
Jabalí en Adobo con Membrillo y Castaña
El jabalí en adobo es plato de montaña y de otoño, propio de las comarcas donde la caza mayor llegaba a la cocina en la misma temporada en que maduraban el membrillo y la castaña. El adobo de vino tinto, ajo y pimentón cumple aquí una doble función heredada: perfuma la carne y, en tiempos sin frío industrial, ayudaba a conservarla durante los días que pasaban entre la montería y el puchero. Lo que hace especial la receta es su equilibrio agridulce, con el membrillo aportando acidez, pectina y dulzor frente a la potencia de la caza, y la castaña sumando una textura harinosa que redondea la salsa.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 3 h 30 min (+ 12-24 h de adobo)Paso 01
Trocea 1 kg de jabalí en dados de 5 cm y colócalos en una fuente honda de vidrio o de barro, nunca de aluminio. Cúbrelos con 500 ml de vino tinto, 4 dientes de ajo aplastados, 8 g de pimentón de La Vera, 30 ml de vinagre de vino, 2 hojas de laurel y 4 ramas de tomillo. Tapa y deja adobar en la nevera entre 12 y 24 horas, volteando las piezas a mitad de tiempo, hasta que la carne pase de rojo vivo a un granate apagado y uniforme.
Consejo: El adobo no ablanda por dentro, y conviene saberlo: el ácido del vino y del vinagre baja el pH superficial hasta 3,5 o 4 y desnaturaliza las proteínas de los primeros 3 a 5 milímetros, pero no avanza más allá por mucho que alargues el tiempo. Lo que sí consigue es alejar el pH del punto isoeléctrico de las proteínas musculares, en torno a 5,2, con lo que las fibras se repelen entre sí, retienen más agua y el trozo pierde menos jugo al guisar. La fuente nunca debe ser de aluminio ni de hierro sin esmaltar: el ácido ataca el metal y la carne adquiere un sabor metálico inconfundible.
Paso 02
Escurre el jabalí y cuela el adobo, reservando el líquido y descartando las hierbas y el ajo. Seca cada trozo a conciencia con papel de cocina hasta que la superficie quede mate. Calienta 60 ml de aceite en la cocotte a fuego fuerte y dora la carne en tres tandas, 3 minutos por cara y sin que los trozos se toquen. Retira cuando cada cara tenga una costra marrón oscuro uniforme y el fondo se cubra de restos tostados.
Consejo: Aquí se suman dos obstáculos. El primero es el agua: mientras la superficie siga húmeda la temperatura no pasa de 100 °C y la reacción de Maillard, que necesita entre 140 y 160 °C, ni siquiera empieza. El segundo es el pH, porque la carne sale del adobo acidificada y la reacción de Maillard se ralentiza de forma notable en medio ácido, ya que el grupo amino de los aminoácidos queda protonado y deja de estar disponible para reaccionar con los azúcares. Por eso hay que secar más de lo que parece razonable. Si los trozos se ven grises y sueltan jugo lechoso, la cocotte está sobrecargada.
Paso 03
En la misma cocotte, con la grasa del dorado, pocha 150 g de cebolla y 120 g de zanahoria cortadas en dados de 1 cm a fuego medio durante 15 minutos, removiendo cada dos o tres. Añade los 12 g de sal desde el principio. Continúa hasta que la cebolla pase de blanca a un dorado ámbar y los bordes de la zanahoria se tuesten, con el fondo cubierto de una costra marrón, brillante y en ningún caso negra.
Consejo: La sal puesta desde el principio no sazona, extrae: por ósmosis rompe el equilibrio hídrico de la célula vegetal y hace salir el agua, de modo que la cebolla se ablanda antes y empieza a dorarse mucho más pronto. Los azúcares de la cebolla y de la zanahoria, sobre todo sacarosa y fructosa, caramelizan a partir de 110 o 120 °C, y en paralelo sus aminoácidos libres reaccionan por Maillard: de ahí sale el dulzor tostado que sostiene toda la salsa. El error habitual es subir el fuego por impaciencia; entonces la cebolla se quema por fuera antes de ablandarse por dentro y aporta amargor en lugar de dulzor.
Paso 04
Devuelve el jabalí y sus jugos a la cocotte, vierte los 500 ml de adobo colado y raspa el fondo con cuchara de madera hasta despegar toda la costra tostada. Sube el fuego y deja hervir destapado entre 5 y 8 minutos. Retira con espumadera la espuma parda que suba a la superficie. Está listo cuando el vapor deje de oler a alcohol y el líquido se vea limpio, de color granate oscuro y sin corona de burbujas sucias en el borde.
Consejo: Esa espuma parda que sube no es suciedad: son proteínas solubles del vino y de la propia carne que coagulan al superar los 70 u 80 °C y arrastran consigo taninos precipitados del tinto. Si la dejas, se reintegra al guiso y aporta turbidez y un fondo astringente que reseca la boca, especialmente perceptible con una carne tan magra como el jabalí. Los minutos de hervor destapado eliminan además la fracción volátil del etanol, que en un adobo de 500 ml basta para tapar los aromas del pimentón y del tomillo durante las tres horas de cocción que vienen después.
