Rare roasted pigeon breast with glossy dark blood-thickened cherry and cocoa sauce, black cherries, on a matte black plate, soft left window light, faint steam, fine dining presentation
Caza y Aves de CazaAvanzado1 h 15 minCaza y Piezas de Monte

Pichón a la Sangre con Cerezas Negras y Cacao

El pichón a la sangre es una de las cumbres de la cocina clásica francesa de caza: el ave se asa entera y se sirve rosada, y con sus carcasas troceadas se levanta una salsa salmis que al final se liga con la propia sangre, una técnica de los recetarios del siglo XIX que hoy sobrevive en muy pocas casas. Esa ligazón aporta una textura sedosa y un fondo mineral que ninguna harina ni ninguna nata pueden imitar. Las cerezas negras ponen la acidez y la fruta oscura que aligeran el conjunto, y diez gramos de cacao puro subrayan las notas ferrosas y silvestres del pichón. Es un plato técnico, de margen de cocción estrechísimo y ejecución de restaurante.

Tiempo Total
1 h 15 min
Dificultad
Avanzado
Raciones
2 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 15 min
01

Paso 01

Saca los 2 pichones de la nevera 30 minutos antes y déjalos templar hasta que el interior del muslo marque 14-15 °C. Sálalos por dentro y por fuera con 8 g de sal fina y 2 g de pimienta negra recién molida, y bridalos con hilo pegando muslos y alones al cuerpo. Pesa aparte 40 g de chalota, 100 ml de vino tinto, 80 ml de oporto, 150 g de cerezas y 10 g de cacao. Ten los 250 ml de fondo oscuro a 80 °C y los 45 ml de sangre en un cuenco frío.

Consejo: La sangre coagula sola en cuanto sale del animal: la trombina convierte el fibrinógeno en fibrina y forma una red que atrapa las células en unos diez minutos. El frío frena esa cascada enzimática y unas gotas de vinagre bajan el pH lo suficiente para que la trombina pierda actividad, por eso el carnicero te la entrega ya acidulada. Si la recibes con hilos gelatinosos, pásala por un colador fino antes de usarla. Templar el ave tiene otra razón: partir de 14 °C en lugar de 4 °C acorta el horneado unos tres minutos y estrecha la banda gris de carne pasada bajo la piel.

02

Paso 02

Calienta la cocotte a fuego medio-alto con los 30 g de mantequilla y los 15 ml de aceite. Dora los pichones 5-6 minutos girándolos sobre las cuatro caras, hasta que la piel esté uniformemente avellanada y crepite. Mete la cocotte en el horno a 200 °C durante 10-12 minutos, hasta que un termómetro clavado en la parte más gruesa de la pechuga marque 52-54 °C. Sácalos a una rejilla y déjalos reposar 8 minutos cubiertos holgadamente con papel de aluminio.

Consejo: La pechuga de pichón se juega en cuatro grados. La miosina se desnaturaliza entre 50 y 55 °C y ahí la carne pasa de gelatinosa a tierna sin perder agua; la actina lo hace entre 66 y 73 °C, y en ese tramo las fibras se contraen a lo largo y expulsan el jugo de golpe. Por eso 52-54 °C y ni uno más. El aceite mezclado con la mantequilla eleva el punto de humo por encima de los 140-165 °C que exige la reacción de Maillard sin que la caseína se queme. El error típico es no reposar: al trinchar en caliente el jugo se derrama y la carne sabe a hígado seco.

03

Paso 03

Pasados los 8 minutos, apoya cada pichón sobre la tabla y separa los muslos tirando hacia fuera y cortando por la articulación. Desprende las dos pechugas deslizando el cuchillo pegado al esternón. Resérvalas tapadas y templadas a unos 55 °C. Trocea las carcasas y los alones con golpes firmes de cuchillo pesado en pedazos de 3 a 4 cm, sin machacarlos hasta hacer astillas. Son la base de la salsa salmis y deben caber holgadas en la cocotte.

Consejo: Durante el reposo la temperatura interna sube todavía dos o tres grados por inercia térmica y, sobre todo, la red de proteínas ya coaguladas se relaja y vuelve a retener por capilaridad el agua que había expulsado la contracción; por eso una pechuga reposada pierde tres veces menos jugo al cortarla. Trocear las carcasas en pedazos de 3-4 cm multiplica por cuatro la superficie de contacto con el vino y el fondo, y expone el tuétano, rico en grasa y en colágeno. El error típico es machacarlas hasta convertirlas en esquirlas: sueltan polvo de hueso y la salsa queda turbia y áspera.

04

Paso 04

En la misma cocotte sin lavar, dora las carcasas troceadas con los 40 g de chalota durante 5 minutos a fuego vivo, removiendo, hasta que los huesos estén tostados y la chalota transparente. Desglasa con los 80 ml de oporto y los 100 ml de vino tinto raspando el fondo con cuchara de madera hasta despegar toda la costra. Reduce a la mitad, añade los 250 ml de fondo oscuro y cuece 15 minutos a fuego medio. Cuela por chino fino presionando con fuerza.

Consejo: La costra pegada al fondo son melanoidinas y péptidos de Maillard, solubles en agua y en alcohol pero no en grasa: por eso hay que desglasar con líquido y raspar, no limpiar la cocotte. La reducción a la mitad cumple dos funciones a la vez, evaporar el etanol, que hierve a 78 °C y aporta un picor astringente, y concentrar los taninos y los ácidos del vino. El error típico es dorar los huesos hasta el negro buscando color: por encima de 180 °C aparecen compuestos pirolizados amargos que ni el fondo ni la mantequilla final logran tapar, y la salsa sale con regusto a ceniza.

