
Sopa de Colmenillas con Nata y Jerez
La colmenilla (Morchella) es una de las setas más codiciadas y misteriosas de la primavera: su sombrero cónico y profundamente alveolado, como un panal o una esponja, la hace inconfundible, y su aroma, profundo y ligeramente ahumado, es de los más apreciados de la micología. Pero es una seta que exige respeto absoluto, porque cruda es tóxica: contiene hemolisinas, sustancias que dañan los glóbulos rojos y que solo se destruyen con calor. Por eso la colmenilla se cocina siempre a fondo, nunca cruda ni poco hecha, y este es un mandamiento innegociable. Aquí la convertimos en una sopa cremosa de raíz francesa, ligada con nata y perfumada con jerez oloroso. La sopa toma cuerpo por la gelatinización del almidón y por las proteínas de la nata, que espesan y aterciopelan; el jerez, un vino de crianza oxidativa, aporta glutamato y unos aromas de fruto seco y madera que casan a la perfección con el fondo terroso de la seta. Una sopa de alta cocina, sedosa y honda, para una seta que lo merece.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 40 minPreparar las colmenillas
Limpia las colmenillas con extremo cuidado: ábrelas por la mitad a lo largo y aclara bien el interior alveolado bajo un hilo de agua para arrastrar la arena y algún insecto que anide dentro; sécalas después. Esos alvéolos son trampas naturales y una sola colmenilla sucia arruina la olla entera. Si usas secas, hidrátalas 30 minutos en agua templada y reserva el agua de remojo colada, que es puro sabor. Pica 2 chalotas y el puerro, y pela y trocea la patata.
Consejo: El sombrero de la colmenilla está profundamente alveolado, como un panal, y es un escondite perfecto para tierra e insectos; por eso hay que abrirla y aclararla a fondo, a diferencia de otras setas que se limpian en seco. Con las colmenillas prima la limpieza sobre el temor a mojarlas. El agua de remojo de las secas, colada, es un caldo aromático valiosísimo que no se debe tirar.
Sofrito de chalota y puerro
Reserva unas cuantas colmenillas bonitas enteras para decorar. Funde 40 g de mantequilla en una cazuela de fondo grueso y sofríe la chalota y el puerro a fuego medio 5 minutos, hasta que estén tiernos y translúcidos sin coger color. El fondo grueso reparte el calor y evita que la mantequilla se queme en los puntos calientes, que aquí daría un amargor muy visible en una crema tan suave.
Consejo: Sofreír la base aromática despacio, sin dorarla, extrae el dulzor de la chalota y el puerro sin amargor, construyendo un fondo limpio que dejará brillar a la colmenilla. La mantequilla, además de sabor, aporta la grasa que vehicula los aromas liposolubles de la seta que se liberarán en el siguiente paso. Fuego medio y paciencia: prisa aquí significa amargor.
Saltear las colmenillas
Añade las colmenillas troceadas, reservando las enteras, y saltéalas con el sofrito unos 5 minutos, hasta que suelten y evaporen su agua y empiecen a concentrar su aroma. Es imprescindible cocinarlas bien: la colmenilla cruda o poco hecha contiene hidrazinas que resultan tóxicas y solo se destruyen con calor, así que nunca se prueba durante el proceso.
Consejo: Este es el punto crítico de seguridad del plato. La Morchella cruda es tóxica: contiene hemolisinas termolábiles que dañan los glóbulos rojos y solo se destruyen con calor. Saltearla ahora y cocerla después garantiza que la toxina quede inactivada. Además, al evaporar su agua concentra su intenso aroma terroso y su umami, igual que cualquier seta necesita perder humedad para desarrollar sabor.
Reducir el jerez
Vierte los 80 ml de jerez oloroso y sube el fuego para que reduzca a la mitad, rascando el fondo de la cazuela. El alcohol disuelve y arrastra los compuestos tostados pegados al fondo, que el agua sola no levantaría, y al evaporarse deja solo la parte aromática del vino concentrada. Espera a que no huela a alcohol antes de seguir.
