Coca de recapte rectangular y fina de base dorada y crujiente, cubierta de tiras de pimiento rojo y berenjena escalivados brillantes de aceite, filetes de anchoa del Cantábrico y piñones tostados, sobre tabla de roble claro
Panadería y ReposteríaMedio4 h (1 h activa + 1 h 30 min fermentación + asado de verduras + horneado)Panadería y Bollería

Coca de Recapte con Escalivada y Anchoa

La coca de recapte es el pan plano de la Cataluña de secano, muy ligado a las tierras de Lleida, y su nombre lo explica: el recapte era el recaudo, lo que hubiera en la despensa, tendido sobre una base de masa de pan estirada muy fina. Escalivar significa asar bajo las brasas, y ese origen de rescoldo justifica que la piel del pimiento deba ennegrecerse hasta parecer perdida: es en ese chamuscado donde nacen los fenoles ahumados que definen el plato. Sobre la masa se tienden tiras de pimiento y berenjena asados, pelados en caliente y aliñados con su propio jugo reducido. La anchoa del Cantábrico entra al final, en crudo, aportando la sal y el yodo que el vegetal dulce necesita para no quedarse plano.

Tiempo Total
4 h (1 h activa + 1 h 30 min fermentación + asado de verduras + horneado)
Dificultad
Medio
Raciones
6 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 4 h (1 h activa + 1 h 30 min fermentación + asado de verduras + horneado)
01

Paso 01

Pesa para la masa 300 g de harina panificable, 170 ml de agua a 25 grados, 6 g de levadura fresca, 25 ml de aceite de oliva virgen extra y 6 g de sal fina. Lava 2 pimientos rojos, 2 berenjenas y 1 cebolla y sécalos uno a uno con papel de cocina hasta que la piel quede mate, sin ninguna gota. Ten preparados 40 ml de aceite para la escalivada, 2 g de sal para el aliño, 12 filetes de anchoa escurridos sobre papel, 20 g de piñones y 3 g de sal en escamas.

Consejo: Secar la verdura no es manía: evaporar el agua superficial consume unos 2.260 kilojulios por kilo en calor latente, y mientras esa película exista la piel no puede pasar de 100 grados. Sin superar esa barrera no hay pirólisis de la cutícula ni se forman los fenoles ahumados como el guayacol y el siringol, que son literalmente el sabor de la escalivada. La señal de que vas bien es que la piel se vea mate y opaca al meterla al horno, no brillante. El error típico es lavar las verduras y colocarlas mojadas en la bandeja: la piel se cuece en vez de ampollarse, queda pegada a la carne y luego no hay manera de pelarlas enteras.

02

Paso 02

Calienta el horno a 220 grados con calor arriba y abajo, sin ventilador. Coloca los 2 pimientos, las 2 berenjenas y la cebolla enteros y sin aceite sobre una bandeja y ásalos 45-50 minutos, girándolos cada 15 minutos con unas pinzas. Están en su punto cuando la piel se levanta en ampollas negras que crujen al tocarlas y las berenjenas se hunden bajo el dedo sin ofrecer ninguna resistencia en el centro, con la piel arrugada y el volumen visiblemente colapsado.

Consejo: El ventilador acelera la evaporación superficial y reseca la piel mucho antes de que el centro alcance los 85-90 grados que necesita la berenjena para que sus pectinas se degraden y la pulpa se vuelva sedosa. Por eso conviene calor estático: más lento fuera, más tiempo para el interior. Una berenjena poco asada no es solo firme, es astringente y amarga, porque sus compuestos fenólicos no se han degradado ni redistribuido con el colapso celular. La señal fiable no es el reloj sino el hundimiento: si al presionar la piel esta rebota, quedan 10 minutos por delante aunque ya esté completamente negra por fuera.

03

Paso 03

Pasa las verduras aún ardiendo a un bol hondo y tápalo con un plato o con papel de aluminio durante 20 minutos. Pela después con los dedos tirando de la piel desde el pedúnculo: debe salir en tiras largas. Desgarra la carne siguiendo las fibras hasta obtener tiras de 1,5 a 2 cm de ancho y no uses el cuchillo en ningún momento. Retira las semillas de los pimientos y guarda hasta la última gota del jugo oscuro que quede en el fondo del bol.

Consejo: Al tapar en caliente, el agua que sigue evaporándose de la pulpa condensa contra la piel y rehidrata la capa de células que hay justo debajo, debilitando la lámina media que las une: por eso la piel sale entera y sin arrastrar carne. El desgarrado a mano sigue los haces vasculares naturales, y esos bordes irregulares retienen el aliño mucho mejor que un corte recto, que sella la superficie. El error más caro es pelar bajo el grifo para ir más rápido: el agua se lleva el jugo, los azúcares concentrados y precisamente los fenoles ahumados que has tardado 50 minutos en generar, y la escalivada queda descolorida y sosa.

04

Paso 04

Cuela el jugo del bol por un colador fino sobre un cazo pequeño y redúcelo 3 minutos a fuego suave, hasta que napa el dorso de una cuchara y deje un surco limpio al pasar el dedo. Retíralo del fuego y déjalo templar a unos 45 grados. Añade 30 ml del aceite de oliva en hilo fino mientras bates con varillas, junto con 2 g de sal, hasta que ligue en una salsa brillante y homogénea. Aliña las tiras con ese jugo y déjalas reposar 10 minutos.

