
Careta Crujiente con Kimchi Casero y Sésamo
La careta es la carne de la cara del cerdo, un corte humilde hecho de piel, grasa y colágeno en el que apenas hay músculo, y precisamente por eso responde como pocos a una cocción larga: el colágeno se convierte en gelatina y la pieza queda melosa. Después se prensa en frío, se corta en tacos y se fríe fuerte para que la piel se hinche en forma de chicharrón. Se sirve sobre kimchi, la col fermentada que sostiene toda la mesa coreana, cuya acidez láctica y cuyo picante cortan la untuosidad de la grasa. Un encuentro entre la casquería española y la fermentación de Corea, contundente y adictivo.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 3 h (cocción + crujiente)Paso 01
Chamusca la piel de los 800 g de careta con un soplete para eliminar los restos de cerda y ráspala con el filo de un cuchillo bajo el chorro de agua fría. En una olla ancha reúne 2 litros de agua, 45 ml de salsa de soja, 30 g de jengibre en rodajas, 15 g de ajo aplastado, 50 g de cebolleta (la parte verde) y 8 g de sal. Pesa aparte 300 g de kimchi, 10 g de sésamo tostado y 5 ml de aceite de sésamo.
Consejo: Chamuscar no es un capricho estético. Los folículos de la piel del cerdo retienen queratina que, al freír a 190 °C, se carboniza antes que la propia piel y deja puntos negros amargos en cada bocado. Con el caldo ocurre algo parecido en sentido inverso: la salsa de soja aporta glutamato y azúcares reductores procedentes de la fermentación de la soja, y esos azúcares quedarán después sobre la superficie de la careta adelantando la reacción de Maillard cuando llegue el calor seco. El jengibre suma gingerol, que además enmascara los aldehídos ramificados responsables del olor fuerte a cerdo.
Paso 02
Introduce los 800 g de careta en el caldo, lleva a ebullición y baja de inmediato el fuego hasta que solo suban burbujas sueltas por los bordes, entre 85 y 90 °C. Cuece destapada 2 horas y media, retirando la espuma gris durante el primer cuarto de hora. Estará lista cuando una brocheta atraviese la parte más gruesa sin ninguna resistencia y la piel ceda al apretarla como una goma blanda.
Consejo: El colágeno de la careta se convierte en gelatina por hidrólisis, una reacción que arranca hacia los 65 °C pero que a esa temperatura tardaría un día entero; entre 85 y 90 °C avanza a buen ritmo sin llegar a hervir. La diferencia con el hervor franco es mecánica: a 100 °C las burbujas agitan la pieza, arrancan la gelatina ya formada y la dispersan en el caldo, mientras las fibras musculares se contraen y expulsan su agua. El síntoma del error es una careta deshecha en jirones y un caldo turbio y grasiento en lugar de gelatinoso y limpio.
Paso 03
Saca la careta con una espumadera y déjala escurrir 5 minutos. Extiéndela con la piel hacia abajo sobre una bandeja forrada con papel de horno, cúbrela con otro papel y otra bandeja encima, y coloca un peso de 2 kg. Guarda en la nevera un mínimo de 8 horas, mejor toda la noche, hasta que el bloque tenga 2,5 cm de grosor uniforme y esté firme al presionarlo con el dedo.
Consejo: La gelatina disuelta en la careta caliente es líquida, pero al bajar de 35 °C sus cadenas vuelven a enlazarse parcialmente en triple hélice y forman un gel que cementa carne, grasa y piel en un solo bloque. El peso encima cumple dos funciones: expulsa las bolsas de aire y de caldo que quedarían como huecos, y fija un grosor constante para que todos los tacos se frían al mismo ritmo. Si intentas cortarla templada, a 40 °C, la gelatina todavía no ha gelificado y la pieza se desmigaja bajo el cuchillo.
Paso 04
Retira el peso y desmolda el bloque sobre una tabla, con la piel hacia arriba. Con un cuchillo de hoja lisa y bien afilado, córtalo en tacos de 4 por 4 cm, unos 16 en total, presionando en vertical de un solo golpe en lugar de serrar. Comprueba que cada taco conserve su franja de piel intacta arriba y las capas de gelatina y carne debajo. Sécalos por todas sus caras con papel de cocina.
Consejo: Cortar en vertical y sin serrar mantiene la piel adherida a la capa de grasa; si la despegas al cortar, el vapor que se genera durante la fritura se cuela entre ambas y separa la piel del taco, que salta y se enrolla sobre sí misma. El secado previo es igual de crítico: cada gramo de agua en la superficie provoca una expansión violenta al contacto con el aceite a 190 °C, porque el agua multiplica por mil seiscientos su volumen al vaporizarse. El síntoma es una fritura que salpica sin parar y una piel que se ablanda en lugar de hincharse.