Consejo: El jerez oloroso es un vino de crianza oxidativa, envejecido en contacto con el aire, lo que le da su color ambarino y sus notas de nuez, madera y fruto seco, además de un aporte de glutamato que refuerza el umami de la seta. Reducirlo evapora el alcohol por encima de sus 78 °C y deja concentrados solo los aromas. Usar oloroso o amontillado, no fino: buscas ese fondo oxidativo profundo.
Cocer con patata y caldo
Incorpora la patata troceada y vierte los 800 ml de caldo caliente, más el agua de remojo colada si usaste colmenillas secas. Lleva a ebullición suave y cuece 20 minutos, hasta que la patata esté muy tierna. La patata no está por sabor: su almidón es el que da cuerpo a la crema y permite prescindir de harina o de más nata de la necesaria.
Consejo: La patata no es solo sabor: su almidón es el primer agente de ligazón. Al superar los 60 °C, los gránulos absorben agua, se hinchan y liberan amilosa, que espesa el caldo formando una red que retiene el líquido. La cocción prolongada cumple además la función de seguridad, asegurando que la colmenilla queda cocinada muy por encima del margen necesario para inactivar sus toxinas.
Triturar la sopa
Tritura la sopa con la batidora hasta obtener una crema fina y homogénea. Si la quieres muy sedosa, pásala por un colador fino, que retiene los trozos de piel de colmenilla que la batidora no llega a deshacer. Devuélvela a la cazuela y ponla a fuego suave, sin que llegue a hervir con fuerza: el hervor fuerte después de triturar hace que el almidón se vuelva pegajoso.
Consejo: Triturar rompe las paredes de quitina de la seta y las fibras de la patata, liberando el almidón y los compuestos aromáticos y dando cuerpo a la crema. Pasarla por el colador retiene los restos de piel y fibra, dejando una textura aterciopelada de alta cocina. Bajar el fuego antes de la nata es preparar el terreno: la crema no debe hervir a borbotones a partir de ahora.
Finalizar la crema
Añade los 200 ml de nata en hilo, removiendo, y caliéntala a fuego suave sin dejar que hierva a borbotones, porque la nata se corta y aparecen grumos de grasa separada. Saltea aparte en un poco de mantequilla las colmenillas enteras reservadas, que así mantienen su forma y su textura en lugar de ablandarse dentro de la crema, y añádelas a la sopa. Sazona con 5 g de sal y una pizca de pimienta blanca.
Consejo: La nata se añade al final y se calienta con cuidado por una razón física: sus proteínas, las caseínas, coagulan y su grasa se separa con un hervor violento, cortando la crema en grumos y suero. A fuego suave, en cambio, la nata liga la sopa aportando cuerpo y ese tacto aterciopelado. La pimienta blanca, y no negra, se usa para no manchar de puntos oscuros una crema de color tan delicado.
Emplatar y servir
Sirve la sopa muy caliente en cuencos hondos de cerámica templados, repartiendo las colmenillas enteras salteadas por encima. Templar el cuenco no es un capricho: una crema con nata pierde varios grados nada más caer en la loza fría. Termina con un hilo de nata, un poco de cebollino picado y, si quieres, unas gotas de jerez en crudo. Acompaña de pan tostado.
Consejo: Reservar y saltear aparte unas colmenillas enteras da al plato textura y una presencia visual que una crema lisa no tendría, además de un recordatorio de la seta protagonista. El hilo de nata y las gotas de jerez crudo del final refrescan el aroma que la cocción había asentado. Servir en cuenco templado mantiene la temperatura de una sopa que debe tomarse bien caliente.
Amontillado
D.O. Jerez-Xérès-Sherry, Andalucía
El mismo vino oxidativo del guiso, con notas de avellana que enlazan con el fondo terroso de la colmenilla.
Blanco con crianza en barrica
D.O. Rioja, La Rioja
Cuerpo y notas tostadas que sostienen la cremosidad de la nata sin quedarse cortos.
Chardonnay con crianza
A.O.C. Meursault, Borgoña, Francia
Untuosidad y elegancia mantecosa que dialogan con la raíz francesa de la sopa.
Galería
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