
Manitas de Cerdo Rellenas de Setas y Foie
Es casquería llevada al terreno de la alta cocina, con un pie en la tradición española de la manita guisada y otro en la charcutería francesa del rollo prensado. Las 4 manitas se cuecen horas hasta que el colágeno se rinde, se deshuesan enteras dejando la piel intacta y se rellenan con un duxelles de setas y foie antes de enrollarlas y prensarlas en frío. Al día siguiente se cortan en rodajas limpias y se glasean con la reducción de su propio caldo. El contraste entre la gelatina untuosa, el relleno terroso y el brillo oscuro de la salsa convierte un ingrediente humildísimo en un plato de mesa de fiesta.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 5 h (cocción + deshuesado + relleno + glaseado)Paso 01
Chamusca las 4 manitas sobre la llama girándolas hasta que no quede ni un pelo y raspa la piel con el filo de un cuchillo bajo el grifo. Trocea los 100 g de puerro y los 100 g de zanahoria en cilindros de 3 cm. Pica los 300 g de setas y los 60 g de chalota en dados de 2 o 3 mm. Saca los 120 g de foie micuit de la nevera para que llegue a 16-18 °C y ten listos los 500 ml de caldo.
Consejo: El picado fino de las setas no es estética: multiplica la superficie de evaporación, y como el hongo es agua en un noventa por ciento, esa superficie decide cuánto tarda el duxelles en secar y concentrarse. Además rompe las paredes celulares de quitina y libera al medio los nucleótidos y aminoácidos responsables del sabor: el boletus aporta glutamato libre y el shiitake guanilato, dos moléculas que juntas potencian el umami muy por encima de la suma de ambas. Un picado grueso deja trozos que sueltan agua después, dentro del rollo, y arruinan el prensado.
Paso 02
Pon las manitas en una olla con el puerro, la zanahoria, las 2 hojas de laurel y 6 g de sal, cúbrelas con agua fría y lleva a ebullición. Desespuma y baja el fuego hasta que el agua solo tiemble, entre 85 y 90 °C, y cuece de 3 a 4 horas, o 70 minutos en olla exprés. Estarán listas cuando la piel se vea traslúcida y los huesos se muevan libremente al empujarlos con el dedo. Cuela y reserva el caldo.
Consejo: La manita de cerdo es sobre todo colágeno tipo uno, una proteína estructurada en triples hélices que en crudo resulta incomestible. Entre 85 y 90 °C esas hélices se desnaturalizan y se hidrolizan progresivamente en gelatina soluble, y ese es el proceso que da la textura melosa y llena el caldo de cuerpo. Es cuestión de horas, no de intensidad: hervir a borbotones no acelera nada y en cambio agita la grasa fundida hasta emulsionarla en el agua, dejando un caldo turbio que ya no reducirá limpio ni brillará al glasear.
Paso 03
Saca las manitas del caldo y trabájalas todavía templadas, en torno a 50 °C, sobre una tabla. Ábrelas por la cara interna con la punta de un cuchillo pequeño y ve extrayendo uno a uno todos los huesecillos y cartílagos, tirando de ellos con los dedos y raspando la carne pegada. Extiende cada manita abierta como una lámina, con la piel hacia abajo y sin ningún desgarro visible.
Consejo: Los 50 °C son el rango de trabajo por una razón física: la gelatina ya extraída se mantiene en estado líquido por encima de unos 35 °C y actúa como lubricante entre la piel y el hueso, de modo que las piezas se separan solas. En cuanto la pieza baja de 30 °C esa misma gelatina cuaja formando una red tridimensional, todo se adhiere y cualquier tirón rompe la piel, que es justo la envoltura que necesitas entera para enrollar. El otro error es trabajarlas hirviendo: la carne está tan blanda que se deshace entre los dedos y pierdes la lámina.
Paso 04
Funde los 40 g de mantequilla en una sartén amplia a fuego medio, añade los 60 g de chalota y sofríe 4 minutos. Incorpora los 300 g de setas picadas y saltea de 12 a 15 minutos, hasta que el agua se haya evaporado por completo, la sartén deje de sonar a hervido y empiece a chisporrotear seco. Moja con los 100 ml de vino y reduce a seco. Retira del fuego, espera 2 minutos y mezcla los 120 g de foie hasta obtener una pasta untuosa.
Consejo: Mientras queda agua libre, la sartén no pasa de 100 °C y las setas se cuecen en su propio jugo; solo cuando esa agua se evapora la temperatura sube por encima de 140 °C y arranca la reacción de Maillard que da el color pardo y el fondo tostado del duxelles. Por eso el cambio de sonido, de burbujeo a chisporroteo, es la señal exacta. El foie entra fuera del fuego porque sus triglicéridos funden entre 25 y 35 °C: por encima de 50 °C la emulsión se rompe, la grasa se separa en un charco amarillo y el relleno queda granuloso y aceitoso.
