
Lacón con Grelos, Cachelos y Chorizo Gallego
El lacón con grelos es el plato bandera del entroido gallego, la comida de carnaval que vaciaba la despensa de invierno justo antes de la cuaresma. Reúne cuatro elementos de la aldea: la paletilla de cerdo curada en sal durante meses y luego desalada y cocida hasta la ternura, los grelos, que son los brotes floridos del nabo recogidos tras las primeras heladas, los cachelos de patata gallega y el chorizo ahumado con pimentón. Todo se remata con un refrito rojo de aceite y pimentón. Es cocina campesina de mucha lógica: lo salino del cerdo, el amargor noble del grelo y el dulzor terroso de la patata se sostienen unos a otros.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 24 h desalado + 2 h 30 min cocciónPaso 01
Sumerge el kilo de lacón en un recipiente hondo con abundante agua fría y guárdalo en la nevera entre 4 y 8 °C durante 24 a 48 horas, cambiando el agua cada 8 horas. Estará desalado cuando la última agua sepa apenas a sal y la carne ceda al pulgar. Mientras, lava los 600 g de grelos y retira los tallos duros, pela los 800 g de patata y ten a mano los 200 g de chorizo y los 5 g de pimentón.
Consejo: El lacón curado sale de la salazón con un 5 a 8 % de cloruro sódico y el desalado es puro transporte por difusión: la sal viaja del interior de la carne hacia el agua siguiendo el gradiente de concentración, y ese gradiente se agota conforme el agua se saliniza, por eso hay que renovarla cada ocho horas o el proceso se detiene. El frío no es opcional: al rehidratarse, la actividad de agua de la superficie sube por encima de 0,95 y a temperatura ambiente eso es un caldo de cultivo. Desalar sobre la encimera es el error que estropea la pieza y huele agrio al segundo día.
Paso 02
Escurre el lacón, ponlo en una olla grande y cúbrelo con agua fría hasta 3 cm por encima. Lleva a ebullición a fuego fuerte y, en cuanto rompa el hervor, retira con espumadera toda la espuma grisácea de la superficie. Baja el fuego hasta que el agua solo tiemble, entre 80 y 85 °C, con burbujas sueltas y sin borbotones, y cuece de 90 a 120 minutos. No añadas sal en ningún momento.
Consejo: Partir de agua fría permite que las proteínas sarcoplásmicas se disuelvan antes de coagular; al llegar a 60-70 °C precipitan y suben en forma de esa espuma gris que hay que retirar, porque si se reintegra enturbia el caldo y le da un regusto metálico. Los 80-85 °C son la clave del resto: en esa franja el colágeno se hidroliza lentamente en gelatina y la carne se ablanda. Si dejas hervir a borbotones por encima de 95 °C, las fibras musculares se contraen bruscamente, expulsan su agua y el lacón queda fibroso y seco por dentro por mucho que siga cociendo.
Paso 03
Pincha los 200 g de chorizo gallego dos o tres veces con una puntilla e incorpóralos enteros a la olla, junto al lacón. Mantén el fuego suave, en torno a 80-85 °C, y cuece 30 minutos más, hasta que el caldo tome un tono anaranjado intenso y veas círculos de grasa roja flotando en la superficie. El chorizo debe quedar firme al tacto pero ceder al apretarlo con las pinzas.
Consejo: El chorizo gallego lleva pimentón mezclado con la grasa desde el amasado, y sus pigmentos, capsantina y capsorrubina, son carotenoides liposolubles: no se disuelven en agua, viajan en la grasa. Por eso el caldo solo se tiñe cuando la manteca del embutido supera su punto de fusión, entre 35 y 40 °C, y emerge en gotas que arrastran el color y los aromas del ahumado. Pincharlo abre vías de salida sin reventar la tripa. El error es meterlo al principio: dos horas de cocción lo dejan seco, insípido y con todo el caldo excesivamente graso.
Paso 04
Pon a hervir en otra cazuela 3 litros de agua con los 10 g de sal gruesa. Echa los 600 g de grelos limpios de golpe y escáldalos 2 minutos desde que el agua vuelva a hervir, removiendo para que se sumerjan todos. Sácalos con espumadera cuando los tallos hayan perdido rigidez y las hojas estén de un verde intenso y brillante. Escúrrelos bien y desecha esa agua, que estará muy amarga.
Consejo: Los grelos son brotes de Brassica rapa y llevan glucosinolatos como la sinigrina y la progoitrina. Al romperse el tejido, la enzima mirosinasa los hidroliza en isotiocianatos, responsables del amargor punzante y del olor sulfuroso. El escaldado ataca por dos frentes: la mirosinasa se desnaturaliza por encima de 70 °C y deja de generar amargor nuevo, y los glucosinolatos que quedan, muy hidrosolubles, se lixivian al agua de escaldado. Por eso esa agua se tira. Saltarse el paso y cocerlos directos deja un amargor agresivo que domina el plato entero y no hay forma de corregirlo.
