Codornices rellenas de foie en plato de cerámica gris piedra: aves doradas napadas con salsa de Pedro Ximénez y uvas, con su corazón de foie.
EspañolaAvanzado1 h 15 minAves de Corral

Codorniz Rellena de Foie y Uvas al Pedro Ximénez

La codorniz rellena de foie es uno de esos platos que la cocina española de banquete tomó prestados del recetario francés y adaptó con producto propio: el vino que la baña es Pedro Ximénez del marco de Jerez, elaborado con uva asoleada durante días hasta concentrar más de trescientos gramos de azúcar por litro. El ave, deshuesada y con un corazón de hígado graso que se funde durante el asado, se dora primero en sartén y se termina en horno fuerte para que la carne quede sonrosada. La reducción de Pedro Ximénez con el jugo del asado se convierte en un almíbar oscuro y brillante, y las uvas apenas salteadas devuelven el frescor ácido que el dulce y la grasa reclaman. Es un plato de fiesta, de contrastes medidos y ejecución exigente.

Tiempo Total
1 h 15 min
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 15 min
01

Paso 01

Abre las 4 codornices deshuesadas sobre la tabla y sazona su interior con 4 g de la sal fina y 1 g de pimienta negra. Saca los 120 g de foie de la nevera en el último momento y córtalo en 4 tacos de 30 g con un cuchillo mojado en agua caliente. Devuélvelos al frío. Lava los 150 g de uvas, sécalas y pártelas por la mitad si son grandes. Ten a mano los 150 ml de Pedro Ximénez, los 150 ml de caldo y 2 m de hilo de bridar.

Consejo: El foie es entre un cincuenta y un sesenta por ciento grasa, y esa grasa, muy rica en ácido oleico, empieza a licuarse hacia los 26-35 °C, una temperatura que la mano alcanza sin esfuerzo. Por eso se corta recién sacado de la nevera y con la hoja caliente, que atraviesa limpiamente en lugar de arrastrar. El error típico es dejarlo atemperar sobre la tabla mientras preparas lo demás: en diez minutos los bordes se redondean, el taco se vuelve pastoso y suelta una película grasa que impide después cerrar bien el ave y sellar la piel. Sazona solo el interior de la codorniz.

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Paso 02

Introduce un taco de 30 g de foie en la cavidad de cada codorniz, empujándolo hasta el centro para que quede rodeado de carne por todos lados. Cierra el ave sobre sí misma solapando la piel y brídala dando tres vueltas de hilo alrededor del cuerpo y una que sujete los muslos contra la pechuga. Aprieta lo justo para que quede compacta y con forma de barril: el hilo debe marcar la piel sin llegar a hundirse en ella.

Consejo: El bridado no es estética, es geometría térmica. Un ave suelta tiene muslos y alones que sobresalen y se secan mucho antes de que la pechuga llegue a punto, mientras que un cuerpo compacto y casi cilíndrico recibe el calor de forma uniforme por toda su superficie. Además cierra físicamente la cavidad para que la grasa que suelte el foie no se escape en el horno. El error típico es apretar demasiado: al calentarse, las fibras musculares se contraen entre un quince y un veinte por ciento y el hilo, que no cede, corta la piel y abre una vía de fuga para toda la grasa.

03

Paso 03

Seca la piel de las codornices con papel de cocina y sazónala con los 2 g de sal restantes. Calienta los 45 ml de aceite de oliva en una sartén de fondo grueso hasta que ondule sin humear. Dora las 4 codornices unos 4 minutos en total, girándolas con pinzas cada minuto sobre las cuatro caras, hasta que la piel esté uniformemente avellanada. Pásalas a una fuente de horno sin apretarlas unas contra otras y reserva la sartén con el fondo.

Consejo: La reacción de Maillard entre los aminoácidos de la piel y sus azúcares no arranca hasta los 140 °C, y mientras quede agua en la superficie la piel no pasa de 100 °C, así que secarla es la mitad del trabajo. Cuatro minutos son el techo: la codorniz pesa apenas 150 g y con más tiempo en la sartén la pechuga ya estaría hecha antes de entrar en el horno. El error típico es amontonar las cuatro aves en una sartén pequeña: el vapor que sueltan no escapa, la temperatura cae por debajo del umbral y en lugar de dorarse quedan grises y con la piel flácida.

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Paso 04

Mete la fuente en el horno precalentado a 200 °C durante 12-15 minutos. Comprueba el punto clavando un termómetro en la pechuga sin tocar el relleno: debe marcar entre 60 y 62 °C. La piel estará caoba y en la fuente habrá aparecido un jugo dorado y algo de grasa fundida. Saca las codornices a una rejilla y déjalas reposar 5 minutos sin taparlas del todo, guardando todos los jugos de la fuente para la salsa.

