Rodaja de solomillo Wellington de cerdo en plato de cerámica gris piedra: corazón de solomillo pálido rodeado de duxelles y jamón dentro de hojaldre dorado.
EspañolaAvanzado1 h 45 min (montaje + horno + reposo)Carnes y Guisos

Solomillo Wellington de Cerdo con Jamón y Champiñón

El Wellington nació en las mesas inglesas del siglo XIX como solomillo de vacuno envuelto en hojaldre, y esta versión lo traslada al cerdo y a la despensa española: el solomillo se sella, se unta de mostaza de Dijon, se abriga en jamón serrano y en una duxelles de champiñón cocinada hasta quedar completamente seca, y se cierra en hojaldre de mantequilla. Al cortarlo aparece el dibujo que justifica todo el trabajo, un corazón pálido y jugoso rodeado por el anillo oscuro de las setas y el rosa del jamón, dentro de una corteza dorada. Es un plato de celebración mucho más asequible que el de vacuno y con un punto salino que el original no tiene.

Tiempo Total
1 h 45 min (montaje + horno + reposo)
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 45 min (montaje + horno + reposo)
01

Paso 01

Limpia los 400 g de champiñones con un paño, nunca bajo el grifo, y pícalos en el robot con pulsos cortos de 2 segundos hasta obtener un granulado de 2 a 3 mm, no un puré. Pica igual las 2 chalotas (80 g). Limpia los 2 solomillos de 400 g de nervios y grasa y sécalos bien. Ten a mano las 10 lonchas de jamón, la plancha de hojaldre en frío, los 30 g de mostaza y las 2 yemas batidas.

Consejo: El champiñón contiene entre un 90 y un 92 por ciento de agua, y todo el éxito del plato depende de sacar esa agua fuera. Por eso no se lava bajo el grifo: su carne es porosa y absorbe agua adicional en segundos, agua que luego tendrás que evaporar. Y por eso se pica en pulsos y no en marcha continua, porque una trituración prolongada rompe las células por completo, libera el agua de golpe y expone la polifenoloxidasa, la enzima que oxida los fenoles y ennegrece la seta antes incluso de llegar a la sartén. El error típico es picar grueso o a cuchillo con prisa: el síntoma llega dos pasos después, cuando la duxelles parece seca pero los trozos grandes siguen cargados de agua por dentro y la sueltan dentro del hojaldre.

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Paso 02

Sazona los solomillos con los 8 g de sal y los 2 g de pimienta. Calienta los 30 ml de aceite en una sartén hasta que humee, sobre 220 grados, y sella los solomillos girándolos cada minuto hasta que las cuatro caras tengan una costra marrón uniforme, unos 4 minutos en total. Retíralos a una rejilla y deja que bajen a unos 40 grados. Pincélalos entonces por completo con los 30 g de mostaza de Dijon.

Consejo: El sellado no cocina, fabrica sabor: por encima de 140 grados los aminoácidos de la superficie reaccionan con los azúcares reductores y generan los cientos de compuestos de la reacción de Maillard. Hay que ser rápido porque el solomillo es un músculo magrísimo, con apenas un 2 o 3 por ciento de grasa, y cada segundo de más engorda la banda gris de carne pasada bajo la costra, que después no se puede corregir en el horno. La mostaza se aplica en tibio y nunca sobre la carne ardiendo: su punzada viene del alil isotiocianato, un compuesto muy volátil que se evapora por encima de los 60 grados. El error típico es untarla nada más sacar la pieza de la sartén, y el síntoma es una mostaza que solo aporta acidez y color, sin ese pinchazo nasal que debe atravesar la grasa del jamón.

03

Paso 03

En la misma sartén funde los 30 g de mantequilla y rehoga las chalotas 4 minutos a fuego medio sin dorarlas. Añade los 400 g de champiñones picados y las hojas de las 2 ramas de tomillo, sube a fuego medio alto y cocina de 15 a 20 minutos removiendo. Termina cuando la masa haya reducido a un tercio de su volumen, sea oscura y compacta y deje un surco limpio en el fondo al pasar la espátula. Extiéndela en una bandeja y enfríala.

Consejo: De los 400 g de champiñón vas a evaporar unos 360 g de agua, y esos veinte minutos no son negociables. Al concentrarse, la duxelles multiplica su glutamato libre, del que la seta ya tiene entre 40 y 110 miligramos por cada 100, y sus ribonucleótidos, sobre todo el guanosín monofosfato; ambos actúan en sinergia y por eso una duxelles bien seca sabe muchísimo más intensa que la suma de sus champiñones. La señal del surco limpio es la prueba objetiva de que ya no queda agua libre: si el fondo se cierra solo, todavía hay humedad. El error típico es dar por buena la duxelles cuando aún brilla: el síntoma aparece al cortar el Wellington, con una base de hojaldre pálida, cruda y despegada, encharcada por el agua que salió durante el horneado.

04

Paso 04

Extiende un film sobre la encimera y monta encima las 10 lonchas de jamón serrano solapadas 1 cm, formando un rectángulo algo más largo que el solomillo. Cubre el jamón con una capa uniforme de duxelles fría de unos 5 mm y coloca el solomillo en un extremo. Enrolla tirando del film y apretando en cada vuelta, hasta obtener un cilindro firme sin bolsas de aire. Retuerce los extremos y enfría 20 minutos.

