
Solomillo en Costra de Mostaza a la Antigua y Miel
El solomillo de cerdo en costra de mostaza a la antigua y miel es un plato elegante y facilísimo: la pieza se sella, se unta con una mezcla de mostaza en grano y miel, y se cubre con pan rallado a las hierbas que forma una costra dorada y crujiente al horno. Por dentro, el solomillo queda jugoso y rosado; por fuera, dulce, picante y crocante. Un asado de aire de bistró con mínimo esfuerzo.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 40 minPaso 01
Retira la telilla plateada de los 2 solomillos de unos 400 g deslizando un cuchillo fino por debajo y tirando hacia atrás. Sécalos con papel y salpimiéntalos con 8 g de sal y 1 g de pimienta. Mezcla en un cuenco 3 cucharadas de mostaza a la antigua con 2 de miel. En otro, combina 80 g de pan rallado con 1 cucharada de tomillo y romero picados. Funde 30 g de mantequilla. Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo.
Consejo: La telilla plateada es tejido conjuntivo de elastina, una proteína que no se hidroliza ni con calor ni con tiempo: se contrae durante el asado, curva la pieza y queda correosa en boca. Retirarla es el único paso irreversible de la receta, porque después queda atrapada bajo la costra. El pan rallado y las hierbas se mezclan en seco por una razón práctica: las hierbas húmedas se apelmazan en grumos que no se reparten y que a 200 °C se queman mucho antes que el pan rallado que las rodea.
Paso 02
Calienta 2 cucharadas de aceite de oliva en sartén amplia a fuego fuerte hasta que humee ligeramente. Sella los solomillos 90 segundos por cara girándolos cuatro veces hasta dorar todo el perímetro, unos 6 minutos en total. Retíralos a una rejilla y deja templar 5 minutos, hasta que la superficie deje de humear y esté en torno a 60 °C al tacto. Reserva la sartén sin lavar.
Consejo: El sellado no cierra los poros —ese mito quedó desmontado hace décadas—, sino que construye por Maillard los cientos de compuestos aromáticos que el horno nunca generará en quince minutos bajo una capa de pan rallado que aísla la superficie. Templar cinco minutos antes de untar es igual de decisivo: sobre una pieza a 150 °C la miel funde al instante y la mezcla resbala llevándose después el pan rallado consigo. A unos 60 °C la mostaza mantiene su cuerpo y agarra a la carne.
Paso 03
Bate las 3 cucharadas de mostaza a la antigua con las 2 de miel durante 30 segundos, hasta obtener una pasta homogénea y brillante en la que los granos queden suspendidos y repartidos por igual. La textura debe ser la de una mermelada espesa que se sostiene en la cuchara sin escurrir por los bordes. Si la miel está cristalizada, templa el cuenco 20 segundos sobre un cazo de agua caliente antes de mezclar.
Consejo: La mostaza a la antigua conserva el grano entero, y su picor lo genera la mirosinasa al romperse el grano en contacto con agua, transformando los glucosinolatos en isotiocianato de alilo. Ese compuesto es muy volátil y se degrada por encima de 60 °C, y por eso el horneado suaviza la mostaza y deja el aroma sin la agresividad del bote. La miel aporta fructosa y glucosa, azúcares reductores que caramelizan a temperatura más baja que la sacarosa y que además reaccionan por Maillard con las proteínas del pan rallado.
Paso 04
Pincela los solomillos templados con la mezcla de mostaza y miel, cubriendo toda la superficie con una capa uniforme de unos 2 mm, incluidos los dos extremos. Trabaja con la pieza apoyada sobre la rejilla y gírala con pinzas para no tocar la capa ya aplicada. La cobertura debe verse continua y sin claros: cualquier zona que quede desnuda se quedará sin costra al hornear.
Consejo: Esta capa hace de adhesivo y de puente químico a la vez. La mostaza contiene mucílagos, polisacáridos de la cubierta del grano que al hidratarse forman un gel pegajoso capaz de sostener el pan rallado durante todo el horneado; es el mismo principio por el que una punta de mostaza estabiliza una vinagreta. Los 2 mm son el punto exacto: por debajo no hay agarre y la costra se desprende al cortar, y por encima el interior de la capa no llega a secarse y deja una franja pastosa entre la carne y el pan.
