Butifarra con judiones en plato de cerámica gris piedra: butifarra a la brasa jugosa sobre judiones de La Granja guisados, con una quenelle de alioli y perejil.
EspañolaFácil12 h remojo + 1 h 30 minCarnes y Guisos

Butifarra Artesana con Judiones de La Granja y Alioli

Este plato cruza dos despensas: la butifarra fresca catalana, embutido de carne de cerdo picada gruesa con sal y pimienta que apenas se orea unas horas antes de asarse, y el judión de La Granja, la alubia blanca y enorme que se cultiva en la falda del Guadarrama desde que llegó de América al Real Sitio en el siglo XVIII. La legumbre se guisa despacio hasta quedar mantecosa y el embutido se asa entero sobre la brasa, y un alioli majado en mortero cose las dos mitades con su grasa aromática. Cocina de mesa larga, humilde y rotunda.

Tiempo Total
12 h remojo + 1 h 30 min
Dificultad
Fácil
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 12 h remojo + 1 h 30 min
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Paso 01

La víspera, revisa los 300 g de judiones de La Granja uno a uno y descarta los picados. Cúbrelos con 1,5 litros de agua fría y 5 g de sal en un recipiente amplio y déjalos 12 horas. Al día siguiente pica 150 g de cebolla y 100 g de zanahoria en dados de 5 mm, pela 2 dientes de ajo para el sofrito y otros 2 para el alioli, y ten a mano los 150 g de hueso de jamón, la hoja de laurel, los 150 ml de aceite y las 4 butifarras.

Consejo: Los judiones se ablandan porque el agua entra por imbibición y desmonta el andamiaje de la pared celular. La clave está en la pectina: sus cadenas van unidas por puentes de calcio y magnesio que actúan como cemento. Los 5 g de sal aportan sodio que intercambia esos iones y afloja la red, de modo que la piel se hidrata al mismo ritmo que el interior. Con un remojo corto, o en agua muy dura, el centro queda duro y la piel se arruga y se despega al cocer. Nunca añadas vinagre ni tomate al agua de remojo: el ácido refuerza la pectina.

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Paso 02

Escurre los judiones, enjuágalos y ponlos en una olla ancha con la hoja de laurel, los 150 g de hueso de jamón y agua fría que los cubra tres dedos, unos 1,8 litros. Lleva a ebullición destapado y retira con espumadera la espuma gris que suba. Baja el fuego hasta que el agua solo tiemble, entre 92 y 95 °C, y cuece 1 hora y 45 minutos, asustándolos dos veces con 100 ml de agua fría, hasta que la piel ceda al soplar sobre ella.

Consejo: El almidón del cotiledón gelatiniza entre 65 y 75 °C: los gránulos absorben agua, se hinchan y revientan, y eso es lo que da la textura mantecosa. El problema es que el interior se expande más rápido de lo que la piel puede estirarse. Un hervor a borbotones suma agitación mecánica a esa presión y despelleja los judiones en cinco minutos, dejando pieles sueltas flotando y un caldo turbio y pastoso. Asustarlos baja el agua de golpe unos 10 °C, frena la expansión del interior y le da a la piel tiempo de ponerse al día.

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Paso 03

En una sartén con 30 ml del aceite de oliva, pocha los 150 g de cebolla y los 100 g de zanahoria a fuego medio-bajo durante 20 minutos, removiendo cada 3 minutos, hasta que la cebolla esté transparente y dorada por los bordes. Añade los 2 dientes de ajo picados y sofríe 1 minuto más. Retira del fuego, espera 30 segundos y echa los 5 g de pimentón removiendo sin parar. Vuelca el sofrito sobre los judiones y guísalos juntos 10 minutos.

Consejo: Los 30 segundos de espera antes del pimentón no son manía: los carotenoides que le dan color y dulzor, capsantina y capsorrubina, se oxidan en segundos por encima de 140 °C y generan compuestos amargos que ya no se corrigen, y sus azúcares se queman a la vez. Ese medio minuto baja el aceite por debajo de los 120 °C. El síntoma del error es inmediato y definitivo: el pimentón vira de rojo a marrón oscuro y todo el guiso sabe a quemado. Los 20 minutos de cebolla, por su parte, hidrolizan sus fructanos en azúcares que caramelizan y dan el fondo dulce.

04

Paso 04

Pela los 2 dientes de ajo del alioli, ábrelos y retírales el germen verde del centro. Májalos en el mortero con 3 g de sal, en círculos y con paciencia, hasta obtener una pasta blanca y completamente lisa. Incorpora el huevo y liga. Empieza a añadir los 120 ml de aceite restantes gota a gota y luego en hilo finísimo, sin dejar de mover, durante 5 minutos, hasta lograr una crema espesa que se sostenga en la maza del mortero.

