Angulas de monte —tiras finas de trompeta amarilla salteadas al ajillo— con aros de guindilla y hebras de huevo cremoso en una cazuela de barro sobre mesa de roble, espolvoreadas con perejil y con luz natural entrando por la izquierda.
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Angulas de Monte con Ajo, Guindilla y Huevo

Angulas de monte es el nombre cariñoso que en el norte damos a las setas finas y alargadas que, salteadas al ajillo con su guindilla, imitan al plato marinero más caro de nuestras Navidades: las angulas. Aquí trabajamos con la trompeta amarilla (Craterellus tubaeformis), un hongo pequeño, hueco y estilizado que dora precioso y guarda un aroma profundo, casi afrutado. Se cocina como manda la tradición vasca: aceite, láminas de ajo dorado, un aro de guindilla y, fuera del fuego, un huevo que cuaja apenas con el calor residual y ata el conjunto con su yema. Es cocina de bosque disfrazada de cocina de mar. El truco está en saltear la seta a fuego vivo para que sude, evapore su mucha agua y se dore, en lugar de cocerse en su propio jugo. Un bocado humilde, barato y sabrosísimo que engaña al paladar y llena la mesa de aroma.

Tiempo Total
20 minutos
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 20 minutos
01

Preparar ingredientes

Limpia los 400 g de trompeta amarilla en seco, con un pincel y un paño apenas húmedo, sin acercarlas al grifo: son esponjas y el agua que absorban saldrá en la sartén impidiendo que doren. Córtalas en tiras finas del grosor de una angula, que es de donde viene el nombre del plato. Lamina los 4 ajos y prepara los aros de cayena.

Consejo: No laves las setas bajo el grifo: la quitina absorbe agua y luego no dorarían.

02

Dorar el ajo

Calienta los 60 ml de aceite en una cazuela de barro o sartén amplia y dora los ajos laminados a fuego medio hasta que tomen un dorado claro. Retíralos y resérvalos en cuanto lleguen a ese punto: del rubio al quemado hay segundos, y un ajo pasado amarga los 60 ml de aceite que son la base del plato.

Consejo: En cuanto el ajo empiece a bailar y a dorarse, sácalo: pasado de punto amarga y estropea el plato.

03

Evaporar el agua

Sube el fuego al máximo, echa las tiras de seta y déjalas completamente quietas. No las remuevas por muy tentador que sea: la trompeta suelta bastante agua al principio y necesita que esa agua se evapore antes de poder dorarse. Si remueves, bajas la temperatura y acabas cociéndolas en su propio líquido.

Consejo: Si las mueves ahora, se cuecen en su jugo; espera a que el agua se evapore.

04

Saltear las setas

Cuando el líquido se haya evaporado del todo y oigas que el sonido cambia de hervor a fritura, saltéalas moviéndolas hasta que empiecen a dorarse y desprendan olor a tostado. Ese aroma es la señal: la trompeta amarilla concentra entonces su sabor terroso, que es lo que la hace parecerse a la angula de verdad.

Consejo: Ese aroma es la reacción de Maillard arrancando por encima de los 140 grados: ahí está el sabor.

05

Añadir guindilla

Devuelve el ajo dorado a la cazuela, añade los aros de guindilla y saltea treinta segundos, lo justo para que perfumen el aceite sin quemarse. La guindilla va al final por el mismo motivo que el ajo: unos segundos de más y su picante se vuelve áspero en lugar de vivo.

Consejo: Un solo aro de guindilla por comensal: debe picar de fondo, no dominar.

06

Salar y retirar

Sala al punto y retira la cazuela del fuego, pero no la dejes sobre la vitrocerámica apagada, que sigue irradiando calor. El siguiente paso depende de controlar exactamente cuánto calor queda, y una cazuela de barro acumula mucho más de lo que parece.

Consejo: Salar al final evita que la seta suelte agua antes de tiempo.

07

Cuajar los huevos

Bate los dos huevos y viértelos sobre las setas ya fuera del fuego, removiendo con el calor residual hasta que queden cremosos y apenas cuajados, envolviendo las tiras sin llegar a ser un revuelto seco. Fuera del fuego y no sobre él: si los cuajas al calor directo, el huevo se agarrota y se vuelve granuloso en segundos.

Consejo: El calor de la cazuela de barro basta para cuajar la yema sin que se seque.

08

Emplatar y servir

Espolvorea el perejil picado y sirve de inmediato en la propia cazuela, muy caliente. Es un plato de imitación humilde que juega a parecer angula, y su gracia está en el contraste entre las tiras doradas y el huevo cremoso, que se pierde por completo en cuanto el conjunto se enfría o el huevo termina de cuajar.

Consejo: Sírvelo en la cazuela de barro: conserva el calor y termina de cuajar el huevo en la mesa.

#Española#Fácil#20 minutos#Setas, Trufa y Hongos
Maridaje

Txakoli de Getaria

D.O. Getariako Txakolina

Su acidez viva y su ligera aguja cortan la grasa del ajillo y del huevo y refrescan el conjunto, muy en la línea de la mesa vasca.

Rioja Blanco con crianza

D.O.Ca. Rioja

Un blanco de viura con paso por barrica aporta cuerpo y notas tostadas que acompañan el dorado de la seta.

Ribeiro Blanco de Treixadura

D.O. Ribeiro

Aromático y fresco, realza el perfil afrutado de la trompeta amarilla sin pesar.

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