Carrillera de cerdo al Pedro Ximénez en plato de cerámica gris piedra: carne melosa glaseada en salsa oscura sobre puré trufado, con láminas de trufa.
EspañolaMedio3 h (braseado + puré)Carnes y Guisos

Carrillera de Cerdo al Pedro Ximénez con Puré Trufado

Las carrilleras de cerdo al Pedro Ximénez son el ejemplo perfecto de despiece humilde convertido en plato de restaurante. La carrillera es el músculo masetero, el que mastica sin descanso y acumula por ello cerca de un cuatro por ciento de colágeno, de modo que resulta dura en cualquier cocción rápida y se vuelve terciopelo tras dos horas y media de braseado suave. El vino de Jerez que la acompaña, elaborado con uva pasificada al sol y cargado con más de trescientos gramos de azúcar por litro, reduce hasta convertirse en una salsa oscura, densa y brillante que no necesita espesante alguno. Debajo, un puré de patata pasado por pasapurés y perfumado con trufa negra rallada fuera del fuego cierra un plato sedoso de principio a fin.

Tiempo Total
3 h (braseado + puré)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 3 h (braseado + puré)
01

Paso 01

Retira con un cuchillo fino toda la telilla plateada y la grasa exterior de 800 g de carrilleras de cerdo, unas 8 piezas, y sécalas con papel de cocina. Salpiméntalas con 12 g de sal fina y 2 g de pimienta negra recién molida. Corta 150 g de cebolla, 100 g de zanahoria y 80 g de apio en dados de 1 cm y pela 3 dientes de ajo. Pesa 20 g de harina, 250 ml de Pedro Ximénez, 500 ml de caldo de carne, 600 g de patata mantecosa, 80 g de mantequilla, 20 g de trufa negra y 30 ml de aceite.

Consejo: La telilla plateada no es colágeno sino elastina, y esa diferencia lo cambia todo: mientras el colágeno se hidroliza en gelatina durante el braseado, la elastina resiste casi intacta una cocción larga y además se contrae con fuerza a partir de los 65 °C. Si no la retiras, la carrillera se abarquilla y queda con una banda correosa que hay que dejar en el plato. Pasa la punta del cuchillo por debajo de la membrana, sujeta el extremo con un paño y desliza el filo casi horizontal, arrastrando la telilla sin llevarte carne. Cada carrillera limpia debe pesar entre 90 y 100 g y quedar plana sobre la tabla, sin curvarse.

02

Paso 02

Pasa las carrilleras por los 20 g de harina y sacude el exceso hasta que solo quede un velo. Calienta los 30 ml de aceite con 20 g de la mantequilla en la cocotte a fuego fuerte y dóralas en dos tandas, 3 minutos por cara, hasta lograr una costra oscura y uniforme. Resérvalas. Baja a fuego medio y pocha en esa misma grasa los 150 g de cebolla, los 100 g de zanahoria y los 80 g de apio junto a los 3 dientes de ajo durante 12 minutos, hasta que estén blandos y dorados.

Consejo: El velo de harina cumple dos funciones simultáneas. Sus almidones se dextrinizan con el calor seco aportando color y notas tostadas, y durante el braseado gelatinizan absorbiendo agua, lo que da a la salsa un cuerpo inicial que después completará la gelatina de la carne. La clave está en que sea un velo: si queda harina suelta, se hidrata en el líquido formando grumos y deja un regusto crudo a engrudo. La mantequilla acompaña al aceite porque sus sólidos lácteos, caseína y lactosa, entran en Maillard antes que la carne y aceleran el pardeamiento, pero por ese mismo motivo se queman rápido y no aguantan más de tres minutos por cara.

03

Paso 03

Devuelve las carrilleras a la cocotte, sube el fuego y vierte los 250 ml de Pedro Ximénez de una vez. Raspa el fondo con cuchara de madera mientras hierve para despegar toda la costra tostada. Deja reducir 4-5 minutos, hasta que el volumen baje a la mitad y el olor a alcohol desaparezca dejando únicamente aroma a pasa e higo. Añade entonces los 500 ml de caldo de carne bien caliente, hasta cubrir tres cuartas partes de la carne, y lleva a un hervor suave.

Consejo: El Pedro Ximénez lleva entre 300 y 400 gramos de azúcar por litro, procedente de uvas asoleadas hasta la pasificación, y unos 15 grados de alcohol. Esa reducción de cuatro o cinco minutos persigue lo segundo: el etanol hierve a 78,4 °C y, si no lo evaporas, deja en la salsa un punto agresivo y disolvente que aplana todo lo demás. El azúcar, en cambio, se queda y se concentra, y es el responsable del brillo y del color oscuro finales. El error habitual es echar el caldo justo después del vino: la mezcla diluye el alcohol y ya no lo eliminas, porque el agua eleva el punto de ebullición efectivo del conjunto.

04

Paso 04

Tapa la cocotte y cuece a fuego mínimo, o mejor en el horno a 150 °C, durante 2,5 horas. El líquido debe temblar con burbujas sueltas y mantener la carne entre 85 y 92 °C, sin llegar a hervir en ningún momento. Da la vuelta a las carrilleras cada 45 minutos. Están listas cuando una brocheta entra y sale sin resistencia y al presionar con la cuchara la carne cede y se abre en láminas, pero la pieza sigue entera y no se desmorona al levantarla.