Consejo: El germen verde concentra buena parte de la aliinasa y de los compuestos azufrados que amargan y repiten, así que fuera siempre. El majado tampoco es un capricho tradicional: al reventar las células en el mortero liberas mucílagos y fructanos que, junto a las proteínas del propio ajo, recubren las gotas de aceite y sostienen la emulsión. La sal actúa de abrasivo y acelera esa rotura. El fallo clásico es pasarse de aceite por gramo de ajo: cuando no queda emulsionante libre, las gotas se juntan y la salsa se desliga en un charco brillante.

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Paso 05

Pincha cada una de las 4 butifarras cuatro o cinco veces con la punta de un palillo, nunca con la del cuchillo. Ásalas a fuego medio en parrilla o sartén, a unos 160-170 °C, girándolas un cuarto de vuelta cada 3 minutos. En 12 a 15 minutos totales la tripa debe quedar tirante, dorada y con ampollas doradas, y el centro marcar 72 °C. Comprueba pinchando de nuevo: el jugo que asome tiene que salir claro, sin rastro rosado.

Consejo: La butifarra fresca es una emulsión cárnica: la sal solubiliza las proteínas miofibrilares, que forman una red capaz de retener agua y grasa. Por encima de unos 180 °C esa red coagula y se contrae más deprisa de lo que la tripa puede estirarse, mientras el agua interior pasa a vapor y la grasa funde y se expande, así que la tripa revienta y toda la jugosidad acaba en la sartén. El síntoma es inconfundible: charco de grasa, tripa abierta e interior seco y granuloso. Fuego medio y giros frecuentes reparten el calor sin llegar a ese umbral.

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Paso 06

Prueba los judiones y ajusta con hasta 4 g de sal y 1 g de pimienta. Si el caldo está claro, aplasta ocho judiones contra la pared de la olla con el dorso de una cuchara y remueve; en 3 minutos habrá espesado. Si está demasiado trabado, añade agua caliente de 50 en 50 ml. El punto es un caldo que nape el dorso de la cuchara y que, al pasar el dedo, deje un surco limpio que tarda dos segundos en cerrarse. Mueve siempre la olla en vaivén.

Consejo: La melosidad de este guiso tiene dos fuentes que trabajan juntas. Una es la amilosa que los gránulos de almidón han soltado al caldo al gelatinizar; la otra es la gelatina procedente de la hidrólisis del colágeno del hueso de jamón, que a 92 °C durante casi dos horas se convierte en una molécula que retiene agua y da untuosidad en boca. Por eso el caldo se traba solo. Y por eso se mueve la olla en vaivén y no con cuchara: la cuchara cizalla, rompe pieles y convierte el caldo en un puré turbio en dos vueltas.

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Paso 07

Calienta el plato de cerámica gris piedra a 60 °C durante 5 minutos. Extiende en el centro unos 180 g de judiones guisados con su caldo, en una capa de 2 cm, dejando libre un dedo de borde. Coloca encima la butifarra entera, apoyada sobre la legumbre y no hundida en ella, con la cara mejor dorada hacia arriba. Reparte alrededor dos cucharadas del caldo del guiso, que debe brillar sin llegar a inundar el plato.

Consejo: La butifarra va apoyada y nunca sumergida por una razón física: la corteza que has construido con la reacción de Maillard es una capa deshidratada y porosa, y absorbe caldo por capilaridad en menos de un minuto, volviéndose blanda y correosa. El plato a 60 °C importa igual: la gelatina del hueso de jamón empieza a cuajar por debajo de los 35 °C, y un plato frío convierte el caldo meloso en una capa gelificada y mate en el tiempo que tardas en llegar a la mesa. Templar el plato mantiene el brillo y la fluidez hasta la última cucharada.

08

Paso 08

Forma una quenelle de alioli con dos cucharas mojadas en agua caliente y colócala en el borde del plato, apoyada en la cerámica y no sobre la butifarra ni sobre los judiones. Pica en ese momento los 5 g de perejil fresco con un cuchillo bien afilado y espolvoréalo sobre la carne y la legumbre. Lleva el plato a la mesa de inmediato, bien caliente, para que cada comensal mezcle el alioli a su gusto.

Consejo: El alioli va apoyado en la cerámica porque por encima de 60 °C la película que sostiene la emulsión se desestabiliza y la salsa se separa en aceite y grumos en menos de un minuto; sobre la butifarra recién asada, que ronda los 72 °C, se rompe seguro. El perejil se pica en el último momento por otro motivo: al cortar las células se liberan enzimas que oxidan la clorofila y ennegrecen la hoja, y a la vez escapan el apiol y la miristicina, sus aromáticos volátiles. Picado media hora antes, el perejil llega negro y sin olor.

#Española#Fácil#12 h remojo + 1 h 30 min#Carnes y Guisos
Maridaje

Garnacha

Montsant, Cataluña

Fruta madura y calidez que acompañan la butifarra especiada y los judiones, con un guiño catalán al plato.

Tempranillo de Ribera

Ribera del Duero, España

Cuerpo y taninos suaves que aguantan el embutido y el ajo del alioli, con la legumbre de la tierra.

Cava Brut

Penedès, Cataluña

La burbuja y acidez cortan la grasa de la butifarra y el alioli, refrescando el paladar en un maridaje catalán.

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