Paso 05
Calienta los 800 ml de aceite en un cazo alto y estrecho hasta 190 °C. Fríe los tacos en dos tandas de ocho durante 4-5 minutos cada una, tapando parcialmente el cazo durante el primer minuto. Sabrás que están cuando la piel haya formado ampollas blancas y crujientes, el borde esté dorado y el burbujeo se vuelva suave y espaciado. Escúrrelos sobre rejilla, nunca sobre papel, y sazona con 2 g de sal y 2 g de pimienta negra.
Consejo: El chicharrón se hincha porque la piel, tras la cocción larga, es una matriz de gelatina cargada de agua; al entrar en aceite a 190 °C esa agua se vaporiza de golpe dentro de la matriz, que todavía es plástica, y la infla en miles de burbujas antes de deshidratarse y quedar rígida. Por eso la piel debe estar bien blanda de antemano: una piel dura no se deja hinchar y queda como una suela. Y por eso el aceite tiene que estar realmente caliente; por debajo de 170 °C el agua sale despacio, la piel se seca sin inflarse y resulta correosa.
Paso 06
Escurre los 300 g de kimchi reservando 60 ml de su jugo. Calienta una sartén ancha a fuego fuerte, añade el kimchi escurrido y saltéalo 2-3 minutos moviendo con pinzas, hasta que los bordes de las hojas empiecen a dorarse y el color pase de rojo brillante a rojo teja. Vierte entonces los 60 ml de jugo reservado y deja que se evapore casi por completo, unos 60 segundos más.
Consejo: El kimchi fermenta por bacterias lácticas, sobre todo de los géneros Leuconostoc y Lactobacillus, que convierten los azúcares de la col en ácido láctico hasta bajar el pH por debajo de 4. Ese ácido es poco volátil y no se evapora al saltear, pero sí lo hacen el acético y el carbónico que lo acompañan, y por eso el kimchi salteado sabe menos punzante aunque conserve su acidez de fondo. A la vez se concentran los aminoácidos del salado previo. El error es cocerlo más de cuatro minutos: la pectina de la col colapsa y pasa de crujiente a papilla.
Paso 07
Reparte el kimchi salteado formando una base extendida en el centro de un plato de cerámica gris piedra, sin amontonarlo, y deja que su jugo empape solo esa zona. Coloca encima los tacos de careta con la piel hacia arriba, apoyados unos contra otros para que ninguno se hunda en el líquido. Riega con los 5 ml de aceite de sésamo dibujando un hilo alrededor del montón, nunca sobre la piel.
Consejo: El crujiente de la piel es una estructura porosa y seca, y cualquier líquido en contacto con ella asciende por capilaridad y la reblandece en menos de dos minutos. Por eso el kimchi va debajo y el aceite alrededor: en cuanto una gota de ese jugo, que es una salmuera ácida, moja la piel, la gelatina deshidratada de las ampollas se rehidrata y el chicharrón se vuelve chicloso. El aceite de sésamo se pone crudo y al final porque sus aromas nacen del tostado del grano y son volátiles: calentado en la sartén se pierden y solo queda grasa.
Paso 08
Espolvorea los 10 g de sésamo tostado sobre los tacos y reparte los 50 g de cebolleta restante cortada en rodajas muy finas al sesgo, incluida toda la parte verde. Lleva el plato a la mesa en menos de un minuto, con la careta todavía por encima de 60 °C. Sírvelo con palillos o con un tenedor pequeño y advierte de que se coma taco a taco, cogiendo algo de kimchi en cada bocado.
Consejo: El sésamo va entero y sin moler porque sus aromas se generan al tostar el grano, por reacción de Maillard entre sus proteínas y azúcares, y quedan encerrados dentro de la semilla: solo se liberan cuando el diente la rompe, lo que reparte pequeñas explosiones aromáticas por todo el bocado. La temperatura de servicio manda igual: la grasa del cerdo funde entre 30 y 40 °C, así que por encima de 60 °C se percibe untuosa y fluida, mientras que al bajar de 35 °C recristaliza y deja esa sensación de cera en el paladar que arruina el plato.
Riesling semiseco
Mosela, Alemania
Su acidez y punto de dulzor cortan la grasa de la careta y equilibran el picante y la acidez del kimchi.
Gewürztraminer
Alsacia, Francia
Aromático y especiado, con fruta madura que aguanta el picante fermentado del kimchi y dialoga con el sésamo.
Cava Brut Nature
Penedès, España
La burbuja y la acidez limpian el paladar de la untuosidad de la careta y refrescan ante el picante coreano.
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