
Boletus a la Plancha con Yema Curada y Avellana
El boletus (Boletus edulis) a la plancha es uno de esos platos donde menos es más, pero cada gesto cuenta. Buscamos láminas gruesas de sombrero y pie prietos, selladas a fuego fuerte hasta conseguir una costra dorada y un interior jugoso que huele a bosque húmedo. Encima, una yema curada en sal rallada como si fuera bottarga, que aporta una lluvia de umami y un color de oro viejo. Y para rematar, avellana de Reus tostada y picada, que suma grasa noble, dulzor y un crujido contrastado con la carne carnosa de la seta. Es un bocado muy catalán en su despensa —el boletus del Montseny, la avellana del Camp de Tarragona— y muy técnico en su ejecución: todo depende de que la seta dore en vez de hervirse en su propia agua. Un plato de otoño, sobrio y elegante, que sabe a montaña y a paciencia.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 25 minutosPaso 01
Esta receta empieza la víspera, así que léela entera antes de ponerte. Limpia los 500 g de boletus en seco, con pincel y un paño apenas húmedo, sin acercarlos al grifo: absorben agua como esponjas y luego se cuecen en vez de dorarse. Córtalos a lo largo en láminas gruesas de un centímetro, aprovechando sombrero y pie en la misma lámina. Ten listas las avellanas y las yemas curadas.
Consejo: Elige ejemplares prietos y sin gusanos; el boletus joven tiene la carne más firme y aguanta mejor la plancha.
Paso 02
De víspera: mezcla los 300 g de sal gruesa con los 150 g de azúcar y extiende la mitad en un recipiente. Haz cuatro huecos con el dorso de una cuchara y deposita en cada uno una yema, con cuidado de no romperla. Cúbrelas por completo con el resto de la mezcla y refrigera entre 24 y 48 horas. El azúcar suaviza la sal y evita que la yema quede salada de más.
Consejo: La sal deshidrata la yema por ósmosis: cuanto más tiempo, más firme y concentrada quedará.
Paso 03
Rescata las yemas apartando la sal con los dedos y enjuágalas un segundo bajo un hilo de agua fría, sin frotarlas. Sécalas con papel. Deben haber pasado de líquidas a una textura densa y gomosa, parecida al queso curado, y de amarillo a un naranja intenso. Si todavía ceden como gelatina blanda, devuélvelas a la sal unas horas más.
Consejo: Manipúlalas con delicadeza: por dentro siguen algo cremosas y se rompen con facilidad.
Paso 04
Pica los 40 g de avellana tostada a cuchillo, no en picadora: quieres trozos irregulares, unos casi polvo y otros de medio grano, porque esa mezcla de tamaños es la que da el contraste crujiente sobre la lámina blanda. Resérvalas en un cuenco y no las piques con antelación, que pierden aroma en pocas horas.
Consejo: A cuchillo y no en máquina: el picado desigual da más textura y crujido.
Paso 05
Calienta la plancha o una sartén de hierro a fuego fuerte hasta que humee ligeramente. Pincela las láminas de boletus con los 30 ml de aceite, nunca la plancha, para que la grasa esté donde interesa y no se queme antes. Colócalas sin que se toquen: si amontonas, el vapor que sueltan no escapa y acabas con boletus cocido y gris en lugar de dorado.
Consejo: La plancha debe estar humeante y la seta seca: solo así dora en vez de cocerse.
Paso 06
Sella entre 2 y 3 minutos sin tocarlas ni moverlas, por tentador que sea. Sabrás que están cuando los bordes se ricen, la lámina se contraiga un poco y al levantar una esquina veas una costra dorada uniforme. Dales la vuelta y dora el otro lado 1 o 2 minutos, que siempre necesita menos. El boletus debe quedar firme, no blando.
Consejo: Si tienes la tentación de moverlas, resístela: la costra necesita contacto quieto con el metal.
Paso 07
Retira las láminas a un plato templado y sálalas en escamas ahora, en caliente, cuando la superficie grasa retiene la sal. Disponlas superpuestas en abanico, sin apilarlas en montón, para que todas mantengan el contacto con el aire y conserven la costra. Trabaja rápido: el calor de las láminas es lo que va a fundir ligeramente la yema.
Consejo: Sala solo al final: la sal antes de la plancha haría sudar la seta.
Paso 08
Ralla la yema curada directamente sobre las láminas calientes con un rallador fino, en lluvia generosa y desde una altura de un palmo para que caiga suelta. Esparce la avellana picada, añade un hilo de aceite crudo y muele pimienta encima. Sirve inmediatamente: el juego está en que la yema empiece a fundirse con el calor del boletus justo cuando llega a la mesa.
Consejo: Ralla la yema en el último momento, sobre la seta caliente, para que el glutamato entre en sinergia con el umami del boletus.
Priorat Tinto
D.O.Q. Priorat
Un tinto de garnacha y cariñena sobre licorella, potente y mineral, sostiene la carnosidad del boletus y el tostado de la avellana.
Penedès Xarel·lo
D.O. Penedès
Blanco estructurado y de fondo anuezado que enlaza con la avellana y refresca la untuosidad de la yema curada.
Montsant Tinto Joven
D.O. Montsant
Fruta y frescura de garnacha para acompañar el plato sin taparlo, con la montaña catalana como hilo común.
Galería
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