Huevo frito con la yema líquida coronado por láminas de trufa blanca de Alba sobre plato de cerámica artesanal gris piedra.
ItalianaFácil10 min (activa)Setas, Trufa y Hongos

Trufa Blanca de Alba sobre Huevo Frito

Pocos ingredientes provocan tanto silencio en una mesa como la Tuber magnatum, la trufa blanca de Alba. No se cocina, no se calienta, no se cuece: se ralla en crudo, en el último instante, sobre un huevo frito humeante. Su aroma —dominado por el bis(metiltio)metano, una molécula sulfurosa que recuerda al ajo y al queso viejo— es tan volátil como frágil, y el calor lo destruiría en segundos. Por eso el plato es, en apariencia, casi una provocación: un huevo frito de campo, con la clara de bordes encajados y crujientes por la reacción de Maillard y la yema líquida y caliente, coronado por una lluvia de láminas finísimas de trufa blanca. La grasa del huevo y el vapor que sube del plato hacen el resto: vehiculan y liberan los aromas liposolubles de la trufa justo bajo la nariz del comensal. Lujo piamontés en su forma más desnuda y más honesta.

Tiempo Total
10 min (activa)
Dificultad
Fácil
Raciones
2 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 10 min (activa)
01

Preparar ingredientes

Limpia los 15 g de trufa blanca en seco con un cepillo suave, sin acercarla al agua bajo ningún concepto: la trufa blanca es porosa, absorbe humedad y con ella se va el aroma que justifica su precio. Guárdala en frío bien cerrada hasta el último segundo. Ten los huevos a temperatura ambiente, el aceite medido, las escamas de sal y el cortatrufas bien afilado.

Consejo: Nunca laves la trufa bajo el grifo: absorbe agua y pierde aroma. Un cepillo suave y en seco es todo lo que necesita.

02

Calentar el aceite

Calienta los 40 ml de aceite en una sartén pequeña a fuego medio-alto. Debe estar muy caliente pero sin humear: la señal es que la superficie ondule y una gota de clara chisporrotee al instante. Poco aceite o poca temperatura y la clara se extiende y queda blanda; demasiado y el borde se quema antes de que cuaje.

Consejo: El aceite debe estar caliente de verdad: es lo que encaja el borde de la clara por Maillard y da el crujiente.

03

Incorporar el huevo

Casca el huevo primero en un cuenco, nunca directamente sobre la sartén, y deslízalo desde el borde con la sartén ligeramente inclinada. Así la yema entra entera y controlada, y evitas el trozo de cáscara que en un plato de dos ingredientes se nota el doble. Trabaja de uno en uno aunque hagas los dos huevos.

Consejo: Cascar primero en un cuenco evita cáscaras y roturas y te da control total al deslizar el huevo.

04

Cocer la clara

Inclina la sartén para que el aceite se acumule en un lado y báñalo sobre la clara con una cuchara, una y otra vez, sin tocar nunca la yema. Ese cucharear continuo es lo que cuaja la clara desde arriba y le da el borde encajado y crujiente, mientras la yema se mantiene apartada del calor directo y sigue líquida.

Consejo: Bañar la clara con aceite la cuaja por arriba y crea el encaje crujiente de los bordes sin cocer la yema.

05

Escurrir el huevo

Retira el huevo en cuanto la clara esté completamente cuajada, opaca y con los bordes dorados y rizados, con la yema todavía temblorosa y brillante. Escúrrelo un segundo contra el borde de la sartén. La yema líquida no es un capricho estético: va a ser la salsa del plato al mezclarse con la trufa.

Consejo: La yema debe seguir líquida: es grasa caliente, el vehículo perfecto para los aromas liposolubles de la trufa.

06

Salpimentar el plato

Pásalo a un plato previamente templado, nunca frío, porque el calor del plato es lo que va a seguir liberando el aroma de la trufa durante los minutos siguientes. Sálalo con unas escamas y una pizca de pimienta recién molida ahora, mientras la superficie está caliente y grasa y la sal se ancla en lugar de resbalar.

Consejo: Sala sobre la clara, no sobre la yema, para no romperla antes de que llegue a la mesa.

07

Rallar la trufa

Ralla la trufa con el cortatrufas directamente sobre el huevo humeante, en láminas lo más finas que consigas y desde un palmo de altura para que caigan sueltas y no apelmazadas. Hazlo en la mesa si puedes: el calor del huevo volatiliza los aromas al instante y cada segundo que pasa entre el rallado y el primer bocado es aroma perdido.

Consejo: Ralla en el último segundo y sobre el plato: cada instante desde el corte es aroma que se escapa al aire.

08

Emplatar y servir

Lleva el plato a la mesa inmediatamente, con el vapor subiendo y la trufa recién rallada. Se come cortando un trozo de clara con algo de yema y arrastrando las láminas: la grasa del huevo es el vehículo que transporta el aroma. No esperes, no lo tapes y no lo recalientes; la trufa blanca no perdona ninguna de las tres cosas.

Consejo: Sírvelo ya: el aroma de la trufa blanca es fugaz, así que del corte a la nariz del comensal deben pasar segundos, no minutos.

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Maridaje

Godello con lías

D.O. Valdeorras

Un blanco con cuerpo y notas minerales que sostiene la grasa del huevo sin tapar la delicadeza aromática de la trufa blanca.

Mencía

D.O. Ribeira Sacra

Un tinto fresco y sedoso, de fruta roja y toque terroso, que dialoga con la trufa sin dominarla.

Cava Gran Reserva Brut Nature

D.O. Cava

La burbuja fina y la acidez levantan la grasa del huevo y dejan el aroma de la trufa limpio en el paladar.

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