Consejo: La carrillera es el músculo masetero, el que mastica, y por eso trabaja sin descanso: acumula en torno al 4 % de colágeno, el doble que un solomillo. Ese colágeno se hidroliza en gelatina de forma útil entre 85 y 92 °C, y la reacción depende sobre todo del tiempo, no de subir la temperatura, de ahí las dos horas y media. Acelerar con más fuego no funciona porque por encima de 95 °C las fibras de actina y miosina, ya coaguladas, se contraen y expulsan el agua más rápido de lo que la gelatina puede retenerla. El síntoma es doble e inconfundible: carne deshecha en hebras secas y salsa turbia con espuma gris en la superficie.

05

Paso 05

Cuece los 600 g de patata mantecosa con piel en agua salada, partiendo de agua fría, durante 30-35 minutos, hasta que la brocheta entre sin resistencia. Pélalas en caliente y pásalas por el pasapurés sobre un cazo, nunca por batidora. Incorpora 60 g de mantequilla fría en dados removiendo con espátula y después 120 ml de leche caliente en tres veces, hasta lograr un puré sedoso que caiga en cinta. Fuera del fuego, ralla 10 g de trufa negra y mézclala con suavidad.

Consejo: Un puré se vuelve pegajoso por una razón muy concreta: las cuchillas de la batidora revientan las células de la patata y liberan al medio la amilosa, un almidón de cadena larga que forma una red viscosa y elástica, exactamente la textura de la cola. El pasapurés separa las células enteras sin romperlas. Añadir la mantequilla fría antes que la leche también tiene lógica, porque la grasa recubre los gránulos de almidón e impide que sigan liberando amilosa cuando llegue el líquido. Y la trufa va fuera del fuego porque su aroma vive en compuestos azufrados muy volátiles, como el bis(metiltio)metano, que por encima de 60 °C se pierden en minutos.

06

Paso 06

Retira las carrilleras con cuidado y resérvalas tapadas. Cuela el líquido por un chino presionando la verdura para extraer todo el jugo, y desgrasa la superficie con un cazo pequeño. Reduce a fuego medio-alto durante 10-15 minutos, sin remover, hasta que el volumen baje a un tercio y la salsa nape el dorso de la cuchara dejando un surco limpio al pasar el dedo. Prueba y, si resulta empalagosa, añade 10 ml de vinagre de Jerez y 3 g de sal.

Consejo: Al reducir a un tercio concentras tres cosas a la vez: la gelatina, responsable de que la salsa nape; los azúcares del Pedro Ximénez, que aportan el brillo porque una fase continua rica en azúcar refleja mejor la luz; y la sal, motivo por el cual nunca se sazona antes de reducir. El vinagre de Jerez actúa sobre la percepción y no sobre la composición: el ácido acético compite con el dulzor en el receptor y rebaja la sensación de azúcar sin quitar un solo gramo. Desgrasar antes es imprescindible, porque la grasa libre no emulsiona en una salsa tan azucarada y acabaría formando ojos aceitosos flotando en la superficie.

07

Paso 07

Extiende 120 g de puré trufado en el plato de cerámica gris piedra y arrástralo con el dorso de una cuchara caliente para formar una lágrima ancha de 1,5 cm de grosor. Coloca encima 2 carrilleras, apoyadas sobre la parte gruesa del puré. Napa la carne con 3 cucharadas de la salsa reducida vertiéndola desde poca altura y dejando que resbale por los lados sin inundar el puré. La salsa debe cubrir la carrillera con una película brillante y opaca, no transparente.

Consejo: La salsa se napa en el último momento y sobre plato templado a unos 60 °C porque la gelatina que la espesa empieza a gelificar en torno a los 35 °C: por debajo pasa de película brillante a capa mate y gomosa pegada a la carne. El puré tiene su propio reloj, ya que el almidón gelatinizado retrograda al enfriarse, es decir, las cadenas de amilosa se reordenan y expulsan agua, dejando una superficie granulosa con líquido alrededor. Por eso se extiende recién hecho y caliente. Vierte además desde poca altura, porque la caída rompe la emulsión de grasa y gelatina y la salsa pierde el brillo de espejo en el propio plato.

08

Paso 08

Lamina los 10 g de trufa negra restantes con mandolina, lo más fino que puedas, y repártelos sobre la carrillera caliente, nunca sobre la salsa. Añade unas hojas de tomillo fresco por encima. Sirve de inmediato, con la carne por encima de 70 °C y el puré a unos 65 °C. El calor que sube de la carne debe hacer que la trufa perfume el plato antes de llegar a la mesa: si no la hueles al servir, no la olerá ningún comensal.

Consejo: Laminar la trufa en el último segundo multiplica la superficie de evaporación y libera de golpe sus volátiles azufrados, los mismos que se pierden poco a poco desde que la pieza se corta. Se coloca sobre la carne y no sobre la salsa por un motivo práctico: la película de gelatina y azúcar recubre la lámina, sella sus poros y bloquea la difusión de esos compuestos hacia la nariz, además de reblandecerla al instante. El calor de la carne, en torno a 70 °C, basta para volatilizarlos sin degradarlos, cosa que sí ocurre con cocciones sostenidas. La rallada del puré y la laminada de encima trabajan a dos tiempos: una en boca, otra en nariz.

#Española#Medio#3 h (braseado + puré)#Carnes y Guisos
Maridaje

Pedro Ximénez (dulce)

Montilla-Moriles / Jerez

El propio vino de la salsa como maridaje de postre-carne: sus notas de pasa, higo y caramelo hacen eco directo del braseado.

Ribera del Duero Reserva (Tempranillo)

Ribera del Duero, España

Estructura y barrica con taninos maduros que equilibran el dulzor del PX y acompañan la carne melosa y la trufa.

Oloroso de Jerez

Jerez, Andalucía

Seco y con cuerpo, sus notas de frutos secos dialogan con la salsa y la trufa sin sumar más dulzor.

Galería

8 imágenes