Costillar de cordero a la menta en plato de cerámica gris piedra: chuletitas rosadas con guisantes lágrima verdes y una salsa fresca de menta.
FrancesaAvanzado40 minCarnes y Guisos

Costillar de Cordero a la Menta con Guisantes Lágrima

El costillar de cordero con salsa de menta es uno de esos matrimonios que la cocina inglesa fijó hace siglos y que la técnica francesa refinó después: carne rosada de un corte magro y noble frente a la acidez herbácea de la menta, que corta en boca los ácidos grasos ramificados propios del cordero. Aquí el costillar se sella primero por su capa de grasa en hierro bien caliente y se termina en horno corto hasta un centro de 55 °C, con reposo obligado antes de trinchar. El acompañamiento son guisantes lágrima, la primera vaina de la temporada en el Baix Empordà y el País Vasco, tan tiernos que se saltean apenas medio minuto en mantequilla para que estallen dulces al morderlos. Un plato primaveral de producto y precisión.

Tiempo Total
40 min
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 40 min
01

Paso 01

Saca los 2 costillares de cordero frenchados, de unos 500 g cada uno, de la nevera 45 minutos antes de empezar. Sécalos bien con papel de cocina y salpiméntalos con 10 g de sal fina y 2 g de pimienta negra recién molida, insistiendo en la capa de grasa. Deshoja 30 g de menta fresca descartando los tallos. Pesa 150 g de guisantes lágrima ya desgranados y déjalos en la nevera, 40 g de mantequilla, 60 ml de aceite de oliva, 15 ml de vinagre de vino blanco y 3 g de azúcar.

Consejo: Atemperar 45 minutos no es superstición. Un costillar recién sacado de la nevera está a 4 °C en el centro y, metido así al horno, para que el interior llegue a 55 °C la capa exterior habrá superado de largo los 70 °C, con la actina ya contraída y el jugo expulsado. Partiendo de unos 15 °C el gradiente se estrecha y el corte sale rosado de fuera adentro. Con los guisantes lágrima ocurre justo lo contrario: son semillas vivas que siguen respirando después de la recolección y convierten sus azúcares en almidón a temperatura ambiente. Fuera de la nevera pierden dulzor en pocas horas, así que se sacan justo antes de saltearlos.

02

Paso 02

Calienta 30 ml del aceite de oliva en una sartén de hierro a fuego fuerte hasta que humee ligeramente, unos 200 °C. Apoya primero el costillar sobre su capa de grasa y mantenlo ahí 3-4 minutos sujetándolo con pinzas, hasta que la grasa se dore y se vuelva translúcida. Sella después el resto de caras 90 segundos cada una, unos 7 minutos en total, hasta que toda la superficie tenga costra marrón uniforme. Protege los huesos con papel de aluminio para que no se carbonicen.

Consejo: Empezar por la grasa tiene explicación doble. Primero, la grasa del cordero funde entre 44 y 55 °C y al hacerlo se convierte en el medio en el que sellarás las demás caras, con mucho más sabor que el aceite solo. Segundo, esa capa es gruesa y necesita más tiempo del que aguanta el músculo: si la dejas para el final, la carne ya estará hecha y la grasa seguirá blanca y gomosa, el defecto más frecuente en este corte. Trabaja entre 180 y 200 °C, la horquilla donde Maillard avanza rápido sin entrar en pirólisis. Si aparece humo azulado y olor acre, el aceite se está degradando y esa costra amargará el plato entero.

03

Paso 03

Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo durante 15 minutos. Coloca los costillares sobre una rejilla, con los huesos hacia arriba y sin que se toquen entre sí. Hornea 15-18 minutos e inserta el termómetro por el lateral, hasta el centro del lomo y sin llegar a tocar hueso. Retíralos cuando marque 52-53 °C y no más, porque la temperatura seguirá subiendo durante el reposo. La superficie debe verse seca y brillante, nunca húmeda ni con jugo acumulado alrededor.

Consejo: Sacar el cordero a 52-53 °C cuando quieres comerlo a 55-56 °C responde a la cocción residual: la superficie está mucho más caliente que el centro y, al salir del horno, ese calor sigue migrando hacia dentro por conducción y eleva el núcleo entre 2 y 4 °C durante el reposo. Cuanto más gruesa es la pieza, mayor es el arrastre. Mide siempre sin tocar el hueso, porque conduce peor que el músculo y marca varios grados menos, y esa lectura falsa hace que devuelvas al horno una pieza que ya estaba lista. La rejilla evita además que la cara inferior se cueza por contacto en su propio jugo y quede gris y hervida.

04

Paso 04

Traslada los costillares a una tabla o rejilla templada, con los huesos hacia arriba, y déjalos reposar 8 minutos sin cubrirlos herméticamente; como mucho apoya una hoja de papel de aluminio sin apretarla. En ese tiempo el centro subirá hasta 55-56 °C. Sabrás que están listos cuando al apoyar el dedo la carne ofrezca una resistencia elástica y no queden más de dos o tres gotas de jugo sobre la tabla. Guarda ese jugo para añadirlo después al emplatado.

Consejo: Durante la cocción las fibras se contraen y empujan el agua hacia el centro de la pieza, creando un gradiente de presión interno. Al bajar del entorno de los 70 °C esas fibras se relajan, el jugo se redistribuye por capilaridad y parte del agua vuelve a quedar ligada a las proteínas. Cortar de inmediato multiplica por varias veces el líquido que pierdes, y se ve enseguida: un charco rosado bajo las chuletas y carne mate al corte. Tampoco lo tapes apretado, porque el vapor atrapado condensa sobre la costra, la rehidrata y arruina en tres minutos los siete que has dedicado a sellarla.