05

Paso 05

En un cazo pequeño, saltea los 150 g de cerezas negras deshuesadas con los 12 g de azúcar a fuego medio durante 2-3 minutos, moviendo el cazo en lugar de remover, hasta que suelten su jugo y el fondo se cubra de un líquido granate. Añade los 5 ml de vinagre de Jerez y cuece un minuto más, hasta que el jugo napé el dorso de la cuchara como un almíbar ligero. Retira del fuego con las cerezas todavía enteras y firmes.

Consejo: El azúcar arranca el jugo por ósmosis antes de que el calor haga nada: la diferencia de concentración entre el almíbar exterior y la vacuola de la cereza saca agua a través de la membrana en menos de un minuto. El vinagre no está solo por el contraste ácido; al bajar el pH por debajo de 3,5 las antocianinas de la cereza pasan a su forma de catión flavilio, que es de un rojo mucho más vivo, así que la salsa gana color visible. El error típico es pasar de tres minutos: la pectina de la pared celular se degrada, la cereza se rompe y acabas con puré en vez de fruta entera.

06

Paso 06

Devuelve la salsa colada al cazo a fuego suave y disuelve los 10 g de cacao puro con la varilla hasta que no queden grumos. Retira del fuego y espera a que baje a 70 °C, comprobándolo con termómetro. Vierte los 45 ml de sangre en hilo fino sin dejar de batir: en unos 30 segundos la salsa espesa y se vuelve brillante y opaca. Fuera del fuego, monta con los 20 g de mantequilla fría en dados, de dos en dos. No la dejes hervir.

Consejo: La sangre espesa por lo mismo que la yema: la globina de la hemoglobina y la albúmina del plasma se despliegan con el calor y forman una red que atrapa agua. Ese despliegue empieza hacia 65 °C y da textura sedosa, pero por encima de 78-80 °C la red se contrae sobre sí misma, expulsa el agua y aparecen grumos pardos irreversibles. Los 70 °C son la ventana. La mantequilla fría se añade después y fuera del fuego porque sus fosfolípidos y su caseína emulsionan la grasa solo mientras la salsa esté entre 60 y 75 °C; más caliente, se separa en un charco graso.

07

Paso 07

Napa las pechugas con tres o cuatro cucharadas de la salsa a la sangre, ayudándote de una cuchara y girándolas para que queden cubiertas de una capa brillante y uniforme. Da a los muslos un golpe muy suave de calor en la sartén, 40 segundos por cara a fuego bajo, hasta que su interior marque 68-70 °C. Incorpora a la salsa la mitad de las cerezas con su almíbar y reserva el resto para el emplatado. Mantén todo por debajo de 75 °C.

Consejo: La salsa se adhiere y brilla solo dentro de una franja estrecha: por debajo de 55 °C la gelatina extraída de las carcasas empieza a gelificar y la capa queda espesa y mate, y por encima de 78 °C la ligazón de sangre se corta. Los muslos sí necesitan 68-70 °C porque son fibra roja con mucho más colágeno que la pechuga, y ese colágeno solo se hidroliza en gelatina a partir de 65 °C; servidos a 54 °C quedan correosos. El error típico es recalentar la salsa entera a fuego directo para napar: se granula en segundos y ya no hay marcha atrás.

08

Paso 08

Napa el fondo de cada plato caliente con dos cucharadas de salsa a la sangre extendiéndola con el dorso de la cuchara. Lamina las pechugas en tres cortes al bies mostrando la carne rosada y colócalas encima de la salsa junto con los muslos. Reparte alrededor las cerezas negras reservadas, añade un hilo fino de salsa y termina con los 2 g de sal en escamas sobre la carne. Sirve de inmediato, con los platos bien calientes.

Consejo: La salsa va debajo y nunca sobre la piel por una cuestión de actividad de agua: la piel crujiente es una matriz de colágeno deshidratado y grasa fundida que absorbe humedad con avidez, y en menos de dos minutos bajo una salsa acuosa pasa de crujir a quedar gomosa. La sal en escamas se pone al final porque su cristal laminar tarda en disolverse y estalla en punta salina al morder, algo que la sal fina, ya disuelta, no puede dar. Y el plato caliente no es un capricho: por debajo de 50 °C la grasa del pichón empieza a solidificar y aparece una película turbia sobre la salsa.

#Caza y Aves de Caza#Avanzado#1 h 15 min#Caza y Piezas de Monte
Maridaje

Priorat (Garnacha y Cariñena)

Priorat, España

Tinto potente y mineral de suelos de llicorella, con fruta negra concentrada y fondo de cacao que enlaza con el cacao del plato y sostiene la intensidad ferrosa del pichón.

Vosne-Romanée (Pinot Noir)

Borgoña, Francia

Pinot Noir sedoso y profundo, de fruta roja y negra y especias, cuya elegancia y acidez acompañan el pichón rosado y la salsa a la sangre sin taparlos.

Carménère de Colchagua

Valle de Colchagua, Chile

Carménère del Nuevo Mundo con notas de cacao, ciruela negra y pimienta; su fruta madura y su punto especiado amplifican las cerezas negras y el cacao del plato con un perfil distinto al europeo.

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