
Burrata Cremosa con Tomate Confitado y Pesto
La burrata es una mozzarella hueca rellena de stracciatella —tiras de pasta filata bañadas en nata— que nació en Andria, en la Puglia de los años veinte, como forma de aprovechar los recortes del hilado. Al abrirla se derrama, y ahí está todo el plato. Aquí va con tomate cherry confitado dos horas a 120 °C, que concentra su azúcar hasta volverlo casi una golosina, y un pesto de albahaca hecho en mortero. El contraste es de temperatura, de textura y de intensidad: frío contra tibio, cremoso contra denso, láctico contra dulce y herbáceo.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 2 h 30 min (25 min activa + 2 h de confitado)Paso 01
Enciende el horno a 120 °C con calor arriba y abajo, sin ventilador. Saca las dos burratas de la nevera para que atemperen 30 minutos dentro de su suero. Pesa 500 g de cherry, 120 ml de aceite para el confitado, 40 g de albahaca, 20 g de piñones, 30 g de parmesano, 10 g de pecorino y los 70 ml de aceite del pesto.
Consejo: Sin ventilador es innegociable en este confitado: el aire forzado deshidrata la piel del cherry antes de que el interior tenga tiempo de concentrar, y acabas con pieles correosas y pulpa cruda. Con calor estático la transferencia es más lenta y homogénea. La burrata, como toda pasta filata, a 4 °C tiene la grasa cristalizada y la stracciatella no fluye al abrirla, que es justo el efecto que buscas.
Paso 02
Corta los cherry por la mitad a lo largo y colócalos con el corte hacia arriba sobre papel sulfurizado, sin que se toquen. Reparte los 4 dientes de ajo con piel y las ramas de tomillo entre ellos. Riega con los 120 ml de aceite, y espolvorea los 4 g de sal fina y los 2 g de azúcar.
Consejo: El corte hacia arriba deja escapar el vapor del lóculo mientras la base se cocina en el aceite: si los pones boca abajo, el agua queda atrapada, hierven en su jugo y no confitan. El ajo va con piel porque a 120 °C sin protección se quema en veinte minutos y amarga todo el aceite; dentro de su camisa se confita entero y aromatiza sin agresividad.
Paso 03
Hornea 2 horas a 120 °C. A la hora y media empieza a vigilar: los cherry deben quedar arrugados, con los bordes ligeramente caramelizados y todavía jugosos por dentro, nunca secos ni de color marrón oscuro. Saca la bandeja y deja templar 15 minutos. Cuela el aceite y resérvalo aparte.
Consejo: Las dos horas a 120 °C no son un asado: es una deshidratación parcial. El cherry pierde en torno al 50 % de su peso en agua y pasa de 5-6 grados Brix a más de 12, y en paralelo la caramelización de esos azúcares empieza hacia los 110 °C en superficie. Por encima de 140 °C entrarías en reacción de Maillard con las proteínas y aparecería un fondo amargo que aquí sobra.
Paso 04
Tuesta los 20 g de piñones en una sartén sin aceite a fuego medio-bajo, moviéndolos sin parar durante 3 o 4 minutos, hasta que estén dorados y huelan a resina. Sácalos del calor en cuanto tomen color y pásalos a un plato frío de inmediato.
Consejo: El piñón tiene cerca de un 68 % de grasa y muy poco almidón, así que pasa de dorado a quemado en cuestión de segundos. El plato frío detiene la cocción residual, que en la propia sartén caliente seguiría otros treinta segundos y bastaría para arruinarlos. Un piñón quemado no se nota al mirarlo pero domina el pesto entero con un amargor que ya no se corrige.
Paso 05
En el mortero de mármol, machaca el diente de ajo sin germen con una pizca de sal hasta obtener una pasta. Añade las hojas de albahaca en tres tandas, aplastándolas contra la pared del mortero con movimiento circular, sin golpear. Incorpora los piñones y sigue hasta pasta gruesa.
Consejo: Movimiento circular y no percusión: se trata de reventar las células por presión y arrastre, no por impacto. El mármol y la madera no conducen calor ni reaccionan con los ácidos de la albahaca; una cuchilla de acero girando a miles de revoluciones calienta la hoja por encima de 40 °C y oxida la clorofila, y ahí es donde el pesto se vuelve pardo. El germen del ajo se quita porque es la parte que repite y amarga.
Paso 06
Añade al mortero los 30 g de parmesano y los 10 g de pecorino e integra. Incorpora entonces los 70 ml de aceite suave en hilo muy fino, sin dejar de mover con la mano de mortero. Debe quedar una pasta densa que caiga pesada de la cuchara, no un líquido verde.
Consejo: El aceite entra al final y despacio porque el pesto es una emulsión frágil: la fase acuosa la aportan la albahaca y el queso, y si viertes el aceite de golpe no encuentra dónde dispersarse y el conjunto se separa en una capa verde y otra grasa. Los dos quesos tienen función distinta: el parmesano da el umami y el dulzor de la crianza larga, el pecorino la sal y el punto picante ovino.
Paso 07
Coloca cada burrata entera en el centro de un plato hondo amplio. Reparte alrededor los cherry confitados tibios con dos dientes de ajo confitado exprimidos de su piel. Pon una cucharada generosa de pesto a un lado, sin cubrir la burrata, y riega el conjunto con el aceite del confitado colado.
Consejo: La burrata va entera y sin tocar, para que sea el comensal quien la abra en la mesa: es el momento del plato. Y el pesto va al lado, nunca por encima: el aceite del pesto sobre la superficie de la burrata forma una película que impide que se aprecie el contraste de temperaturas entre el queso frío y el tomate tibio, que es el eje del plato.
Paso 08
Remata con los 6 g de sal en escamas sobre la burrata, la pimienta recién molida y unas hojas de albahaca fresca. Sirve de inmediato, con la burrata entre 16 y 18 °C y el tomate apenas tibio, en torno a 30 °C. Rompe la burrata con la cuchara delante de quien vaya a comerla.
Consejo: La diferencia de temperatura entre los dos elementos debe rondar los 12-15 °C: suficiente para percibirse, no tanta como para que el tomate caliente funda la stracciatella y la convierta en un charco. Si el tomate ha quedado demasiado caliente, espera cinco minutos: es más fácil enfriarlo que recuperar una burrata derretida. La sal, siempre en el último segundo, porque sobre un queso húmedo se disuelve en menos de un minuto.
Fiano di Avellino
Campania, Italia
Un blanco de cuerpo medio con notas de avellana tostada, pera y un fondo ahumado volcánico que se sostiene frente al pesto sin quedar tapado. Su acidez media y su textura algo cerosa acompañan la nata de la stracciatella en lugar de cortarla, que es lo que se busca aquí: no limpiar la grasa, sino prolongarla. Servir a 11-12 °C.
Verdicchio dei Castelli di Jesi
Marcas, Italia
Su amargor final de almendra es el contrapunto exacto al dulzor del tomate confitado, y la acidez limpia entre bocado y bocado sin arrasar con la burrata. Es el maridaje de manual para los quesos frescos italianos y el más fácil de encontrar fuera de Italia.
Cava de Paraje Calificado Brut Nature
Penedès, España
La burbuja fina y la ausencia total de azúcar de dosificación cortan la untuosidad de la nata y reactivan el paladar. Sus notas de bollería tostada por la crianza larga sobre lías enlazan con los piñones tostados del pesto. La opción si el plato abre una comida y quieres un aperitivo con él.



