
Cigala en Tempura con Salsa Romesco Ligera
La cigala (Nephrops norvegicus) es un marisco delicadísimo, y la tempura es quizá la técnica que mejor lo respeta: un rebozado finísimo y crujiente que sella la cola en segundos y la cuece en su propio vapor, manteniendo intacta esa carne dulce y jugosa. Frente a la ligereza casi ingrávida del rebozado japonés, ponemos un romesco aligerado —almendra, avellana, ñora y tomate asado— que aporta el fondo tostado y goloso de la cocina catalana sin apagar el marisco. Es un cruce de dos mundos que funciona porque ambos persiguen lo mismo: sacar lo mejor del producto con una técnica precisa. Crujiente por fuera, jugosa por dentro y con esa salsa que invita a mojar sin parar. Un bocado festivo que enamora a quien lo prueba, porque une la técnica más fina con el gesto goloso de rebañar el plato hasta la última cucharada.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 45 minPaso 01
Prepara todo: asa tomates y ajos, tuesta los frutos secos si no lo están, hidrata la ñora, pela y seca las colas de cigala y ten la harina, la maicena y el agua con gas bien fría en la nevera. La tempura no espera a nadie.
Consejo: Todo el equipo de la masa —bol, varillas, agua— debe estar frío: cuanto más contraste con el aceite, más crujiente.
Paso 02
Tritura los tomates y ajos asados con la almendra, la avellana, la pulpa de ñora, el vinagre y el aceite en hilo hasta lograr una salsa emulsionada y untuosa. Rectifica de sal y reserva.
Consejo: Añade el aceite poco a poco y en hilo: así las proteínas de los frutos secos emulsionan la grasa y la salsa liga fina.
Paso 03
Seca a conciencia las colas con papel y sálalas ligeramente. Una superficie seca es imprescindible para que la masa se adhiera y el frito quede limpio.
Consejo: El agua superficial provoca salpicaduras y hace que el rebozado se despegue: sécalas más de lo que crees necesario.
Paso 04
Justo antes de freír, mezcla la yema con el agua con gas fría y añade la harina y la maicena de golpe, removiendo apenas con unos palillos o un tenedor. Deja grumos: no batas.
Consejo: Cuatro grumos son buena señal; sobrebatir desarrolla el gluten y el rebozado sale correoso.
Paso 05
Calienta el aceite a 175-180 °C. Comprueba con una gota de masa: debe bajar un poco y subir enseguida burbujeando, sin quemarse.
Consejo: Sin termómetro, un palillo de madera rodeado de burbujas finas indica el punto; si sale humo, te has pasado.
Paso 06
Pasa las colas por la masa dejando escurrir el exceso y fríelas en tandas pequeñas 1-2 minutos, hasta que estén doradas y crujientes pero pálidas, sin tostarse demasiado.
Consejo: No satures la sartén: demasiadas piezas bajan la temperatura del aceite y la tempura absorbe grasa en vez de sellarse.
Paso 07
Escurre sobre una rejilla —nunca amontonadas sobre papel— y sala en caliente. La rejilla mantiene el crujiente por todos lados.
Consejo: Salar recién sacadas fija mejor el sabor; sobre rejilla el vapor escapa y no reblandece la base.
Paso 08
Sirve las cigalas en tempura recién fritas sobre cerámica artesanal, con el romesco ligero en un cuenco al lado para mojar, y termina con un golpe de sal y ralladura de limón.
Consejo: Lleva a la mesa de inmediato: la tempura pierde su punto crujiente en cuestión de minutos.
Cava de Guarda Superior Brut Nature
D.O. Cava (Penedès)
La burbuja fina corta la fritura y refresca el paladar, mientras la crianza aporta cuerpo para el romesco tostado.
Xarel·lo
D.O. Penedès
Un blanco catalán con volumen y hierbas de monte que juega en casa con el romesco y sostiene el frito.
Riesling seco
Mosela (Alemania)
Su acidez vibrante y su punto cítrico aligeran la tempura y realzan el dulzor de la cigala.
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