05

Paso 05

Escalda los 30 g de hojas de menta 10 segundos en agua hirviendo y enfríalas de inmediato en agua con hielo; escúrrelas y sécalas apretándolas entre las manos. Tritúralas con los 30 ml de aceite de oliva restantes, los 15 ml de vinagre de vino blanco, los 3 g de azúcar y 2 g de sal durante 40 segundos, hasta obtener una salsa verde intensa y fluida. Debe saber ácida y herbácea con un fondo dulce apenas perceptible; añade unas gotas de vinagre si resulta plana.

Consejo: El escaldado de diez segundos cumple una función enzimática precisa: inactiva la polifenoloxidasa y la clorofilasa de la menta, las enzimas que en pocos minutos oxidan las hojas trituradas y las vuelven pardas. El choque en hielo detiene la cocción antes de que el calor degrade los aromas volátiles. Ahora bien, el ácido acético del vinagre desplaza el magnesio central de la clorofila y la convierte en feofitina, de un verde oliva apagado, así que la salsa debe triturarse en frío y consumirse el mismo día. Si la preparas la víspera con el vinagre dentro, amanecerá marrón por muy bien que la hayas escaldado.

06

Paso 06

Funde los 40 g de mantequilla en una sartén amplia a fuego medio, sin dejar que llegue a dorarse: debe espumar y quedarse en torno a los 120 °C. Echa los 150 g de guisantes lágrima y muévelos haciendo saltar la sartén durante 25-30 segundos exactos, contando el tiempo. Retíralos en cuanto pasen del verde mate al verde brillante y estén templados al tacto, nunca calientes. Sazona con 1 g de sal fuera del fuego. Al morder uno debe estallar y soltar líquido dulce.

Consejo: Los 25-30 segundos se justifican por la pared celular. La lámina media que une las células del guisante está hecha de pectina y a partir de unos 80 °C empieza a degradarse: la célula pierde turgencia y el estallido, que es lo único que justifica el precio de este producto, desaparece. A la vez, el almidón interno gelatiniza entre 60 y 75 °C y convierte el interior en harina. El golpe de verde brillante que ves a los pocos segundos es el aire expulsado de los espacios intercelulares, que deja la clorofila a la vista: esa es tu señal de retirada. La mantequilla se mantiene a 120 °C porque dorada taparía con sus notas tostadas el dulzor del guisante.

07

Paso 07

Coloca el costillar sobre la tabla con los huesos hacia arriba y corta entre cada dos huesos con un cuchillo largo y afilado, en un único movimiento de arrastre y sin serrar, para obtener chuletitas de unos 60 g. La sección debe mostrar un rosado uniforme hasta 2 mm del borde. Dispón 3 o 4 chuletitas por plato de cerámica gris piedra, apoyadas unas en otras con los huesos alineados, y reparte los 150 g de guisantes lágrima alrededor, sueltos.

Consejo: Un solo movimiento de arrastre con hoja larga es lo que mantiene la sección limpia: serrar comprime la carne contra la tabla y exprime el jugo que acabas de conservar con ocho minutos de reposo, además de deshilachar la fibra en el borde del corte. Corta siempre perpendicular a la dirección de las fibras, que en el lomo del costillar corren paralelas al hueso, para acortarlas y facilitar la masticación. Y templa el plato entre 50 y 60 °C, nunca más: por encima, la cocción residual seguiría trabajando sobre chuletas de apenas 2 cm de grosor y pasarían de rosadas a hechas mientras esperan en el pase.

08

Paso 08

Traza 5 o 6 puntos de salsa de menta con una cuchara pequeña alrededor de las chuletitas, nunca por encima, y arrastra alguno con la punta para dibujar una lágrima. Añade sobre la carne unas escamas de sal y, si te ha quedado jugo del reposo, un hilo por la base del plato. Sirve de inmediato: la carne entre 52 y 55 °C, los guisantes templados a unos 40 °C y la salsa fría. No deben pasar más de dos minutos entre el corte y la mesa.

Consejo: El maridaje de menta y cordero tiene una base química real. El cordero contiene ácidos grasos ramificados, sobre todo 4-metiloctanoico y 4-metilnonanoico, responsables de ese sabor característico que a mucha gente le resulta intenso; la acidez de la salsa los solubiliza y los arrastra, mientras el mentol activa los receptores TRPM8 del frío y desplaza la percepción de grasa en el paladar. Por eso la salsa va al lado y en puntos: quien quiera más, moja más. Vertida sobre la carne, su humedad reblandecería en segundos la costra de Maillard y taparía el sabor propio del cordero en vez de acompañarlo.

#Francesa#Avanzado#40 min#Carnes y Guisos
Maridaje

Burdeos tinto (Pauillac)

Burdeos, Francia

Elegante y con taninos finos, acompaña la carne delicada del costillar y hace eco de la clásica combinación cordero-Burdeos.

Pinot Noir

Borgoña, Francia

Fino y con acidez, realza el cordero rosado sin taparlo y dialoga con el frescor de la menta y el dulzor de los guisantes.

Rioja Reserva

Rioja, España

Cuerpo y notas de crianza que abrazan el costillar y equilibran la salsa herbácea de menta.

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