Tabla de queso payoyo en lascas irregulares con bastones de dulce de membrillo, almendras marconas tostadas, hilo de aceite de oliva y romero, sobre tabla de madera de roble
EspañolaFácil15 min (+ 1 h de atemperado)Quesos

Queso Payoyo con Membrillo y Almendra

El payoyo es el tesoro quesero de la sierra de Cádiz: leche de cabra payoya y de oveja merina grazalemeña convertida en un queso de premio mundial, con acidez láctica limpia, avellana en el fondo y un final largo que no necesita cocina — necesita escenario. Ambas razas estuvieron al borde de la extinción, y fue precisamente este queso, recuperado en Villaluenga del Rosario, el que acabó salvando los rebaños. Aquí se presenta como se debe: en lascas atemperadas, con dulce de membrillo, almendra marcona tostada y un hilo de aceite de la misma sierra. Una tabla de tres elementos que explica por qué a veces el mejor cocinado es no cocinar.

Tiempo Total
15 min (+ 1 h de atemperado)
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 15 min (+ 1 h de atemperado)
01

Paso 01

Saca los 300 g de payoyo de la nevera 1 hora antes de servir, envuelto en su papel y en un sitio fresco, hasta que alcance los 18-20 °C. No lo dejes cerca del horno ni al sol. Comprueba el punto presionando la pasta con el pulgar: debe ceder ligeramente en lugar de sentirse pétrea. Si tienes prisa, media hora con la cuña ya partida en dos consigue buena parte del efecto.

Consejo: El payoyo es un queso de mezcla de leche de cabra payoya y oveja merina grazalemeña, y cada una aporta grasas con puntos de fusión distintos: la de cabra, más rica en ácidos grasos de cadena corta y media, se ablanda antes que la de oveja. A 8 °C ambas están sólidas y retienen atrapados los volátiles responsables de la acidez láctica y del fondo de avellana. A 18-20 °C se liberan a la vez y el queso despliega el final largo por el que ganó sus premios.

02

Paso 02

Tuesta los 80 g de almendra marcona cruda en una sartén seca a fuego medio durante 5-6 minutos, moviéndolas cada 30 segundos, hasta que perfumen y tomen un dorado pálido — nunca oscuro. Pásalas de inmediato a un plato frío y déjalas enfriar por completo, unos 15 minutos, antes de montar la tabla. Prueba una: debe crujir en seco y no doblarse.

Consejo: La marcona tiene más grasa que cualquier otra almendra española, en torno al 55 %, y eso la hace deliciosa pero también mucho más fácil de pasar de punto: la frontera entre el dorado pálido perfecto y el amargor del tostado excesivo son apenas treinta segundos. Por eso se tuesta a fuego medio y no fuerte, y se saca de la sartén enseguida, porque el metal caliente sigue trabajando varios minutos. El enfriado completo es lo que devuelve el crujido, al recristalizar la grasa.

03

Paso 03

Corta los 150 g de dulce de membrillo en bastones o láminas finas de medio centímetro con un cuchillo mojado en agua caliente, secándolo y volviendo a mojarlo cada dos o tres cortes. Ajusta el tamaño al de las lascas de queso para que encajen en el mismo bocado. Colócalos separados sobre un plato: apilados vuelven a soldarse entre sí en pocos minutos.

Consejo: El cuchillo mojado en caliente funde una microcapa del gel de pectina en el punto de contacto y permite que la hoja atraviese el dulce en lugar de arrastrarlo y deformarlo. El medio centímetro es la medida de equilibrio: el membrillo lleva alrededor de un 60 % de azúcar, y con más grosor su dulzor tapa por completo la acidez láctica del payoyo, que es justo lo que se quiere contrastar. Dos partes de queso por una de dulce es la proporción que funciona.

04

Paso 04

Corta los 300 g de payoyo en lascas irregulares clavando la punta del cuchillo en la pasta y haciendo palanca, partiendo desde el centro de la cuña hacia la corteza. Nunca en tacos regulares ni en lonchas laminadas. Retira solo la corteza de las caras de corte y deja puesta la exterior. De 300 g salen unas 15-18 lascas de tamaño desigual, y esa irregularidad es intencionada.

Consejo: La lasca irregular presenta mucha más superficie de fractura que una loncha cortada limpiamente, y esa superficie rugosa es la que entrega el aroma al entrar en contacto con la saliva y con el aire de la boca. Además la fractura sigue los planos naturales por donde la pasta cede, que en un queso de mezcla marcan la separación entre zonas de distinta maduración. Un taco regular tiene caras lisas, se percibe compacto y apaga el final largo del payoyo.

