
Arroz al Horno con Garbanzos, Panceta y Morcilla
El arròs al forn es hijo directo del puchero del domingo: en las casas valencianas se guardaban los garbanzos y la carne sobrantes del cocido del día anterior y con ellos se montaba, el lunes, una cazuela de barro que se llevaba al horno de leña del pueblo. De ahí vienen sus dos señas de identidad, la patata en rodajas que corona la superficie y la cabeza de ajos entera plantada en el centro, que no es adorno sino termostato: marca el nivel del caldo y perfuma el vapor desde dentro. Es un arroz seco de horno, sin remover jamás, donde el grano se cocina por calor radiante en lugar de por convección, y esa diferencia lo cambia todo. Sale más firme, más tostado por arriba y con un fondo denso de panceta, morcilla y garbanzo que ningún arroz de fuego directo consigue.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 15 min total (25 min mise en place · 20 min sofrito · 45 min horno)Paso 01
Precalienta el horno a 220 °C con calor arriba y abajo y la bandeja en el segundo nivel desde abajo. Pesa y ordena: 200 g de panceta en dados de 2 cm, 160 g de morcilla en rodajas de 1,5 cm, 200 g de garbanzo cocido escurrido, 250 g de patata en rodajas de 8 mm, 150 g de tomate en rodajas de 1 cm, la cabeza de ajos entera, 320 g de arroz bomba y 700 ml de caldo de cocido desgrasado. Ten la cazuela de barro de 32 cm a mano.
Consejo: El caldo tiene que estar desgrasado en frío, retirando la placa de grasa solidificada de la superficie, no colado en caliente. En un arroz de horno la grasa flotante no se emulsiona con nada: sube durante los cuarenta y cinco minutos de cocción y se deposita sobre la patata, que sale aceitosa en lugar de tostada. La panceta y la morcilla ya aportan toda la grasa que el plato necesita, alrededor de 40 g entre las dos.
Paso 02
Calienta 60 ml de aceite en una sartén amplia a fuego medio-alto y dora los 200 g de panceta 6 minutos, sin moverla los primeros 3, hasta que forme costra dorada por dos caras y haya soltado su grasa. Retírala a un plato. En la misma grasa marca las rodajas de morcilla 40 segundos por cara, solo hasta que sellen; retíralas con cuidado y déjalas aparte sin apilar.
Consejo: La morcilla de cebolla valenciana lleva alrededor de un 50 % de cebolla pochada y muy poca proteína ligante, así que si la mueves se deshace y tiñe todo el arroz de gris. Cuarenta segundos por cara bastan para que la superficie coagule y forme una piel que la mantiene entera durante los cuarenta y cinco minutos de horno. Sácala con espátula, nunca con pinzas, y no la apiles caliente porque se pega entre rodajas y se rompe al separarla.
Paso 03
Baja el fuego a medio y fríe en la misma grasa las rodajas de patata 5 minutos por cara, hasta que estén doradas por fuera pero todavía firmes al pinchar. Retíralas sobre papel de cocina. Fríe después las rodajas de tomate 90 segundos por cara, solo hasta marcarlas, y resérvalas aparte sin que toquen la patata.
Consejo: La patata se sella pero no se cocina: dentro del horno terminará de hacerse absorbiendo el vapor del caldo, y si la fríes hasta ablandarla acabará deshecha y arenosa. El dorado previo también cumple una función de barrera, la costra de almidón gelatinizado frena la entrada de líquido y evita que la rodaja se empape y se hunda en el arroz. Compruébalo pinchando con la punta del cuchillo: debe entrar con resistencia clara.
Paso 04
En la misma sartén, con la grasa ya perfumada, sofríe los 12 g de ajo picado 40 segundos a fuego medio sin que tome color. Añade los 150 g de tomate rallado y cocina 10 minutos removiendo cada minuto, hasta que se oscurezca a color teja y el aceite suba limpio a la superficie. Retira del fuego, añade los 5 g de pimentón, remueve 10 segundos e incorpora los 200 g de garbanzos escurridos.
Consejo: El pimentón entra siempre con la sartén fuera del fuego porque sus capsantina y capsorubina se degradan por encima de 140 °C en apenas cinco segundos, dejando un amargor que después se reparte por todo el arroz. Y el sofrito debe reducirse hasta que el aceite se separe: cualquier agua de vegetación que quede en el tomate se sumará a los 700 ml de caldo y desequilibrará la proporción de 2,2 a 1 que necesita este arroz de horno.