Paso 05
Reboza los solomillos untados en el pan rallado con hierbas, presionando con la palma para que la capa quede compacta y de 3-4 mm de grosor. Cubre también los extremos. Colócalos en una fuente sobre rejilla y riega con los 30 g de mantequilla fundida repartida en hilo por toda la superficie, hasta que el pan rallado se vea uniformemente humedecido y algo más oscuro, sin zonas secas y blancas.
Consejo: El pan rallado seco no dora: necesita grasa que conduzca el calor y le permita alcanzar los 150-160 °C en superficie; sin ella se deshidrata y se queda pálido y polvoriento. La mantequilla aporta además lactosa y caseína, un azúcar y una proteína que reaccionan por Maillard y dan color y aroma a tostado que el pan rallado por sí solo nunca produciría. Presionar la capa expulsa el aire atrapado, y eso importa: una costra con bolsas de aire se agrieta y se cae en bloque al primer corte.
Paso 06
Hornea a 200 °C durante 15-18 minutos, sin abrir la puerta los primeros 10. Clava un termómetro en la parte más gruesa y retira los solomillos cuando marque 62 °C. La costra debe estar dorada y sonar hueca al golpearla con la uña. Si dora demasiado rápido antes de alcanzar la temperatura interna, baja el horno a 180 °C y cubre con papel de aluminio apoyado sin apretar.
Consejo: El solomillo es el corte más magro del cerdo, por debajo del 3% de grasa, y no tiene ninguna reserva de humedad que lo salve: entre 65 y 72 °C pierde alrededor del 15% de su peso en agua. Sacarlo a 62 °C deja que la inercia térmica lo lleve sola hasta los 65 °C de un rosado seguro. Conviene recordar que la normativa sanitaria actual acepta 63 °C mantenidos un instante, muy lejos de los 75 °C que se enseñaban hace treinta años y que garantizaban un solomillo estropajoso.
Paso 07
Deja reposar los solomillos 6 minutos sobre la rejilla, siempre destapados. Córtalos en rodajas de 2 cm con un cuchillo de sierra fina, serrando con movimiento de vaivén y sin presionar hacia abajo, para atravesar la costra sin desprenderla. Cada rodaja debe mostrar el anillo crujiente intacto alrededor de un interior rosado pálido y jugoso.
Consejo: Una costra seca y un interior blando tienen resistencias mecánicas opuestas, y un cuchillo liso empujado hacia abajo aplasta la carne antes de llegar a cortar el pan rallado: la costra se despega entonces en una sola pieza. La sierra fina secciona la capa dura por abrasión antes de tocar la carne. El reposo destapado es innegociable aquí: cubrir con aluminio condensa vapor sobre la costra y en cinco minutos la convierte de crujiente en gomosa, deshaciendo el trabajo de los tres pasos anteriores.
Paso 08
Reparte las rodajas en platos de cerámica gris piedra, ligeramente inclinadas para que se vea el corte. Desglasa la sartén reservada con 2 cucharadas de agua caliente y media cucharadita de mostaza, raspa el fondo con cuchara de madera y riega con un hilo alrededor de la carne, nunca sobre la costra. Termina con unas hojas de tomillo fresco y sirve de inmediato.
Consejo: El jus se pone alrededor y jamás encima porque el pan rallado es higroscópico: absorbe humedad y pierde el crujiente en menos de un minuto, tirando por tierra todo el trabajo anterior. El desglasado recupera el fondo pegado en la sartén, formado por proteínas y azúcares de Maillard que son solubles en agua y no en grasa; sin ese gesto estarías tirando el ingrediente más sabroso de la receta al fregadero. La media cucharadita de mostaza añadida en frío al final devuelve el isotiocianato volátil que el horno había destruido.
Riesling seco
Alsacia, Francia
Su acidez y fruta blanca equilibran el dulzor de la miel y el picante de la mostaza, y acompañan la finura del solomillo.
Borgoña tinto (Pinot Noir)
Borgoña, Francia
Ligero y afrutado, con acidez que corta la costra dulce sin pesar sobre la carne magra.
Godello
Valdeorras, Galicia
Un blanco con cuerpo y frescura que casa con la mostaza y aligera el conjunto.
Galería
8 imágenesRecetas Relacionadas

Muslo de Pato Confitado con Lentejas de Le Puy

Lengua de Ternera Escarlata con Salsa Ravigote

Camembert de Normandía Horneado con Miel de Romero y Praliné de Nuez
