
Huevo Escalfado sobre Parmentier de Boletus
El parmentier debe su nombre a Antoine-Augustin Parmentier, el farmacéutico militar que convenció a la Francia del siglo XVIII de que la patata era alimento humano y no forraje, y que acabó dando apellido a media docena de preparaciones basadas en ella. Aquí ese puré montado con mantequilla fría hace de cama para un boletus edulis trabajado en dos texturas —dados salteados dentro del puré y láminas marcadas fuera— y para un huevo escalfado en film cuya yema líquida sustituye a cualquier salsa. Lo que hace especial al plato es la suma de umamis: el boletus aporta a la vez glutamato libre y guanilato, dos potenciadores que actúan sobre receptores distintos, y el puré los reparte por igual en cada cucharada.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 55 min (30 min de trabajo activo)Paso 01
Pesa todo antes de arrancar: 600 g de patata agria, 300 g de boletus edulis frescos y firmes, 90 g de mantequilla fría en dados, 120 ml de leche entera, 60 ml de nata del 35 %, 5 g de ajo picado, dos ramas de tomillo, 20 g de avellana tostada y 4 huevos camperos. Limpia los boletus con un pincel y un paño húmedo, nunca bajo el grifo. Separa 200 g en dados de 5 mm para el puré y 100 g en láminas de 4 mm para marcar.
Consejo: El boletus es una esponja: su carne tiene una estructura hifal abierta capaz de absorber varias veces su peso en agua, y esa agua ya no vuelve a salir. Un boletus lavado bajo el grifo no dorará jamás en la sartén, porque el agua absorbida evapora a 100 °C y mantiene la superficie por debajo de la temperatura de Maillard. Pincel y paño húmedo, siempre. Y elige piezas de pie grueso y firmes al apretar: la esponja verdosa bajo el sombrero delata madurez y suelta un líquido oscuro que ensucia el puré.
Paso 02
Lava las patatas sin pelar y ponlas enteras en un cazo con agua fría que las cubra 3 cm y 10 g de sal. Lleva a ebullición suave y cuece entre 30 y 35 minutos, hasta que una brocheta entre y salga limpia sin arrastrar la patata. Escúrrelas, pélalas en caliente sujetándolas con un paño y pásalas de inmediato por el pasapurés con el disco fino, directamente sobre el cazo todavía templado.
Consejo: Cocer la patata entera y con piel evita que absorba agua de cocción, que es lo que después obliga a compensar con más mantequilla de la cuenta. El arranque en agua fría iguala el gradiente entre superficie y centro, así que no acabas con una corona deshecha alrededor de un corazón crudo. Y nunca uses batidora ni robot: las cuchillas revientan las células y liberan amilopectina, que convierte el puré en una cola elástica sin arreglo posible. Pasa la patata caliente, porque en frío el almidón retrograda y granula.
Paso 03
Calienta una sartén de hierro a fuego fuerte con un hilo de aceite hasta que humee ligeramente. Echa los 200 g de boletus en dados en una sola capa y no los toques durante 2 minutos: deben soltar agua, evaporarla y empezar a dorarse por la cara de contacto. Remueve, añade el ajo picado y el tomillo deshojado y saltea 3 minutos más hasta que estén dorados por todas las caras. Sazona fuera del fuego con 2 g de sal y reserva.
Consejo: No sales las setas al principio y no llenes la sartén: son las dos caras del mismo error. La sal arranca agua por ósmosis y una sartén abarrotada no evapora esa agua lo bastante rápido, así que el boletus acaba cociéndose en su propio jugo a 100 °C y nunca alcanza los 140 °C que exige la reacción de Maillard. El resultado es gris y flácido en vez de dorado y crujiente. Esos dos primeros minutos sin tocar nada son los que dejan que la superficie seque y empiece a caramelizar.
Paso 04
Templa juntas la leche y la nata hasta 60 °C. Pon el cazo con la patata pasada a fuego muy suave y añade los 90 g de mantequilla fría en dados en tres tandas, batiendo con espátula hasta que cada tanda desaparezca antes de echar la siguiente. Incorpora entonces la mezcla láctea en hilo, sin dejar de mover, hasta lograr un puré brillante y denso que se sostenga en la cuchara. Sazona con 4 g de sal y la pimienta blanca.
