Ropa vieja de ternera en plato de cerámica gris piedra: carne deshilachada con garbanzos y tiras de pimiento rojo y verde en salsa, con perejil.
EspañolaFácil2 h 30 minCarnes y Guisos

Ropa Vieja de Ternera con Garbanzos y Pimiento

La ropa vieja es el guiso de aprovechamiento por excelencia: un corte fibroso de ternera, falda o morcillo, cocido hasta que se deshilacha en hebras, unido a un sofrito largo de pimiento rojo, pimiento verde y cebolla, y completado con garbanzos. El nombre viene del aspecto de la carne desmigada, que recuerda a jirones de trapos viejos, y su origen está en la cocina peninsular del cocido sobrante, desde donde viajó a Canarias y al Caribe, que la adoptaron con arroz blanco y plátano. Su virtud es la transformación: un corte duro y barato se convierte, gracias a horas de cocción suave, en un plato meloso y profundo que además mejora al día siguiente.

Tiempo Total
2 h 30 min
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 2 h 30 min
01

Paso 01

Corta 200 g de pimiento rojo y 150 g de pimiento verde en tiras de 1 cm, 200 g de cebolla en juliana de 3 mm y pica 15 g de ajo, unos 3 dientes. Escurre y enjuaga bajo el grifo 400 g de garbanzos cocidos y déjalos en un colador. Mide 200 g de tomate triturado, 5 g de pimentón dulce, 60 ml de aceite de oliva virgen extra, 14 g de sal y 2 g de pimienta, y ten a mano 1 hoja de laurel y 10 g de perejil. Saca los 700 g de falda y sécalos con papel.

Consejo: Cortar a medida no es estética, es física: el tiempo que tarda el calor en llegar al centro de una pieza crece con el cuadrado de su grosor, así que una tira de 2 cm necesita cerca de cuatro veces más que una de 1 cm. Si mezclas calibres, unas tiras acabarán deshechas mientras otras siguen crudas y crujientes. Enjuagar los garbanzos también tiene motivo: el líquido de conserva es una disolución de almidón, saponinas y oligosacáridos como la estaquiosa y la rafinosa, responsable de la espuma persistente, del regusto metálico y de la turbidez grisácea que apaga el color del sofrito.

02

Paso 02

Calienta 20 ml de los 60 ml de aceite en una cocotte y dora los 700 g de falda entera a fuego fuerte, unos 4 minutos por cara, hasta que toda la superficie esté marrón oscuro. Cubre con 1,5 litros de agua, añade la hoja de laurel y 8 g de sal y lleva a hervor. Baja el fuego hasta que el líquido apenas tiemble, entre 85 y 90 °C, y cuece tapado de 2 horas y media a 3, hasta que un tenedor entre sin resistencia y la carne se abra en hebras al girarlo. Reserva 200 ml del caldo.

Consejo: La falda se deshilacha gracias a la hidrólisis del colágeno. A partir de 60-65 °C las fibras de colágeno se contraen y expulsan agua, y solo por encima de 70-80 °C, y con horas por delante, esa proteína se rompe en gelatina, que lubrica las fibras musculares y permite separarlas con un tenedor. De ahí que la temperatura correcta ronde los 85-90 °C, con el agua apenas temblando: si hierves a borbotones, la agitación y los 100 °C aprietan todavía más las fibras musculares ya coaguladas y obtienes carne seca y estoposa aunque el colágeno se haya deshecho. La señal fiable no es el reloj, es el tenedor entrando sin oponer resistencia.

03

Paso 03

En una sartén amplia con los 40 ml de aceite restantes, pocha a fuego medio los 200 g de cebolla con 3 g de sal durante 10 minutos, hasta que quede transparente. Añade las tiras de pimiento rojo y verde y sigue 20 minutos más, removiendo cada 3, hasta que las verduras se vean brillantes, melosas y con los bordes dorados. Incorpora los 15 g de ajo y cocina 2 minutos. Retira del fuego, espera 30 segundos y añade los 5 g de pimentón removiendo de inmediato.

Consejo: El pimentón se añade siempre fuera del fuego porque su color y su aroma viven en carotenoides como la capsantina y la capsorrubina, que se degradan con rapidez por encima de 120-130 °C, y en aceite a fuego directo esa temperatura se alcanza en cuestión de segundos: el polvo vira a marrón y libera un amargor que ya no hay manera de corregir. La sal sobre la cebolla desde el principio también cumple función, porque extrae agua por ósmosis, debilita antes las paredes celulares y acelera el ablandamiento. Y el sofrito largo no es paciencia gratuita: es la única vía para que la fructosa y la glucosa de la cebolla caramelicen y reaccionen con sus aminoácidos.

04

Paso 04

Incorpora los 200 g de tomate triturado al sofrito, sube a fuego medio-alto y cocina 12-15 minutos removiendo cada 2 minutos. Sabrás que está en su punto cuando el volumen se haya reducido casi a la mitad, la mezcla pase de rojo vivo a un tono ladrillo oscuro y el aceite suba limpio y separado por los bordes de la sartén. Si al probarlo sigue punzante de acidez, añade 3 g de azúcar y cocina 2 minutos más para redondearlo.

Consejo: Cuidado con la idea de que el tomate pierde acidez al reducir: los ácidos málico y cítrico no son volátiles, así que evaporar agua en realidad los concentra. Lo que ocurre es que también se concentran los azúcares y avanza la reacción de Maillard, y esos sabores enmascaran la percepción ácida; si aun así pincha, una pizca de azúcar la compensa en el paladar. El aceite subiendo limpio por los bordes es el indicador más fiable del punto, porque significa que ya no queda agua libre para sostener la emulsión, y a partir de ahí el licopeno, que es liposoluble, pasa al aceite y tiñe de rojo profundo todo el guiso.