Consejo: El jamón cumple una función técnica antes que gastronómica: su curado lo ha dejado con una actividad de agua en torno a 0,88, muy por debajo de la de la carne fresca, así que se comporta como una lámina absorbente que retiene el jugo que suelte el solomillo e impide que llegue al hojaldre. Apretar con el film elimina el aire, y eso importa porque el aire es un pésimo conductor del calor, de modo que una bolsa atrapada crea un punto frío donde la carne no se hace y, peor, se convierte en vapor a presión que despega el hojaldre desde dentro. El error típico es montar con la duxelles aún templada: el síntoma es que el vapor condensa contra el film, humedece el jamón y el cilindro pierde firmeza al desenrollarlo.

05

Paso 05

Extiende la plancha de hojaldre fría, retira el film del cilindro y colócalo en un tercio de la masa. Envuélvelo dejando 2 cm de solape, sella la costura presionando y recorta el exceso de los extremos antes de doblarlos hacia abajo. Pincela toda la superficie con yema batida, deja secar 2 minutos, marca un rayado en diagonal con el dorso del cuchillo sin llegar a cortar y vuelve a pincelar. Enfría 15 minutos.

Consejo: Un hojaldre son cientos de láminas alternas de masa y mantequilla, y solo funciona si esa mantequilla llega al horno sólida: en cuanto la temperatura sube, el 16 por ciento de agua que contiene se convierte en vapor y empuja cada lámina de masa hacia arriba, mientras el gluten se fija. Si la mantequilla está fundida antes de entrar, la masa la absorbe y sale una galleta densa y grasienta en vez de un hojaldre. Por eso todo se trabaja frío y se enfría de nuevo antes de hornear. Cuidado con la yema en los cantos cortados: al coagular pega las láminas entre sí y bloquea la subida. El error típico es pincelar el borde a chorretón, y el síntoma es un lateral aplastado y compacto junto a una tapa perfectamente hojaldrada.

06

Paso 06

Precalienta el horno a 200 grados con calor arriba y abajo y hornea el Wellington sobre papel, en la parte baja, de 25 a 30 minutos. Está listo cuando el hojaldre esté dorado intenso y hojaldrado también por los laterales y el termómetro clavado en el centro de la carne marque entre 63 y 65 grados. Sácalo de inmediato aunque el reloj no haya llegado: manda el termómetro, no el tiempo.

Consejo: Los 200 grados no son negociables, porque el hojaldre necesita un choque térmico fuerte para que el agua de la mantequilla se vaporice antes de que esa mantequilla escurra fuera de las láminas; a 180 grados la grasa se funde y sale por la costura antes de generar el empuje, y el resultado es una masa pálida y aceitosa. En cuanto a la carne, 63 grados es la temperatura a la que el cerdo entero es seguro, muy por encima de los 58 a 60 grados que inactivan la triquina, y ahí el músculo aún conserva jugo, mientras que a partir de 70 la actina se contrae y expulsa el agua. El error típico es hornear a tiempo fijo: como el grosor del solomillo varía por la pieza, el síntoma es una carne blanca y seca dentro de un hojaldre impecable.

07

Paso 07

Pasa el Wellington a una rejilla y déjalo reposar 10 minutos, sin taparlo en ningún caso. Recorta los dos extremos y corta rodajas de 3 cm con un cuchillo de sierra bien afilado, con movimiento largo de vaivén y sin ejercer presión hacia abajo. Cada rodaja debe mostrar el corazón pálido de la carne, el anillo oscuro de duxelles y el hojaldre entero, sin desmoronarse.

Consejo: Durante el horneado las fibras contraídas mantienen el jugo a presión hacia el centro; al reposar diez minutos, esas miofibrillas se relajan y el jugo, más viscoso al enfriarse, se redistribuye y queda retenido, además de que el calor residual sube el centro otros 3 o 4 grados, algo que hay que descontar al sacarlo. El reposo se hace sobre rejilla y sin cubrir porque cualquier tapa devuelve el vapor que sale por la base y reblandece la corteza. Al cortar, la sierra trabaja por fricción y no por presión: si empujas hacia abajo con un cuchillo de hoja lisa, aplastas las láminas del hojaldre contra la carne. El síntoma de cortar demasiado pronto es un charco de jugo en la tabla y una rodaja que se abre en capas separadas.

08

Paso 08

Coloca dos rodajas por comensal en platos de cerámica gris piedra, apoyadas de canto para que se vea el corte, y traza al lado un hilo de jugo de asado reducido, nunca sobre el hojaldre. Remata con unas hojas de tomillo fresco. Sirve de inmediato, en los cinco minutos siguientes al corte, mientras la corteza sigue crujiendo al apoyar el cuchillo.

Consejo: El hojaldre recién horneado es un material seco, con una actividad de agua muy baja, rodeado de elementos húmedos, y esa diferencia pone en marcha una migración inevitable: el agua de la carne, de la duxelles y de cualquier salsa se desplaza hacia la masa y, cuando su humedad supera cierto umbral, la matriz de almidón y gluten pasa de estado vítreo a gomoso y deja de crujir aunque siga pareciendo dorada. Ese proceso empieza en cuanto abres el corte y expones el interior. Por eso la salsa va al lado y jamás encima. El error típico es emplatar todas las rodajas y llevarlas juntas diez minutos después: el síntoma es una base correosa que se dobla al pincharla, con el resto del plato intacto.

#Española#Avanzado#1 h 45 min (montaje + horno + reposo)#Carnes y Guisos
Maridaje

Ribera del Duero Crianza (Tempranillo)

Ribera del Duero, España

Fruta y barrica con taninos redondos que acompañan el solomillo y hacen eco de la duxelles y el jamón.

Rioja Reserva (Tempranillo)

Rioja, España

Crianza con notas balsámicas y taninos pulidos que envuelven la carne y el hojaldre tostado.

Borgoña tinto (Pinot Noir)

Borgoña, Francia

Elegancia y aromas de setas que dialogan de forma natural con la duxelles de champiñón.

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