Tosta de pan rústico con champiñones salteados dorados, huevo frito de yema líquida y láminas de trufa negra recién rallada, con un hilo de aceite, en plato de gres gris piedra, luz natural desde la izquierda y leve vapor
Entrantes y TapasMedio20 minTapas y Entrantes

Tosta de Champiñones Salteados con Huevo Roto y Trufa

La tosta de champiñones con huevo roto y trufa es una de esas construcciones donde la yema hace de salsa y no hace falta ninguna otra. Su lógica es puramente aromática: la trufa negra, Tuber melanosporum, debe su perfume al bismetiltiometano y a otros compuestos azufrados extremadamente volátiles y liposolubles, y la grasa de la yema y de la mantequilla los capta y los retiene, amplificándolos. Las setas aportan glutamato libre y guanilato, y este último es el nucleótido que más potencia el umami al combinarse con el glutamato del huevo.

Tiempo Total
20 min
Dificultad
Medio
Raciones
2 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 20 min
01

Paso 01

Limpia los 250 g de champiñones en seco con un paño húmedo o un cepillo, sin pasarlos nunca por el grifo, y córtalos en cuartos gruesos de 2 cm. Pica 5 g de ajo y 5 g de perejil. Corta 2 rebanadas de 2 cm de pan rústico de masa madre. Ten a mano 2 huevos, 20 g de mantequilla, 15 ml de aceite y los 10 g de trufa negra con su rallador.

Consejo: El champiñón tiene una estructura porosa y absorbe agua como una esponja: lavado bajo el grifo puede captar hasta un 10% de su peso, y esa agua la suelta después en la sartén impidiendo que la temperatura supere los 100 grados y que llegue a dorarse. El corte grueso de 2 cm compensa la pérdida de volumen del salteado, ya que la seta reduce cerca de la mitad al perder agua.

02

Paso 02

Calienta los 15 ml de aceite con los 20 g de mantequilla en una sartén amplia a fuego fuerte hasta que la mantequilla espume. Echa los champiñones en una sola capa sin amontonarlos y no los toques durante 2 minutos. Saltea después 4 minutos removiendo, hasta un dorado profundo, añade el ajo y el perejil, dales 1 minuto más y sazona con los 3 g de sal y 1 g de pimienta al final.

Consejo: La sal se añade siempre al final: por ósmosis extrae el agua del interior de la seta y, presente desde el principio, esa agua inunda la sartén y el champiñón se cuece en lugar de dorarse. Los 2 minutos sin tocar permiten que la cara en contacto supere los 140 grados y forme costra por Maillard. Amontonados, el vapor no escapa y acabas con setas grises y encogidas nadando en su jugo.

03

Paso 03

Calienta los 150 ml de aceite en una sartén pequeña y honda hasta 180 grados. Casca un huevo en un cuenco y deslízalo con cuidado en el aceite. Riega la clara con cucharadas de aceite caliente durante 60 segundos, hasta que forme puntilla crujiente y dorada por los bordes y la yema siga entera y líquida. Escurre sobre papel y repite con el segundo.

Consejo: La puntilla se forma porque el aceite a 180 grados deshidrata violentamente el borde fino de la clara mientras sus proteínas coagulan, dejando una estructura crujiente y aireada. Regar con cucharadas cuece la superficie superior de la clara sin que la yema, que está debajo y más protegida, supere los 65 grados a los que empezaría a cuajar y perdería su función de salsa.

04

Paso 04

Tuesta las 2 rebanadas de pan en una sartén, plancha o tostadora hasta que estén doradas y crujientes por ambas caras, unos 2 minutos por lado. Píntalas con un hilo fino de aceite de oliva virgen extra mientras siguen calientes, para que lo absorba la miga superficial.

Consejo: El aceite se pinta en caliente porque la miga aún porosa lo absorbe parcialmente, aportando grasa que actúa de barrera frente al jugo de las setas y retrasa que el pan se empape. Un pan de masa madre es la elección correcta por su miga alveolada y firme, capaz de sostener el peso del salteado y del huevo sin colapsar, cosa que un pan de molde no consigue.

05

Paso 05

Reparte los champiñones recién salteados sobre las dos tostas en una capa generosa que cubra toda la superficie, y arrastra con la espátula el jugo concentrado que haya quedado en la sartén, repartiéndolo por encima. Presiona ligeramente para que la capa quede estable y sirva de asiento al huevo.

Consejo: El jugo del fondo de la sartén es agua de la seta reducida con la grasa y los restos de Maillard, y concentra buena parte del glutamato y el guanilato del salteado: dejarlo en la sartén sería tirar el sabor por el fregadero. Presionar la capa crea una superficie plana donde el huevo se apoya sin resbalar, algo que importa cuando se sirve entero y con la yema intacta.

06

Paso 06

Coloca un huevo frito entero sobre cada tosta, centrado sobre las setas y con la yema intacta hacia arriba, ayudándote de una espátula ancha deslizada por debajo. Ajusta la puntilla con los dedos si sobresale demasiado de la rebanada, recortándola con unas tijeras si hace falta.

Consejo: El huevo se coloca entero y no roto en la cocina por una razón práctica y otra escénica: la yema líquida se derramaría durante el traslado y empaparía el pan antes de llegar a la mesa, y romperla delante del comensal es parte del plato. La espátula ancha por debajo es la única forma de trasladarlo sin perforar la yema, que a estas alturas es una membrana muy fina.

07

Paso 07

Ralla 5 g de trufa negra por tosta con un rallador de láminas finas, directamente sobre el huevo y las setas todavía calientes, dejando que caiga de forma irregular. Termina con los 2 g de sal en escamas repartidos sobre la clara y un hilo de aceite de oliva en crudo.

Consejo: La trufa se ralla sobre superficie caliente porque el calor volatiliza el bismetiltiometano y los demás compuestos azufrados que forman su aroma, liberándolos justo en el momento en que el plato llega a la nariz del comensal. Rallada en frío o con antelación, buena parte de ese perfume se pierde en la cocina. La grasa del huevo y la mantequilla los captan y los retienen.

08

Paso 08

Lleva las tostas a la mesa de inmediato, en plato templado. Rompe la yema con la punta de un cuchillo delante del comensal y deja que se derrame sobre las setas y la trufa, sin mezclar. Sirve con cubiertos de postre y advierte de que se come con las manos si el pan aguanta.

Consejo: La yema es una emulsión con un 30% de grasa y un 10% de fosfolípidos, sobre todo lecitina, y al romperse y mezclarse con el jugo de las setas forma una salsa ligada al instante sin necesidad de nada más. Romperla en la mesa y no en la cocina evita que el pan se empape durante el traslado y convierte el gesto en parte de la experiencia del plato.

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Maridaje

Meursault (Chardonnay)

Borgoña, Francia

Chardonnay con crianza, untuoso y de notas de mantequilla y avellana, cuya afinidad clásica con la trufa y el huevo envuelve el plato con elegancia.

Barbaresco (Nebbiolo)

Piamonte, Italia

Nebbiolo aromático y de taninos finos, con notas de setas, rosa seca y sotobosque, el maridaje italiano por excelencia de la trufa negra.

Rioja Blanco Reserva (Viura)

Rioja, España

Blanco de crianza en barrica, con cuerpo y notas tostadas y de fruta madura, que acompaña las setas y el huevo aportando un perfil ibérico distinto.

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