6 cm con las manos húmedas y enfríalos 30 minutos. Empana dos veces con harina, huevo batido y pan rallado, y fríe a 175 °C durante 2-3 minutos, hasta un dorado profundo.
Consejo: La grasa del foie funde entre 25 y 35 °C, muy por debajo de cualquier temperatura de fritura, así que dentro de la croqueta se licúa en segundos y genera una presión de vapor que busca salida. El doble empanado crea dos capas de almidón que gelatinizan y luego se deshidratan formando una coraza continua; con una sola capa siempre quedan poros por donde revienta y se vacía en el aceite. La bechamel debe estar muy fría y densa porque su almidón retrogradado es lo que sujeta la masa, y el aceite a 175 °C exactos: por debajo de 160 °C la corteza tarda tanto en sellarse que absorbe grasa y la croqueta se abre.
Paso 04
Vierte en un cazo los 300 ml de fondo de caza y los 100 ml de oporto y reduce a fuego medio 8-10 minutos, hasta la mitad del volumen y hasta que la salsa brille y nape el dorso de una cuchara. Añade los 200 g de arándanos silvestres y cocina 5 minutos más: deben ablandarse, reventar en parte y soltar su jugo oscuro sin llegar a convertirse en puré. Retira del fuego, incorpora 20 g de mantequilla muy fría en dados y mueve el cazo en círculos hasta que quede sedosa.
Consejo: Montar con mantequilla fría fuera del fuego es una emulsión: los glóbulos de grasa se dispersan en el líquido y quedan sujetos por la gelatina del fondo de caza y por la propia caseína de la mantequilla. Esa emulsión solo aguanta por debajo de unos 65 °C; si devuelves el cazo al fuego, la grasa funde del todo, los glóbulos coalescen y verás una película amarilla flotando sobre una salsa aguada. Los arándanos aportan además pectina, que espesa al liberarse con el calor, y antocianinas, cuyo color vira a rojo más vivo en medio ácido y se apaga hacia violáceo si la salsa anda floja de acidez.
Paso 05
Saca el solomillo de la bolsa y sécalo a conciencia con papel de cocina por todas sus caras; cualquier humedad impide el dorado. Calienta la sartén de hierro 3-4 minutos hasta que humee, añade un hilo de aceite de oliva y sella 1 minuto exacto por cada lado, más 30 segundos rodándolo por los costados. Buscas únicamente costra y color, porque la carne ya está cocinada. Retira en cuanto la superficie esté caoba de manera uniforme y deja reposar 2 minutos antes de cortar.
Consejo: La prisa aquí es pura física: cada gramo de agua superficial consume unos 2.260 julios al evaporarse, energía que roba a la sartén y mantiene la superficie clavada en 100 °C, por debajo de los 140-150 °C que exige la reacción de Maillard. Por eso secar la pieza pesa más que el aceite que elijas. Y el minuto por cara es un tope, no una sugerencia: el calor sigue avanzando hacia el centro por conducción incluso fuera del fuego, y cada treinta segundos de más añaden un anillo gris de carne pasada que arruina justo el rosado uniforme que se buscaba con el baño a 57 °C.
Paso 06
Filetea el solomillo en medallones de 2 cm con un cuchillo muy afilado y un solo movimiento por corte: el interior debe verse rosado y del mismo tono de borde a borde. Extiende la salsa de arándanos caliente en el fondo del plato, apoya sobre ella 3 medallones ligeramente inclinados y coloca al lado la croqueta recién frita. Termina con unos arándanos frescos enteros, una rama de romero y unos cristales de sal en escamas repartidos sobre la carne.
Consejo: La sal en escamas se pone justo antes de servir y siempre encima: en cuanto toca la superficie húmeda empieza a disolverse y por ósmosis atrae agua desde el interior, de modo que a los pocos minutos ha desaparecido y en su lugar queda un cerco de jugo. Su gracia es el cristal intacto crujiendo entre los dientes. La croqueta llega al plato en menos de dos minutos desde el aceite por la misma razón: el vapor del relleno caliente migra hacia el pan rallado, que es higroscópico, y lo lleva del 3 % de humedad al 15 % en nada. La salsa va siempre debajo, jamás sobre el empanado.
Prieto Picudo Cigales
Cigales, España
La fruta oscura y la mineralidad del Prieto Picudo complementan la intensidad del jabalí
Bandol Rouge
Provenza, Francia
El Mourvèdre de Bandol con sus notas de caza complementa el jabalí silvestre
Barolo — Pio Cesare o Ceretto Bricco Rocche
Piamonte, Italia
Los taninos del Nebbiolo cortan la gelatina y la grasa del solomillo de jabalí con precisión; sus notas de alquitrán, rosas secas y cuero complementan la salsa de arándanos y la croqueta de foie con la potencia que el plato de caza requiere. Varietal (Nebbiolo) y región (Piamonte) completamente distintos al Prieto Picudo y al Mourvèdre de Bandol.
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