Canelones de rabo de buey en plato de cerámica gris piedra: dos canelones gratinados rellenos de rabo desmigado bajo bechamel trufada, con láminas de trufa negra.
EspañolaAvanzado4 h 30 min (braseado + montaje + gratinado)Carnes y Guisos

Rabo de Buey Deshuesado en Canelón con Bechamel Trufada

El rabo de buey es el músculo coccígeo, una pieza atravesada de colágeno que exige horas de braseado y que a cambio entrega la gelatina más golosa de todo el despiece. Aquí se cocina en vino tinto hasta que la carne se cae del hueso, se deshuesa en caliente y se desmiga para rellenar canelones, un envoltorio que llegó a Cataluña desde Italia a finales del siglo XIX y que se quedó como plato de San Esteban. Encima, una bechamel a la que se ralla trufa negra fuera del fuego, y al final unas láminas crudas que solo perfuman. Aprovechamiento noble convertido en plato de fiesta.

Tiempo Total
4 h 30 min (braseado + montaje + gratinado)
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 4 h 30 min (braseado + montaje + gratinado)
01

Paso 01

Saca los 1,5 kg de rabo de buey de la nevera 1 hora antes, sécalo trozo a trozo con papel de cocina y salpiméntalo con 12 g de sal y 2 g de pimienta negra. Si viene entero, sepáralo por las articulaciones. Pica 200 g de cebolla, 120 g de zanahoria y 80 g de apio en dados de 1 cm. Ralla 60 g de parmesano, cepilla los 25 g de trufa negra y reserva 5 g cortados en láminas. Ten a mano 600 ml de leche, 50 g de harina y 90 g de mantequilla.

Consejo: Secar el rabo no es un detalle menor. El agua de la superficie tiene que evaporarse antes de que nada se dore, y evaporar un solo gramo consume unos 2.257 julios, así que mientras quede humedad la superficie se mantiene clavada en 100 °C, muy por debajo de los 140 °C que exige la reacción de Maillard. Un rabo mojado pasa cuatro minutos hirviendo en su propio jugo antes de empezar a tostarse, y el síntoma es inconfundible: un chirrido agudo y un líquido gris en el fondo de la cocotte donde debería haber un fondo oscuro y tostado.

02

Paso 02

Calienta la cocotte con 40 g de la mantequilla a fuego medio-alto y dora los trozos de rabo por todas sus caras en tres tandas de cuatro o cinco piezas, unos 8 minutos por tanda, sin agolparlos nunca. Deben quedar con una costra marrón oscura y chisporrotear con nitidez. Retíralos y pocha en la misma cocotte los 200 g de cebolla, los 120 g de zanahoria y los 80 g de apio durante 12 minutos, raspando el fondo tostado.

Consejo: Dorar en tandas parece manía y es pura aritmética: cada trozo frío que entra roba calor y hunde la temperatura de la cocotte entre 30 y 40 °C, así que con cinco piezas de más el hierro ya no recupera los 160 °C necesarios, la carne suelta agua y se cuece gris. Y ese fondo tostado pegado al metal no es un residuo que haya que limpiar: es donde vive buena parte del sabor del plato, porque el líquido del braseado nunca pasará de 100 °C y a esa temperatura no se dora absolutamente nada. Todo el tostado se decide en estos minutos.

03

Paso 03

Devuelve los trozos de rabo a la cocotte, vierte los 500 ml de vino tinto y deja hervir destapado 8 minutos para evaporar el alcohol. Añade los 500 ml de caldo hasta casi cubrir la carne, tapa y cuece a fuego mínimo, o mejor en el horno a 150 °C, entre 3 y 3 horas y media. El líquido solo debe temblar. Está listo cuando la carne se desprende del hueso al empujarla con una cuchara, sin oponer la menor resistencia.

Consejo: El rabo procede de un animal viejo y su colágeno está lleno de entrecruzamientos maduros, del tipo piridinolina, que resisten mucho más que los de un ternero. Por eso no basta con alcanzar la temperatura: la hidrólisis del colágeno en gelatina depende del tiempo tanto como del calor, y su velocidad se multiplica más o menos por dos cada diez grados. Tres horas a 85-90 °C hacen lo que treinta minutos no harían jamás. Si dejas que hierva a borbotones, la grasa se emulsiona y enturbia la salsa, y las fibras se acalambran secas dentro de un guiso meloso.

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Paso 04

Retira los trozos de rabo a una bandeja y deshuésalos en cuanto puedas manejarlos, aún por encima de 50 °C, separando carne, huesos y cartílagos. Desmiga la carne con dos tenedores en hebras de unos 2 cm. Cuela la salsa por un colador fino, desgrásala y redúcela a fuego medio hasta dejarla en unos 300 ml. Liga la carne con 150 ml de esa reducción, hasta que el relleno quede meloso y brillante pero no gotee al apretarlo.

