
Cigala en Tempura con Salsa Romesco Ligera
La cigala (Nephrops norvegicus) es un marisco delicadísimo, y la tempura es quizá la técnica que mejor lo respeta: un rebozado finísimo y crujiente que sella la cola en segundos y la cuece en su propio vapor, manteniendo intacta esa carne dulce y jugosa. Frente a la ligereza casi ingrávida del rebozado japonés, ponemos un romesco aligerado —almendra, avellana, ñora y tomate asado— que aporta el fondo tostado y goloso de la cocina catalana sin apagar el marisco. Es un cruce de dos mundos que funciona porque ambos persiguen lo mismo: sacar lo mejor del producto con una técnica precisa. Crujiente por fuera, jugosa por dentro y con esa salsa que invita a mojar sin parar. Un bocado festivo que enamora a quien lo prueba, porque une la técnica más fina con el gesto goloso de rebañar el plato hasta la última cucharada.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 45 minPreparar los ingredientes
Asa los tomates y los ajos, tuesta los frutos secos si no vienen tostados e hidrata las ñoras en agua caliente. Pela las 16 colas de cigala y sécalas. Y lo más importante: mete la harina, la maicena y el agua con gas en la nevera con antelación. La tempura vive del contraste térmico entre una masa helada y el aceite hirviendo, así que todo debe estar frío.
Consejo: Todo el equipo de la masa —bol, varillas, agua— debe estar frío: cuanto más contraste con el aceite, más crujiente.
Elaborar la salsa romesco
Tritura los tomates y ajos asados con los 40 g de almendra, los 30 g de avellana, la pulpa de ñora y la cucharada de vinagre. Con la batidora en marcha, añade los 80 ml de aceite en hilo fino hasta que la salsa emulsione y quede untuosa y brillante. Rectifica de sal. Buscamos un romesco ligero, que acompañe sin tapar la cigala.
Consejo: Añade el aceite poco a poco y en hilo: así las proteínas de los frutos secos emulsionan la grasa y la salsa liga fina.
Secar las cigalas
Seca a conciencia las colas con papel, presionando sin aplastar, y sálalas ligeramente. Una superficie húmeda hace que la masa resbale y se desprenda en el aceite, dejándote la cigala desnuda y el aceite lleno de restos. El secado es la diferencia entre una tempura que envuelve y una que se abre.
Consejo: El agua superficial provoca salpicaduras y hace que el rebozado se despegue: sécalas más de lo que crees necesario.
Preparar la tempura
Justo antes de freír, y no antes, mezcla la yema con los 200 ml de agua con gas helada. Añade de golpe los 120 g de harina y los 30 g de maicena y remueve apenas cuatro o cinco veces con unos palillos. Debe quedar grumosa y con harina sin integrar: si la bates hasta alisarla desarrollas el gluten y la tempura sale correosa en lugar de quebradiza.
Consejo: Cuatro grumos son buena señal; sobrebatir desarrolla el gluten y el rebozado sale correoso.
Calentar el aceite
Calienta el litro de aceite a 175-180 °C. Compruébalo dejando caer una gota de masa: debe hundirse un par de centímetros y subir enseguida rodeada de burbujas finas y vivas. Si se queda en el fondo, falta temperatura; si chisporrotea violentamente y se dora al instante, está pasado y la masa se quemará antes de que la cigala se haga.
Consejo: Sin termómetro, un palillo de madera rodeado de burbujas finas indica el punto; si sale humo, te has pasado.
Freír las cigalas
Pasa las colas por la masa sujetándolas por la punta, deja escurrir el exceso un segundo y sumérgelas en el aceite en tandas de cuatro o cinco. Fríelas entre 1 y 2 minutos, solo hasta que la costra esté rígida y crujiente pero todavía pálida. La tempura no se dora: si coge color tostado, la cigala de dentro ya se ha pasado.
Consejo: No satures la sartén: demasiadas piezas bajan la temperatura del aceite y la tempura absorbe grasa en vez de sellarse.
Escurrir y salar
Escúrrelas sobre una rejilla, nunca amontonadas ni sobre papel absorbente, para que el aire circule por debajo y el vapor escape en lugar de reblandecer la base. Sálalas en caliente, recién salidas, cuando la superficie grasa retiene las escamas. Deja recuperar la temperatura del aceite entre tanda y tanda.
Consejo: Salar recién sacadas fija mejor el sabor; sobre rejilla el vapor escapa y no reblandece la base.
Emplatar y servir
Sirve las cigalas recién fritas sobre cerámica artesanal, con el romesco en un cuenco aparte para mojar y nunca por encima: la salsa reblandecería la costra en segundos. Termina con un golpe de sal y ralladura de limón hecha en el momento. Se comen al instante, mientras todavía queman y crujen.
Consejo: Lleva a la mesa de inmediato: la tempura pierde su punto crujiente en cuestión de minutos.
Cava de Guarda Superior Brut Nature
D.O. Cava (Penedès)
La burbuja fina corta la fritura y refresca el paladar, mientras la crianza aporta cuerpo para el romesco tostado.
Xarel·lo
D.O. Penedès
Un blanco catalán con volumen y hierbas de monte que juega en casa con el romesco y sostiene el frito.
Riesling seco
Mosela (Alemania)
Su acidez vibrante y su punto cítrico aligeran la tempura y realzan el dulzor de la cigala.
Galería
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