Paso 05
Extiende dos hojas de film solapadas sobre la encimera y coloca encima las manitas abiertas, superpuestas por los bordes formando un rectángulo continuo. Salpimenta con 2 g de sal y medio gramo de pimienta, reparte el duxelles en una franja de 3 cm a lo largo y enrolla apretando con el film, girando los extremos como un caramelo hasta obtener un cilindro firme sin aire dentro. Enfría 12 horas a 4 °C.
Consejo: El prensado en frío es lo que convierte esto en un plato porcionable. Al bajar de 30 °C, las cadenas de gelatina disueltas en la carne se reasocian parcialmente en estructuras de triple hélice y forman una red tridimensional que atrapa el agua: el cilindro pasa de blando a compacto y cortable. Necesita tiempo, porque esa reasociación es lenta y sigue avanzando durante horas; a las dos horas el rollo aún cede. Cualquier burbuja de aire atrapada al enrollar quedará como un hueco en la rodaja y hará que se desmorone justo por ahí al cortarla.
Paso 06
Cuela por malla fina 800 ml del caldo de las manitas, júntalo con los 500 ml de caldo de carne y reduce a fuego medio, sin tapar, de 30 a 40 minutos, retirando la grasa que aflore. Detente cuando queden unos 250 ml, la salsa napa el dorso de una cuchara dejando un surco limpio al pasar el dedo y una gota enfriada en un plato frío cuaje. Rectifica entonces con los 2 g de sal restantes.
Consejo: El brillo de una demi-glace no viene de la grasa sino de la gelatina: al concentrarse por encima del cinco por ciento aumenta la viscosidad y forma una película continua sobre la superficie que refleja la luz de forma especular. Por eso el caldo de manitas reduce hasta glasear sin necesidad de harina ni almidón. Y por eso se sala al final: al evaporar más de la mitad del volumen, la sal presente se concentra en la misma proporción, así que ajustar al principio garantiza una salsa incomible de salada cuando alcance el punto de napado.
Paso 07
Retira el film del cilindro todavía frío de nevera y córtalo en rodajas de 2 cm con un cuchillo largo y afilado pasado antes por agua caliente y secado, serrando sin presionar. Coloca las rodajas en una sartén antiadherente con 4 cucharadas de la salsa reducida y calienta a fuego suave de 3 a 4 minutos, cucharéandolas sin parar hasta que estén templadas por dentro y brillantes por fuera.
Consejo: Cortar en frío y calentar después no es un capricho de orden: la gelatina funde de nuevo entre 30 y 35 °C, así que una rodaja cortada en templado se deforma bajo su propio peso y el relleno se desparrama. La hoja caliente funde una película microscópica en la superficie de contacto y reduce el rozamiento, de ahí el corte limpio. En la sartén, el fuego debe ser suave y el glaseado constante: si superas los 70 °C la estructura cede desde dentro, la rodaja se derrumba y suelta agua, que además diluye la salsa y le quita el brillo.
Paso 08
Calienta los platos de cerámica gris con agua caliente y sécalos bien. Coloca una rodaja en el centro de cada uno, con la espiral de duxelles a la vista, y napa con dos cucharadas de la salsa caliente vertida desde poca altura para que se extienda formando un espejo oscuro. Termina con los 5 g de perejil picado y media vuelta de pimienta. Sirve de inmediato.
Consejo: El plato caliente resuelve un problema real de este preparado: al llevar tanta gelatina disuelta, la salsa gelifica en cuanto baja de unos 25 °C y una vajilla fría la convierte en un velo mate y pegajoso en menos de un minuto, perdiendo de golpe el brillo por el que se ha reducido durante media hora. El perejil se añade siempre en crudo y al final porque sus aromas, apiol y miristicina, son terpenos volátiles que se disipan en segundos sobre una superficie caliente. Y verter la salsa desde poca altura evita salpicaduras que se secan mate sobre el borde del plato.
Rioja Reserva
Rioja, España
Su cuerpo, taninos suaves y notas de crianza acompañan la untuosidad de la manita y el foie, y hacen eco de la salsa reducida.
Pinot Noir
Borgoña, Francia
Elegante y con acidez, aligera la grasa del foie y la gelatina, realzando el sabor terroso de las setas.
Sauternes
Burdeos, Francia
Un dulce de licor, maridaje clásico del foie: su dulzor y acidez contrastan con la untuosidad del relleno de manera lujosa.
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