
Sepia en Salsa con Guisantes y Patata Nueva
Un guiso marinero de cuchara, honesto y reconfortante: la sepia (Sepia officinalis) cocida despacio hasta que su colágeno se rinde y se vuelve gelatina, arropada por patata nueva y guisantes en una salsa ligada por el propio almidón. Aquí no hay atajos: la sepia pide su tiempo a fuego suave para pasar de correosa a melosa, cediendo al caldo su glutamato y sus nucleótidos, que juntos disparan el umami. La patata nueva, de piel fina y carne firme, aguanta la cocción sin deshacerse pero suelta el almidón justo para espesar la salsa con naturalidad. Y los guisantes entran al final, cocidos apenas lo justo para conservar su dulzor y su verde vivo. Es la clase de plato que huele a puerto y a cocina de madre, de esos que saben mejor al día siguiente y que se rebañan con pan sin pedir permiso.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 20 minPreparar ingredientes
Mise en place: pica la cebolla, el ajo y el pimiento en dados pequeños para que se pochen igual; ralla el tomate y desecha la piel. Corta la sepia en tacos y sécala con papel: el agua en superficie impide que se dore. Pela las patatas nuevas y cáscalas en trozos irregulares para que suelten almidón. Desgrana los guisantes y ten a mano el caldo, el vino y las especias.
Consejo: Casca las patatas rompiéndolas con el cuchillo en vez de cortarlas limpias: sueltan más almidón y espesan mejor la salsa.
Sofreír las verduras
En una cazuela con aceite, pocha la cebolla, el pimiento y el ajo a fuego medio: deben quedar blandos y translúcidos, no tostados, porque el ajo quemado amarga todo el guiso. Cuando estén tiernos, añade el tomate rallado y cocina removiendo hasta que pierda el agua, el aceite se separe por los bordes y el sofrito quede oscuro y concentrado. Ahí está el fondo de sabor.
Consejo: Un sofrito bien hecho es media receta: no tengas prisa, deja que el tomate suelte todo su líquido y se caramelice.
Rehogar la sepia
Sube el fuego, incorpora los tacos de sepia y rehógalos un par de minutos, hasta que se contraigan y pierdan el aspecto crudo. Retira la cazuela un momento del fuego y añade el pimentón removiendo: con el aceite tan caliente se quema en segundos y amarga. Moja enseguida con el vino blanco, que frena la temperatura, y deja evaporar el alcohol hasta que deje de oler fuerte.
Consejo: El pimentón, fuera del fuego: si cae sobre la cazuela al rojo se quema en segundos y amarga todo el guiso.
Guisar la sepia
Cubre con el caldo de pescado, añade el laurel y unas hebras de azafrán, y guisa a fuego suave 30-40 minutos, hasta que la sepia empiece a estar tierna. Es el tramo largo que ablanda su colágeno: debe borbotear apenas, porque un hervor fuerte contrae las fibras y la deja dura como goma. Pincha un taco con el tenedor; si entra con poca resistencia, vas bien.
Consejo: Mantén el guiso a fuego suave, apenas temblando: la ebullición fuerte reseca la sepia en lugar de ablandarla.
Añadir patatas
Añade las patatas cascadas y cocina otros 15-20 minutos, hasta que estén tiernas y la punta de un cuchillo entre sin esfuerzo. Al estar cascadas y no cortadas, sueltan más almidón por sus bordes rotos y espesan la salsa de forma natural, sin harina. Mueve la cazuela en vaivén en lugar de remover con cuchara para no romperlas. Comprueba que la sepia ya esté melosa.
Consejo: Pincha una patata para saber si está: debe ceder sin resistencia pero mantener la forma, sin deshacerse.
Incorporar guisantes
Incorpora los guisantes y cocina solo 5-8 minutos, lo justo para que estén tiernos conservando su color verde brillante y su dulzor. Si se pasan, la clorofila se degrada con el calor y la acidez del tomate, y se vuelven grisáceos y harinosos. Si son frescos, prueba uno para dar con el punto: debe ceder al morder y seguir jugoso por dentro, sin piel dura.
Consejo: Guisantes al final y poco tiempo: cocidos de más pierden el dulzor, se apagan de color y se ablandan en exceso.
Rectificar y reposar
Rectifica de sal y prueba la salsa: el caldo de pescado ya aporta sal, así que añade poco a poco. Si la quieres más espesa, aplasta un par de trozos de patata contra la pared de la cazuela y remueve; su almidón la ligará en un momento. Apaga el fuego y deja reposar unos minutos tapado para que la salsa se asiente, los sabores se unan y la sepia termine de relajarse.
Consejo: Aplastar una patata dentro de la salsa la liga al instante: almidón gelatinizado haciendo de espesante natural.
Emplatar y servir
Sirve el guiso bien caliente en cazuela de barro, que guarda el calor, con un hilo de aceite crudo y perejil picado por encima: el aceite sin calentar aporta aroma frutado y brillo a la salsa. Acompaña con buen pan para rebañar. Mejor todavía de un día para otro, porque al reposar en frío la gelatina de la sepia y el almidón de la patata espesan y redondean el guiso.
Consejo: Un hilo de aceite de oliva crudo al final aporta brillo y aroma fresco que la cocción larga ya no puede dar.
Fino en rama
D.O. Jerez
Su salinidad y su punto seco realzan el sabor marino de la sepia y limpian el paladar del guiso.
Blanco de Zalema
D.O. Condado de Huelva
Fresco y ligero, acompaña sin peso la delicadeza de guisantes y patata.
Tinto joven de tempranillo
D.O. Sierras de Málaga
Frutal y de taninos suaves, aporta cuerpo sin tapar el fondo yodado del guiso.
Galería
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