05

Paso 05

Saca la carne del caldo y déjala templar 15 minutos, hasta que puedas manejarla sin quemarte pero siga bien caliente. Retira la grasa superficial y los nervios duros y separa la pieza en bloques siguiendo la dirección visible de las fibras. Con dos tenedores, tira en sentidos opuestos hasta deshilacharla en tiras de 4 o 5 cm de largo y unos 3 mm de grosor. Deben salir hebras largas y limpias: si se rompe en trozos cortos, devuélvela 20 minutos más al caldo caliente.

Consejo: La carne se deshilacha en caliente por una razón concreta: la gelatina que ahora une los haces musculares es líquida por encima de unos 35 °C y empieza a gelificar por debajo, de modo que una pieza fría se vuelve compacta y se desgarra en trozos irregulares en lugar de abrirse en hebras. Y se tira siguiendo la fibra porque la estructura del músculo son haces envueltos en perimisio de colágeno: una vez ese colágeno se ha convertido en gelatina, los haces se separan solos por su línea natural, sin esfuerzo. Si notas que se resiste y se parte corta, no es cuestión de fuerza sino de que le falta cocción.

06

Paso 06

Devuelve la carne deshilachada a la sartén del sofrito, añade los 400 g de garbanzos escurridos y vierte los 200 ml de caldo reservado. Cuece a fuego suave 10-12 minutos removiendo con cuidado para no romper los garbanzos, hasta que el líquido nape las hebras y quede un fondo brillante y jugoso, sin charco alrededor. Rectifica con los 3 g de sal restantes y los 2 g de pimienta negra. Si se seca demasiado, añade más caldo de 50 ml en 50 ml.

Consejo: Estos diez minutos no cocinan nada nuevo: sirven para que ocurra la difusión. El almidón de los garbanzos ya está gelatinizado y su estructura porosa absorbe líquido por capilaridad, mientras las moléculas de sal y de sabor viajan hacia el interior de las hebras de carne por diferencia de concentración, un proceso lento que explica por qué el guiso mejora tanto al día siguiente. El caldo aporta además la gelatina extraída de la falda, que al enfriarse da cuerpo a la salsa sin necesidad de harina. Añádelo poco a poco: pasarse de líquido diluye esa gelatina y deja un guiso caldoso que ya no napa la carne.

07

Paso 07

Sirve unos 250 g de guiso por comensal en un plato hondo de cerámica gris previamente calentado, montándolo en el centro con altura y ayudándote de una cuchara grande. Asegúrate de que cada ración lleve su proporción de hebras de carne, garbanzos enteros y tiras de pimiento rojo y verde a la vista. Reserva las tiras más vistosas para colocarlas por encima y termina arrastrando alrededor una cucharada de la salsa del fondo.

Consejo: El plato va caliente por algo más que la costumbre: la salsa de este guiso liga gracias a la gelatina extraída del colágeno de la falda, y esa gelatina empieza a gelificar entre 25 y 30 °C. Sobre cerámica fría la salsa se vuelve pegajosa y pierde la fluidez que envuelve las hebras. Repartir carne, garbanzo y pimiento a partes iguales tampoco es solo presentación: cada elemento aporta una textura distinta, hebra fibrosa, legumbre harinosa y verdura melosa, y una cucharada desequilibrada convierte el bocado en monótono. Calienta los platos con agua caliente y sécalos justo antes de montar.

08

Paso 08

Espolvorea los 10 g de perejil fresco picado justo antes de llevar el plato a la mesa, nunca durante la cocción, y sirve el guiso por encima de 70 °C. Acompaña con pan de miga densa para mojar la salsa del fondo, o con arroz blanco y plátano si prefieres la versión canaria y caribeña. Deja el resto del guiso en la cazuela tapada y al calor, porque la segunda ración debe llegar a la mesa tan caliente como la primera. Nota sin gluten: el pan o el cuscús son solo acompañamiento; sustitúyelos por una versión sin gluten o prescinde de ellos, el plato en sí no lleva gluten.

Consejo: El perejil va crudo y al final porque sus aceites esenciales, entre ellos el apiol y la miristicina, empiezan a evaporarse muy por debajo de los 100 °C: cocinado solo aporta color verde. Y servir por encima de 70 °C importa porque la grasa de la ternera funde entre 40 y 50 °C; por debajo de esa horquilla se resolidifica en el paladar, deja una sensación cerosa y arrastra consigo los compuestos aromáticos liposolubles, que dejan de liberarse al aire. Un guiso templado no sabe menos por sugestión: emite literalmente menos moléculas volátiles hacia el olfato, que es donde se juega la mayor parte de lo que llamamos sabor.

#Española#Fácil#2 h 30 min#Carnes y Guisos
Maridaje

Rioja Crianza (Tempranillo)

Rioja, España

Fruta y barrica con taninos suaves que acompañan la carne guisada y el sofrito de pimientos sin taparlos.

Ribera del Guadiana (Tempranillo)

Extremadura, España

Un tinto de tierra con fruta madura y precio amable, perfecto para un guiso humilde y sabroso como la ropa vieja.

Rosado de Navarra (Garnacha)

Navarra, España

Fresco y afrutado, corta la grasa del guiso y va bien con los pimientos, ideal si se sirve en climas cálidos.

Galería

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