Consejo: Añadir la mantequilla fría y en tandas no es una manía francesa: la grasa sólida se dispersa en gotas finísimas al fundir sobre el almidón caliente y forma una emulsión estable que envuelve cada gránulo. Esa película de grasa es la que impide que el almidón siga hidratándose y se vuelva pegajoso, y la que da el brillo. Si echas toda la mantequilla de golpe se funde en un charco y se separa. El lácteo va templado a 60 °C porque en frío baja la temperatura del almidón de golpe y provoca retrogradación, es decir, granulosidad.
Paso 05
Incorpora al puré la mitad de los boletus en dados con movimientos envolventes de espátula, para que queden repartidos sin deshacerse. Prueba y rectifica de sal: el puré debe saber ligeramente salado en solitario, porque el huevo escalfado llega sin sazonar y moderará la intensidad al mezclarse. Mantenlo tapado a 65 °C, al baño maría o sobre un difusor a fuego mínimo, mientras escalfas los huevos y marcas las láminas.
Consejo: Un parmentier por debajo de 55 °C empieza a espesar y pierde la textura sedosa, porque la grasa de la mantequilla recristaliza parcialmente y el almidón retrograda; por eso se sostiene a 65 °C y nunca se recalienta a fuego directo, que lo agarraría al fondo del cazo. Además, esos minutos de espera trabajan a tu favor: el boletus es rico en glutamato libre y en guanilato, y ambos difunden hacia el puré durante la reserva. Juntos multiplican la percepción de umami muy por encima de lo que aportaría cada uno por separado.
Paso 06
Forra un cuenco pequeño con un cuadrado de film de 25 cm y pincélalo con aceite de oliva. Casca un huevo dentro, junta las cuatro esquinas, expulsa todo el aire y ata con hilo de cocina bien pegado a la clara para formar un saquito esférico. Repite con los cuatro. Sumérgelos en un cazo con agua a 90 °C durante 4 minutos y 30 segundos, dejando el nudo fuera del agua. Sácalos, corta el hilo y desmóldalos sobre papel de cocina.
Consejo: Este método sustituye la química por la mecánica: en lugar de fiarlo todo a la frescura de la clara y al vinagre, el film contiene el huevo y te da una esfera perfecta con cualquier huevo y sin rastro ácido, algo que aquí importa porque el vinagre chocaría con la mantequilla del parmentier. Al estar protegido de la turbulencia puedes trabajar con agua más caliente, a 90 °C. El error típico es dejar aire dentro del saquito: flota, la cara superior queda fuera del agua y se queda cruda mientras el resto se pasa de punto.
Paso 07
Vuelve a calentar la sartén de hierro a fuego fuerte con un hilo de aceite y marca las láminas de boletus de 4 mm, 90 segundos por cara y sin moverlas, hasta que tengan una cara dorada uniforme y los bordes crujientes. Sazónalas fuera del fuego con sal en escamas. Machaca las avellanas tostadas en el mortero hasta dejar trozos irregulares de 2 a 3 mm y mézclalas con el perejil picado muy fino.
Consejo: El plato tiene puré, huevo y yema, es decir, tres texturas blandas: sin la lámina crujiente y la avellana en trozos irregulares, cada cucharada sería idéntica a la anterior y el paladar se satura en tres bocados. Machaca la avellana en mortero y no en picadora, porque necesitas fragmentos de tamaños distintos y no polvo. Su tueste aporta pirazinas, los mismos compuestos aromáticos que genera la corteza del pan, y enlazan directamente con el dorado del boletus. Sala en escamas y fuera del fuego para que no se disuelva y siga crujiendo.
Paso 08
Calienta cuatro platos hondos a 50 °C. Pon en el centro de cada uno tres cucharadas generosas de parmentier y extiéndelo con el dorso de la cuchara en un círculo de 12 cm dejando un pequeño hueco en el medio. Asienta el huevo escalfado en ese hueco y sazónalo con sal en escamas. Reparte alrededor las láminas marcadas y los dados de boletus reservados, espolvorea la avellana con perejil y termina con un hilo de aceite. Sirve de inmediato.
Consejo: El hueco central no es estética: un huevo escalfado sobre superficie lisa rueda al primer movimiento y se rompe donde no toca. Asentado en su cavidad se abre justo en el centro y la yema líquida se derrama sobre el puré haciendo de salsa, que es el mecanismo del plato entero. El plato hondo templado a 50 °C retiene calor sin cocer más el huevo, cuya yema no empieza a cuajar hasta los 68 °C. Y vigila el reloj: pasados cinco minutos en la mesa la yema espesa y deja de fluir sobre el parmentier.
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