Consejo: Esta emulsión se sostiene sobre las pectinas solubles y las proteínas que el asado ha liberado de la pulpa: actúan de barrera alrededor de cada gota de aceite e impiden que se junten. Por eso la reducción importa, porque concentra esos estabilizantes. La temperatura es el punto crítico: por encima de 70 grados la viscosidad del jugo cae y la agitación térmica hace que las gotas coalescan enseguida, así que la salsa se corta y aparece una capa grasa flotando. En torno a 45 grados el jugo aún fluye pero es lo bastante espeso para atrapar las gotas. Y bate en hilo fino: si viertes el aceite de golpe, no hay superficie que estabilizar.

05

Paso 05

Mezcla en un bol los 300 g de harina con los 6 g de sal. Disuelve aparte los 6 g de levadura fresca en los 170 ml de agua a 25 grados y viértelos sobre la harina junto con los 25 ml de aceite. Amasa 8-10 minutos, alternando reposos de 2 minutos si se resiste, hasta que la masa se despegue limpia del bol y puedas estirar un trozo entre los dedos formando una película translúcida que deje pasar la luz sin romperse. Bolea, tapa y fermenta 1 hora y 30 minutos a 22-24 grados, hasta que doble el volumen.

Consejo: Sal y levadura nunca deben tocarse en seco: la sal genera una presión osmótica que extrae agua de las células de levadura y frena su actividad justo cuando más la necesitas. Disuelta en el agua, esa misma sal cumple su otro papel, apantallar las cargas eléctricas de gliadinas y gluteninas para que se aproximen y formen una red de gluten más tenaz. Vigila la temperatura del agua: a 25 grados la levadura trabaja cómoda, pero por encima de 50 grados sus proteínas se desnaturalizan y la masa ya no sube. La película translúcida es la señal objetiva de que la red está formada; si se rompe en agujeros toscos, faltan minutos de amasado.

06

Paso 06

Calienta el horno a 250 grados con la bandeja metálica dentro durante 30 minutos completos. Estira mientras tanto la masa sobre papel de horno, empujando desde el centro hacia fuera con las yemas, hasta formar un rectángulo de unos 3 mm de grosor y dejar un borde de 1,5 cm algo más grueso. Pincha toda la superficie con un tenedor cada 3 o 4 cm, sin tocar ese borde, hasta que la lámina quede completamente moteada de agujeros.

Consejo: Los pinchazos crean chimeneas por donde escapan el vapor de agua y el dióxido de carbono atrapados entre las capas de masa. Sin ellos se forman bolsas que levantan la base, la cobertura resbala y el interior de esa burbuja se queda crudo y gomoso porque nunca pasa de 100 grados. El borde sin pinchar hace lo contrario a propósito: retiene el gas, sube y actúa de marco que sujeta la escalivada. Los 30 minutos de precalentamiento no son capricho, sirven para que el acero acumule energía suficiente para gelatinizar el almidón de la base en los primeros segundos de contacto; una bandeja fría absorbe calor en lugar de darlo.

07

Paso 07

Reparte las tiras de escalivada sobre la masa en una sola capa, sin amontonarlas y dejando ver la masa entre ellas. Pincela el borde con los 10 ml de aceite restantes. Desliza el papel con la coca sobre la bandeja ardiendo y hornea 12-14 minutos a 250 grados, hasta que el borde esté dorado con algún punto oscuro y la base suene hueca y seca al golpearla con el nudillo por debajo. Si la ves pálida a los 14 minutos, dale 2 minutos más.

Consejo: Al posar la masa sobre metal a 250 grados, la conducción directa gelatiniza el almidón y coagula el gluten de la cara inferior en menos de un minuto, formando una lámina rígida antes de que la humedad de la verdura pueda migrar hacia abajo. Ese es todo el secreto del crujiente. Amontonar la escalivada arruina el mecanismo: cada capa extra libera vapor que satura el aire sobre la masa, frena la reacción de Maillard del borde y reblandece la base desde arriba. La señal acústica es más fiable que el color; si al golpear suena sordo y blando, aún hay agua libre dentro y la coca se ablandará en cuanto se enfríe.

08

Paso 08

Saca la coca y déjala 2 minutos sobre una rejilla para que el vapor del fondo escape. Coloca los 12 filetes de anchoa en crudo repartidos en diagonal, esparce los 20 g de piñones previamente tostados en sartén seca 2 minutos hasta que estén rubios, y termina con un hilo del jugo emulsionado que reservaste y los 3 g de sal en escamas. Corta en rectángulos con un cortador de rueda y sirve templada, entre 40 y 50 grados.

Consejo: La anchoa del Cantábrico es una semiconserva madurada meses en sal, donde las catepsinas del propio pescado han hidrolizado sus proteínas en aminoácidos libres y péptidos cortos: de ahí su umami y su textura mantecosa. Ese trabajo se destruye con el horno, porque por encima de 55-60 grados el colágeno restante se contrae, expulsa el aceite y el filete se vuelve fibroso y salado en seco. Colocada en crudo sobre la verdura tibia se atempera lo justo. Con los piñones ocurre algo parecido por otra vía: superan el 45 por ciento de grasa y pasan de rubios a quemados en menos de un minuto, así que tuéstalos aparte y vigilándolos.

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Maridaje

Priorat tinto joven

Priorat, España

Su fruta madura y su mineralidad de licorella aguantan el ahumado de la escalivada y la potencia de la anchoa.

Cava Brut Reserva

Penedès, España

La burbuja limpia la sal de la anchoa y refresca el dulzor de las verduras asadas; maridaje catalán clásico.

Garnacha Blanca del Empordà

Empordà, España

Un blanco con cuerpo y notas herbáceas que dialoga con el aceite y el vegetal ahumado.

Galería

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