
Criadillas Rebozadas con Alioli de Perejil
Las criadillas son uno de esos manjares de casquería que la gastronomía española ha reivindicado desde siempre sin complejos, especialmente en tierras de Castilla, Extremadura y Andalucía, ligadas a la matanza y a las fiestas taurinas. Se trata de los testículos del animal, habitualmente de cordero o de ternera, una víscera de textura sorprendentemente fina, cremosa y suave, de sabor delicado y lácteo que poco tiene que ver con la intensidad ferrosa del hígado o el corazón. Rebozadas y fritas son un bocado clásico de taberna: una corteza crujiente y dorada que envuelve un interior tierno y untuoso, casi mantecoso. Es una preparación humilde pero exquisita, que exige sobre todo una limpieza cuidadosa y una fritura bien entendida. El alioli de perejil, esa emulsión mediterránea de ajo, aceite y verde fresco, es su acompañante ideal: aporta un contrapunto punzante y una cremosidad que dialoga con la del interior de la criadilla, mientras el ajo levanta el conjunto. Un plato para comensales curiosos y sin prejuicios, que descubren en la casquería una elegancia inesperada. Servidas bien calientes, recién sacadas de la sartén, son puro placer canalla.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 50 minPreparar criadillas
Escalda brevemente las criadillas en agua hirviendo y pásalas enseguida a agua helada: ese choque contrae la membrana exterior y permite retirarla de una pieza haciendo una pequeña incisión y tirando con los dedos. Esa membrana es imprescindible quitarla, porque al freír se contrae y deja el medallón duro. Córtalas en medallones de un dedo y prepara los platos de harina y huevo.
Consejo: Retirar la telilla nacarada es clave: si la dejas, se encoge al freír y deforma la pieza. Escaldar unos segundos facilita mucho el pelado.
Majar ajos y yema
Maja los dos dientes de ajo con una pizca de sal en el mortero hasta obtener una pasta lisa, sin trozos. Añade la yema y empieza a incorporar los 200 ml de aceite en hilo finísimo, casi gota a gota al principio, moviendo siempre en el mismo sentido. Los primeros minutos deciden la emulsión: si aceleras, se corta y hay que empezar de nuevo.
Consejo: La paciencia es todo: el aceite demasiado rápido rompe la emulsión. Si se corta, arráncalo de nuevo con otra yema e incorpora la mezcla cortada poco a poco.
Terminar el alioli
Termina el alioli con la cucharadita de zumo de limón y las dos cucharadas de perejil picado, mezclando con suavidad y en el último momento para que conserve el verde vivo. El perejil batido en exceso se oxida y oscurece la salsa. Prueba, ajusta de sal y resérvalo tapado en la nevera hasta servir.
Consejo: Incorpora el perejil al final para que no se oxide ni se apague; el limón, además de aroma, ayuda a estabilizar la emulsión.
Rebozar los medallones
Salpimenta los medallones y pásalos primero por harina, sacudiendo el exceso hasta dejar apenas un velo, y después por huevo batido, escurriendo bien contra el borde del plato. Reboza justo antes de freír, nunca con antelación: la criadilla suelta humedad y el rebozado se despega en el aceite si espera.
Consejo: Sacude bien la harina sobrante: un exceso forma grumos que se queman en el aceite y ensucian la fritura.
Calentar el aceite
Calienta los 500 ml de aceite hasta los 180 °C. Comprueba con un dado de pan, que debe dorarse en unos 30 segundos rodeado de burbujas vivas. Si el pan se queda en el fondo, falta temperatura y la criadilla absorberá aceite; si se tuesta al instante, está pasado y el rebozado se quemará antes de que el interior se caliente.
Consejo: Con termómetro es infalible; sin él, el pan es tu guía. Aceite frío empapa el rebozado, aceite humeante lo quema antes de que cuaje el interior.
Freír los medallones
Fríe los medallones en tandas pequeñas, sin saturar la sartén, un par de minutos hasta que estén dorados y crujientes por fuera. Con muchos a la vez la temperatura se desploma y el rebozado se empapa. El interior debe quedar tierno y cremoso, nunca seco: la criadilla se pasa enseguida y entonces se vuelve harinosa.
Consejo: Freír de golpe demasiadas piezas baja la temperatura del aceite y el rebozado se empapa; mejor pocas y en varias tandas.
Escurrir y salar
Escúrrelas sobre una rejilla, nunca sobre papel ni amontonadas, para que el aire circule por debajo y el vapor escape en lugar de reblandecer el rebozado. Sálalas ligeramente en caliente, recién salidas, cuando la superficie grasa retiene las escamas. Deja recuperar la temperatura del aceite entre tanda y tanda.
Consejo: La rejilla es mejor que el papel absorbente: sobre papel, la base queda al vapor y pierde el crujiente que tanto cuesta lograr.
Emplatar y servir
Sirve las criadillas recién fritas y bien calientes en plato de cerámica, con el alioli de perejil en un cuenco aparte para mojar y unos gajos de limón. La salsa va siempre al lado y nunca por encima: el alioli reblandecería el rebozado en segundos y perderías el contraste entre el crujiente y el interior cremoso.
Consejo: Sirve al instante: cada minuto que pasa la costra pierde crujiente. Un toque de limón exprimido en el momento realza el sabor lácteo de la víscera.
Rueda Verdejo
D.O. Rueda (Castilla y León)
Fresco, con acidez cítrica y un fondo anisado, limpia la grasa de la fritura y realza el sabor delicado y lácteo de la criadilla sin taparlo.
Cava Brut Nature
D.O. Cava (Penedès, Cataluña)
Sus burbujas y su acidez seca hacen de contrapunto perfecto a lo frito y a la untuosidad del alioli, refrescando el paladar en cada bocado.
Manzanilla de Sanlúcar
D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda (Andalucía)
Salina, punzante y muy seca, es el clásico de tasca para acompañar casquería frita; su crianza bajo velo aporta matices que casan con el ajo del alioli.
Galería
8 imágenesRecetas Relacionadas

Gamba de Huelva Cocida con Sal Marina de Cádiz

Ajoblanco de Piñones con Melón y Albahaca

Caballa Escabechada con Zanahoria y Cebolla

Perdiz Roja a la Toledana con Escabeche Templado

Angulas de Monte con Ajo, Guindilla y Huevo

Idiazábal Ahumado con Membrillo y Nuez

Cordero Lechal Confitado 12 Horas con Puré de Ajo Asado