05

Paso 05

Dispón las lascas en un grupo aparentemente desordenado en el centro de la tabla, con el membrillo a un lado en hilera, las marconas repartidas en dos o tres montoncitos y los 100 g de picos o regañás en el borde. Deja aire entre los grupos para que cada elemento pueda cogerse sin arrastrar otro. Usa tabla de madera y no pizarra ni mármol: la piedra fría roba temperatura al queso en quince minutos.

Consejo: La madera tiene una conductividad térmica unas veinte veces menor que la pizarra o el mármol, así que no absorbe el calor de las lascas y el payoyo se mantiene en su ventana de 18-20 °C durante toda la sobremesa; sobre piedra fría la grasa vuelve a solidificar y el queso pierde aroma en cuestión de minutos. El desorden aparente del grupo central también tiene función: invita a coger, mientras que una formación geométrica se percibe como algo intocable.

06

Paso 06

Riega solo el queso con los 20 ml de aceite de oliva virgen extra en hilo muy fino, dejando el resto de la tabla limpio, y añade si quieres unas gotas de los 15 g de miel de romero sobre dos o tres lascas concretas, nunca sobre todas. El aceite debe estar a temperatura ambiente. Nada de sal: el payoyo ya la lleva. El resto de la miel, en un cuenco aparte con cucharilla.

Consejo: Aliñar solo unas lascas y no todas responde a una lógica de cata: quien prueba primero el queso desnudo puede después comparar con la versión aliñada y percibir qué aporta cada cosa. Si lo riegas todo, esa comparación desaparece y el aceite pasa a ser un uniforme. El hilo fino es igual de importante porque el aceite es liposoluble y arrastra hacia sí los aromas del queso: en exceso los diluye en lugar de vehicularlos, y el final largo se acorta.

07

Paso 07

Aplasta ligeramente unas hojas de romero fresco entre los dedos, hasta que perfumen, y repártelas por la tabla en los espacios libres, sin llegar a enterrar el queso ni apoyarlas sobre las lascas. Bastan cinco o seis hojas para toda la tabla. Hazlo justo antes de llevarla a la mesa. El romero aquí trabaja por el olfato y no por el paladar: nadie debería comérselo.

Consejo: Magullar la hoja rompe las células que contienen los aceites esenciales — cineol, alcanfor y borneol sobre todo — y los libera al aire de forma inmediata. El efecto se percibe antes de probar nada, porque el olfato retronasal condiciona la percepción del sabor: el comensal llega al queso con la sierra ya en la nariz. Repartir las hojas sin apoyarlas sobre las lascas evita el error contrario, que el romero pase a la boca y domine con su amargor resinoso.

08

Paso 08

Sirve la tabla a temperatura ambiente e indica el orden del bocado: primero una lasca sola, para calibrar el queso; después lasca con membrillo y almendra a la vez, en el mismo mordisco. Los picos, entre bocado y bocado. Si sobra queso, envuélvelo en papel encerado y nunca en film de plástico, que lo asfixia y le hace sudar grasa. Un fino de Jerez acompaña de maravilla.

Consejo: El orden del bocado sigue la lógica de la saturación del paladar. La lasca sola permite percibir la acidez láctica y el fondo de avellana antes de que el dulce del membrillo ocupe todo el espacio; una vez que el azúcar entra, ya no hay vuelta atrás en esa sesión. La almendra cierra con grasa y crujido, que arrastran la película láctea adherida y devuelven el paladar a punto cero. Al revés, el queso quedaría sepultado desde el primer bocado.

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Maridaje

Amontillado

Jerez, España

El Amontillado nace de un Fino que perdió el velo de flor y siguió criando en oxidación, y esa doble vida le da avellana tostada y madera vieja sobre un fondo salino. El payoyo de cabra curado desarrolla en sus meses de cueva las mismas notas de fruto seco por lipólisis, así que el maridaje es un espejo. Su sequedad total y sus 17% vol limpian la grasa caprina. Servir a 12-13°C.

Palo Cortado

Jerez, España

El Palo Cortado combina la finura aromática del Amontillado con el cuerpo del Oloroso, una rareza que solo se da en contadas botas. Su acidez volátil integrada y su punzada de crianza oxidativa sostienen el dulzor del membrillo sin competir con él, mientras su estructura glicérica abraza la textura mantecosa del queso premiado. Copa catavinos amplia y 13-14°C de servicio.

Tintilla de Rota

Cádiz, España

Este tinto dulce gaditano, elaborado con uva asoleada y a menudo encabezado, comparte territorio y clima de poniente con el payoyo. Sus 80-120 g/l de azúcar y su fruta negra confitada dialogan directamente con la pasta de membrillo, mientras el tanino suave y la acidez cítrica evitan que el conjunto se vuelva empalagoso. Servir fresco, a 12-14°C, en copa pequeña.

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