
Crema catalana
La crema catalana está documentada en recetarios catalanes del siglo XIV, lo que la convierte en antepasada de la crème brûlée francesa y no al revés. Se distingue de ella en dos puntos técnicos: se espesa con almidón y no con la coagulación del huevo en horno, y se cuece directamente al fuego en lugar de al baño maría, lo que da una textura más firme y menos grasa. Tradicionalmente se sirve el día de San José, el 19 de marzo, en cazuelitas de barro que reparten el calor del hierro al rojo con el que se quemaba el azúcar. Naranja y canela son su firma aromática.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 40 min (activa) + 3 h de fríoPaso 01
Pesa 1000 ml de leche entera, 144 g de yemas, 180 g de azúcar, 40 g de maicena y 1 g de sal. Retira con pelador 12 g de piel de naranja y 8 g de piel de limón, cuidando de no llevarte nada de la parte blanca. Ten a mano 3 g de canela en rama, 80 g de azúcar para quemar y 6 cazuelitas de barro o cuencos planos de cerámica.
Consejo: Se usan cazuelitas planas y anchas y no cuencos hondos por una razón funcional: la relación entre superficie y volumen determina la proporción de caramelo por cucharada, y en un recipiente hondo el postre queda desequilibrado hacia la crema. Se evita el albedo blanco de los cítricos porque concentra limonina y naringina, dos compuestos cuyo amargor se acentúa con el calor de la infusión.
Paso 02
Calienta los 1000 ml de leche en un cazo a fuego suave con las pieles de naranja y limón y la canela en rama, durante 10 minutos, hasta que humee y aparezcan burbujas en el borde sin llegar a hervir con fuerza. Retira del fuego, tapa y deja infusionar 10 minutos más. Cuela la leche descartando las pieles y la canela.
Consejo: Los aromáticos de la naranja y el limón son aceites esenciales liposolubles, limoneno y citral sobre todo, y el cinamaldehído de la canela también lo es: todos ellos se disuelven en la grasa de la leche entera, y por eso con leche desnatada la infusión resulta mucho más pobre. Evitar el hervor fuerte impide que esos volátiles se arrastren con el vapor y se pierdan por la campana.
Paso 03
Bate en un bol los 144 g de yemas con los 180 g de azúcar, los 40 g de maicena y el 1 g de sal durante 2 minutos, hasta obtener una pasta lisa, pálida y sin ningún grumo de almidón. La mezcla debe caer de las varillas en cinta espesa. Añade 3 cucharadas de la leche templada si te cuesta homogeneizarla.
Consejo: Mezclar la maicena en seco con el azúcar antes de que aparezca líquido caliente es lo que garantiza la ausencia de grumos: los cristales de azúcar mantienen separados los gránulos de almidón e impiden que se apelmacen. Volcada sobre leche caliente, la maicena formaría bolas cuyo exterior gelatiniza al instante y aísla el interior seco, y ya no hay batido que las deshaga por mucho que insistas.
Paso 04
Vierte un tercio de la leche caliente colada sobre la mezcla de yemas en hilo fino y sin dejar de batir, para atemperarla. Cuando esté integrada, devuelve toda la mezcla al cazo junto con el resto de la leche y remueve con varillas hasta que el conjunto sea homogéneo antes de volver a poner el cazo sobre el fuego.
Consejo: Atemperar evita la coagulación instantánea y localizada que se produciría al volcar las yemas directamente sobre un litro de leche a 85 grados: aparecerían hilos de huevo cocido que ya no se deshacen y habría que colar la crema entera. El hilo fino y el batido continuo suben la temperatura de las yemas de forma gradual, dándoles tiempo a diluirse en lugar de cuajar de golpe.
Paso 05
Cocina a fuego medio-bajo removiendo sin parar con varillas y rozando el fondo y las esquinas del cazo. En 8 o 10 minutos la crema espesará de golpe y romperá a hervir con burbujas grandes. Mantén ese hervor 1 minuto completo sin dejar de remover y retira entonces del fuego, colando la crema por un chino si notas cualquier grumo.
Consejo: Ese minuto de hervor es el paso decisivo y el que casi todo el mundo se salta: la yema contiene alfa-amilasa, una enzima que rompe las cadenas de almidón, y solo se inactiva por encima de 85 grados sostenidos. Si retiras en cuanto espesa, la crema estará perfecta al enfriar y a las pocas horas se habrá licuado sin remedio. El almidón protege además al huevo y evita que se corte pese al hervor.
Paso 06
Reparte la crema caliente en las 6 cazuelitas, llenándolas hasta 5 mm del borde, y alisa la superficie golpeando suavemente cada una contra la encimera. Deja templar 30 minutos a temperatura ambiente y refrigera después un mínimo de 3 horas, tapadas con film pegado a la superficie, hasta que estén firmes y frías.
Consejo: El film a piel evita la costra que se forma cuando las proteínas de la leche se deshidratan en contacto con el aire seco del frigorífico, y que bajo el caramelo quedaría como una película correosa. Durante estas 3 horas el almidón gelatinizado retrograda parcialmente y la crema pasa de fluida a firme. Una superficie perfectamente lisa es además condición para que la costra salga uniforme.
Paso 07
Retira el film y espolvorea unos 13 g de azúcar sobre cada crema en una capa fina y uniforme de 2 mm, inclinando la cazuelita para repartirla y retirando el sobrante. Quema con soplete moviendo la llama en círculos a 5 cm de la superficie, sin detenerte en ningún punto, hasta obtener una costra ámbar oscura y homogénea, unos 40 segundos por pieza.
Consejo: La sacarosa funde a 160 grados y carameliza entre 165 y 180, generando furanonas y melanoidinas de sabor tostado; pasados los 190 aparecen compuestos pirolíticos amargos y el color vira a negro. Mover la llama sin parar evita esos puntos quemados. La capa debe ser fina: un exceso de azúcar no funde del todo por abajo y deja una base granulosa y arenosa bajo el caramelo.
Paso 08
Deja endurecer la costra 1 minuto a temperatura ambiente, hasta que al golpearla con la cucharilla suene seca y se quiebre en placas limpias. Sirve enseguida, en cuanto las seis cazuelitas estén quemadas, para que el contraste entre el caramelo crujiente y la crema fría llegue intacto a la mesa.
Consejo: El caramelo capta agua del ambiente y de la crema que tiene debajo, y en unos 30 minutos pasa de vidrio quebradizo a una lámina blanda y pegajosa: por eso el quemado es siempre el último gesto y nunca se adelanta. Ese minuto de espera es el que necesita el azúcar fundido para cristalizar al bajar de 100 grados y adquirir la fragilidad que produce el crujido característico.
Moscatel de Alejandría
Empordà, España
Vino dulce catalán de origen; su carga floral y cítrica dialoga con la naranja de la crema.
Pedro Ximénez
Montilla-Moriles, España
Pasa y caramelo que enlazan con la costra quemada sin taparla.
Vin Doux Naturel Muscat
Beaumes-de-Venise, Francia
Fresco y aromático, realza la canela y el cítrico.
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