Paella valenciana de pollo, conejo y garrofó en paellera ancha, arroz azafranado seco con presas doradas, judía plana y alubias blancas
ValencianaMedio1 h 25 min (30 min de dorado y sofrito + 25 min de caldo corto + 18 min de arroz + 5 min de reposo)Arroces

Paella Valenciana de Pollo, Conejo y Garrofó

La paella valenciana es un plato con denominación de origen no escrita y una lista de ingredientes que la Denominación de Origen Arroz de Valencia fija en diez: pollo, conejo, judía plana, garrofó, tomate, aceite, agua, azafrán, sal y arroz. Nació en la Albufera como comida de campo, cocinada al mediodía sobre leña de naranjo por los peones que tenían a mano lo que la huerta y el corral daban, y su forma —ancha y de poca altura— responde a una necesidad física: maximizar la superficie de evaporación para que el grano quede seco y suelto. El garrofó, una alubia plana y mantecosa casi exclusiva de la comarca, es el ingrediente que más se echa de menos cuando falta. Sin marisco, sin chorizo, sin cebolla y sin tapar: esa es la receta.

Tiempo Total
1 h 25 min (30 min de dorado y sofrito + 25 min de caldo corto + 18 min de arroz + 5 min de reposo)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 25 min (30 min de dorado y sofrito + 25 min de caldo corto + 18 min de arroz + 5 min de reposo)
01

Paso 01

Si usas garrofó seco, ponlo a remojo 12 h antes y cuécelo 40 minutos. Trocea 500 g de pollo y 400 g de conejo en piezas con hueso de 50-70 g, sálalos con 6 g de sal y sécalos muy bien. Corta 200 g de judía plana en trozos de 5 cm, ralla 200 g de tomate y tuesta 0,4 g de azafrán 30 segundos en sartén seca. Ten preparados 1,2 l de agua templada y la rama de romero.

Consejo: Aquí se usa agua y no caldo, y no es una carencia sino la receta: la paella valenciana construye su propio caldo dentro de la paellera durante la cocción de las carnes, y por eso las presas van con hueso. El hueso aporta colágeno y médula, y el agua de baja mineralización se elige porque el calcio y el magnesio de un agua dura endurecen la pectina de la judía y del garrofó, que tardan entonces mucho más en ablandarse.

02

Paso 02

Coloca la paellera de 46 cm sobre el fuego, nivélala con ayuda de un poco de agua en el centro y calienta los 100 ml de aceite picual. Dora las presas de pollo y conejo a fuego medio-alto durante 20 minutos, girándolas cada tres o cuatro, hasta que todas tengan una costra dorada oscura y uniforme. Empújalas hacia los bordes de la paellera dejando el centro libre.

Consejo: Veinte minutos de dorado parecen muchos y son el alma del plato: no se trata de cocinar la carne, que terminará en el arroz, sino de generar melanoidinas de Maillard y dejarlas adheridas al fondo, donde el sofrito y el agua las disolverán. Nivelar la paellera antes de empezar no es manía: un desnivel de tres milímetros en 46 cm concentra el agua en un lado, y ese sector se pasa mientras el opuesto queda crudo. El truco del agua en el centro lo revela al instante.

03

Paso 03

En el centro libre, saltea los 200 g de judía plana durante 5 minutos hasta que vire a verde intenso y empiece a marcarse con puntos dorados. Añade el garrofó cocido y saltea 2 minutos más con cuidado de no romperlo. Empuja las verduras hacia los bordes junto a las carnes y deja de nuevo el centro despejado para el sofrito.

Consejo: El verde intenso de la judía aparece cuando el calor desnaturaliza las proteínas que rodean la clorofila y la dejan expuesta; a partir de ahí, cualquier exposición prolongada a un medio ácido sustituye el magnesio central de la molécula por hidrógeno y el color vira a oliva apagado. Como el tomate del sofrito es ácido y la cocción es larga, ese viraje es inevitable en la paella valenciana clásica y forma parte de su aspecto: el verde chillón es señal de judía cruda.

04

Paso 04

Añade los 200 g de tomate rallado al centro de la paellera y cocina 10 minutos a fuego medio removiendo esa zona, hasta que oscurezca a color teja y el aceite suba limpio por los bordes. Retira la paellera del fuego, añade las 1,5 cucharaditas de pimentón de La Vera, remueve 20 segundos e integra rápidamente con el tomate antes de volver al calor.

Consejo: El pimentón es el ingrediente que más paellas ha arruinado. Sus carotenoides y su capsantina se degradan por encima de 120 °C en cuestión de segundos, y el fondo de una paellera después de veinte minutos de dorado está muy por encima de esa temperatura. Fuera del fuego y mezclado de inmediato con el tomate, que aporta agua y baja la temperatura local a menos de 100 °C, el pimentón conserva su dulzor y su color. Quemado, deja un amargor metálico irreversible.

05

Paso 05

Vierte los 1,2 l de agua templada hasta cubrir todo, añade el azafrán tostado desmenuzado, la rama de romero y los caracoles si los usas. Lleva a hervor fuerte y cuece 25 minutos destapado, hasta que el líquido baje aproximadamente hasta los remaches de las asas de la paellera. Retira el romero a los 10 minutos y rectifica de sal: el caldo debe saber claramente salado.

