
Cuello de Cordero Braseado con Membrillo y Anís
El cuello de cordero es uno de esos cortes que la cocina moderna ha recuperado por lo que antes lo despreciaba: mucho hueso, mucho tejido conjuntivo y poca carne aparente, exactamente lo que hace falta para un braseado largo que convierta todo ese colágeno en gelatina. El membrillo aporta la acidez y el dulzor de una fruta cargada de pectina que se deshace en la salsa espesándola, una combinación de fruta y cordero que la cocina andalusí llevó por todo el Mediterráneo. El anís estrellado, con su anetol, es el puente aromático entre ambos.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 3 hPaso 01
Seca las rodajas de cuello de cordero, unos 1200 g, con papel de cocina y sazónalas con 10 g de sal y 2 g de pimienta. Pica 150 g de cebolla, 120 g de zanahoria y 15 g de ajo en dados de 5 mm. Corta los 150 g de carne de membrillo en dados de 2 cm. Ten a mano 2 g de anís estrellado, 1 g de laurel, 150 ml de vino blanco y 500 ml de caldo de carne.
Consejo: El cuello es un corte con hueso central y mucho tejido conjuntivo alrededor, cerca de un 10% de colágeno, y es justo esa proporción la que lo convierte en el corte ideal para un braseado largo: lo que en una plancha sería incomible, en dos horas y media se transforma en gelatina. Secar la carne es imprescindible porque el agua superficial impide que la sartén supere los 140 grados del dorado.
Paso 02
Calienta los 45 ml de aceite en una cocotte de hierro fundido a fuego fuerte y dora las rodajas de cuello en dos tandas, 4 minutos por cara y sin moverlas, hasta que tengan una costra marrón oscura. Retíralas a un plato y conserva en la cocotte toda la grasa y los restos tostados adheridos al fondo.
Consejo: Dorar en dos tandas mantiene la temperatura por encima de 140 grados: los 1200 g de golpe la bajarían de 100 y la carne se cocería gris en su propio jugo, perdiendo las pirazinas y melanoidinas que aportan la mitad del sabor. La cocotte de hierro es la herramienta correcta porque acumula calor en su masa y lo devuelve, algo que una cazuela fina no puede hacer.
Paso 03
Baja el fuego a medio y añade a la misma cocotte la cebolla, la zanahoria y el ajo picados. Sofríe 15 minutos removiendo cada 3 minutos y raspando el fondo con cuchara de madera, hasta que la verdura esté blanda, dorada por los bordes y el volumen se haya reducido a la mitad.
Consejo: Estos 15 minutos a fuego medio concentran los azúcares de la verdura y transforman los compuestos azufrados picantes de la cebolla en tioles de sabor dulce. Raspar el fondo mientras la verdura suelta agua es lo que disuelve los restos tostados del dorado, melanoidinas y aminoácidos concentrados, y los incorpora al guiso en lugar de dejarlos quemarse pegados al hierro.
Paso 04
Devuelve el cuello a la cocotte con sus jugos, vierte los 150 ml de vino blanco y deja evaporar 4 minutos raspando el fondo. Añade los 500 ml de caldo, los 150 g de membrillo en dados, los 2 g de anís estrellado y el 1 g de laurel. El líquido debe cubrir la carne a dos tercios de su altura.
Consejo: El membrillo entra ahora y no en el sofrito por una razón práctica: la carne de membrillo lleva cerca de un 60% de azúcar y en contacto directo con el fondo caliente se carameliza y se quema en segundos, contaminando todo el braseado con un amargor que no se corrige. Diluido en 500 ml de caldo, ese azúcar se reparte y no alcanza nunca la temperatura de caramelización.
Paso 05
Lleva al primer hervor, baja al mínimo y tapa. Brasea entre 2 horas y 2 horas y media a unos 90 grados, con la superficie temblando y alguna burbuja aislada, o bien en el horno a 150 grados. Estará listo cuando la carne se desprenda del hueso al empujarla con una cuchara y el membrillo se haya deshecho por completo en la salsa.
Consejo: Entre 85 y 90 grados el colágeno se hidroliza en gelatina de forma sostenida; por encima de 95 las fibras musculares se contraen y expulsan su agua, dejando la carne seca y hebrosa por mucho caldo que la cubra. El horno a 150 grados es la opción más cómoda porque el calor envolvente mantiene esa temperatura sola, sin los picos que da un fuego directo por debajo.
Paso 06
Retira las rodajas de cuello con una espumadera y resérvalas tapadas. Retira el anís estrellado y el laurel, y pasa la salsa por un colador presionando la verdura con el dorso de un cazo, o déjala tal cual si la prefieres rústica. Redúcela a fuego vivo 8 o 10 minutos hasta que nape la cuchara, y ajusta con los 2 g de sal restantes.
Consejo: El anís se retira antes de reducir porque su anetol se concentra con la evaporación y, si sigue dentro, la salsa acaba con un dominio anisado que tapa el cordero y el membrillo. Conviene detener la reducción un punto antes de lo que parece correcto: la gelatina disuelta recupera viscosidad al enfriar y lo que napa perfectamente en la cocotte puede llegar pastoso al plato.
Paso 07
Devuelve las rodajas de cuello a la cocotte con la salsa reducida y calienta 3 minutos a fuego suave, bañándolas con una cuchara para glasearlas. Coloca una rodaja en cada plato hondo templado y napa con la salsa de membrillo y anís repartida a partes iguales, dejando que se acumule alrededor de la carne.
Consejo: El glaseado final aporta la capa de salsa concentrada que la carne no pudo absorber durante el braseado, cuando el líquido estaba diluido; la salsa reducida se adhiere por viscosidad en lugar de escurrir. Templar los platos evita que la gelatina de la salsa cuaje al contacto con la loza fría, algo que ocurre por debajo de 35 grados y deja una película opaca sobre el brillo.
Paso 08
Espolvorea los 8 g de perejil fresco picado sobre cada plato y sirve de inmediato, bien caliente, acompañado de un puré de patata o simplemente con pan para rebañar la salsa. No añadas más sal en la mesa: la reducción ha concentrado la que ya llevaba el braseado. Nota sin gluten: el pan o el cuscús son solo acompañamiento; sustitúyelos por una versión sin gluten o prescinde de ellos, el plato en sí no lleva gluten.
Consejo: El perejil se pica y se añade en crudo en el último segundo porque sus compuestos aromáticos, el apiol y la miristicina, son volátiles y se pierden por completo en menos de un minuto sobre el fuego, dejando solo un sabor herbáceo plano. Su función aquí no es decorativa sino de contraste: una nota fresca y ligeramente amarga frente a un plato dulce y graso.
Garnacha
Campo de Borja, Aragón
Fruta madura y calidez que abrazan el cordero braseado y hacen eco del dulzor del membrillo.
Tempranillo de crianza
Ribera del Duero, España
Cuerpo y notas de crianza que acompañan el guiso y equilibran el punto dulce y anisado de la salsa.
Moscatel seco
Alicante, España
Aromático y con un punto floral, dialoga con el anís y el membrillo, un maridaje sugerente para el toque dulce del plato.
Galería
8 imágenesRecetas Relacionadas

Pan de Cristal con Tomate y Jamón

Liebre en Adobo con Puré de Apionabo

Codorniz Escabechada en Frío con Cebolla Encurtida
