
Castañas Asadas al Horno con Corte en Cruz
La castaña asada es el fruto de otoño más antiguo de la despensa española. Antes del maíz y de la patata, los sotos de Galicia, El Bierzo y la Sierra de Aracena daban el pan de invierno, y todavía hoy el magosto y la castañada se celebran alrededor de una bandeja humeante. En casa, el horno sustituye a las brasas con una ventaja: el calor es uniforme y no hay que vigilar la llama. Todo el resultado depende de dos gestos previos. El corte en cruz sobre la cara plana da salida al vapor que se forma dentro de la castaña, que sin esa vía revienta la cáscara con un estallido. El remojo de veinte a treinta minutos hidrata el tegumento, esa piel interna que se pega a la carne, y hace que después se desprenda sin dejar jirones. A 200 °C, en poco más de veinte minutos, la cáscara se abre, se riza y deja ver una carne dorada, tierna y dulce. Se comen calientes, recién peladas.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 15 min (25 min activas + 30 min de remojo + 25 min de horno + 10 min de reposo envueltas)Paso 01
Vuelca el kilo de castañas en un bol grande y repásalas una a una: descarta las que tengan agujeros, manchas de moho o cedan al apretarlas. Cúbrelas con los dos litros de agua fría y la cucharada de sal y déjalas en remojo entre veinte y treinta minutos. Pasados los primeros minutos, retira todas las que floten. Mientras, saca la mantequilla de la nevera, deshoja el romero y ten la puntilla y la bandeja a mano.
Consejo: Una castaña sana pesa más que el agua y se hunde. Las que flotan están huecas o tienen dentro la larva del gorgojo, que ha comido parte de la carne y ha dejado aire en su lugar. No hay excepciones que merezcan el riesgo.
Paso 02
Escurre las castañas y sécalas por encima. Apoya cada una sobre la tabla con la cara plana hacia arriba y, con la puntilla, haz dos cortes cruzados de unos dos centímetros que atraviesen la cáscara marrón y la piel interior, hasta notar que la hoja toca la carne clara. Sujeta la castaña por los lados, con los dedos lejos de la trayectoria de la hoja, y trabaja sin prisa.
Consejo: El corte tiene que llegar al tegumento; si se queda en la cáscara, el vapor sigue sin salida por la piel interior y la castaña puede reventar igual. Una hoja corta y bien afilada resbala menos que un cuchillo grande sobre la cáscara curva.
Paso 03
Enciende el horno a 200 °C con calor arriba y abajo, sin ventilador. Reparte las castañas sobre la bandeja con el corte hacia arriba, en una sola capa y con un dedo de separación entre ellas. Si has hecho el corte bien, verás la carne clara a través de la cruz. Espera a que el horno marque la temperatura antes de meter la bandeja en la altura media.
Consejo: Amontonadas, las de abajo se cuecen al vapor de las de arriba y salen blandas y sin tostar. El corte hacia arriba deja salir el vapor sin que la cáscara se pegue a la bandeja y permite ver cuándo empiezan a abrirse.
Paso 04
Hornea entre veinte y veinticinco minutos. A los quince, las puntas del corte empiezan a levantarse; a los veinte, la cáscara se abre, los bordes se rizan hacia fuera y la carne asoma dorada. Gira la bandeja una vez a mitad de cocción para que las del fondo reciban el mismo calor. Están hechas cuando una castaña grande, pinchada por el corte, ofrece la resistencia de una patata cocida.
Consejo: Las castañas pequeñas se hacen antes que las grandes. Si el calibre es muy dispar, separa las menudas en un extremo de la bandeja y retíralas cinco minutos antes, o saldrán secas mientras las grandes siguen crudas por dentro.
Paso 05
Saca la bandeja y, sin esperar, pasa las castañas a una cazuela de barro y tápala con papel de aluminio bien ceñido, o envuélvelas en un paquete de aluminio doblado por los bordes. Déjalas reposar entre cinco y diez minutos. Notarás que el paquete suda y que la cáscara, al tocarla, se ha aflojado del todo. No abras antes de tiempo.
Consejo: El vapor que sigue saliendo de la carne caliente queda atrapado y ablanda la piel interior desde dentro. Sin este reposo el tegumento se seca al aire, se pega de nuevo y el pelado se convierte en una tarea de uñas.
Paso 06
Pela las castañas en caliente y por tandas de seis u ocho, dejando el resto tapado. Tira de los bordes rizados de la cáscara y arrastra con ellos la piel interior; si queda algún resto pegado, ráscalo con la punta de la puntilla. Reserva las peladas en un bol y deja media docena sin pelar, con la cáscara abierta, para la cazuela final. Devuelve el papel al resto mientras trabajas.
Consejo: A medida que la castaña baja de 50 °C, el tegumento pierde la humedad y vuelve a adherirse. Pelar en tandas pequeñas mantiene las demás en el punto de calor donde la piel sale de una pieza.
Paso 07
Corta la mantequilla en dados y repártela sobre la bandeja del horno, todavía caliente, junto con las hojas de romero y la miel de castaño. Devuelve la bandeja al horno apagado con la puerta entreabierta un par de minutos, hasta que la mantequilla se funda y el romero suelte aroma. Vuelca encima las castañas peladas y remuévelas con una cuchara de madera para que se envuelvan bien.
Consejo: La bandeja recién salida del horno tiene calor de sobra para fundir 40 g de mantequilla sin encender ningún fuego. Si la llevaras a la placa, la mantequilla se doraría y taparía el aroma fresco del romero.
Paso 08
Pasa las castañas envueltas en mantequilla a una cazuela de barro caliente y coloca encima las seis sin pelar, con la cáscara abierta. Termina con sal en escamas y dos vueltas de pimienta negra. Al lado, dispón las lascas de queso ahumado y los dados de membrillo, y riega el conjunto con un hilo fino de aceite arbequina. Sirve enseguida, mientras la cazuela todavía tiene calor.
Consejo: La castaña asada pierde cremosidad en pocos minutos: a temperatura ambiente el almidón se reorganiza y la carne se vuelve harinosa. Todo lo que rodea al plato, queso y membrillo, ha de estar listo antes de sacar la bandeja.
Mencía joven
Bierzo, Castilla y León, España
Es el vino del mismo suelo que las castañas de El Bierzo, y la coincidencia no es solo geográfica. La mencía joven tiene fruta roja, acidez viva y taninos suaves que no pelean con la textura harinosa de la castaña ni con la dulzura que gana en el horno. Sírvela a 14 °C, algo fresca, para que la fruta destaque sobre el tostado de la cáscara y limpie la mantequilla del paladar entre bocado y bocado.
Palo Cortado
Jerez, Andalucía, España
Un generoso de crianza oxidativa comparte con la castaña asada los aromas de fruto seco tostado y madera vieja. Su acidez volátil y el carácter salino del velo de flor que tuvo en origen cortan la grasa de la mantequilla y del queso ahumado, y su cuerpo seco, sin azúcar residual, evita que el conjunto empalague. Servido a 13 °C en catavinos, es un maridaje de invierno serio y poco visto.
Sidra natural de escanciar
Comarca de la Sidra, Asturias, España
La castañada asturiana se acompaña con sidra, y funciona por razones concretas: su acidez málica alta y el carbónico ligero del escanciado despiertan la boca después de cada castaña, que tiende a secarla. Los aromas de manzana verde y la ausencia de dulzor contrastan con la miel y el romero sin cubrirlos. Se sirve fría, a 10 °C, y escanciada justo antes de beber para que no pierda el gas.
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