Consejo: Estos 25 minutos son el caldo del plato, hecho dentro de la propia paellera: el colágeno de los huesos de pollo y conejo se hidroliza en gelatina, las melanoidinas del fondo se disuelven y el agua se convierte en un fondo con cuerpo. El romero se retira a los diez minutos porque sus aceites esenciales —alcanfor, cineol— son muy volátiles y con más tiempo dominan el azafrán. El nivel de los remaches es la referencia tradicional para saber cuánto líquido queda antes del arroz.

06

Paso 06

Echa los 400 g de arroz bomba en forma de cruz de lado a lado de la paellera y repártelo de una sola pasada con la espumadera, dejando la superficie completamente plana. No vuelvas a tocarlo nunca más. Sube a fuego máximo con hervor turbulento durante 8 minutos, y baja después a fuego medio-bajo durante 8 minutos, girando la paellera un cuarto de vuelta cada dos.

Consejo: Echar el arroz en cruz es un método de medición, no un ritual: el caballete de arroz que se forma debe asomar apenas sobre el líquido, y si sobresale mucho es que falta agua o sobra arroz. Repartir en una sola pasada y no volver a remover es lo que mantiene la amilopectina en la superficie del grano en lugar de dispersarla en el caldo, que es exactamente la diferencia entre el grano suelto de un arroz seco y la crema de un meloso.

07

Paso 07

A los 16 minutos comprueba el punto: el arroz debe estar tierno con un punto blanco mínimo en el centro y la superficie ya sin líquido visible, con los granos ligeramente separados y algún cráter de vapor. Si notas que aún queda caldo, sube el fuego un minuto más; si el arroz está duro y no queda agua, añade 50 ml de agua hirviendo por los bordes sin remover.

Consejo: El punto del arroz se juzga con el diente y no con el reloj: un grano correcto de bomba opone una resistencia mínima en el centro que desaparece durante los cinco minutos de reposo. Los cráteres de vapor en la superficie son la señal visual de que el líquido inferior se está evaporando y de que el socarrat está a punto de empezar. Añadir agua por los bordes y nunca por el centro evita arrastrar el arroz y deshacer la capa plana.

08

Paso 08

Sube a fuego máximo 60-90 segundos hasta oír un crepitar seco y percibir olor a tostado desde el fondo. Apaga en cuanto lo notes, tapa con un paño limpio o con papel de periódico a la manera tradicional y reposa 5 minutos exactos. Sirve directamente en la paellera, comiendo desde el borde hacia el centro y raspando el fondo con la cuchara para llevarse el socarrat.

Consejo: El socarrat se forma cuando la lámina inferior de arroz se queda sin líquido y su temperatura salta de 100 °C a 170-180 °C en segundos, disparando a la vez la caramelización de los azúcares del almidón y la reacción de Maillard con los aminoácidos del caldo. La señal es acústica: el borboteo húmedo se convierte en un crepitar seco y agudo. Entre ese sonido y el sabor a quemado hay unos veinte segundos, así que apaga en cuanto lo escuches y no esperes a olerlo con claridad.

#Valenciana#Medio#1 h 25 min (30 min de dorado y sofrito + 25 min de caldo corto + 18 min de arroz + 5 min de reposo)#Arroces
Maridaje

Tinto de monastrell y garnacha tintorera D.O. Alicante, joven de viñedo viejo

Alicante, España

La paella valenciana es un plato de carne de corral y de campo, no de mar, y admite tinto sin reservas. La monastrell alicantina, con su fruta negra madura, sus notas de monte bajo —romero, tomillo, jara— y su tanino redondo, es un espejo aromático del romero del sofrito y de la carne de conejo de campo. Elige un joven o un roble corto: un crianza largo taparía el azafrán con vainillina. Su acidez media limpia la grasa del pollo dorado sin agredir. Sirve a 15 °C, ligeramente fresco.

Blanco de merseguera D.O. Valencia, sin madera

Valencia, España

La merseguera es la uva histórica de la huerta valenciana y la opción tradicional para el arroz seco. Su perfil discreto —almendra amarga, hinojo, manzana— es precisamente su virtud: un blanco muy aromático competiría con el safranal del azafrán, que es el aroma dominante y más frágil del plato. Su acidez moderada y su cuerpo ligero acompañan la judía y el garrofó, cuyo sabor vegetal y mantecoso queda arrasado por vinos más potentes. Sirve a 10-11 °C en copa de tallo largo.

Cava de Guarda Superior Reserva Brut Nature, macabeo y parellada

Penedès, Cataluña, España

La tercera vía es la burbuja, y en un plato con cien mililitros de aceite y veinte minutos de dorado tiene todo el sentido. La carbónica de la segunda fermentación arrastra la grasa de la lengua mecánicamente, algo que ningún vino tranquilo hace, y los quince meses mínimos de crianza aportan notas de bollería y almendra que emparejan con el arroz tostado del socarrat. El dosaje cero evita que ningún azúcar residual choque con el amargor de fondo del azafrán. Sirve a 7-8 °C en copa ancha.

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