Consejo: Deshuesa en caliente y no lo dejes para luego. La gelatina que ha soltado el rabo empieza a gelificar por debajo de los 35 °C y al hacerlo pega la carne al hueso y al cartílago como un adhesivo: en frío tendrás que arrancarla a tirones y dejarás la mitad en la basura. Por encima de 50 °C se separa sola. El control de la humedad del relleno pesa lo mismo: si queda líquido libre, migrará a la placa de pasta y la reblandecerá desde dentro, y el canelón llegará a la mesa deshecho, sin cuerpo y con la bechamel resbalando por los lados.

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Paso 05

Calienta los 600 ml de leche hasta 80 °C. En un cazo, funde los 50 g de mantequilla restantes, añade los 50 g de harina de golpe y cocina el roux 3 minutos a fuego medio removiendo con varillas, hasta que huela a galleta y tome un tono rubio pálido. Incorpora la leche caliente en cuatro veces, batiendo sin parar hasta que cada tanda quede lisa. Cuece 8 minutos, sazona con 4 g de sal y 1 g de nuez moscada, retira del fuego y ralla dentro 20 g de trufa negra.

Consejo: Los grumos no aparecen por batir poco, sino porque un gránulo de almidón que toca el agua se gelatiniza por fuera y se envuelve en una piel impermeable que ya no deja entrar nada. El roux existe precisamente para evitarlo: la grasa recubre cada gránulo y los mantiene separados hasta que se dispersan en la leche. Cocinarlo tres minutos elimina además el sabor a harina cruda. Y la trufa entra siempre fuera del fuego, porque su aroma vive en compuestos azufrados muy volátiles, como el bis(metiltio)metano, que se evaporan por debajo de los 60 °C.

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Paso 06

Cuece las 12 placas de canelón en abundante agua salada un minuto menos de lo que indique el envase, refréscalas en agua fría y extiéndelas sin superponerlas sobre un paño limpio. Reparte el relleno de rabo en una línea gruesa a lo largo de cada placa, unos 45 g por unidad, dejando 1 cm libre a cada lado. Enróllalas en cilindros apretados y colócalas en la fuente con el cierre hacia abajo, pegadas unas a otras.

Consejo: La pasta se cuece un minuto corta porque el canelón se cocina dos veces: en el horno, el almidón que aún no ha gelatinizado del todo se sirve del agua de la bechamel y termina de hacerse. Si la sacas en su punto exacto, saldrá pasada y blanda. Refrescar cumple dos funciones a la vez: corta la cocción de golpe y arrastra el almidón superficial libre que, al secarse, pega las placas entre sí y las rompe al despegarlas. Y el cierre va abajo porque el peso y el calor lo sellan; hacia arriba, el vapor lo abre y el relleno se escapa.

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Paso 07

Cubre los canelones por completo con la bechamel trufada, sin dejar ni un borde de pasta al aire, y alisa la superficie con una espátula. Espolvorea los 60 g de parmesano rallado de forma uniforme. Hornea a 200 °C durante 15 minutos y termina con el grill de 3 a 4 minutos, con la fuente a 15 cm de la resistencia, hasta que la superficie esté dorada con manchas oscuras y burbujee por los bordes.

Consejo: El parmesano dora tan bien porque veinticuatro meses de curación han liberado una cantidad enorme de aminoácidos libres, sobre todo glutamato y tirosina, que reaccionan con los azúcares residuales y disparan la reacción de Maillard mucho antes que un queso joven. Por eso bastan tres minutos de grill. Cubrir toda la pasta es innegociable: a 200 °C, un borde de canelón asomando pierde su agua en cinco minutos y se convierte en una esquirla dura y quemada. Cuando aparecen burbujas grandes en los bordes de la fuente, el interior ya ronda los 75 °C.

08

Paso 08

Deja reposar la fuente 5 minutos fuera del horno. Sirve tres canelones por comensal en platos de cerámica gris piedra calientes, separándolos con una espátula ancha para no romperlos. Napa alrededor con un hilo de la salsa reducida del rabo, unos 30 ml por plato, y corona en el último momento con las láminas de trufa negra crudas que reservaste, repartidas sobre la bechamel todavía caliente.

Consejo: Las láminas van crudas y al final por dos motivos. El primero, que los compuestos azufrados de la trufa se pierden con el calor en cuestión de segundos. El segundo, que son lipófilos: se disuelven en la grasa de la bechamel y desde ahí se liberan poco a poco en la boca, algo que no ocurriría sobre una salsa magra. Los 5 minutos de reposo, por su parte, dejan que el almidón de la bechamel se asiente y que el interior baje de 80 a 65 °C; servido antes, quema el paladar y la bechamel resbala del canelón en lugar de acompañarlo.

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Maridaje

Ribera del Duero Reserva (Tempranillo)

Ribera del Duero, España

Estructura y taninos maduros con barrica tostada que sostienen la intensidad del rabo braseado y dialogan con la trufa de la bechamel.

Priorat (Garnacha/Cariñena)

Priorat, Cataluña

Potencia y mineralidad para un plato profundo: su fruta oscura y cuerpo abrazan el relleno meloso sin quedarse corto.

Barolo (Nebbiolo)

Piamonte, Italia

Aromas terrosos y de trufa con taninos firmes que hacen eco natural de la bechamel trufada y la carne braseada.

Galería

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