Paso 05
Retira el lacón y el chorizo a una fuente y tápalos. Trocea los 800 g de patata en cachos de unos 5 cm rompiéndolos con la puntilla en lugar de cortarlos del todo, y échalos al caldo hirviendo suave. Cuece 15 minutos, incorpora los grelos escaldados y sigue otros 10 minutos, hasta que la patata se atraviese sin resistencia con una brocheta y empiece a mostrar los bordes deshilachados.
Consejo: Romper la patata en lugar de cortarla, el gesto que da nombre al cachelo, deja una superficie irregular con las células ya desgarradas por la que el caldo entra mucho mejor. Dentro, los gránulos de almidón gelatinizan a partir de 60-70 °C: absorben agua, se hinchan y revientan, y a la vez la pectina de la lámina media se despolimeriza por betaeliminación, que solo ocurre en medio neutro o alcalino. Ese doble proceso es lo que ablanda el tubérculo y lo hace melosos por fuera. Pasarse de tiempo lo deshace y enturbia el caldo con almidón libre.
Paso 06
Deja templar el lacón 10 minutos sobre una tabla, identifica la dirección de las fibras y córtalo perpendicular a ellas en lonchas gruesas de 1,5 cm, apoyando el cuchillo y serrando sin apretar. Corta el chorizo en rodajas de 1 cm en diagonal. Mantén ambos tapados y reserva un cazo de caldo caliente, unos 200 ml, para regar el plato en el momento de servir.
Consejo: Los diez minutos de reposo no son capricho: al retirar la pieza del caldo, la temperatura interior sigue en torno a 85 °C y las fibras están contraídas y bajo presión; cortarla de inmediato hace que el jugo salga a chorro sobre la tabla. Al bajar hacia los 65-70 °C la red proteica se relaja, la gelatina formada por la hidrólisis del colágeno empieza a espesar y retiene ese jugo dentro. Cortar perpendicular a la fibra acorta los haces musculares a la longitud de la loncha, así que los dientes no tienen que romperlos a lo largo y la carne se percibe tierna.
Paso 07
Calienta los 60 ml de aceite de oliva virgen extra en un cazo pequeño a fuego medio durante 1 minuto, hasta que esté caliente pero muy lejos de humear, en torno a 90 °C. Retíralo del fuego, espera 30 segundos y añade los 5 g de pimentón dulce de La Vera removiendo sin parar con una cuchara. En unos segundos el aceite tomará un color rojo intenso y desprenderá aroma ahumado. Úsalo enseguida.
Consejo: El color y el aroma del pimentón viven en carotenoides liposolubles, sobre todo capsantina, que se extraen al instante en cuanto tocan grasa caliente; de ahí que el aceite se tiña en segundos. Pero esos mismos pigmentos se degradan con rapidez por encima de los 120-130 °C y, junto a las proteínas y azúcares residuales del pimiento seco, generan compuestos pardos y un amargor intenso e irreversible. La señal del error es inequívoca: el rojo vira a marrón oscuro en menos de dos segundos. Por eso el pimentón entra siempre fuera del fuego y con el aceite ya templando.
Paso 08
Calienta los platos de cerámica gris con agua muy caliente y sécalos. Reparte en cada uno las lonchas de lacón, un puñado de grelos escurridos, tres o cuatro cachelos y las rodajas de chorizo, sin apilar. Riega con dos cucharadas del caldo caliente reservado y termina con un hilo generoso del aceite de pimentón. Sirve de inmediato, con la superficie brillante y el vapor todavía visible.
Consejo: Calentar el plato es una decisión térmica, no un adorno de restaurante. La grasa del cerdo curado solidifica entre 30 y 35 °C, y una loncha de lacón que baja de esa temperatura pasa de untuosa a cerosa en el paladar y pierde de golpe los aromas volátiles del curado. Una fuente fría de cerámica absorbe por conducción una cantidad enorme de calor de la comida en menos de un minuto, más que el propio ambiente. Las dos cucharadas de caldo cumplen la misma función: aportan masa térmica húmeda e impiden que los grelos y los cachelos se resequen en la mesa.
Mencía
Ribeira Sacra, Galicia
El tinto gallego por excelencia: fruta fresca, acidez y taninos suaves que acompañan el lacón graso y el amargor de los grelos sin pesar.
Ribeiro tinto
Ribeiro, Galicia
Ligero y de acidez viva, corta la grasa del cerdo y del chorizo y refresca el paladar entre bocados.
Godello
Valdeorras, Galicia
Un blanco con cuerpo y frescura, alternativa gallega que aguanta el plato y limpia la untuosidad del lacón.
Galería
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