Paso 05
Vuelca el sofrito con los garbanzos en la cazuela de barro de 32 cm y extiéndelo en capa uniforme. Añade los 320 g de arroz bomba y remueve 1 minuto a fuego medio directo sobre la placa, hasta que cada grano quede envuelto en grasa y con los bordes translúcidos. Reparte por encima la panceta dorada y presiona la cabeza de ajos entera en el centro, hundiéndola hasta la mitad.
Consejo: Esta es la última vez que se remueve el arroz: a partir de aquí, ni una cuchara más. La cabeza de ajos hundida hasta la mitad funciona como referencia visual del nivel de caldo, debe quedar siempre asomando; si se sumerge del todo has puesto líquido de más. Además, sus dientes cerrados cuecen al vapor dentro de su propia piel y liberan compuestos azufrados dulces sin la agresividad del ajo picado.
Paso 06
Vierte los 700 ml de caldo hirviendo con los 0,2 g de azafrán desmenuzado, los 7 g de sal y la pimienta, repartiéndolo por los bordes de la cazuela y no sobre el centro. Sacude la cazuela para nivelar sin remover. Coloca encima, alternando y en círculo, las rodajas de patata, las de tomate y las de morcilla, dejando la cabeza de ajos visible en el medio.
Consejo: El caldo se vierte por el borde y no sobre el arroz por una razón mecánica: el chorro directo excava el lecho de grano y deja zonas de dos centímetros de arroz junto a zonas de medio, que cocerán a velocidades distintas. Y debe entrar hirviendo, no templado, porque en el barro la inercia térmica es enorme y un caldo frío tarda ocho minutos en recuperar temperatura, tiempo durante el cual el grano se hidrata sin cocer y luego revienta.
Paso 07
Introduce la cazuela en el horno a 220 °C durante 20 minutos sin abrir la puerta. Baja entonces a 200 °C y continúa 15 minutos más, hasta que el caldo haya desaparecido de la superficie, el grano esté seco y suelto y las patatas de arriba tengan los bordes tostados. Si a los 30 minutos ves la superficie pálida, sube el gratinador 3 minutos vigilando sin apartarte.
Consejo: El horno cocina este arroz por radiación desde arriba y conducción desde el barro, no por convección de un líquido en ebullición como en la paella; por eso el grano queda más firme y con menos almidón liberado. La franja de 200 a 220 °C es la que permite que la superficie llegue a Maillard mientras el interior termina de absorber. Por debajo de 190 °C el arroz se hidrata sin tostarse y sale blando y sin carácter.
Paso 08
Saca la cazuela del horno y déjala reposar 5 minutos sobre una tabla de roble, destapada. Comprueba con una cuchara en un borde que el grano está entero, seco y separado. Lleva la cazuela de barro directamente a la mesa sobre la tabla, con la cabeza de ajos en el centro para que cada comensal exprima un diente sobre su ración, y sirve con cuchara de madera.
Consejo: El barro sigue radiando calor durante más de diez minutos después de salir del horno, así que los cinco de reposo son suficientes para igualar la humedad del grano sin que se pase de punto; a partir del séptimo el arroz de la base empieza a apelmazarse contra la pared caliente. No lo tapes nunca: el vapor atrapado condensa sobre la patata tostada y deshace en un minuto la costra que has tardado treinta y cinco en conseguir.
Bobal de Utiel-Requena, crianza corta
Utiel-Requena, España
La Bobal es la uva del interior valenciano y comparte territorio con el plato. Su acidez natural alta para un tinto mediterráneo, con pH en torno a 3,4, corta la grasa fundida de la panceta y la untuosidad de la morcilla de cebolla, mientras sus taninos medios y su fruta negra sostienen el tostado de la patata sin taparlo. Una crianza corta en roble, de seis a ocho meses, aporta la especia justa. Servir a 15 °C.
Cariñena vieja de Montsant
Montsant, Cataluña
Las cepas viejas de Cariñena en suelo de licorella dan un tinto de fruta roja tensa y acidez cortante que actúa como contrapunto directo a la densidad del garbanzo y del arroz de horno. Su marcada mineralidad pizarrosa y su final ligeramente salino levantan un plato que, por naturaleza, tiende a la contundencia. Servir a 15 °C y decantar veinte minutos.
Beaujolais-Villages
Borgoña, Francia
La Gamay vinificada con maceración carbónica parcial ofrece taninos muy bajos, fruta roja jugosa y una acidez viva que limpia el paladar entre bocado y bocado sin competir con la morcilla, un ingrediente que aplasta a cualquier tinto estructurado. Es el maridaje de contraste ligero, pensado para plato graso y contundente. Servir fresco, a 13 °C.
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