Paso 05
Tapa la cocotte y guisa a fuego mínimo, o en el horno a 150 °C, entre 2 y 3 horas, con el líquido temblando en torno a los 85 °C y sin llegar nunca a hervir con fuerza. Comprueba cada 45 minutos y añade caldo caliente, hasta 300 ml en total, si el nivel baja por debajo de la mitad de la carne. Está en su punto cuando un tenedor entra sin resistencia y la fibra se separa sola al girarlo.
Consejo: El jabalí corre por el monte toda su vida, así que su colágeno tiene muchos más entrecruzamientos estables que el de un cerdo de granja sacrificado a los seis meses, y por eso pide el doble de tiempo. Esos enlaces solo se rompen por hidrólisis lenta en medio húmedo, de forma apreciable a partir de 70 °C y con eficacia entre 80 y 90 °C; la acidez que arrastra el adobo acelera algo el proceso. Lo que no funciona es subir el fuego: por encima de 95 °C las fibras musculares se contraen y expulsan su agua más deprisa de lo que se forma la gelatina, y la carne acaba seca y fibrosa aunque nade en salsa.
Paso 06
Añade los 200 g de membrillo pelado, descorazonado y cortado en dados de 2 cm, y cuece destapado 25 minutos. Incorpora entonces los 200 g de castañas peladas y cuece 15 minutos más. Rectifica con 3 g de pimienta negra recién molida. La salsa está lista cuando el membrillo se haya deshecho en hilos y ya no se distingan los dados, y el líquido nape el dorso de una cuchara dejando un surco limpio al pasar el dedo.
Consejo: El membrillo es de las frutas más ricas en pectina, y por eso espesa la salsa sin necesidad de harina: al calentarse en medio ácido su protopectina se solubiliza, pasa al líquido y forma una red que retiene agua y aporta cuerpo. Sus taninos, además, cortan el dulzor y evitan que el conjunto empalague. Las castañas entran al final por la razón contraria: su almidón, ya gelatinizado, y su escasa pared celular hacen que se deshagan en puré si cuecen más de veinte minutos, y entonces pierdes el contraste de textura harinosa que justifica ponerlas. Si empiezan a resquebrajarse por los bordes, apaga el fuego.
Paso 07
Templa el plato de cerámica gris piedra con agua muy caliente y sécalo. Coloca en el centro tres o cuatro trozos de jabalí apilados con altura, sin extenderlos por la superficie, y reparte alrededor las castañas enteras para que queden bien visibles. Napa con 4 cucharadas de salsa oscura dejando que resbale por los lados. Deja algunas zonas de carne sin cubrir: el brillo de la salsa contra el mate de la costra dorada es lo que hace apetecible el plato.
Consejo: La salsa va cargada de gelatina procedente del colágeno y de pectina procedente del membrillo, y ambas gelifican al enfriarse: la gelatina en torno a los 35 °C y la pectina algo por encima. Sobre un plato a temperatura ambiente, esa salsa que en la cocotte napaba con brillo se cuaja en pocos minutos y llega a la mesa con aspecto de mermelada mate y textura pegajosa en el paladar. Templar el plato es lo único que la mantiene por encima de los 55 °C. Apilar la carne en altura en lugar de extenderla también reduce la superficie expuesta al aire y frena la pérdida de calor durante el servicio.
Paso 08
Deshoja las últimas ramas de tomillo fresco y espolvorea las hojas enteras, sin picarlas, sobre la carne y la salsa. Comprueba el punto de sal antes de sacarlo, porque el membrillo aporta dulzor y el guiso suele pedir un pellizco más. Sirve de inmediato, muy caliente, con puré de patata o pan de hogaza para rebañar. Si la salsa ha espesado en exceso, aflójala con un chorro de caldo caliente hasta que vuelva a fluir.
Consejo: El tomillo se añade en hoja entera y fuera del fuego porque sus aromas son monoterpenos muy volátiles, sobre todo timol y carvacrol, que se evaporan en minutos por encima de 80 °C: el tomillo que lleva tres horas dentro del guiso ya solo aporta un amargor de fondo, no perfume. Picarlo tampoco compensa, porque rompe las glándulas y libera el aroma en la tabla en lugar de en el plato. Y vigila la sal, porque el dulzor del membrillo enmascara la percepción salada por interacción en el receptor: un guiso agridulce siempre necesita algo más de sal de la que parece pedir al probarlo caliente.
Tempranillo de crianza
Ribera del Duero, España
Cuerpo y notas de crianza que hacen frente a la intensidad del jabalí y equilibran el dulzor del membrillo.
Garnacha
Calatayud, Aragón
Fruta madura y calidez que abrazan la caza y dialogan con el punto agridulce del membrillo y las castañas.
Mencía
Bierzo, España
Con fruta y un punto mineral, acompaña la caza de monte y resuena con las castañas y el sabor otoñal del plato.
Galería
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