
Espalda de Cabrito Lechal Confitada con Tomillo
El cabrito lechal es el cabrito alimentado exclusivamente con leche materna y sacrificado antes de los 45 días, con una carne pálida, tierna y de sabor delicado que nada tiene que ver con la del chivo. El confitado, técnica de conservación medieval reconvertida en método de precisión, lo sumerge en manteca ibérica y aceite a 85 grados durante horas: a esa temperatura el colágeno se convierte en gelatina sin que las fibras musculares se contraigan ni pierdan agua. El resultado es una carne que se separa del hueso sola, rematada con un golpe de horno fuerte que devuelve el crujido a la piel.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 17 h (30 min activa + 12 h curado + 4 h confit + acabado)Paso 01
Sazona las 2 espaldas de cabrito lechal, unos 1200 g en total, frotándolas por todas sus caras con los 30 g de sal marina y 6 g de hojas de tomillo. Colócalas en una fuente, cúbrelas con film y refrigéralas entre 6 y 12 horas. Sácalas después, retira el exceso de sal con papel y sécalas a conciencia por ambas caras.
Consejo: El curado actúa por ósmosis y difusión: durante esas horas la sal extrae agua superficial y penetra en la carne, donde desnaturaliza parcialmente las proteínas miofibrilares y aumenta su capacidad de retener los jugos durante la cocción. Secarlas después es una cuestión de seguridad además de técnica: cada gota de agua que entre en grasa a 85 grados se convierte en vapor y salpica.
Paso 02
Funde los 800 g de manteca de cerdo ibérico con los 400 ml de aceite de oliva en una cazuela honda a fuego muy suave. Añade los 60 g de cabeza de ajos partida por la mitad, los 6 g de tomillo restantes, los 2 g de laurel y los 3 g de pimienta en grano. Calienta hasta 85 grados comprobando con termómetro: la grasa no debe humear ni burbujear con fuerza.
Consejo: Se combina manteca ibérica y aceite de oliva por dos motivos: la manteca aporta los aromas propios del cerdo de bellota y un punto de fusión que facilita conservar las piezas después, y el aceite baja la viscosidad del conjunto y suma polifenoles. La infusión previa extrae los compuestos liposolubles del tomillo y del ajo, timol y sulfurados, que después penetrarán en la carne durante las horas de confitado.
Paso 03
Sumerge las espaldas por completo en la grasa aromática, asegurándote de que ninguna parte asome. Confita a fuego mínimo entre 85 y 90 grados durante 3 a 4 horas, comprobando la temperatura cada 20 minutos. Estarán listas cuando la carne ceda del hueso al presionarla con el dedo y una brocheta entre sin ninguna resistencia.
Consejo: Entre 85 y 90 grados el colágeno del tejido conjuntivo se hidroliza en gelatina de forma sostenida, mientras que por encima de 95 las fibras musculares se contraen y expulsan su agua, dejando la carne seca y fibrosa por mucha grasa que la rodee. Al no superar los 100 grados no hay evaporación, y por eso la pieza conserva su jugo interno: es la diferencia entre confitar y freír.
Paso 04
Apaga el fuego y deja las espaldas dentro de la grasa durante 20 a 30 minutos, hasta que la temperatura baje a unos 60 grados. No las muevas ni las saques antes. La carne debe asentarse dentro de su medio de cocción antes de manipularla, porque en caliente está tan tierna que se desprende del hueso al menor movimiento.
Consejo: Durante el confitado las fibras han desplazado parte de sus jugos hacia el exterior por gradiente térmico; al bajar la temperatura, esos jugos se redistribuyen y son reabsorbidos por el tejido, lo que se traduce en una carne notablemente más jugosa en el plato. Es el mismo principio del reposo de un asado, aplicado dentro del medio graso, que además evita cualquier pérdida por evaporación.
Paso 05
En otra cazuela, dora los 400 g de huesos y recortes del cabrito a fuego fuerte durante 10 minutos, hasta que estén oscuros y el fondo cubierto de costra. Añade los 50 g de chalota picada y sofríe 5 minutos. Desglasa con los 150 ml de vino blanco raspando el fondo, añade los 300 ml de caldo y reduce a fuego medio 25 minutos, hasta que nape la cuchara. Cuela.
Consejo: Los restos pegados al fondo son melanoidinas y aminoácidos concentrados, la fracción más sabrosa de todo el dorado, y el alcohol del vino los disuelve mejor que el agua porque muchos son liposolubles. La reducción concentra además la gelatina que los huesos han cedido, y es esa gelatina la que da al jugo su brillo y su capacidad de napar sin necesidad de harina ni espesante alguno.
Paso 06
Precalienta el horno a 220 grados. Escurre las espaldas con dos espumaderas sosteniéndolas por debajo para que no se desmonten y sécalas por la cara de la piel con papel de cocina. Colócalas con la piel hacia arriba en una bandeja y hornea 8 a 10 minutos, hasta que la piel esté dorada, tensa y crujiente.
Consejo: Secar la piel antes del golpe de horno es la condición indispensable: la Maillard necesita superar los 140 grados en superficie, y mientras haya agua o grasa líquida encima, la temperatura se estanca en 100 mientras esa humedad se evapora. Diez minutos son el máximo, porque la carne ya está cocida y cada minuto extra la reseca desde fuera sin aportar nada al crujido.
Paso 07
Calienta el jugo reducido y napa con él el fondo de cada plato, extendiéndolo con el dorso de la cuchara en un círculo. Coloca encima media espalda de cabrito con la piel hacia arriba, apoyada de forma que quede en altura. No viertas jugo sobre la pieza en ningún caso.
Consejo: El jugo va debajo y nunca encima por una razón puramente física: una salsa acuosa sobre una piel crujiente la rehidrata y la reblandece en menos de un minuto, echando por tierra el trabajo del paso anterior. Es la convención de sala para cualquier pieza con piel o costra, y por eso en los restaurantes la salsa se sirve siempre napando la base o en salsera aparte.
Paso 08
Termina cada plato con unas hojas de los 2 g de tomillo fresco desmenuzadas sobre la carne, los 3 g de flor de sal repartidos en escamas sobre la piel y un hilo de los 10 ml de aceite de oliva virgen extra en crudo trazado sobre el jugo. Sirve de inmediato, mientras la piel conserva el crujido.
Consejo: La flor de sal se pone al final y sin disolver porque sus escamas aportan un punto salino puntual y un crujido audible que desaparece si se añade con antelación, ya que la humedad de la superficie la disuelve en minutos. El tomillo fresco en crudo aporta el timol volátil que las 4 horas de confitado han degradado, devolviendo al plato una nota herbácea viva.
Ribera del Duero Crianza
Ribera del Duero, España
El Tempranillo con crianza tiene fruta madura y taninos redondos que abrazan la carne melosa del cabrito y limpian la grasa del confit.
Bierzo Mencía
Bierzo, España
Más fresco y floral, con acidez viva y nota mineral de pizarra que corta la untuosidad de la grasa y realza el tomillo.
Châteauneuf-du-Pape tinto
Valle del Ródano, Francia
Garnacha especiada y con cuerpo; sus notas de garriga (tomillo, romero) hacen eco al plato y sostienen la intensidad del cabrito.
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