Consejo: Aquí se juega la carrera entre dos temperaturas. La grasa del foie funde desde los 26-35 °C, mientras que la pechuga necesita llegar a 60-62 °C para estar jugosa y sonrosada, así que el relleno se derretiría entero si el asado se alarga. La solución es el horno fuerte y corto: un taco compacto de 30 g partido de frío tarda en subir de temperatura en el centro y llega fundente pero entero. El error típico es asar a 160 °C durante media hora, y el síntoma es inconfundible, una cavidad vacía y un charco de grasa amarilla en la fuente.

05

Paso 05

Desglasa la sartén del dorado con los 150 ml de Pedro Ximénez raspando el fondo y pásalo a un cazo con los 150 ml de caldo de ave y todos los jugos de la fuente del asado. Reduce a fuego medio de 8 a 10 minutos, hasta dejarlo en unos 120 ml y que napé el dorso de una cuchara dejando un surco limpio al pasar el dedo. Retira del fuego, espera a que baje de 80 °C y monta con los 20 g de mantequilla fría en dados.

Consejo: El Pedro Ximénez lleva entre 300 y 450 g de azúcar por litro, así que la reducción concentra ese azúcar muy deprisa y la viscosidad se dispara en los últimos dos minutos. No hay caramelización real, que exigiría 160 °C, sino concentración más reacción de Maillard entre esos azúcares y los aminoácidos del caldo y del jugo del asado. La mantequilla se monta fuera del fuego porque su emulsión solo aguanta por debajo de 80 °C. El error típico es reducir de más: al enfriarse el almíbar cristaliza en el plato y se pega a los dientes como un caramelo blando.

06

Paso 06

Devuelve el cazo al fuego más suave y añade los 150 g de uvas a la salsa de Pedro Ximénez. Saltéalas moviendo el cazo en vaivén durante 60-90 segundos, sin cuchara, hasta que estén calientes, brillantes y hayan soltado apenas unas gotas de su jugo en la salsa. Deben conservar la piel tersa y ceder solo un poco a la presión. Retira el cazo del fuego en cuanto veas la primera uva empezar a arrugarse.

Consejo: La uva dentro de un almíbar tan concentrado está en el peor escenario osmótico posible: la diferencia de concentración entre la salsa y el interior de la baya arranca agua a través de la piel en cuestión de minutos, y por eso la primera arruga es la señal de parada. Al mismo tiempo el calor degrada la pectina de la pared celular, que por encima de unos 85 °C sostenida pierde firmeza y la baya revienta. Un minuto y medio es el máximo. El error típico es removerlas con cuchara buscando que se impregnen: la fricción rompe las pieles y la salsa se aguada y se vuelve turbia.

07

Paso 07

Corta el hilo de bridar con la punta de unas tijeras y retíralo tirando en el sentido de las vueltas, sujetando el ave con la otra mano para no descoserla. Coloca una codorniz en el centro de cada plato de cerámica gris piedra, con la pechuga más dorada hacia arriba. Napa con 2 cucharadas de la salsa de Pedro Ximénez vertida desde poca altura sobre el lomo y reparte las uvas alrededor de la base.

Consejo: Retirar el hilo en el sentido de las vueltas y no de un tirón importa porque durante el asado la piel se ha contraído y ha quedado atrapada bajo la hebra; tirar en perpendicular arranca la piel dorada justo por la línea del bridado y deja la carne al descubierto. La salsa se vierte desde baja altura y sobre el lomo por una cuestión de viscosidad: una reducción con más de trescientos gramos de azúcar por litro es un fluido espeso que desde alto salpica y se acumula en el fondo del plato en vez de repartirse en capa fina sobre la piel.

08

Paso 08

Lleva los platos a la mesa de inmediato, calientes y con la salsa aún brillante. La codorniz debe estar por encima de 55 °C en el interior y el foie fundente al abrirla con el cuchillo, tiñendo la carne de la pechuga. Acompaña con un puré de patata o unas patatas panadera que recojan la salsa sobrante. Si has preparado más salsa, sírvela aparte en una jarrita templada para que no espese antes de llegar a la mesa.

Consejo: La urgencia tiene una razón medible: la viscosidad de una reducción azucarada crece de forma exponencial al enfriarse, y esta salsa que a 70 °C cae en cinta ancha se convierte en una capa mate y pegajosa por debajo de 45 °C. Además la grasa del foie que ha empapado la pechuga vuelve a solidificar hacia los 30 °C y deja una sensación cerosa en el paladar en lugar de fundirse. El error típico es emplatar las cuatro codornices y esperar a que se sienten los comensales; a los cinco minutos la salsa ya no brilla y la piel ha perdido el crujido.

#Española#Avanzado#1 h 15 min#Aves de Corral
Maridaje

Pedro Ximénez (para el postre del plato)

Montilla-Moriles, España

El mismo vino de la salsa, dulce y de pasas, refuerza el carácter goloso del plato; un maridaje de contraste con el ave y el foie.

Rioja Reserva

Rioja, España

Con crianza y cuerpo, equilibra el dulzor de la salsa y acompaña el ave rellena de foie con elegancia.

Oloroso seco

Jerez, España

Nuez y notas oxidativas que dialogan con el foie y el PX sin sumar dulzor, un maridaje sofisticado.

Galería

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